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martes, 4 de noviembre de 2014

“Gemini Rue” y la narrativa en las aventuras gráficas


Hace tiempo ya que los videojuegos son otra forma de contar historias, con la gran particularidad de que el receptor tiene la posibilidad de tomar decisiones que afectan al destino del protagonista (algo así como en los de “Elige tu propia aventura”).

Pero mientras que puede decirse que los primeros tenían una narrativa emergente (“Pong” era una suerte de partido de tenis de la vida real, por ejemplo), hoy el desarrollo tecnológico nos permite contar con narrativas más complejas y embebidas. Un argumento completo, con sus puntos de giro, desarrollo de personajes y conflictos que se van desenredando según progresamos en el juego.

A diferencia de otros campos (como el cine o la literatura) en los videojuegos la trama, la ambientación y los personajes tienen que enganchar al jugador, pero además se debe transmitir la diversión. La clave está en esta delicada combinación entre narrativa y jugabilidad, y éste es el tema de esta nota.

Gemini Rue” (2011) es una de las mejores experiencias en materia de ciencia ficción que tuve en los últimos años. Y no me refiero solo a videojuegos. 

Los que me siguen en el blog conocen mi afinidad por este género. Pero en lo posible intento evitar lo trillado, lo conocido. La ciencia ficción hoy se preocupa por mostrar aliens y grandes naves espaciales, rayos láser o conspiraciones galácticas. Casi todas son obras cyberpunk o novelescas que han robado, en una buena medida, de Star Trek, Star Wars y los escritos de los grandes maestros del género: Ray Bradbudy, Isaac Asimov y Phillip Dick.

Página oficial de “Gemini Rue”: http://www.wadjeteyegames.com/games/gemini-rue/

Por eso me encantó “Coherence” (2013), una obra maestra de la ciencia ficción independiente que trabaja temáticas menos convencionales (acá pueden encontrar mi crítica completa).

Y también por eso me encantó Gemini Rue –en esencia, una aventura gráfica– cuando lo jugué hace un par de años. La substancia de la ciencia ficción, con su tecnología asombrosa y sus premisas fantásticas, es que nos haga cuestionar la realidad, la vida, el universo, todo. 

Debe ser un medio para la introspección, para pensar en la existencia humana.

Publicado por Wadjet Eye Gamesen en 2011, Gemini Rue es una aventura del tipo point and click que brilla en la composición de la historia. Una sociedad distópica es el hogar de dos personajes: Azriel Odin, un antiguo sicario convertido en detective que busca las pistas de su hermano desaparecido, y Delta-Six, un preso condenado en la nave-prisión Center 7, donde se lleva a criminales para someterlos a un radical proceso de reeducación, que pasa por borrarles todos los recuerdos de sus vidas pasadas.

Trailer oficial de “Gemini Rue”: http://youtu.be/foZp9ToBewA



Ambas historias corren paralelas y guardan grandes sorpresas. Incluso las voces son muy convincentes y dan en la tecla con la personalidad de cada uno. (Azriel, por ejemplo, tiene una voz profunda, tosca.)

De alguna manera, el género de aventura es uno de ellos donde la narrativa cobra vital importancia. Y joyas como Monkey Island o Day of the Tentacle nos han sabido mostrar que la calidad del argumento debe estar por encima del diseño, los puzzles y la jugabilidad para que el videojuego no sea un aburrimiento total.

Sí tengo que admitir que los fans del género van a encontrarlo muy ligero en cuanto a puzzles, quizás hasta un poco decepcionados (es muy fácil en general) pero gana puntos en originalidad por presentar situaciones donde los protagonistas pueden morir, acción y tiroteos (algo raro en este tipo de juegos) y un atractivo diseño retro.

Me encanta la amalgama entre policial negro y ciencia ficción que logra Gemini Rue. La historia, además, es una de las mejores que vi en toda mi vida, con una trama insuperable llena de misterios, traiciones, mafia, conspiraciones y algo de filosofía existencialista. Muchas de las temáticas sobre la identidad, la memoria y lo que significa ser humano —que posee  “Blade Runner”, una clara inspiración— están presentes en este juego.

