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lunes, 20 de abril de 2026

“Las despedidas invisibles” (cuento museístico)

  

Hay despedidas que no hacen ruido. No tienen fecha, ni palabras, ni un último abrazo que las confirme. Simplemente pasan. Este cuento recorre ese territorio silencioso: el de las primeras veces que, en realidad, fueron finales.


 

lunes, 29 de diciembre de 2025

“Un par de clavos torcidos” (cuento)

 

A veces lo que aguanta no necesariamente es lo perfecto. La historia de una casa en un árbol armada sin técnica o garantías, sostenida por algo más fuerte que la prolijidad.

 

lunes, 1 de diciembre de 2025

“Manual para fabricar sospechas” (cuento poco confiable)

 

Culpa, ficción y tragedia. Una declaración donde la verdad se vuelve un género literario… y la mentira, un arma cargada. Último cuento del año: “Manual para fabricar sospechas”.


 

martes, 1 de abril de 2025

“A destiempo” (cuento existencialista)

 

Un relato sobre la alienación, la percepción del tiempo y la búsqueda del sentido de nuestra existencia. Hoy les comparto la historia de Jana: “A destiempo”. Versión narrada por ACÁ.


jueves, 17 de junio de 2021

Amistad no garantizada (cuento cupidístico)

 

Cuando un extraño se presenta en la fiesta de su mejor amiga, Lucho se plantea si podría estar naciendo una amistad sin saberlo.

Con Amistad no garantizada (mi cuento N° 54 dentro del blog) espero no herir ninguna susceptibilidad. Es simplemente un pase de comedia para reír y descansar un poco. ¿Otro cuento autobiográfico? Naa, esta vez no tanto. O quizás sí, qué se yo…

Versión narrada en mi podcast: LINK



Versión podcastera:


viernes, 15 de marzo de 2019

Retratos del silencio (cuento)


Cuando el silencio invade, hasta los grillos escapan. Obtendremos esta historia de primera mano, ingresando en la cabeza del invadido. Por favor, aseguren las papitas y aceitunas en el compartimento del frente y coloquen las tapas a sus bebidas. Están advertidos, éste puede ser un viaje movido.

Aunque lo dudo.


martes, 21 de agosto de 2018

“Colonia de humanos (o la trágica molestia de existir)” (cuento)


Cada tanto me acuerdo de que este es un blog literario y me pongo a escribir algo. Esto fue lo que salió esta vuelta, un relato entre humorístico y filosófico que trata sobre la vida misma… y una colonia de hormigas. Los que conocen mi estilo narrativo ya saben de qué hablo. Los que no… ¡bienaventurados!

Espero que les guste.


Versión podcastera:



jueves, 24 de mayo de 2018

El mundo será Tlön: el futuro según Borges


En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius –uno de los relatos más influyentes de Jorge Luis Borges– una antigua sociedad secreta conspira para crear un universo completamente ficcional. Éste es descubierto por el narrador (el mismo Borges) en la forma de una enciclopedia apócrifa que describe la imaginaria nación de Uqbar y la mitología de la tierra de Tlön. El plan es recrear a la Tierra en forma de Tlön convenciendo a todos, de manera subconsciente, de que es real. 

Spoiler alert: lo consiguen.


miércoles, 21 de marzo de 2018

“La iniciación” (cuento)


Mientras termino de confeccionar un post sobre la filosofía de Albert Camus y su novela El Extranjero (que me está llevando más tiempo del esperado) quería compartir este cuento que recibió Mención Especial en el “XXXI Concurso Literario FATSA”.

La Iniciación es un cuento especialmente experimental (y adrede desordenado) donde trabajo un tema muy recurrente en cualquier religión (o pseudo-religión) en su aspecto más místico: el siempre necesario un rito de iniciación.

Por acá está la versión narrada para el podcast.



miércoles, 19 de julio de 2017

“El Sur”, el mejor cuento de Borges (según Borges)


Borges hablaba más de otros textos que de los suyos. Justamente por eso, no es poca cosa que en una de sus entrevistas haya dicho: “Ficciones y El Aleph son mis mejores libros. El sur, mi mejor cuento. El Golem, mi mejor poema”.

Como la mayor parte de sus obras, El Sur es un cuento complejo que requiere un esfuerzo adicional (e importante) por parte del lector para lograr desenredarlo. Si bien es corto, tiene tanta densidad de temas y conceptos que su lectura no es algo sencillo.

