jueves, 24 de mayo de 2018

El mundo será Tlön: el futuro según Borges


En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius –uno de los relatos más influyentes de Jorge Luis Borges– una antigua sociedad secreta conspira para crear un universo completamente ficcional. Éste es descubierto por el narrador (el mismo Borges) en la forma de una enciclopedia apócrifa que describe la imaginaria nación de Uqbar y la mitología de la tierra de Tlön. El plan es recrear a la Tierra en forma de Tlön convenciendo a todos, de manera subconsciente, de que es real. 

Spoiler alert: lo consiguen.



***

La literatura borgiana

Desde lo gauchesco hasta lo borgiano, en el Río de la Plata se forjó una literatura que no existía en ningún otro lugar del mundo. Como toda la literatura de Borges, este texto perteneciente al género del realismo mágico no es muy extenso –el autor nunca escribió más de diez páginas– y, sin embargo, es muy complicado de leer. Eso no le impidió convertirse en una de las obras de ficción más importantes de los años ´40.

Lo que hace Borges es siempre ficción especulativa o, mejor dicho, literatura conceptual. Si sus relatos son siempre breves es porque le gusta concentrar la prosa. Además, seamos sinceros, con su estilo sería una tarea imposible escribir una novela entera.

Curiosamente, sí se han escrito varias novelas inspiradas en los conceptos que presenta Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Un primer ejemplo es El hombre en el castillo, de Philip Dick. El autor leyó el cuento de Borges en una revista perdida de ciencia ficción y tuvo la idea para un mundo alternativo donde los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial.

Como resultado, Estados Unidos quedó completamente dividido y ocupado por alemanes y japoneses. En este contexto, existe un libro (La langosta se ha posado, de un tal Hawthorne Abdensen) que describe un mundo –el mundo real– donde el Eje sí ha perdido la guerra.


¡La serie basada en la novela de Dick es muy buena!

Hay otro caso emblemático y es el de Vladimir Nabokov. Al principio de Tlön, el personaje de Borges le propone a su amigo, Adolfo Bioy Casares, escribir “una novela en primera persona cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones”. Eso es Lolita.

Al mismo tiempo, la obsesión de la Tierra con Tlön (en el cuento de Borges) es comparable con la obsesión del narrador con Ada o el ardor, también de Nabokov.


La controversial obra de Nabokov, contada desde el punto de vista de un pedófilo...

Yo mismo escribí, hace algunos años, un cuentito que se me ocurrió debido a Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

Si bien no se le acerca en calidad ni de casualidad, A veces vuelven ganó una segunda mención de honor en un Concurso Literario y me dio un empuje, allá por 2013, para animarme a presentarme a más concursos.

En el cuento (pueden leerlo acá), el imaginario ficcional de un cuento comienza a devorar la realidad misma. En definitiva, es una versión más microscópica de lo que sucede en Tlön.

¿Qué sucede en Tlön?

A esta altura creo que es evidente que esta nota va a contener spoilers del relato. Por si no lo leyeron (o sí, pero no lo recuerdan… o sí, pero no entendieron nada como yo) acá va una breve recapitulación.

El cuento se inicia con un narrador (el mismo Borges) que, luego de una conversación ordinaria con su amigo, descubre que existe un artículo sobre el país Uqbar en una única copia de una única edición de la Enciclopedia Anglo-Americana

Poco a poco, más detalles de Uqbar van encontrando su camino hacia la vida del protagonista. Al parecer, el país tiene una extensa mitología basada alrededor de la imaginaria tierra de Tlön.


Tlön es un mundo gobernado por el idealismo –aquel planteado por George Berkeley– y no por el materialismo que, de hecho, es una herejía. Ya me referiré a este punto más adelante.

Resulta que, a principios del siglo XVII hubo un grupo de intelectuales que se pusieron de acuerdo para inventar este país imaginario. Sobre el final del relato prácticamente todo el mundo está convencido de que Tlön es real. Entonces Borges afirma que la Tierra acabará por convertirse en Tlön en sólo unas pocas generaciones.

El idealismo filosófico de George Berkeley

Una buena porción de la historia se relaciona directamente con la propuesta filosófica de Berkeley, un obispo más conocido por la paradoja del árbol que cae en el bosque sin ser visto por absolutamente nadie. El filósofo pregunta: bajo esas condiciones… ¿el árbol hace ruido?

