Dr. Stone es un gran animé que utiliza
la ciencia de manera lúdica y creativa. En esta nota exploro qué tan certera es
la ciencia utilizada en esta ficción y que otros héroes científicos la aprovechan.
Gone Girl
(2014) comienza y termina con
la misma escena. Amy está
acostada sobre el lecho de Nick y
levanta la cabeza para mirar a la cámara. Pero una misma mirada tiene evocaciones
muy diferentes porque sabemos todo lo que pasó en la película.
Es un ejemplo perfecto de un “bookend ending”,
técnica narrativa en la cual se utiliza una misma escena tanto para el
principio como para el final de la historia. Funciona para mostrar cómo han
cambiado las cosas a lo largo del desarrollo… o cómo no han cambiado en lo
absoluto.
Hoy, en el capítulo 7 de “Técnicas narrativas”: las
ventajas de un final tipo “bookend”.
Breaking Bad
fue un testamento al planeamiento a
largo plazo –cosa extraña en la televisión– y además contó con recompensas
en el corto plazo. Contó con una premisa sencilla, pero narrada de forma inteligente y elocuente, aunque también
se destacó por ser dura y compleja. Nos brindó grandes momentos de FUCK YEAH. Nunca (o casi nunca) exageró
en lo que mostraba, y mantuvo un buen equilibrio entra lo sutil y lo textual. Por último, fue acumulando
inmensas cantidades de presión con los años que terminaron por cobrarse en
su última gran temporada.
Hoy quiero analizar
un poquito las razones del éxito (mi opinión, al menos) y porque creo que
las series, en el futuro cercano, se van a medir en relación a Breaking Bad.
¿Lo mejor de todo? Ahora que ya terminó, podemos pasar el resto de los días pensando y analizando a fondo la
creación de Vince Gilligan.
***
#SpoilerAlert:Breaking Bad es uno de los shows mejores
escritos, y funcionó por un montón de
motivos. Intenté destacar algunos, y no necesariamente están en orden de
importancia. Siempre lo aclaro antes: revelo partes de la trama a partir de
este punto,
(1) La
doble vida de Walter White
El conflicto principal de la serie es la doble vida de Walter. ¿Quién no disfruta de eso? Tiene que ser
un correcto hombre de familia, padre y profesor, por un lado, y un implacable cocinero de metanfetamina,
por otro. Recordemos que las dobles vidas suelen desembocar en uno de los
recursos argumentales más poderosos: la
ironía dramática.
Como espectadores, sabemos que Walt es un drug-dealer, pero su familia y amigos
no. Esto significa que debe utilizar su
ingenio para esconder evidencia, resolver sus problemas del día a día y
sincronizar sus trabajos. ¿Va a cometer un error y lo van a atrapar? ¿Alguien
le está pisando los talones? ¡Queremos saber cómo va a balancear ambas vidas! Este es el motivo por el cual los superhéroes
duran tanto (Batman,
Superman, El Hombre Araña) y son tan
queridos por el público.
La doble vida genera múltiples escenarios para la
tensión, el suspenso, el misterio, la expectativa.
Incluso, el hecho de que el nombre y el apellido
del protagonista comiencen con la misma letra (“W”) es un guiño a los superhéroes creados por Stan Lee.
(2) La
dinámica Walter-Jesse
Y después tenemos, por supuesto, el corazón de la
serie. ¡Conflicto, señores, conflicto!
Es el motivo por el cual vemos cine, teatro o televisión. Nuevamente entra en
juego la ironía: un bonachón profesor de química tiene que emparejarse con un
estudiante medio pelo para comenzar su negocio ilegal. Pero ambos son como agua y aceite, vienen de
mundos completamente diferentes, siempre están discutiendo o debatiendo, y para
nosotros eso es entretenido.
En otras ocasiones, la pareja nos presenta grandes momentos de química (son buenos
amigos fuera de la pantalla, y eso se traslada a la ficción) y nos mantiene la
expectativa de que Walter, quien gradualmente
pasa de protagonista a antagonista, todavía tiene corazón.