Quienes se animen a jugarlo (en serio: es muy sencillo y toma un par de horas para finalizarlo) van a quedar cautivados con el argumento. Los más detallistas quizás también noten una serie de Easter Eggs (como todos los personajes de Cowboy Bebop que están escondidos dentro del juego).

Es un videojuego que presta especial atención al detalle, y ojalá los cineastas aprendieran la importancia de escribir guiones de esta calidad. Técnicas como el anacronismo, el foreshadowing o el hipertexto son evidentes. Pero por detrás también tenemos un significado especial que se le da a los nombres y a los lugares. En la mitología nórdica, por ejemplo, Azriel es el ángel de la muerte, y Odin el mayor Dios de los escandinavos, que tuvo la particularidad de cambiar de nombre (y de identidad) muchas veces.

Los giros de guión, sus tiempos y el ritmo general de la narración me llevó, inevitablemente, a pensar en las formas cinematográficas. Pero esta es una manera diferente de vivenciar una historia. Me quedo con la sensación de que ofrece un equilibrio perfecto entre entretenimiento y vocación narrativa; o lo que es lo mismo, un equilibrio perfecto entre los dos puntos fundamentales del género.

En Internet se pueden leer varias discusiones sobre su trama, pero mi consejo es que la experimenten ustedes. “Gemini Rue” me pareció una gran bocanada de aire fresco, un juego inteligente y emotivo que, además, se hace tiempo para dejar caer una reflexión interesante sobre la identidad y la memoria, dos de los temas centrales del argumento.

En definitiva, se trata de una pequeña e imprescindible joya que se convirtió, rápidamente, en una de mis grandes aventuras gráficas favoritas. Respeta los lugares comunes del género pero nunca traiciona su naturaleza. Y por sobre todo, demuestra el camino correcto para lograr la madurez final de los videojuegos en cuanto a lo narrativo

Si se consideran fanáticos de la ciencia ficción, les recomiendo que lo tengan en cuenta. No se van a decepcionar.


He's trying to change who he is, something that I couldn't do.
If I can help him do that... maybe, maybe I can live with myself”.
— Azriel, Gemini Rue

¿Son de jugar aventuras gráficas? ¿Cuáles son sus favoritas? ¿Conocían “Gemini Rue”? ¡Espero sus comentarios!


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=>> Otras posts sobre CIENCIA FICCIÓN en el blog: “Ahogo, la ciencia ficción distópica de Guido Barsi”, “El hombre ilustrado” (de Ray Bradbury), “El cálculo de Dios” (de Robert Sawyer) y “¿Sueña Phillip Dick con ovejas eléctricas?

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Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan-page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!

lunes, 14 de abril de 2014

"Ahogo”, la ciencia ficción distópica de Guido Barsi


La ficción distópica probablemente sea el sub-género literario de la ciencia ficción más cultivado. Desde Aldous Huxley (en Un mundo feliz) hasta la trilogía Matrix, de los hermanos Wachowski, pasando por Ray Bradbury (Fahrenheit 951), Phillip Dick (Blade Runner), George Orwell (1984) e Isaac Asimov, muchos son los autores que han tratado la temática de sociedades totalmente indeseables que surgen como consecuencia de ciertas tendencias sociales, científico o políticas.

Generalmente, estos relatos surgen con mucha relación a la época y al contexto social donde se conciben. Nacen como obras satíricas o de advertencia que muestran los peligros de la falta de ética, del control social la corrupción y la ciencia. Muy usualmente terminan en el fin del mundo (como en algunas historias del genial Kurt Vonnegut).

Las diferencias entre “utopía” y “distopía” en la Literatura: http://youtu.be/hG_ay4kztyY

La novela gráfica que hoy ocupa este post habla justamente de esto. Se trata de “Ahogo” (2013), creada por el escritor argentino Guido Barsi y el dibujante Leandro Silva

La premisa de ciencia ficción que presenta es tradicional: un grupo de investigadores busca alcanzar la felicidad del pueblo a través de la esclavitud. En este sentido, la utopía justifica cualquier tipo de medios. Como es de esperarse, pronto comienza a formarse una resistencia que intentará luchar contra este gobierno impuesto.