Según George Berkeley, todo está en nuestra cabeza. Él pone la percepción por encima de la cosa material en sí misma. Así, cuando nos referimos a un objeto real, en realidad estamos haciendo notar la percepción que se tiene de él.


Este idealismo niega la existencia material. Los hombres agrupamos nuestras experiencias sensoriales y nos organizamos para darles nombres. Por ejemplo: “Manzana” es nuestra palabra (designada, arbitraria) para una colección coherente de colores, gustos y sensaciones. Eso es toda una manzana para Berkeley.

Ahora, si una manzana únicamente puede existir en lo inmediato de lo que se percibe, ¿no debería desaparecer cuando cerramos los ojos? Berkeley, que era un fiel creyente y religioso, argumenta que es Dios quien percibe todo y mantiene al Universo unido –sea que nosotros estemos mirando o no. 

Esta es también su respuesta a la paradoja del árbol que cae. Sí, hace ruido porque Dios está en todas partes y Él, por lo menos, pudo escucharlo. (Fuck logic, right?)

Tlön como alegoría del escepticismo

Cada relato de Borges abre el juego para múltiples interpretaciones. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius no es la excepción. Son muchísimos los críticos literarios que han buscado desarmar el texto para interpretarlo de una forma u otra.

Para muchos no es más que una metáfora del escepticismo ya que, de diferentes formas, le niega a la humanidad el “acceso a verdades inamovibles acerca del mundo que lo rodea”.

En ese sentido, el texto busca mostrarnos que lo que hemos aceptado como nuestra realidad no es más que fantasmagoría del espíritu, una construcción social, la mentira más grande alguna vez contada.


La estructura de cajas chinas

La estructura del relato funciona como un juego de cajas chinas donde un mundo fantástico contiene a un segundo que, a su vez, contiene a un tercero. Pueden pensarlo de forma similar a las diferentes capas de sueños que presenta Inception (gran película de Nolan que, sin embargo, no considero la más representativa).

Este es un recurso bastante clásico en las historias de Borges. Pienso, especialmente, en El Aleph, pero también en El jardín de senderos que se bifurcan y en Las ruinas circulares.

Veamos entonces cómo aparecen estas tres dimensiones de fantasía en el texto. Todo comienza a partir de una conversación casual entre Borges y Adolfo Bioy Casares. Debatiendo sobre literatura, ambos llegan a la conclusión de que los espejos tienen algo monstruoso. Borges no sabe bien explicar qué es. Su amigo logra definirlo gracias a una cita que leyó alguna vez:

«Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres.»

El artículo sobre Uqbar únicamente existe en el ejemplar que tiene Bioy. Todo lleva a pensar que Uqbar es un país imaginario (dimensión de fantasía #1). En la sección sobre “idioma y literatura” se menciona a Tlön, que es una región imaginaria de un país imaginario (dimensión de fantasía #2).

Finalmente, Borges se entera de un plan por quienes forjaron inicialmente una enciclopedia de Tlön. Esta sociedad secreta busca sacar otra enciclopedia escrita en una de las lenguas de Tlön (y que se llamaría “Orbis Tertius”). De ese modo, Orbis Tertius es un mundo descrito en el lenguaje de un planeta imaginario que, a su vez, es una “región” de un país inexistente (dimensión de fantasía #3).


Los espejos en Tlön

Quien ha leído a Borges sabe que hay algunos objetos literarios que lo fascinan. Uno de ellos es, definitivamente, el laberinto (que tiene su importancia en este texto). Pero el que resalta especialmente es el espejo. El autor tiene una obsesión tremenda por los espejos. Por eso es interesante cómo inicia el cuento:

«Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar.»

Está claro que un espejo y una enciclopedia no son lo mismo, pero acá Borges los vincula directamente. Si un espejo puede ser un símbolo de lo real, la enciclopedia (una que, de hecho, parece ser falsa… por lo tanto nos hace dudar de cualquier certeza que contenga) es el espejo imperfecto del mundo real.

Y es a través de la idea de los espejos (recordemos la frase de Bioy Casares) que la idea de un país imaginario comienza a introducirse lentamente en la “realidad objetiva” de los protagonistas.