Un HOMENAJE a la serie Breaking Bad (con spoilers):
(3) El
humor dentro de la serie
Breaking Bad
es realmente divertida. Vince Gilligan se asegura de que el cáncer de
Walter no se desparrame en un tono depresivo por toda la serie. La comedia
negra (cajeros cayendo en la cabeza de un drogadicto), la tragicomedia (Walter
intentando enseñarle cosas a Jesse) y el humor simplemente tonto (con el alivio
cómico que representa Saul Goodman).
Estos momentos se balancean perfectamente con todo el drama de la serie, que
(de todas maneras) puede ir de comedia a
tragedia oscura en cuestión de segundos.
(4) La
excelencia del cast secundario
Gus Fring
(Giancarlo Esposito) es el gran distribuidor de droga que se esconde a plena
vista como el dueño de una popular cadena de comida rápida. La juega tranquilo, callado, pero
sabemos que en realidad es una fría y táctica mente criminal (sin un ápice de
dudas a la hora de tomar decisiones), cortador de cuellos y venenoso. Cada vez
que aparece se roba la escena y te deja sin aliento. Su carácter calculador lo
abarca todo, incluso su vida pública. El año pasado se llevó el Emmy por mejor
actor secundario y, definitivamente, entra en las listas de “los mejores villanos de la TV”.
Mientras tanto: tenemos a Mike, el especialista, tan letal como adorable. Hank, con sus chistes desubicados pero
de mente despierta. Vince Gilligan creó un universo donde cada personaje tiene su momento de gloria, aunque no sea el
protagonista. Incluso los personajes femeninos de la serie se destacan (aunque
en menor medida). No son muchas las series que encuentran el balance para que
todos los secundarios sean relevantes y queridos por los fans.
► El TRAILER HONESTO de la serie Breaking Bad
(con spoilers):
(5)
¡Todos los detalles!
Después tenemos las pequeñas cosas. Para agregar más conflicto y condimento a la
historia, el creador hizo que el cuñado de Walter sea un agente de la DEA. Ahora
ya no solo hablamos de simple ironía dramática: ¡hay riesgo de destruir su propia familia, ir a cárcel de por vida!
También tenemos el tema de la escalación de Walter en el mundo de las drogas,
que va de la mano con las cosas que tiene que hacer para llegar. A todo eso agreguemos:
--> Excelentes
montajes de secuencias al ritmo de música étnicamente variada.
--> Fina
atención al guión (hay sutilezas en capítulos que hacen mención a otros
anteriores, en los títulos de los episodios, uso
recurrente de pistolas de Chejov, flashbacks, flashforwards, etc.)
--> La sutileza
del pasaje desde héroe protagonista hasta villano antagonista de Walter
White.
En ese sentido, la serie es comparable a Lost (de J.J. Abrams) que episodio a episodio generaba interminables discusiones y teorías en foros de Internet. Sin
embargo, Breaking Bad hizo lo que
Lost no pudo: cerrar todos los cabos y dejar a todo el público contento.
Un
último acierto fue mantener la serie
relativamente corta, para no abundar en cuestiones que no llegaran a ningún
lado.
Un análisis del final La serie que nos dio “Ozymandias” y el final que
todos esperaban
El épico capítulo 14 de la quinta temporada es
considerado uno de los mejores episodios
de la historia de la TV. Su título hace referencia al rey Ramses II (Faraón egipcio) y la
inevitable caída de todos los imperios que
los líderes construyen sin importar cuan poderosos hayan sido en su tiempo. El
episodio (dirigido por Rian Johnson,
el autor de “Looper”, lo mejor en sci-fi del
2012) fue más allá del típico Wham Episode
(como se los conoce en inglés), sino que representó todo lo que la serie fue construyendo durante sus 5 temporadas.
Los
últimos 2 episodios sirvieron como una suerte de epílogo, pero este dio el
verdadero final del imperio de Walter
White.
Los otros dos episodios terminaron de cerrar todos
los lazos cruciales que faltaban. Quizás
perdieron un poco de intensidad en comparación, pero no por eso dejaron de
ser emocionantes. Creo que el final fue ideal porque los personajes se
mantuvieron honestos y coherentes. Muchos critican que el ataque de Walter a
los neo-nazis fue exagerado, que los
villanos de la quinta temporada no llegaron a la altura de Gus Fring (los odiamos por ser nazis, nada más) y que nunca
llegamos a ver la destrucción de las acciones de Walter fuera de su círculo íntimo.
