Un viaje que comenzó conmigo queriendo llegar desesperadamente y terminó con un extremo deseo de volver a casa. Noches inesperadas, imprevistos caóticos y encuentros surrealistas en este nuevo diario de viaje.
¿Qué se siente perder un vuelo? (martes 1-sep)
Mi amiga Agus me dijo que de todo esto iba a salir un cuento. Capaz que sí, no sé. Sí me dieron ganas de escribir este pequeño diario de viaje. En parte porque hace bastante que no meto una escapadita (desde Entre Ríos y la Comic Con). Mucho cambió desde aquel viaje, de hecho. Tuve crisis existenciales de los “casi cuarenta”, me volví propietario, empecé natación y terapia (combo “salud mental”). Pero todo eso es material para una charlita con birra.
Hoy les quiero contar de una escapadita laboral que terminó siendo mucho más. Comenzó con un vuelo frustrado y tuvo varios momentos interesantes en el medio. Vayamos un poquito más para atrás.
Soy consultor SAP desde hace más de una década. Me va bien, paga las cuentas y el Claret de los chicos. Saben que mis verdaderas pasiones van por otro lado. Pero siempre intento viajar al congreso de SAP que se organiza en La Rural porque me parece un planazo. Aprendemos cositas, morfamos bien, es todo un paquete bien cheto y un mimo para mis compas y para mí.
Este año fue un poco más difícil conseguir el viaje -por cuestiones presupuestarias de Profertil, la empresa adonde trabajo- pero finalmente pudimos concretar. Viajamos cinco: Agus F, Caro, Juan (sí, el mismo Juancito de este viaje), Agus P. y yo. Planazo, porque además de compañeros de laburo, somos buenos amigos.
El trip tenía esa mezcla de mística rara y épica. Yo estaba muy entusiasmado. Hacía mucho que no viajaba y me sentía como estudiante egresando. Pero algunos malos augurios empezaron a resonar: un QR que no encontrábamos, unos lentes (casi) desaparecidos, una camisa olvidada. Y lo peor: un DNI tontamente olvidado que me impidió tomar el vuelo de ida a CABA.
Sí, como leyeron. Me sentí el pelotudo más grande porque, para peor, Juan nos había recordado a todos en el grupo que revisáramos tener el DNI a mano. Nada, un mal trago. En el momento lo re sufrí. ¡Perdí el primer vuelo de mi vida! El APP de Mi Argentina no quiso funcionar y no hubo forma de abordar.
No les voy a mentir: tenía ganas de hacerme una bolita y llorar en un baño. Pero soy un señor mayor y más o menos funcional: tenía que resolver. No podía perderme el congreso de SAP NOW que tanto había esperado.
Ah, pequeño detalle. En el apuro por tratar de resolver tema DNI, dejé
la valija solita. Casi termino activando el protocolo antibombas. Ups…
Terminé tomando un bondi (que pagué de mi bolsillo). Me perdí la noche
de hotel en CABA y la salidita a cenar. Esa noche los chicos salieron a una
parrilla tailandesa (El Niño Gordo) mientras yo veía I Saw the Devil
en mi PC y sufría por el aire frío de un colectivo insulso. Todo el viaje había
comenzado terriblemente mal.
CABA y el congreso de SAP (miércoles 2-sep)
Dormí como el orto. Y estaba triste. La noche anterior me había cambiado en el baño de la terminal. Sentí que había caído en mi punto más bajo. Curiosamente, la story que subí a IG contando que perdí el vuelo tuvo muchísimas más reacciones y comentarios que cualquier otra cosa. Qué seguidores morbosos que tengo.
7.15 a.m. estaba en Retiro, cansado y con hambre. Tomé un UBER para llegar a desayunar algo en el hotel con los chicos. Cuando los vi me cambió la cara. Ya estaba de vuelta con mi tribu; empecé a sentirme mejor. Mucho mejor.
Entramos 8.30 am a La Rural, donde se desarrollaría el congreso. El evento es muy nerd, con algunas charlitas técnicas, otras más motivacionales. Había unas 150 sesiones en simultáneo y uno va eligiendo las que te interesan en una app, como para armar tu propio cronograma.
La primera charla fue muy interesante porque hablaba sobre la importancia de crear comunidad en los vínculos laborales. Luego tuve un par de charlas muy embole y otras súper interesantes, aunque no quiero entrar en esa por acá porque pierdo a todos mis lectores.