Aunque no es mi relato favorito de Borges, no por eso merece dejar de ser analizado. Trabaja una buena cantidad de elementos biográficos y combina algunas de las temáticas más recurrentes del autor: el tiempo, los sueños y la muerte.

El protagonista de la historia es Juan Dahlmann, un hombre amante de la lectura (como Borges) que trabajaba en una Biblioteca (como Borges).

Si bien Juan se siente tremendamente orgulloso de su nacionalidad argentina, no olvida su ascendencia alemanda que heredó de su padre. El linaje alemán-argentino para Juan es una tensión constante, como lo fue la identidad inglés-argentina para Jorge Luis.

Pero vayamos más despacio, que ya llegaremos a eso.

***

Un manuscrito de oro

El Sur tiene una historia muy curiosa.

Se publicó por primera vez en el diario La Nación el 8 de febrero de 1953 y fue luego incluido en la antología “Ficciones”. En el año 2012, el manuscrito original se subastó por casi 200.000 euros, tres veces más de su precio de base. Un record absoluto para el mundo de la literatura.

El original son siete hojas cuadriculadas, arrancadas de un cuaderno con espiral de 21,9 por 17 cm, de letra pequeña pero perfectamente legible, con fecha y lugar en Adrogué, 1953. Fue el último que escribió Borges en toda su vida.

Dos años después, quedó ciego y ya necesitó que alguien transcribiera sus cuentos.


El desorbitante precio fue pagado por la Fundación Martin Bodmer, con sede en Ginebra, que se dedica a conservar manuscritos originales de grandes personalidades del siglo XX. En esa ciudad suiza reposan hoy los restos de Borges, quien falleció en junio de 1986.

El argumento en pocas palabras

Juan Dahlmann vive en Buenos Aires y trabaja como secretario de una biblioteca municipal. En el sur mantiene el casco de una estancia que perteneció a su abuelo materno.

Un día como cualquier otro, subiendo a su edificio se golpea la cabeza con el borde de un batiente. Después de pasar ocho días con fiebre, lo llevan a un sanatorio, donde está al borde de la muerte. Acá es donde las cosas se ponen extrañan.

La narración adquiere un carácter onírico, tiempo y espacio comienzan a entremezclarse y no queda claro si Juan murió en aquel sanatorio (una muerte triste, solitaria, sin gloria) y comienza a soñar su muerte ideal, o si lo que sucede luego realmente sucedió.

Juan toma un tren que lo llevará al Sur, y este viaje se confunde con el sanatorio constantemente. Al final, el protagonista muere ahí debido a una pelea que tuvo con un compadrito que lo molestaba.


Ambas teorías son igualmente válidas: Dahlmann pudo haberse recuperado y viajado al Sur, o nunca haberse recuperado (murió en la camilla del sanatorio) y, ante la alternativa de una muerte tan absurda, soñó una muerte “criolla” que habría enorgullecido a su abuelo.

El relato finaliza de esta forma:
«(…) Sintió, al atravesar el umbral, que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto y acometiendo, hubiera sido una liberación para él, una felicidad y una fiesta, en la primera noche del sanatorio, cuando le clavaron la aguja. Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte que hubiera elegido o soñado

Borges y los trenes

El tren (o, más bien, el viaje en tren) es uno de los tantos elementos simbólicos que Borges suele utilizar bastante. No tanto como los laberintos y los espejos, pero sí lo suficiente como para poder considerarlo uno de sus recursos típicos.

En El jardín de senderos que se bifurcan (que ya reseñé en el blog) el protagonista Yu Tsun se baja del tren en medio del campo para ir a cumplir con su misión de espionaje. En La muerte y la brújula (gran relato que trabaja la idea del anti-detective) Erik Lönnrot también se dirige en tren hacia Triste-le-Roy (donde desconoce que encontrará su muerte).

Así, el viaje en tren es una suerte de umbral hacia otro estado de mente y cuerpo.


En El Sur es, justamente, donde lo onírico se hace más presente, donde los límites entre realidad y ficción se vuelven difusos. También es donde, de alguna manera, tiempo y espacio se ramifican.
«Mañana me despertaré en la estancia, pensaba, y era como si a un tiempo fuera dos hombres: el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio y sujeto a metódicas servidumbres.»