«Un pueblo programado será un pueblo feliz.
Bajo esta idea nace el ‘Proyecto Pegasus’ concebido para otorgarle felicidad a la gente»

(“Ahogo”, Guido Barsi)


Guido me facilitó una copia de su novela para poder revisarla. Confieso que me generó sentimientos mixtos. Aunque tiene ideas con mucho potencial, la historia (corta, de seis breves capítulos) parece el prólogo para algo mucho más grande, como si se tratara del primer capítulo de una serie. En ese sentido el final (abrupto) termina siendo poco satisfactorio.

La obra tiene rasgos que la identifican como “de iniciación”, algunas cuestiones de redacción que podrían corregirse, pero se lee de forma muy amena, y creo que eso es lo importante. Sé que hay todo un submundo de comics y literatura gráfica en Argentina, pero no la tengo demasiado presente. Personalmente solo he leído El Eternauta, una obra absolutamente maravillosa que ya reseñaré en su momento.

Soy fan de la ciencia ficción, y esta historia en particular es buena, tiene suspenso hábilmente dosificado e, inclusive, algo de filosofía existencial implícita. 

Los capítulos tienen una relativa autonomía y pueden leerse, casi, independientemente uno de otro (a excepción, quizás, de los últimos dos). Los personajes tienden a mantenerse anónimos, sin que podamos distinguir uno de otro más que por sus pensamientos y rasgos físicos.

Hablando con el autor, me comentó que primero surgió el capítulo cuatro (que no solo da explicación al título de la novela, sino que también sirve para aglutinar en conceptos al resto de los episodios) y luego se escribieron los demás. Comenzar a diseñar la historia por el medio es, ciertamente, algo que tendría que probar yo mismo algún día.


Quiero destacar especialmente los dibujos que, aunque simples y sencillos, me resultaron muy efectivos. Me parece que van de la mano con la atmósfera oscura de la historia, y hay algunas técnicas literarias en las viñetas que son efectivas para narrar la historia de forma compactada sin que se deje de entender.

La historia me llevó a recordar a George Perec, el escritor francés (del cual ya hemos hablado) que odiaba las utopías con fervor. Él decía:

Todas las utopías son deprimentes porque no dejan lugar para el azar, lo “diverso”.
Todo está puesto en orden y el orden reina.
Detrás de cada utopía hay siempre un gran diseño taxonómico:
un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.” 

- Georges Perec [Pensar, Clasificar]

Ahogo” tiene mucho que de eso. Los investigadores han encontrado la forma de sumergir a la sociedad en un sueño profundo que les brinda felicidad, pero no deja de ser un orden impuesto. Recomiendo esta novela gráfica de ciencia ficción porque es indudablemente interesante, porque nos invita a la reflexión y porque es argentina. Seguramente hay muchísimos autores argentinos queriendo darse a la luz, y este es mi pequeño aporte para difundir a este.

CONTACTO: Pueden contactarse con Guido Barsi para adquirir la obra a través de su propio blog: “El Baúl del Tío”. Además, “Ahogo” tiene su propio sitio oficial. En la página del autor hay información sobre el resto de sus obras, entrevistas y links a otros sitios de interés referidos al mundo del cómic. Además, hay algunas críticas y opiniones de la novela acá, acá y acá.

Quienes me leen día a día saben que también soy escritor. Es un oficio absolutamente solitario, altamente ingrato y con posibilidad de generar importantes grados de psicosis. Salir del anonimato no es fácil, y afrontar la realidad de que no todos pueden ser un Stephen King o un Edgar Allan Poe puede llegar a ser devastador. Por eso desde este humilde espacio quiero hacer lo posible para difundir autores locales, pero que más personas puedan llegar a conocerlos.

“Ahogo” es de fácil lectura, mantiene cierta complejidad en su trama y, aunque de premisa conocida, se las ingenia para no caer en el lugar común. Si sos fan de la ciencia ficción y de los cómics, date una vuelta por esta y el resto de la obra de Guido Barsi… y, por supuesto, no dejes de revisar también mis propios cuentos de ciencia ficción que plasmé en la Web: “La historia repetida”, “Una sonrisa torcida en la oscuridad” y “A veces vuelven”.