Sólo contarles que escuché un ratito a Bilinkis y Del Potro. Hablé con lenguaje natural con un robot muy simpático que me recontra boludeaba. Resolví un laberinto 3D dentro de una esfera. Hubo múltiples charlitas de café y mucho merchandising proveniente de empresas partners de SAP. Estuvo también Patricia Jebsen, si bien esa charla se llenó de toque y no pude participar.
También tuvimos momentitos de relax en el pastito (nos tocó diazo) y un almuerzo suculento. Yo aproveché para sacar alguna foto que actualice mi perfil de LinkedIn y preguntar si me dejo el bigote o me lo saco definitivamente. Temas fundamentales de mi vida (??)
Cerraron los Auténticos Decadentes, con picada y birra. Esa me la perdí porque me tocaba salir para Rosario en auto. 17.30 estaba en un Toyota con mi chofer, Antonio, quien me dejaría esa noche en Rosario.
El viaje, por lo menos hasta la mitad, fue tranquilo. Leí un poco (El hombre que arruinaba las fotos, de Casciari y además estaba corrigiendo mi nueva obra, Exquisita Demencia). Respondí algún que otro mail y miré una peli animada: Batman: Knightfall (part 1).
Cuando Antonio se desvió de la autopista, entendí que habían vuelto los malos augurios. “Me parece que pinchamos goma”, me dijo y yo putié por dentro. Nos metimos a un pueblito de mala muerte, a las afueras de Baradero, para encontrar una gomería.
Por suerte eran solo gomas bajas. Inflamos y seguimos, habiendo perdido unos 45 minutos. La verdad que medio un garrón el viaje. Ya era de noche, estaba súper cansado, sin señal ni luz para leer.
Empecé a sentir que todas esas pequeñas desgracias cotidianas eran consecuencias de alguna mala decisión muy anterior que ya me resultaba imposible identificar.
Llegué al hotel Dazzler a las 22.30 de la noche. Rosario estaba
tan linda como la recordaba. En 2024 había
estado 6 veces en la ciudad, por un proyecto de implementación de SAP. Pude
recorrerla bastante. Ahora me tocaba volver para dar unas capacitaciones. Cené
algo en el hotel, que resultó estar lejos del centro, cerca de donde está el
barco de papel y lo que llaman "el retiro rosarino". Me acosté.
Una noche rosarina inesperada (jueves 3-sep)
Me levanté 6.40 para bañarme y desayunar. Llegué a la planta (en Puerto General San Martín) y se me había bloqueado la PC por un pin misterioso que no tenía. #MalAugurio. Me ayudaron los chicos de seguridad -para eso pasó una horita- y finalmente comenzamos a laburar con la gente de Mantenimiento (unas sesiones de entrenamiento).
Se trabajó lindo con Gaby, Eze y Gus y puedo admitir que lo disfruté mucho. Era por el proyecto que implementé en 2024 y me gustó entender que el equipo había incorporado muy bien SAP a sus operaciones del día a día. Fue un momentito de inflar un poquito el pecho y pensar “¡qué grandes mis muchachos!”.
A la vuelta volví leyendo un poco más de Exquisita Demencia. Será una antología de cuentos de suspenso y ya estamos en los pasos finales con la editorial. La idea era aprovechar el tiempo libre para pegarle una leída a la obra completa e identificar errores de tipeo.
Llegué al hotel. Metí algo de gym, troté, clavé un avocado toast con café (qué cheto que me volví, lpm) y salí a ver a Juli Mazzoni, una amiga de la infancia que ya entra en la categoría de “la hermana que nunca tuve” (somos 4 hermanos varones).
Conocí al novio de Juli, otro Juli (Julián). Metimos mate, charlitas y terminamos cayendo en un espacio cultural (Espacio Teras). Era una suerte de mercado donde cineastas trataban de chapear con su obra. Personas que habían filmado algún corto, documental, mediometraje. La verdad que un ambiente hippie, barato y relajado. Hablamos con una banda de gente y posta fue re contra divertido.
En el medio había una exposición de arte, varios espacios con sillones y una pizza. En un momento de la noche cae al lugar Rodrigo de la Serna. Muy tipazo el vago, porque nos acercamos a saludarlo y nos tiró la mejor. El resto de la noche él estaba ahí, con su gente, y nosotros con la nuestra. Nadie pidió selfie ni volvió a joderlo.