Esta no va a ser la última vez que aparezcan los espejos en el relato. Borges (el personaje) busca aquel artículo apócrifo sobre el país inexistente de Uqbar. En aquel extraño lugar, el lenguaje se nos presenta como cifrado, diferente a las designaciones habituales que conocemos.

Por ejemplo:

«En la sección histórica (página 920) supimos que a raíz de las persecuciones religiosas del siglo trece, los ortodoxos buscaron amparo en las islas, donde perduran todavía sus obeliscos y donde no es raro exhumar sus espejos de piedra.»

Es interesante detenerse sobre esa frase: espejos de piedra. En nuestro mundo, aquel objeto es imposible. Piedra y espejo son, efectivamente, un oxímoron, una contradicción en sí misma. Los espejos no pueden ser hechos de piedra porque éstas no emiten reflejo alguno.

Esto va a tener sentido más adelante, cuando se explica que Tlön se rige por doctrinas idealistas que niegan la existencia objetiva de la materia, de las “cosas”. Aunque, a diferencia de los habitantes de Tlön, la población imaginaria de Uqbar habitan un mundo donde existe la materia como realidad objetiva, motivo por el cual es posible “exhumar” estos espejos de piedra.

Así, Uqbar funciona como un puente de transición, una unión de dos conjuntos, entre el mundo de las cosas (la Tierra) y el mundo de las ideas (Tlön). Y, en algún punto, un mundo refleja al otro, como un espejo.

Un planeta hecho de lenguaje (literalmente)

Al pasar de aquella primera dimensión de fantasía (Uqbar) hacia la segunda (Tlön), el cuento se refiere a un “lenguaje de transición”. Se trata de un lugar donde hay tigres transparentes o torres de sangre. Sabemos que no son más que metáforas, y esto es porque todos los sustantivos en Tlön solamente tienen un valor metafórico (en el texto se ejemplifica con la paradoja de las “las nueve monedas de cobre”, cuyo análisis amerita otro post diferente).

La cuestión es que Tlön es un planeta constituido exclusivamente por el lenguaje. Es decir: es una serie de ideas y sensaciones cuyo único referente es el lenguaje mismo. Este idealismo es el nuevo parámetro lingüístico.


Tlön, según Marvel Comics...

En un mundo regido por el idealismo, la “realidad” consiste exclusivamente en lo que se piensa y se siente, sin otro referente que el pensamiento y el sentimiento mismo. Dicho de otro modo: en un mundo idealista, todo existe como ideas en circulación, en la mente de sus pobladores.

Por eso en Tlön pueden “existir” poemas compuestos de una sola y enorme palabra. Y, también por eso, “perder” un objeto equivale a olvidarlo y “encontrarlo” a recordarlo. Aquello en lo que los habitantes dejan de pensar, automáticamente deja de existir.

«Dos personas buscan un lápiz; la primera lo encuentra y no dice nada; la segunda encuentra un segundo lápiz no menos real, pero más ajustado a su expectativa. Esos objetos secundarios se llaman hrönir y son, aunque de forma desairada, un poco más largos. Hasta hace poco los hrönir fueron hijos casuales de la distracción y el olvido.»

¿Qué es Orbis Tertius?

En la tercera parte del relato se genera un entrecruzamiento de los planos de fantasía y realidad. La fantasía comienza a disolverse en la realidad hasta tal punto que, en las líneas finales, parece destinada a desplazarla.

En realidad, lo que parece ocurrir es que los planos de fantasía y realidad se funden para producir, en este futuro borgiano, un tercer mundo que no será ni fantástico ni real (en todo caso, real-fantástico. Este último mundo será el equivalente de Orbis Tertius.

¿Pero qué es “Orbis Tertius”?

Aunque parte del título del cuento, Orbis Tertius tiene muy poco protagonismo en los eventos narrados. Se menciona al pasar un par de veces al comienzo. Es durante la tercera mención cuando obtenemos algunas claves fundamentales.