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=>> Otras notas relacionadas con la ciencia ficción en el BLOG: Un planeta llamado Traición (de Orson Scott-Card); Sueña Phillip Dick con ovejas eléctricas (sobre Blade Runner y el cine), El hombre ilustrado, una fabolusa antología de cuentos de Ray Bradbury; “Influencias Literarias I”, sobre La Dimensión Desconocida y “Cuna de Gato”, una sensacional novela de Kurt Vonnegut.  <==

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miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Sueña Phillip Dick con ovejas eléctricas? – Blade Runner


Phillip K. Dick (1928-1982), quizás uno de los autores de ciencia ficción más influyentes, sufrió severas alucinaciones y distorsiones de la realidad. Sus novelas reflejaban esa condición y muchas de sus geniales historias han sido adaptadas al mundo del cine. Algunas resultaron buenas (Total Recall, Minority Report, A Scanner Darkly) y otras no tanto. Una cosa es cierta: Phillip Dick es una de las grandes fuentes de inspiración de Hollywood en materia de sci-fi.

Blade Runner” (1982), sin duda la historia más famosa de Dick, ligeramente basada en su novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”.

Los personajes de Dick pasan gran parte de su tiempo preguntándose quienes son, o si sus memorias son reales. Las temáticas que trabaja el autor se relacionan con el gnosticismo, la realidad como una ilusión, los sueños y las conspiraciones corporativas, siempre en un contexto de futuro distópico.  “Blade Runner” no es la excepción, y es además uno de esos curiosos casos donde la película se vuelve algo mucho mayor que el libro en el que se basa.

Redefiniendo el policial negro en el cine y asociándolo al ciber-punk, “Blade Runner” (título que se escogió simplemente porque “sonaba cool”) es una cinta visualmente impresionante (para su época) que relata la historia de Deckard (Harrison Ford), un policía retirado asignado a una última misión: eliminar a una serie de Replicantes (androides que no deberían estar en la Tierra).

¿Qué es lo que nos hace “humanos”?

¿Los robots tienen almas? ¿Puede una computadora tener sentido del humor? ¿Sueñan los androides? En esas preguntas reside la esencia filosófica detrás de las obras de Dick. El leit-motiv siempre es el siguiente: ¿qué es lo que nos hace humanos? Blade Runner también plantea el debate de si es posible que una forma de vida artificial tenga las mismas cualidades de un hombre.


Deckard (que suena como Descartes… “Pienso, luego existo”), quizás un alter-ego de Phillip Dick, está extremadamente confundido sobre su propia identidad y entorno. Uno de los grandes debates de la película es si él es realmente un replicante o no. Las pistas parecen no ser claras en ese punto. Los androides, por ejemplo, muestran una afinidad especial hacia las fotografías (igual que el protagonista). Tenemos al jefe de Deckard cuidándolo un poco demasiado, su falta de relaciones sociales (no tiene amigos ni familia) y sus extraños sueños con unicornios (en algunas versiones de la película).

«It's too bad she won't live.
But then again, who does? »

¿Cuál es la medida de un no-humano? La historia nos muestra androides con capacidad de sufrir, llorar, alegrarse, manipular, asesinar… y hasta soñar. Los límites entre ambas especies se presentan difusos. Incluso Deckard admite que el único motivo por el que el test Voight-Kampf es efectivo es porque todos los sociópatas humanos se encuentran encerrados. Se ha dicho que el autor tuvo la idea para el libro al pensar que los Nazis no podían ser humanos, luego de todas las cosas horribles que habían hecho.

Su influencia en la cultura popular

Blade Runner, para muchos la obra maestra de Ridley Scott, es un clásico atemporal que sobrevivió al paso del tiempo como un relato oscuro (filosófico) que trasciende al género de la ciencia ficción. Es una de las narrativas modernas más analizadas, plagada de simbolismo, y prácticamente inventó el género “ciber-punk” (“El futuro es “noir”, al parecer, y dominado por asiáticos).