No es casual que el tren se detenga “en medio de la nada”. Dahlmann acepta la caminata como una pequeña aventura. Aquella frontera funciona como una suerte de limbo, un lugar entre el campo (el cielo) y la ciudad (el infierno). No es ni uno ni otro, pero es la orilla de ambas geografías.

“El sur” como autobiografía

El relato dice: "A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos", y ciertamente contiene varias simetrías con la propia vida de Borges.

Además del doble linaje compartido que ya mencioné (Dahlmann pertenecía a dos linajes, el alemán y el argentino; Borges también contaba con dos linajes; el inglés y el argentino), abundan las analogías biográficas sobre todo el texto. La más evidente es Francisco Flores (padre de Juan) en relación a Francisco Borges (padre de Jorge Luis).

El padre de Borges murió en batalla, en la guerra contra Paraguay. Jorge Luis admiró esa muerte a tal punto que la plasmó en el personaje de Francisco Flores, quien muere con una lanza que le atraviesa el pecho.

Al igual que el Dahlmann del cuento, Borges sentía una fascinación casi obsesiva por la “muerte romántica”. Este es el puntapié inicial para comprender El Sur. El protagonista es internado en un hospital, donde quizás murió, y esa no era la muerte que quería para él.

Hay otras similitudes. Borges trabajó también como bibliotecario y en 1939 sufrió una herida en la cabeza que fue casi mortal.

El uso de intertextos

Los dos intertextos más claros del relato son el Martín Fierro y Las Mil Y Una Noches

Cada uno de ellos se ata a cada uno de los dos linajes de Juan Dahlmann.

Mientras que el primero representa la identidad gauchesca y criolla del protagonista, el linaje alemán queda expuesto en el segundo, que es una traducción del alemán Gustav Weil (fue la primera traducción íntegra al alemán de la famosa obra de la literatura persa).

Si nos remontamos al argumento de Las Mil y Una Noches, en aquella obra se habla de un plan para retrasar la muerte, y la chance de cambiar el destino a partir de cuentos de ficción.

Son relatos que surgen uno del otro, es decir, al contarse uno de repente surge otro, hasta que termina el primero, como si habláramos de cajas encerradas en otras cajas. La protagonista, Sherezad entusiasma al sultán tirano, pero ella interrumpe el relato antes del alba y promete el final para la noche siguiente. Así, durante mil noches. 

Son las ideas más revolucionarias del Martín Fierro, sin embargo, las que llevan a que Juan acepte el desafío de luchar (lo que ocasiona eventualmente su muerte).

En el desenlace, Juan se halla frente a una muerte esperada, merecida y hasta digna del héroe gaucho a quien tanto admira (y quien tanto desea ser).

Palabras finales

Vuelvo a esta frase, porque me parece que es la que resume las ideas del texto. “A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”.

La simetría se ve entre el personaje de ficción (Juan) y el real (Jorge Luis). Los anacronismos son una constante en el relato también, tanto en las situaciones que se presentan (“Dahlmann había llegado al sanatorio en un coche de plaza y ahora un coche de plaza lo llevaba a Constitución”) así como en el uso de los intertextos.

Mientras que los intertextos cumplen la función de representar los dos linajes, “El Sur” es otro símbolo dual, separando civilización de barbarie, ciudad de campo, vida de muerte y (¿por qué no?) cielo de infierno.

Análisis aparte merecería el uso de los tiempos verbales. En el párrafo final, la utilización del tiempo presente tiene un rol fundamental:
«Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, que acaso no sabrá manejar, y sale a la llanura

Este uso del presente genera una sensación de realidad urgente. Al mismo tiempo, es un cierre ambiguo, apoyado en una frase imprecisa (“que acaso no sabrá manejar”) para generar todavía más incertidumbre.

Repito: no es mi favorito, pero puedo entender por qué Borges estaba tan orgulloso de este texto.


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lunes, 24 de abril de 2017

“La rueda” (cuento)


Susana Imes lo tiene todo en su vida: belleza, salud, familia, grandes proyectos, una carrera exitosa. Sólo le falta tenerse un poco más de confianza, dejar de sentirse un total y completo fraude.

Cuentito sencillo que aprovecha el tema de una enfermedad mental llamada Síndrome del impostor, un curioso fenómeno psicológico en el que las personas no son capaces de internalizar sus logros.




Versión podcastera por acá:



sábado, 29 de junio de 2013

Una sonrisa torcida en la oscuridad (cuento)



La última noche en la vida de Griselda Grief se pincelaba como una más del montón. El viento del crepúsculo giraba en el cielo, silbando una melancólica balada. Era noche de estrellas mudas, tristes. Las calles soñaban en silencio. El mundo se había ido a dormir.

