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martes, 2 de enero de 2018

“Manifiesto literario” y una anécdota curiosa


Manifiesto literario tiene uno de los trasfondos más peculiares de las historias que escribí hasta ahora. También es un relato bastante corto: unas 250 palabras. Pasó así.

A mediados de 2017 ya hacía un año que no hacía teatro (lo extrañaba mucho) y tenía ganas de sumar alguna actividad artística. Era tarde para arrancar teatro porque los grupos ya suelen estar armados. Sin embargo, encontré un “Taller de literatura creativa” que daba una mujer en mi barrio, en su departamento. (No voy a decir nombres).


Siempre pensé (y sigo pensando) que los talleres de escritura son un robo. Un falso gurú que se la da escritor pretende bajarte su intervención divina para convertirte en narrador de la noche a la mañana. Esto no quiere decir que no haya buenos profesores de escritura. Ciertamente, Marcelo Di Marco tiene tips fundamentales para cualquier aspirante a escritor, y su clásico Taller de Corte y Confección debe ser realmente bueno.

La cuestión es que, como venía diciendo, me le animé a la primera clase. La Sra. Taller cobraba 350$ mensuales; la primera “clase” era gratuita. Fui con mucha expectativa de aprender un poco más sobre este arte, de obtener ejercicios de escritura creativos, buenas recomendaciones, de motivarme, de hallar ideas inexploradas.

En su lugar, las otras dos “alumnas” y yo nos la pasamos tomando mate con una profesora que parecía no tener en claro qué catzo hacer con su taller. Media hora más tarde, finalmente ofreció un ejercicio: “escriban algo, lo que sea, ahora, y lo charlamos. Les doy 20 minutos”. O sea: así nomás, sin un lineamiento, sin un objetivo, sin nada.

Yo me puse a escribir el texto que les comparto acá, que está lejísimos de ser una obra maestra. Mientras tanto, las otras dos alumnas siguieron con el mate y hablando de pavadas. Qué su netbook del gobierno se le había bloqueado. Qué “qué frío que hace”. Que “no se me ocurre nada para escribir”.

¿En serio pensaban pagar 350 mangos al mes para eso?

En el medio, un perrito caniche, de esos odiables que parece que funcionan a pilas, se la pasaba cortando mi concentración, tirándose encima de mi mochila y ladrando. Yo hacía lo posible para redactar algo a mano. Me sentía como Isaac Asimov con “Insertar la pieza A en el agujero B”, un microrrelato suyo que improvisó durante un programa en vivo.

Yo iba mechando frases y situaciones que escuchaba a medida que escribía, en un collage súper extraño y obvio.

El resultado, como dije, fue este cuento. Lo leí en voz alta y a las tres les encantó. Lo aplaudieron incluso. ¡Lo aplaudieron! ¡Por favor! No entendieron nada, ni la ironía simple del cuento ni que, en realidad, es una porquería absoluta.

De más está decir que me fui de ese lugar para nunca volver.

***

“Manifiesto literario”

Año 2038. Cuatro personas se disponen a redactar un manifiesto histórico, un escrito capaz de alterar el destino de toda la humanidad. Se los evidencia inquietos, inseguros, inexpresivos. Como si el peso de todo un mundo se apoyara sobre sus hombros. Así debió sentirse Atlas hace tantos años: incómodo, impaciente.
—No  se me ocurre nada. ¿Qué garrón, no? Ver el papel en blanco…
—Yo odio escribir a mano.
—Te prestaría mi ordenador Spectrum System 7000, pero se me bloqueó ayer.
La luz es la adecuada, están lo suficiente descansados. El manifiesto debe responder a una pregunta tan simple, tan directa… y sin embargo…
—Hay tanta gente trucha, te desbloquean las computadoras por dos mangos.
—Y sí… la Hypernet se presta para eso. Bah, se presta para todo.
Están distraídos. Su foco parece ir y venir como el péndulo de un reloj. Hay frases sueltas, escritas a mano. “Observación”, “paciencia”, “puentes” (escribió una).
—¿Alguien quiere otro mate?
“Interés” escribieron también. Eso es lo que falta. Y expresividad, y hasta quizás una pizca de originalidad. Salir de la zona de confort, del lugar común. En lugar de reunirse alrededor de una mesa, con bebidas y chocolate (que hace bien a las endorfinas, al parecer) debieron haber ido al techo, o al piso. Escribir el manifiesto que va a cambiar el mundo... nada más y nada menos.
—Me cansé. Arreglo el mate, boludeamos un poco más y después seguimos. ¿Les parece?
Cada uno de los integrantes afirma con la cabeza. Se dispersan. Uno se pone a jugar con el gato (que arañó una mochila), otro prende la tele.
Sobre la mesa quedan desparramados una serie de engendros, mamarrachos que avergonzarían a cualquiera. La pregunta, aquella fatídica, ingrata y perturbadora pregunta, se regocija, se les ríe en la cara.
—¡Ja! Como si fuera tan fácil responderme —expresa la pregunta con un dejo de insolencia.

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lunes, 2 de mayo de 2016

5 trucos de Word para escritores


Sin duda alguna, el programa que más utilizó en mi notebook –y que más perfeccioné a lo largo de los años– es el editor de textos “Microsoft Word”. Ya sea para escribir críticas de cine en la fan-page, preparar los posts del blog, escribir literatura o preparar clases, apuntes y trabajos prácticos. Word es una herramienta poderosa y fácil de usar, pero aun así tiene muchos cosas para exprimirle y que no todo el mundo conoce.