Incluso reimpresiones de la novela original han salido con el título de la película, que superó ampliamente la fama de la obra literaria. Blade Runner fue relanzada 5 veces. Cada versión presenta finales ligeramente distintos que continúan el debate de si Deckard es o no humano. La última versión (el corte del director del 2007) es, según se dice, la obra que Ridley Scott siempre quiso presentar… y posee la famosa escena del unicornio que tanta controversia generó.

Aun hoy: el cine sigue aliméntadose de la estética y la filosofía profunda que presenta Blade Runner. Pensemos en Matrix, Dark City y el resto de las cintas de ciencia ficción que salieron después (y siguen saliendo). Una obra absolutamente maravillosa, intelectual y detallista, que redefinió el género. Una alegoría futurística del verdadero valor de la vida.

Roy Batty: un anti-villano memorable

Si Deckard es un anti-heróe (está lejos de ser simpático, y su trabajo es ambiguamente moral), Roy Batty (Rutger Hauer) es un anti-villano. Sí: es un violento asesino. Pero, por otro lado, es también un pobre esclavo escapándose y en busca de algo de paz en su vida. En la célebre lucha final entre ambos, Roy Batty le salva la vida (otro gran debate es el “por qué”) y recita su famoso soliloquio antes de morir.


Batty me parece el personaje más fascinante de la película. Un aspecto llamativo es que atraviesa los 5 estados del dolor antes de su propia muerte: negación (escapando con las esperanza de una mejor vida), enojo, negociación (su intento de alargar su vida al encontrar a su propio creador), depresión (al ver el cuerpo muerto de su amante Pris y entendiendo que ya todo está perdido) y, finalmente, aceptación (durante su último gran discurso). Rachel (el interés romántico de Deckard, que es también un androide) pasa por un estado muy similar.

«All those... moments... will be lost in time,
like tears... in... rain. Time... to die... »

Las críticas han elogiado el discurso final del actor, que fue improvisado en el último momento: "Si hay un gran discurso en el cine de ciencia ficción, es las palabras finales de Batty". También se afirma que "subraya las características humanas del replicante, mezcladas con sus capacidades artificiales".

Estas últimas palabras le muestran a Deckard (y a nosotros como espectadores) de lo que está hecho un hombre. Batty quería marcar su propia existencia, trascender, dejar su huella. Trascender es la única forma que el hombre encontró de ser infinito.

Esa imperiosa necesidad es la verdadera característica de los humanos: la necesidad de dejar algo luego de partir.

Durante la batalla, Batty quiebra a Deckard tanto físicamente (le rompe los dedos) como psicológicamente (pone en tela de juicio su trabajo). Al mismo tiempo le habla sobre las experiencias únicas que vivió, las memorias acumuladas que se perderán con su muerte. Batty, como cada ser humano, ha vivido, es único: no se perdió una máquina, sino una fábrica de experiencias.

Una idea, a mi criterio, interesante para analizar.

Cómo se define un clásico atemporal

Phillip Dick logró, con sus obras, lo mismo que Ray Batty: trascender, quebrar los umbrales del tiempo. Ha mezclado, deconstruido y reconstruido una serie de ideologías filosóficas y psicológicas desde el existencialismo de Jean-Paul Sartre hasta los fundamentos del gnosticismo. 

Aunque la película tiene poco que ver con la novela, Ridley Scott hizo un trabajo maravilloso a la hora de transportar la estética y esencia de las ideas de Dick al cine.

En su momento sorprendió al ser muy distinta que la película de acción que se esperaba. De hecho, se apoya muchísimo en diálogos. Es una de esas películas que requiere múltiples revisiones para terminar de aprehenderla. Las temáticas que se exploran (¡gracias a PKD!) son varias, desde la deshumanización de las personas en sociedades controladoras, hasta la dialéctica creador / creación, pasando por la naturaleza del hombre (¿qué nos hace realmente humanos?), la moralidad, el sentido de la existencia y la búsqueda de un propósito (transcendencia).

Por lo demás, la cinta nos presenta situaciones que han generado arduos debates, simbolismos, excelentes pistolas de Chejov (el origami de Gaff, por ejemplo) y una historia trepidante con suspenso hábilmente dosificado.