Los platos de cuatro días atrás seguían sucios, reacios a lavarse por sí mismos. Griselda protestó ante otro mediocre episodio de la telenovela del canal público. Entró al baño con un andar pesado y cerró la puerta. El espejo le devolvió una nueva mirada de reprobación, idéntica a la del día anterior. Mientras se cepillaba los dientes, se preguntó quién había diseñado aquella nariz tan larga y ligeramente puntiaguda. 

¿A quién se le había ocurrido combinar una sonrisa medio torcida con esa espantosa protuberancia en el labio inferior? Sus gruesas y disparejas cejas terminaban por completar la imagen de un monstruo.

Ingresó al dormitorio, con todo el peso de sus vírgenes 34 años encima, y se desvistió. 

Sabía lo que le esperaba. Nunca nadie iba a sentir pasión por ella. La gente de su alrededor se había enamorado, había hecho el amor infinitas veces. Estaban casados y tenían hermosos hijos. Griselda nunca había recibido, siquiera, una invitación a pasar Navidad. Aunque fuera de alguien con culpa de verla cenar sola durante cada fiesta. ¡Lo que habría deseado una contraparte masculina, obesa y deforme, invitándola a tomar un café! Podrían haber jugado a que se amaban y adoraban, simplemente para evitar una desgarradora verdad: ambos estaban estremecidos  por la idea de morir solitarios.


Ya con su largo camisón encima, se acercó a la esquina del cuarto y movió el dedo a través de las hojas de su estantería. Le gustaba pensar en su habitación como una Biblioteca de Babel  –aquella  que concibiera Borges– en miniatura. Claro que ella no disponía de un indefinido entramado de galerías hexagonales, limitadas por barandas y con una cantidad incalculable de publicaciones. Pero esa habitación era su pequeño orgullo.


Allí había cuatro ediciones distintas de “Mujercitas” (novela que le regalara su difunto padre y que leía, por lo menos, una vez al mes), obras de teatro greco-latinas, relatos de suspenso de Harlan Ellison y novelitas de ciencia ficción de Bradbury y Asimov. ¿Qué tamaño tenía su biblioteca? Eran siete estantes de madera, cada uno conteniendo unos treinta libros apilados sin ningún orden lógico. También era posible hallar una primera edición del “Ulises” de Joyce, “La invención de Morel”, una docena de novelas de Danielle Steel y otras tantas de Allende. ¿Qué leería esa noche, esa última noche?

Recorrió cada libro con su dedo anular hasta llegar a uno desgastado y amarillento. Lo tomó. No decía nada en la tapa ni en la contratapa, y se encontraba muy maltratado. 

Como bibliotecaria en esencia, ver un libro en esas condiciones era el equivalente a un niño pobre y sucio, muerto de frío en la calle. El ejemplar parecía haber recorrido miles de kilómetros antes de llegar a su desordenada rinconera.

Abrazó aquel nuevo hallazgo con ternura. ¡Cómo le apasionaba leer! Cuando alguien crea una historia, pensó al enredarse en las sábanas de su cama, se convierte en el Dios de minúsculas e intrincadas dimensiones. ¡Tantos mundos! ¡Tantas vidas por ser vividas! Bien podía ser la última mujer del mundo, pero sus historias siempre estarían allí para acompañarla.

Abrió las páginas, casi deshechas, en profunda reflexión. Dentro de un par de horas el vino circularía rojo dentro de la bañera y “Across the Universe” se escucharía fuerte, escoltando el abatido final.


Griselda inspeccionó una página aleatoria:

“Roberto, concentrado en la historia de una hermosa princesa que se siente una aberración, exhaló profundamente. El aroma a café inundaba la sala”.

Miró extrañada a su alrededor y continuó con su lectura:

“Yo también me siento solo –dijo él en voz alta– anotá mi número: 2995553768. Podemos tomar algo y hablar”.

Sin poder explicar el motivo, ella tomó su celular y marcó el número. Se sintió estúpida, infantil. ¿Qué tan loca había que estar para escribirle a un personaje de ficción? Redactó un breve mensaje, y al instante llegó una respuesta que la dejó desconcertada:

“¡Hola, Griselda! Justo estoy leyendo el cuento donde me escribías. También adoro a los Beatles. =)”.