Hoy quiero centrarme en 5 “trucos” que fui descubriendo a lo largo del tiempo y que pueden servir, especialmente, a aquellos que (como yo) tienen el humilde oficio de escritor en la sangre. Creo que cada uno va a poder encontrar algo de utilidad. 

¡Arranquemos!

#5 – Párrafos y texto aleatorio

Word permite insertar rápidamente texto de ejemplo en un documento. Para ello, hay que utilizar el comando “rand”, que permite generar la cantidad de párrafos con texto al azar que precisemos.

Es sencillo: se tiene que colocar al comienzo de una línea:
=rand(3,3)

El primer número indica la cantidad de párrafos a generar, y el segundo indica la cantidad de frases (oraciones) que cada párrafo debe tener. Así queda el texto luego de aplicar el comando. Respeta el formato y fuente que haya tenido el comando original:
  


#4 – Doble click para hacer “brainstorming”

Word puede usarse como una rápida herramienta de brainstorming (la conocida técnica de “tormenta de ideas”). Para ello, simplemente hay que hacer doble click en cualquier lugar de la pantalla del editor de textos y comenzar a tipear. Ni siquiera es necesario preocuparse para posicionar el cursor.

Esto es lo más cercano que tiene Word al estilo de escritura libre, y también es muy útil a la hora de querer insertar imágenes o viñetas. Lo loco es que la técnica de “clickear y tipear” existe desde el año 2002, pero casi nadie la conoce.


#3 – Shift + F3 para cambiar rápidamente entre mayúsculas y minúsculas

Todos sabemos que los comandos rápidos del teclado aceleran y optimizan el uso de cualquier software. En Word esto es particularmente interesante. Justificar el texto (Ctrl + “J”), copiar formato (Ctrl + Mayus + “C”) o los botones de subíndice (Ctrl + “=”) y superíndice (Ctrl + “+”) están entre las hotkeys que más utilizo.

Pero hay una que es muy útil e igualmente desconocida: Shift + F3 para alternar entre una palabra toda en minúscula, toda en mayúscula o sólo con la primera letra en mayúscula.

Si esta es nuestra palabra:
Supercalifragilisticoespialidoso.

Con Shift + F3 pasa a:

SUPERCALIFRAGILISTICOESPIALIDOSO.

Y una vez más pasa a:

Supercalifragilisticoespialidoso.

Y luego nuevamente a:

Supercalifragilisticoespialidoso.


Cuando te acostumbrás a usarlo, no te lo olvidás más.

#2 – Alt0151: para insertar un guión largo (—)

Este sí que es especial para escritores. El agradecimiento va para la web de Literaturas.com, que comentan sobre este comando en este post.


Hay muchísima confusión respecto a la manera de escribir diálogos en la literatura en español (que es muy diferente a la norteamericana). No es lo mismo el guión corto (-) que el guión medio (–). Y ninguno de los dos es igual que la raya de diálogo (—).

No es la idea hablar de cómo confeccionar conversaciones en esta nota. Supongamos que ya entendemos perfectamente cuándo usar cada uno de estos símbolos, pero estamos frente a la compu (redactando el próximo best-seller) y no podemos encontrar el guión largo por ningún lado.

Yo lo que muchas veces hago es googlearlo, pero a veces no hay Internet, y en otras ocasiones es más rápido conocer el comando de ALT:

Alt + 0151: inserta un guión largo (—)

Es decir: para obtener el guión largo necesario en los diálogos, es necesario mantener pulsado “Alt” en el teclado mientras se escribe “0151” en el teclado numérico. El símbolo “—“ aparece automáticamente.

#1 – ¿Cómo borrar los (molestos) espacios en blanco?

Este último es genial. Lo escuché por primera vez en los videos cortos del “Taller de Corte y Corrección” que realiza Marcelo di Marco.

Hay que recordar que la filosofía de Word es que, en un documento, cada carácter, párrafo y sección es una colección de características.

Un espacio en blanco también es una característica. Muchas veces, al redactar un texto, sin querer oprimimos dos veces la barra espaciadora, generando doble espacio que –al ser prácticamente invisible– es difícil de notarlo para corregirlo. Supongamos este caso:


Acá hay un doble espacio después de “mi” y después de “pero”. Si el texto es extenso, podría haber muchísimos “dobles espacios” y nosotros ni nos daríamos cuenta.

La idea para corregirlos es usar la herramienta de “buscar y reemplazar”. En el campo “buscar” oprimir una vez la barra espaciadora, y en el campo “reemplazar con” oprimir dos veces la barra espaciadora. El resultado es, justamente, reemplazar todos los “dobles espacios” con un espacio simple.


Este truco puede ser útil también para corregir otro tipo de errores al escribir. Por ejemplo, sabemos que al comenzar el diálogo no debe haber separación entre la raya y el comienzo de la frase.

CORRECTO:
—Quiero pasar el resto de mi vida con vos —comentó Leandro—. ¿Querés?
—Sí, pero tengo que preguntarle a mi vieja si me deja —dijo Carolina.

INCORRECTO:
— Quiero pasar el resto de mi vida con vos —comentó Leandro—. ¿Querés?
— Sí, pero tengo que preguntarle a mi vieja si me deja —dijo Carolina.

Sí no nos dimos cuenta y escribimos todo el texto de la forma incorrecta, es sólo cuestión de reemplazar los caracteres “— ” con “—“, eliminado el espacio de más.

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Hasta acá llego con los consejos y pequeños trucos de Microsoft Word. ¿Qué les pareció? ¿Agregarían algún otro? ¡Feliz escritura y hasta la próxima!
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