Así es cómo se define un clásico atemporal.

sábado, 6 de abril de 2013

El adelantado don Julio Verne


Ya había avisado que se venía este post. El año 1864 cambió por completo las reglas del juego. Julio Verne publicaba “Viaje al Centro de la Tierra” popularizando un “nuevo” género de ciencia ficción y aventuras. Hoy en día es el segundo autor más traducido del mundo (seguido por Agatha Christie) y uno de los padres de la ciencia ficción moderna, junto a maestro como Isaac Asimov, Lovecraft y Mary Shelley (a quien ya comenté).

Al parecer hay 6 películas adaptadas de novelas de Julio Verne que todos deberíamos ver (vi varias)… ¡pero el autor tiene más de 30 novelas adaptadas! Eso sin contar series, teatro o spin-offs literarios. Un groso. 

Obras como “20.000 Leguas de Viaje Submarino” o “La Vuelta al Mundo en 80 Días” son clásicos que cambiaron la manera de contar historias. Verne escribía con atención a los detalles y habló de inventos que no estaban ni en la imaginación de nadie: naves espaciales, submarinos y helicópteros. “Una ciudad flotante” menciona grandes transatlánticos y muñecas parlantes, mientras que “París en el siglo XX” relata algo muy parecido a lo que hoy conocemos como Internet.


Otro dato curioso es que “La isla misteriosa” contiene un ascensor detallado con principios que luego funcionaron para el verdadero artefacto. Incluso algunos de sus libros hablan de cosas que aún no se han creado (como medios de transporte supersónicos).

Lo cierto es que Verne era más bien un escritor de “literatura científica”. Su objetivo era acercar a la masa hacia los conceptos científicos que le parecían interesantes o posibles. Describe aspectos de la naturaleza y avances que eran el resultado de una gran capacidad de anticipación lógica.

Admitámoslo… es uno de esos autores que todos conocemos pero pocos hemos leído. En mi caso solo leí “La isla misteriosa” (que me resultó un poco tedioso) y "Un capitán de 15 años" (bastante buena). “De la Tierra a la Luna” es, quizás, el libro al que más le tengo ganas. Soy consciente de que muchas de sus obras son, todavía, una asignatura pendiente. Siempre preferí el estilo aventuresco de Stevenson (“La isla del Tesoro” es una de mis novelas favoritas… pero de eso hablaré más adelante) o la ciencia ficción más “dura” de Philip Dick, un tipo que inspiró al cine de ciencia ficción actual con historias como Blade Runner, Minority Report (“Sentencia previa”) o “Total Recall” (de la cual hablé en este post y en este otro).


Una cosa que siempre me pareció curiosa es que su verdadero nombre no es “Julio” sino “Jules”

Es bastante loco porque nunca me imagino diciendo “Roberto Luis Stevenson” o “Edgardo Poe”. Mucho menos me imagino traduciendo a JK Rowling como Juana Karina Rowling…. ¡Los nombres no tienen traducción! Sin embargo, mundialmente conocemos a “Jules” como Julio. Nada, eso. ¿Loco, no?

Claro que el tipo tuvo incoherencias en sus historias

Algunas veces hablaba de fauna y flora que no es posible encontrar en ese lugar o encontramos animales y plantas propios de Oceanía junto a otros de América. Sus explicaciones “científicas” tampoco eran del todo acertadas. Verne pensaba que los volcanes hacían erupción por una reacción química con el agua. 

Aun así, por su visión de anticipar futuros descubrimientos y eventos históricos, merecía este pequeño homenaje en mi humilde blog.



  “Jules” Verne es uno de esos autores que marcan umbrales en la literatura y traspasan todo tipo de barreras físicas y temporales. ¿Leyeron alguna de sus historias? ¿Cuál es su preferida? ¡Dejen su comentario en el blog o en  mi página!


"Todo lo que una persona puede imaginar,
otras podrán hacerlo realidad."

(Julio Verne)

jueves, 29 de noviembre de 2012

“Un ruido en un cajón” (cuento)


Autor: Luciano Sívori
Género: aventura / intriga

Este es un post muy especial para mí: el primer cuento que me animo a publicar acá. Hace un tiempo les conté de un taller literario que estaba haciendo con los muchachos de Literautas.com. El resultado fue genial, y todos los participantes aprendimos un montón.