Gran e inesperada noche, sinceramente. Me considero un ser social y se notaba que era un lugar donde todos tenían ganas de charlar pelotudeces con gente random. Hablé bastante de cine con un vago. La amiga de Juli (Pau) había filmado una película en Belén, Catamarca (lugar donde yo estuve).
La idea del espacio es generar networking y presupuesto
para terminar las obras. Era toda gente del arte. A veces nos separábamos con Juli,
yo charlando por un lado y ella por el otro, luego nos reencontrábamos. Terminó
siendo un planazo.
Taller, asado y regreso a CABA (viernes 4-sep)
Arranqué el último día de mi viaje muy cansado. Tengo 38 años. Ya no estoy para estos trotes, o quizás sí, pero vienen siendo días emocionalmente fuertes. Me levanté a las 6, me duché, armé la valija y bajé a desayunar tranqui. Durante el viaje a PGSM leí un poco más de Exquisita Demencia.
Allá di un tallercito corporativo de SAP, fuimos poquitos (unas 10 personas) pero me gustó. Lo disfruté. Si bien más disfruté el asadazo que nos comimos después.
A las 15:30 hs me subí a un auto para CABA. El chofer, Carlos, piola. En algún momento surgió charlita, lo justo y necesario. Laburé un poco más, respondí mails, aunque ya estaba quemadísimo. Así que aproveché a descansar con podcasts, musiquita y escribí este post. Tocaba pasar la última noche en Buenos Aires, en lo de mi hermano Tommy.
Ahí terminé de leer Exquisita Demencia. Me puso contento poder aprovechar ese tiempo. Encontré algunos errorcitos de tipeo que valía la pena corregir. Llegamos 19:45 hs al barrio de Flores. Nos cambiamos rápido y salimos en EcoBici para Serrano al 1000.
El plan era noche de Microteatro y se sumaría también su novia, Aldana. Vimos tres obritas lindas, muy cómicas. También un tanto olvidables, digamos todo. La onda de microteatro es un poco esa. Una de las chicas que actuaba es de Neuquén, me enteré al día siguiente.
Lo noté bastante más caro que la última vez y muy lleno. Evidentemente se
ha vuelto muy popular. Tomamos unas birras, la pasamos bien. Muy bien, de
hecho. Y pedaleamos de regreso a casa. Me acosté fusilado como a la 1.30 am.
Lo supe mientras ocurría (sábado 5-sep)
¡Qué placer fue no poner despertador ni nada! Aquella noche había nevado en Bahía Blanca. La ciudad maldita no deja de sorprender nunca. En Baires la mañana estaba fresca y con solcito. Una de cal y una de arena.
Salí a trotar por Chacabuco (un ritual porteño que me revitaliza) y pensé en que todo el viaje había sido raro. Estuve muy atravesado por algunas sensibilidades que me siguen afectando. Hay una tristeza dando vueltas por ahí que por momentos me tira abajo mal.
Igualmente sentí que esos días logré bajar un cambio, aterrizar un poco la cabeza (amo esa metáfora). Entendí, también, que ya quería volver a casa con mis niños. Sé que no estoy bien. Me conozco lo suficiente. Necesito seguir trabajando algunas cosas personales y necesito hacerlo en casa.
Por supuesto que los malos augurios iban a exigir una última aparición. Cuando llegué al aeropuerto, con una hora y media de anticipación, yo no estaba en el vuelo. Mi reserva se había caído por haber perdido el primer tramo (y pese a que me habían confirmado en Aerolíneas que podría viajar igual). La jodita me salió 100k para poder volver a levantar la reserva y regresar a casa.
Durante el vuelo intenté dormir y no pude. Leí un poquito más a Casciari y pensé que empezaba a sonar armoniosamente el lado B de mi vida.
No sé bien por qué me puse a lagrimear. O quizás sí. Hay mucho en este diario de viaje que no he dicho. Cosas que me vengo guardando y que viajaron conmigo a Buenos Aires, a Rosario y de vuelta a casa. Y ahí, a punto de despegar, tuve la certeza de que estaba pasando eso que llaman un “momento bisagra”: un quiebre sutil que separa la vida en dos partes con una finísima carátula.
Por lo general nos enteramos de estas grietas mucho después, en el sillón del psicólogo o —más comúnmente, en mi caso— mientras estoy escribiendo un nuevo cuento. Durante aquel despegue tan cargado de cosas, tuve una certeza extraña.
Esta vez lo supe mientras ocurría.

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