«La edición es secreta: los cuarenta volúmenes que comprende (la obra más vasta que han acometido los hombres) serían la base de otra más minuciosa, redactada no ya en inglés, sino en alguna de las lenguas de Tlön. Esa revisión de un mundo ilusorio se llama provisoriamente Orbis Tertius y uno de sus modestos demiurgos fue Herbert Ashe (…)»

Borges escribe que el relato es “la historia de Uqbar, Tlön y Orbis Tertius”. Uqbar y Tlön son, respectivamente, un país y un planeta. Entonces “Orbius Tertius” debería ser un universo entero. Y lo es. Se trata de una “enciclopedia” que es una revisión minuciosa de la Primera Enciclopedia de Tlön, escrita en alguna de las lenguas de Tlön. Una enciclopedia viva y palpitante que es enciclopedia y mundo a la vez.


En los últimos y trágicos párrafos del cuento, Borges indica que el contacto con Tlön ha desintegrado nuestro mundo. “Ya se han reformado algunas de las ciencias, otras esperan su turno”. El relato cierra con una proyección del futuro:

«Entonces desaparecerán del planeta el inglés y el francés y el mero español. El mundo será Tlön.»

El tercer mundo del que hablábamos –esta fusión de dos opuestos, de las dos caras de un espejo: el mundo idealista de Tlön y el nuestro donde existe la materia– será el descripto por “Orbis Tertius”, uno en el cual se habrán fundido, finalmente la imagen y la cosa, donde se habrán formado objetos que no existen ni pueden existir hoy.

***

Palabras finales

Este es el futuro según Borges, o según el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. A partir de un casual y anecdótico encuentro con una nota de un libro apócrifo, el texto nos sumerge en una invasión destructora del mundo real por ideas provenientes de un mundo falso.

A lo mejor, en la totalidad del cuento se encuentra una advertencia sobre la naturaleza misma del lenguaje: ¡Cuidado! Nuestra memoria e imaginación se nutre de extraños signos que constituyen lo que hemos dado a llamar “el lenguaje”.

Nos convencimos de que el lenguaje interpretó la realidad. Entonces: ¿las cosas existen de por sí y nosotros le dimos un marco para poder pensarlas, comunicarlas, difundirlas? ¿O es exactamente al revés?

Sin más referentes que sí mismo, el lenguaje (una invención abominable del hombre, como los espejos) no nos puede permitir distinguir entre lo apócrifo y lo auténtico, entre lo falso y lo verdadero. Si el lenguaje puede comunicar sabiduría y enseñanzas, también puede generar engaños, traiciones y, hasta, ¿por qué no?, destrucción.

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4 comentarios:

  1. Muy completa la nota Lucho, felicitaciones.
    Es un cuento borgeano al que no presté demasiada atención. Veo que no es de simple interpretación. Recuerdo llegar a algunas de esas conclusiones (no tan profundas como tu nota) y recuerdo alguna que otra charla de Dolina donde se lo menciona. Me encanta cuando Borges y Bioy aparecen en sus propios cuentos (o en relatos de Marechal por ejemplo) como personajes, son mucho más "piolas", mucho más valientes, más arriesgados, o menos conservadores que ellos como autores.
    No tengo mucho para agregar, dijiste muchísimo.
    Paso a leer tu cuento...

    Abrazo!

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    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras, Frodo. Es un cuento que leí de arriba a abajo bocha de veces. Leí papers, escuché a Piglia en sus clases de Borges y charlé con otras personas para poder encontrar una interpretación que pudiera considerar propia. Es el resultado de varios meses de investigación y redacción. =)

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  2. Nunca leí nada de Borges, me produce vértigo. No creo tener la capacidad para entenderlo, leer esta nota ya me costó bastante y no termine de entender muy bien (?)
    Vos podrías recomendar por donde empezar?

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    Respuestas
    1. No es fácil leer a Borges, sin duda. Hace uso de muchos artilugios literarios que pueden parecer enredados para un lector más inicial. Mi consejo sería que inicies con algunos de sus textos más "limpios". "La casa de Asterión" es un buen ejemplo. "La Muerte y la Brújula" también.
      Animate a empezar a leer sus relatos sin referencias, leelos una y otra vez. Después podés comenzar a indagar sobre el cuento para ampliar tu percepción. Pero lo más importante de todo es que sólo lo leas si te genera algo, si te moviliza. No tiene sentido que lo leas porque sentís que es una especia de obligación moral. Borges es un genio, sí, pero no es el único. Hay literatura hermosa y maravillosa por todos lados. Es cuestión de buscar lo que a uno le interesa realmente.
      ¡Saludos!

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