La idea era crear un relato de menos de 750 palabras con la siguiente instrucción: “Una carta llega 30 años después”. Bajo esas reglas escribí “Un ruido en un cajón”, que ahora les comparto. Por suerte recibió muy buena críticas de los que me corrigieron, gustó bastante, me compararon con Phillip Dick (una locura, lo sé) y hasta me avivé de algunos ajustes que tenía que hacer en cuanto a forma

¡Ahí va! Ojalá lo disfruten:


“Un ruido en un cajón”

Eran las 17:30 pm. Henry se abría paso por la selva con una antorcha en su mano. Vestía una chaqueta de piel y un fedora de copa alta. A su paso veía a los monos columpiarse entre las ramas y sonidos de todo tipo de animales exóticos. Alcanzó el cofre, con el corazón latiéndole con fuerza, y lo abrió sin dudar. El contenido resplandecía en la oscuridad de la jungla, eran monedas. Tomó un puñado con ambas manos y empezó a devorarlas con voracidad.

El cofre, en realidad, no era más que una heladera… común y corriente. Los sándwiches se convertían en antiguas piezas de oro en la particular mente de Henry. Soñaba despierto, siempre lo hacía a partir de esa hora.

Vivía solo. Su madre había fallecido 15 años atrás. Había sido el alzhéimer, esa maldita enfermedad. Toda la familia tenía un considerable historial de enfermedades: diabetes, alzhéimer y cáncer eran las más populares, pero no las únicas. Vivía solo, y sin embargo… sonó un fuerte ruido dentro de la habitación de su madre. Era un extraño golpeteo que se repetía cada 3 o 5 segundos. “Que raro”, pensó. “Nadie entra allí desde hace años”. Quizás se hubiera infiltrado una rata a través de una abertura… o quizás un dinosaurio.

Henry hurgó en su habitación y localizó las llaves correspondientes. Allí estaban, protegidas por un peligroso nido de víboras. Tuvo que maniobrar con cuidado para no ser mordido y – cuando finalmente las obtuvo – se dirigió con rapidez al cuarto de su madre. El golpeteo persistía, molestaba. Había algo adentro, o alguien. Ni bien se abrió la puerta, brotó de adentro un olor nauseabundo, una peste compacta y violenta concentrada por el encierro y la humedad. El cuarto estaba en penumbras, por suerte él tenía su antorcha. Así pudo notar la docena de murciélagos que colgaban del techo.

Se movió lentamente por el lugar y encontró la fuente del perturbador sonido. Era el cajón del escritorio… algo se movía allí adentro. Henry, temeroso, lo abrió y allí encontró depositada una sola carta, manchada y arrugada. Los murciélagos comenzaron a revolotear cuando él la levantó. En el interior había una hoja amarillenta y desgastada doblada en cuatro partes. Confundido, comenzó a leerla con prisa:

 “Estimada Sra. Jones:

Lamentamos informarle que su hijo ha sido diagnosticado con la terrible Enfermedad de Garth, una de las más raras y peculiares del mundo. Únicamente se conocen otros 7 casos de este padecimiento. Las regulaciones del hospital nos impiden darle estas lamentosas noticias de forma oral. La información se debe brindar por escrito y de forma privada a su correo personal. De todas formas, está en todo su derecho de venir a verme, y yo le explicaré como puede tratar a su hijo. La enfermedad no es terminal, su hijo no va a morir.

El principal síntoma es una desconexión completa con el mundo en el que vive. Su hijo se va a crear realidades alternas, fantasías, amigos imaginarios e historias increíbles. Hay algunos psicofármacos que deberá utilizar para minimizar los efectos causados, pero las dificultades de adaptación serán inevitables. Le recomiendo ampliamente que me vea lo antes posible… de otro modo, su hijo corre riesgo de perderse en sus propias ilusiones, para siempre.

Me disculpo una vez más por estas tristes noticias y lo saludo cordialmente.

Dr. Marrochi, jefe de psiquiatría del Hospital Corazón de Cristal.

