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lunes, 3 de agosto de 2026

“La vez que casi muero”, una antología de Germán Beder

 

A veces las lecturas más inesperadas llegan por recomendación y sin demasiadas expectativas. Así cayó en mi biblioteca esta antología de Germán Beder, un libro que disfruté mucho, aunque con algunos reparos.





 

***

Humor local en textos simples

Me gustan esos libros que caen en mis manos de la nada, casi como por obra divina. Estábamos charlando de literatura con Julieta —nueva compañera de trabajo en Profertil— y ella me recomendó a Germán Beder y su libro de cuentos. Me lo trajo al día siguiente, empecé a leerlo y no pude parar.

Para quien no lo conozca, Beder es periodista, escritor y una de las voces más reconocibles del humor argentino actual. Se hizo conocido por su trabajo en medios como Últimos Cartuchos y Paren la Mano. Tiene un estilo particular: relatos en primera persona, humor observacional, autoironía.

El propio Beder construye su personaje como un petiso, gordito, virgo y perdedor; buena parte de su humor nace justamente de ese lugar. A eso se suma una enorme capacidad para encontrar situaciones extraordinarias.

Esa misma voz atraviesa toda esta antología, muy autorreferencial. Son relatos cortos, simples, entretenidos, súper biográficos y ambientados en una Bahía Blanca contemporánea, aunque de hace algunos años. Si bien el libro se publicó en 2024, con recomendación del mismísimo Adrián Paenza, las historias parecen tener lugar a principios de los 2000 hasta fines de los 2010.

La obra arranca con El hombre que venció al capitalismo, que, curiosamente, relata la historia de Diego De Batista, un vago que yo conocí porque estudió conmigo Ingeniería Industrial. Después vienen otros 43 cuentos. Todos son de apenas unas pocas páginas y se leen de un tirón.




Abrigate. Peinate. Cuidate

Tuve mis favoritos. Por ejemplo, me encantó Mother, un relato sobre la madre de Germán con el que todos (yo especialmente) podemos sentirnos identificados.

"Abrigate. Peinate. Cuidate. Comé frutas. Manejá despacio. Fijate que no haya nadie cuando metés el auto en la cochera. Llamá a tu hermano. Llamá a la abuela. Llamá a la tía que cumple años. Todo el día con el celular... Te llené la heladera. ¿Quién te escribe? Te tiré todos los papeles que estaban en la mesa. Afeitate, haceme el favor."

El libro está estructurado en cinco secciones: Gente, Accidentes, Vida privada, Lugares y Básquet. La que más disfruté fue Gente, porque es donde me parece que la fórmula de Beder funciona mejor: personajes memorables, anécdotas un tanto disparatadas y un equilibrio logrado entre humor y ternura.

Los textos están bien escritos, aunque rara vez buscan un vuelo literario más ambicioso. Únicamente son simples (no son muy sofisticados desde lo literario) y da la sensación de que, en lugar de 44, tranquilamente podrían haber sido unos 20, seleccionando los mejores e incluso dando una pulida adicional.

Hay uno sobre un hombre que se caga encima y otro sobre alguien que tiene demasiado éxito con las mujeres que me resultaron más cercanos a una entrada de blog que a un cuento digno de una antología.



Yo también suelo usar pedacitos de mi vida para disparar una premisa de un cuento, pero intento darle algún giro adicional que potencie la historia. Acá me pasó que los relatos, a veces, se sienten más anecdóticos que literarios. Esto se nota especialmente en La vez que casi muero, el plato fuerte de la antología y también el cuento más extenso.

Como anécdota, es tremenda. Pero como cuento, me dejó saborcito a poco. (Los títulos, dicho sea de paso, suelen ser bastante literales… algo que va a ser cierto a la largo de toda la antología).

 

El antihéroe literario

La sección Vida privada se me hizo un poco insulsa. El autor relata cumpleaños, conversaciones sobre patentes y pequeñas escenas cotidianas, todo sin demasiadas pretensiones ni grandes revelaciones. Son textos entretenidos y llevaderos, no digo que no… pero, de nuevo, les falta profundidad literaria. No da la sensación de que estén especialmente trabajados ni de que construyan un relato completo.

Me divirtió La Guitarrita (sí, literalmente se llama así) porque yo también toqué la guitarra de chico —por gusto, como una especie de alivio terapéutico, y todavía lo hago— y el instrumento nunca me ayudó con las pibas, igual que al protagonista (que, por supuesto, es el propio Germán).

Lo mencioné antes, su humor y personajes suelen ir por ese lado: el antihéroe, el pibe gordito, petiso, medio fracasado, que observa el mundo con ironía y bastante honestidad.

La antología cada tanto me sorprendió con textos que, sin ser cuentos en el sentido más clásico, incorporan recursos literarios mucho más interesantes. Uno de ellos es A Bahía, sin los ojos, que me gustó justamente por eso.

En la sección Lugares aparece, quizás, uno de los mejores relatos del libro: La mejor playa del mundo (otro título completamente literal). Es un homenaje muy lindo y súper emotivo a Monte Hermoso, además de ser uno de los relatos mejor escritos del libro. Dialoga bastante con el primer relato porque reaparece Diego, aquel amigo/personaje del comienzo, ahora viviendo en Ibiza.

De la última sección, Básquet, disfruté especialmente El amigo gordo (un pésimo título, porque además tiene poco que ver con el verdadero centro del relato). Me animo a decir que es uno de los mejores relatos de toda la antología. Lo disfruté mucho.


Palabras finales

Voy cerrando la nota. Me gustó mucho la voz de Germán Beder. Tiene un humor natural, una cercanía que te hace sentir que estás escuchando a un amigo contarte una historia graciosa, y una capacidad notable para encontrar belleza y comicidad en situaciones completamente cotidianas. Es una lectura ágil, amena, y una muy puerta de entrada al universo del autor.

Sin embargo —tengo que decirlo— también me quedó la sensación de que al libro le habría hecho bien un trabajo de edición más exigente y algún recorte. Muchos textos funcionan bien de manera individual, pero no todos justifican formar parte de una antología.

Con una selección más rigurosa (quizás veinte relatos en lugar de cuarenta y cuatro) el conjunto habría ganado muchísimo en consistencia e impacto. Porque talento hay de sobra; lo que, en mi opinión, faltó fue un editor dispuesto a decirle que no a algunos cuentos.


 

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