… Y un olorcito a café –delicioso, enloquecedor, recién colado– comenzó a sentirse desde la habitación, inundándolo todo. “La semana que viene, tal vez…”, recapacitó Griselda con una sonrisa torcida en su rostro mientras se levantaba de la cama.

jueves, 6 de junio de 2013

“Casa Tomada” (cuento, 1946)



Autor: Julio Cortázar (Argentina)
Género: fantasía / suspenso / ¿conceptual?

Una puerta de madera que cruje en la noche provoca más miedo que un payaso sosteniendo globos bajo una alcantarilla. Lovecraft hablaba de que el miedo más antiguo y profundo es el miedo a lo desconocido. No podría estar más de acuerdo. 

... Esa presencia inexplicable, esa poderosa fuerza inconsciente, es justamente lo que hizo que “Casa Tomada” –lo primero que alguna vez leí de Cortázar– se convierta en uno de mis preferidos.

Ningún otro cuento ha sido analizado y estudiado tanto; un relato que podríamos llamar “conceptual” pero que en realidad Cortázar simplemente soñó. Él explica que no fue más que una horrible pesadilla, y él mismo se sorprendió por las interpretaciones contextuales de la historia. 

Los “espacios en blanco”, –aquellos intersticios, de los que habla Umberto Eco, que el lector debe completar en todo texto– se ven claramente en esta historia.



Quienes no sepan de qué va la historia, lo mejor sería primero conocerla. Y mucho mejor que escribirla yo es escucharla directamente de la voz de Alberto Laiseca, que tiene un don nato para la narración:




Varios de los estudios consagrados a “entender simbólicamente” este breve relato han intentado descubrir la alegoría y el simbolismo. La Idea detrás de la Idea. La gran mayoría interpreta a “Casa Tomada” como una crítica hacia el peronismo, o incluso al aislamiento de Latinoamérica pos segunda guerra mundial. Otros, más osados, se atreven a entender que es una recreación bizarra del mito del minotauro o una expulsión (moderna) de Adán y Eva del Paraíso.

Como sea, se trata de la destitución del ser humano hacia una realidad  perturbadora, una que ya no es cerrada en tiempo y espacio. La casa, esa que “desaloja” a sus huéspedes, adquiere una condición de personaje, aunque siniestro. Pero además la casa representa un estado mental de aislamiento y desconexión. Son muy comunes los relatos de Cortázar donde espacio exterior y el del interior de la mente se mezclan y se confunden. 

La pareja de hermanos vive en un alto grado de retraimiento. La introducción paulatina de un ambiente donde se distorsionan las leyes naturales es lo que más me impresiona.

"Tuve que cerrar la puerta del pasillo.
Han tomado la parte del fondo."

(“Casa tomada”, Julio Cortázar)

Mientras uno lee (o escucha) la historia, no puede evitar preguntarse por qué se toman la intrusión con tanta naturalidad. Esa idea nos trastorna y se convierte en eje principal para generar el suspenso. ¿Por qué, ante la invasión de nuestras vidas, actuamos de forma común, como si fuera “lo más normal del mundo”?


La actitud de los personajes es clave para comprender que Cortázar entiende lo fantástico de forma muy distinta al horror y lo sobrenatural de Poe, y así genera una tendencia de fantasía posmoderna que había tenido un importante inicio en el surrealismo de Kafka.


La angustia en el lector, nuestra angustia, crece desproporcionadamente por la forma en que los personajes viven un hecho claramente perverso. ¿Por qué no se cuestionan nada? Luego de una primera "toma", el relato nos cuenta cómo era la vida de los hermanos y –más allá de la pérdida de algunos objetos materiales queridos–, la situación no parece preocuparles demasiado ni alterar su estilo de vida. Llega a un punto absurdo el hecho de que, incluso, puedan racionalizar y encontrarle ventajas ("la limpieza se simplificó considerablemente”).

La aceptación, casi sin pena, de la situación queda perfectamente representada por el abandono de la "tela de Penélope" (otro elemento muy interesante para analizar) y la última frase:

“Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla.

No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.”

(“Casa tomada”, Julio Cortázar)


Lo que el autor pretende no siempre es lo que el lector concibe. Todo texto quiere dejar al lector la iniciativa interpretativa. Mi intención no es analizar “Casa tomada” sino invitarlos a que recorren la historia y encuentren su propia manera de entender uno de mis relatos de suspenso favoritos.
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