Todo eso es
cierto. Incluso: en los dos episodios finales hay algunos elementos que
rozan el concepto
de Deus ex Machina, algo que llama la atención en una serie donde se prestó
muchísima atención al detalle. Pero Breaking Bad siempre fue
un relato sobre las consecuencias
morales de ciertas acciones discutibles. Una suerte de bola de nieve, un
tren en marcha donde Walt ofició de maquinista.
El final (la muerte de Walt bajo esas características) es perversamente adecuado porque se
relaciona con la reformulación de la premisa moral de la serie: la lucha que,
como espectadores, nos disputamos al empatizar con
un personaje que comete actos imperdonables. Su muerte nos apenó, pero la
aceptamos entendiéndola como una “justicia
poética”. No podía morir de cáncer, ni podía matarlo Jesse. Tenía que ser así.
Eso es lo que convierte a este cierre –lo admito:
convencional y previsible– en algo muy satisfactorio. Breaking Bad reestablece el orden inicial. Un orden moral, por
lo menos. El Bien, aunque tumbado, sigue en pie. El criminal, por su parte, ha
confesado sus pecados y asumió su castigo. Pero la muerte de Walter en ese
laboratorio, en ese lugar que fue su lugar,
aquel donde se sintió vivo,
mantendrá viva a su creación, a Heisenberg.
Esto constituye la última victoria de su alter
ego maligno. En esencia, es la historia de un hombre que jugó a ser Dios, dejándose arrastrar
por las tinieblas, imponiendo sus propias reglas. Un hombre que, como Ícaro, se acercó tanto al Sol que acabó siendo devorado
por su propia ambición.
Palabras finales
Compleja. Irónica.
Dura. Adictiva. Sutil. Eléctrica. Grandiosa. Con tantos adjetivos, hablamos
de una serie que hará historia y que va a ser tomada como referencia en los
próximos años.
Es un viaje emocionante que te va atrapando poco a
poco, hasta que ya es demasiado tarde. El final no solo es cierre, sino también
culminación. Esa coincidencia entre clausura
y la completitud hace grande a esta particular narración. Breaking Bad, digámoslo, siempre fue una
historia sobre la droga. Sobre una droga en particular: la vanidad.
Dicen que el poder no corrompe, sino que revela
la verdadera identidad. Mientras la dualidad de Walt (Heisenberg) producía cristal azul, un tóxico mucho más adictivo
fluía por el alma del protagonista.
La serie siempre
supo tener el dedo en el gatillo, manejó los hilos con mucha delicadeza:
desde la música hasta la trama, desde los personajes (y sus conflictos) hasta
lo visual. Una propuesta tan deliciosa que pienso volver a disfrutar desde
el principio dentro de un tiempo. Vince Gilligan creó un mundo increíble,
con atención al detalle, una historia que –definitivamente– marca un umbral.
Sí, le podemos encontrar defectos a Breaking Bad (historias secundarias
que no llegaron a ningún lado, el rol de las mujeres en la historia, una
segunda temporada un tanto floja, etc). Podemos buscar y listar todos esos
defectos, pero son menores, muy menores en comparación con la que la serie nos
brindó. Personalmente, la aplaudo. Y mucho.
¿Qué mirar después de “Breaking Bad”?
Si
consideramos la hipótesis de que es una de las mejores series de la historia,
la pregunta parece casi natural. Me han dicho que está a la altura de las ya
consideradas obras maestras: The Wire
y The Sopranos. ¡Habrá que darles una
oportunidad!
En cuanto a
intensidad, y en términos de “adictividad”, creo que la opción más correcta es Game
of Thrones, que me parece soberbia. Si están interesados en historias donde
el personaje se convierte de protagonista a antagonista (y son de mente
abierta) recomiendo el animé DEATH NOTE (en mi opinión: brillante)
que tiene muchas similitudes con Breaking
Bad. Una serie que explota de manera excelente la relación (y la química)
entre sus dos protagonistas es “Supernatural” (aunque tiene sus más y
sus menos).