7 de mayo de 1982”.

Cuando Henry acabó de leer la carta, aún seguía impactado por algunas de las cosas que había leído. 1982… hace exactamente 30 años”, reflexionó. Él era solamente un niño, un bebé de 2 años. Así que esa era la verdad, esa era su verdad. En realidad (ahora que lo pensaba mejor) hacía mucho tiempo que lo intuía… ahora estaba seguro. Ya no había duda. Pero…  ¡de haberlo sabido antes! Henry lo comprendió todo y sonrió. Ya le parecía que aquello que hacía todos los días de 8:00 am a 17:00 pm, esa pérdida absurda de tiempo frente a una computadora respondiendo e-mails y hablando por teléfono a clientes enojados, era demasiado absurdo para ser real.
No lo era, decidió.


FIN


=> Para los que se animen a seguir pensando: ¿si lo madre sabía de la “enfermedad” de su hijo, por qué podría no haberla tratado? ¡Se las dejo como ejercicio! <=

PD: el taller es gratuito y para los amantes de la escritura está súper interesante. ¡Métanse en la página para sumarse!

miércoles, 12 de septiembre de 2012

“Podemos recordarlo todo por usted” (cuento, 1966)


Autor: Philip Dick (USA)
Género: ciencia ficción
Leído: Agosto - 2012 (en un viaje de 20 minutos en bus)


Despertó... y deseó estar en Marte”. Así comienza uno de los cuentos cortos más famosos del americano Philip K. Dick, publicado hace casi 50 años. Me encantó este relato futurista que fue luego adaptado al cine en “Total Recall” (1990) con Arnold Schwarzenegger y en la remake del mismo nombre protagonizada por Colin Farrell (que estuvo en los cines hace muy poquito). ¡Personalmente todavía no pude ver ninguna de las dos!

Phillip Dick es 8 años menor que Ray Bradbury e Issac Asimov (ambos nacieron en 1920) pero falleció mucho antes… en 1982, 20 años antes que Ray y 10 años antes que Isaac. #MindFuckedIKnow#.  Sin embargo, los 3 fueron contemporáneos y han redefinido el género de la ciencia ficción como nadie lo había hecho antes. Los relatos de Dick han sido adaptados a la pantalla grande en más de una ocasión. “Sueñan los androides con ovejas eléctricas” es la famosa historia corta que inspiró a George Lucas para realizar “Blade Runner” en 1982.

La colección de cuentos cortos “The Minority Report” de 1956 fueron, también, fuente de inspiración para la película del mismo nombre (protagonizada por Tom Cruise). Otra historia de él es “A Scanner Darkly”, que tuvo su adaptación con Keanu #Conspiracy# Reeves en el 2006 en una cinta por demás interesante (especialmente por cómo está filmada)

Podemos recordarlo…” es una historia corta que se publicó en una revista de ciencia ficción y fantasía en 1966. Muestra un universo donde las memorias reales se mezclan de forma natural con las falsas. La trama sigue la vida de Douglas Quail, un hombre de clase media-baja e ideas sencillas con un peculiar sueño: poder visitar Marte. En realidad los viajes a Marte son algo natural en el universo de la historia, pero demasiados caros para su propio status social. Por ese motivo visita la empresa Rekall, Inc., que ofrece memorias implantadas. Todo se descontrola cuando al intentar implantar recuerdos de Marte en la mente de Douglas descubren que “aparentemente” era un agente encubierto del gobierno al que le habían manipulado la memoria por poseer secretos peligrosos.

Realmente es una linda historia para comenzar a leer a este autor y tiene también un giro de tuerca final interesante. El relato trata muchos de los temas que eran casuales en la bibliografía de Dick como la paranoia y las drogas. De hecho, Philip Dick fue drogadicto gran parte de su vida y se dice que estaba totalmente loco de remate sufría de esquizofrenia.

¡Hasta la prox!

PD: para los pocos que se preguntan que ando leyendo hoy en día. Me prestaron “La tabla de Flandes” (1990) de Arturo Pérez-Reverte. ¡Por lo pronto viene siendo muy atrapante! =)
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