En el
último tiempo he estado viendo otras series excelentes que también merecen
post: la impecable “True
Detective”, “Sherlock”, “The Walking Dead”, “Fargo” (y sus paradojas), “Orange
is the New Black” y “Mad Men”, por mencionar algunas. Quizás en el
futuro escriba sobre ellas también.
►Podés seguir las nuevas notas y
novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan-page: http://www.facebook.com/sivoriluciano.
Si te gustó, ¡compartilo o dejá un
comentario!
Hace un
tiempo pedí la siguiente consigna a los seguidos argentinos de mi fan-page: imaginen que están en un país lejano (muy, muy lejano). En el hostel, hablando con
extranjeros de todo el mundo, les piden que recomienden un libro, una canción y
una película que represente mejor al país. ¿Cual
sería su –completamente subjetiva– elección?
Mi propuesta (que justificaré en un post
más adelante) fue:
Un libro:
"Bestiario" (Cortázar,
1951)
Una
canción: "Botas locas" (Sui
géneris)
Una
película: "Esperando la carroza" (1985)
Las
respuestas fueron de lo más variadas y me sirvieron para anotarme algunas cosas
que tenía pendientes. Una conocida, por ejemplo, mencionó “Los siete locos”, la célebre novela de Roberto Arlt (de quien solo había leído algunos cuentos) y me la
agendé mentalmente en mi “to-do list”.
Hoy, luego de
haber leído y analizado esta emblemática historia, me dispongo a comentarla un
poquito. Como siempre, aviso que hay spoilers,
así que ya saben: #SpoilerAlert.
“Los siete
locos” es un libro extrañísimo, con una trama que podría contarse en pocas
páginas pero que se extiende por una
vertiente filosófica que aborda el existencialismo. En busca de alguien que
pueda pagar la deuda de un dinero que Erdosain
robó a su propia empresa, él comienza un viaje físico y emocional que lo
llevará a resolver cuestiones de su pasado, lidiar con su presente y encarar una revolución del futuro.
►Les comparto “Los siete locos” (de Roberto
Arlt) en versión PDF para
descargar: http://goo.gl/STupQE
Sería una
lástima revelar algunas sorpresas de la trama que se van desarrollando muy de a
poquito. Basta decir que los “siete locos” que dan título a la obra son personajes muy extravagantes: asesinos,
fascistas, proxenetas, inescrupulosos, mentirosos. ¡Y sus apodos son geniales!
El libro se
estructura en tres grandes capítulos de
episodios muy cortitos. Para quien le interese, les dejo también un resumen
capítulo por capítulo (no es de mi autoría):
Voy a decirlo
desde un principio: “Los siete locos”,
como lectura de entrenamiento, es muy
pesado. En varios momentos me tenté a dejarlo y trasladarme hacia algo más
movido. Muchos capítulos no avanzan en la trama, sino que son monólogos del personaje principal. El desdichado Erdosain (un
personaje absolutamente deprimente) presenta incesantes cuestionamientos
existenciales. La novela funciona como un
viaje hacia los infiernos, hacia lo bajo, hacia la degradación. Cada
pensamiento del protagonista se nos pone de manifiesto, y eso hace que la trama
avance a paso de tortuga. Sin embargo, cuando avanza… ¡avanza!
Por eso creo
que hay tenerle especial cuidado a este
libro. Es muy interesante y muy aburrido al mismo tiempo. Con el resto de
los personajes sucede algo similar: cada uno vive encerrado en su burbuja y
tienen puntos de vistas maravillosos que explican al detalle. Erdosain,
por ejemplo, para poder pagar su deuda, recorre las calles de Buenos Aires
hasta dar con “El Astrólogo”, uno de los
personajes más fascinantes que ha brindado la literatura argentina. Este
último está preparando una revolución que transformará completamente la
sociedad (de un modo bastante violento).
Dentro del
pensamiento utópico del Astrólogo se entrelazan el resto de los locos: un
Rufián Melancólico, un Buscador de Oro, un hombre que vio a su partera al nacer,
etc. Erdosain planea el secuestro de un pariente suyo como forma de hacer
dinero para la revolución y comienza a involucrarse más y más con las ideas del
Astrólogo.
Lo que realmente
caracteriza la estructura narrativa de la novela, como ya dije, es que la trama
da vueltas sobre sí misma como un
remolino interior. Todos son seres angustiados, anclados por su propia
individualidad, sufridos, tristes.
El origen de la novela
El verdadero
reconocimiento de Roberto Arlt le
llegó, como es común, con su muerte. Hasta entonces, no se lo había considerado
como lo que fue: precursor del teatro
social (gracias a obras como “La isla desierta”, entre otras) y del “absurdismo”
en Argentina.
Con su narrativa, que fue desde novelas hasta cuentos, ensayos y obras de teatro, criticó a la sociedad contemporánea a través
del humor y la parodia, y hoy es considerado
uno de los grandes influyentes de la literatura latinoamericana.
“Los siete locos” (1929)
es, en realidad, una historia en dos
partes. Su resolución se encuentra en “Los lanzallamas” (1931)
que todavía no pude leer.
► Interesante nota que analiza a Roberto
Arlt en relación a los personajes de “Los
siete locos”: http://goo.gl/Wcg2dY
Sus similitudes con “Breaking Bad”
Supongamos la
historia de un hombre (no joven) humillado y frustrado que toca fondo. Tiene una formación sólida y universitaria pero nunca
logró materializar sus ideas. Mantiene un trabajo mediocre y su mujer ya no se acuesta con él. Un evento
particular lo obligar a tomar decisiones extremas y asociarse en negocios
ilegales. ¿Hablamos de “Breaking Bad”, la famosa serie creada
por Vince Gilligan? ¿O de “Los siete
locos”, que obsesiona desde su bajo perfil a los argentinos desde 1929?
La realidad
es que el tropo “good guy gone bad”
es universal. Pero hay
una fan-theory que comenta cómo “Los
siete locos” influyó a Breaking Bad.
Varios
artículos en Internet exponen las
similitudes entre ambas historias, que hace pensar más en la naturaleza que
rige al “pulp”: para cada carencia, se dice, (para cada frustración) existe una fantasía compensatoria.
El astrólogo y su discurso
Uno de los
elementos más interesantes (y locos) de la novela es el frío razomiento de sus protagonistas, que los conducen a
concebir un proyecto de sociedad utópica. En el centro de este pensamiento se
encuentra “El Astrólogo”.
El Astrólogo se
presenta a sí mismo como un profeta del
caos, y se recocija en su propia maldad, pero se considera el “bueno”, el
héroe. La verdad es que el plan del Astrólogo no podría ser más trastornado. Su
“sociedad” es puro humo, basada en
la mentira, y está formada por estafadores e impostores.
Todos los personajes
del libro se sienten despreciados, humillados por ser de “clase media”,
rechazados. Buscan desesperadamente
tener un rol fundamental en el mundo, aunque sea a través de una estafa o
de un asesinato.
"Solo por el crimen puedo afirmar mi existencia,
como solo el mal afirma
la presencia del hombre sobre la tierra".
Me encantó
este villano porque entendemos muy poco sobre su vida, pero sí mucho sobre sus
ideas revolucionarias. Es uno los puntos
más fuertes de esta historia. Hay episodios
sublimes donde el Astrólogo razona sus extravagantes planes, que se manifiestan
como una amalgama entre una búsqueda comunista y un delirio homicida de los
peores dictadores.
Palabras finales
El mayor
acierto de la novela es como logra que la
angustia constante de Erdosain nos acompañe en cada página. Eso hace,
también, que el relato sea difícil de continuar. Cada página nos mete más en su
mundo y en sus ideas deprimentes. Es una lectura recomendable para aquellos que
buscan algo intelectual y
cuasi-filosófico.
Para otros
(quizás más vagos) existe la película de
1973, que adapta ambas partes de la historia de Arlt. Personalmente, yo
recomiendo su lectura. Ya sea por la mirada mística quese tiene sobre la
política en la interpretación de la realidad (el discurso del Astrólogo) o por la desmesura de los personajes de
Arlt; esta novela es obsesionante, apasionada y destructiva (en un sentido u
otro).
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misma noche” (de Brizuela), el post sobre MI propia novela: “Un
verano para recordar”, un fascinante recorrido por “Los
días del venado” (de Liliana Bodoc) y “La
otra piedad” un relato ganador de Laura Massolo.