¡Bienvenidos a un nuevo año! Hubo muchísima
literatura en mi vida la temporada pasada y quiero repasar mis textos favoritos
con todos ustedes. En esta nota les comparto mis lecturas preferidas de 2025.
***
Mi wrap-up literario 2025
2025 vino cargadito. De escritura, de escenarios, de micrófonos abiertos y de proyectos que dejaron de ser promesa para volverse materia real. Por ejemplo, escribí 17 relatos nuevos que quedaron publicados en el blog, historias que encontraron lectoras y lectores sin pedir permiso y que siguen creciendo. A su vez hubo cositas más experimentales, como este texto.
Dos de esos cuentos, Piso 42 y Ascensor Holístico fueron seleccionados para formar parte de una antología del I Concurso Literario de la Biblioteca Popular Arturo Jauretche, un gesto de reconocimiento que confirma que la escritura, cuando sale al mundo, también encuentra otros hogares.
¿Qué más? Fui invitado como escritor y narrador a la 1° Feria del Libro de Carmen de Patagones, una experiencia donde la literatura dejó la pantalla para volverse voz, charla y encuentro real con quienes leen y escuchan. Ahí narré, vendí novelitas y conocí muchísima gente con la que espero trabajar en este año. (#SeVienenCositas).
En paralelo, mi última novela, El Ascenso de Elin, tuvo su segunda edición, un renacimiento inesperado pero profundamente bienvenido, como si la historia hubiese decidido volver a caminar sola. Hablé un poquito de eso por acá.
Otra pequeña novedad para los lectores constantes del blog: terminé de compilar mi primera antología de cuentos, Exquisita Demencia, cuya publicación está prevista para la segunda mitad de 2026, cerrando una etapa larga de escritura dispersa para darle forma de libro.
Pueden escuchar mis historias en formato podcast por acá:
Mis lecturas favoritas 2025
En total contabilicé trece libros leídos en 2025. Curiosamente, la gran mayoría resultaron ser antologías de cuentos. También hubo dos libros de auto-ayuda / no-ficción y una novela larga que sirvió de preámbulo para mi recorrido hasta Santiago de Compostela.
Armé una suerte de ranking ultra subjetivo para
ordenar mejor las ideas. Por supuesto, todas estas lecturas tienen sus
correspondientes posts, reseñas y análisis en el blog, donde pueden encontrar
mayores detalles.
Mención de honor: Cuánto dura un temporal (autores varios, 2025)
Aunque el fenómeno meteorológico en sí duró un par de horas, sus efectos, cicatrices y resonancias emocionales fueron muchísimo más largos. Acá la propuesta editorial y estética tiene mucho valor. Destaco el prólogo de Sonia Budassi, la contratapa de Alicia Partnoy y el epílogo de Luis Sagasti como aportes que dan profundidad al proyecto. La lectura fluye bien y se lee rápido, funcionando como un testimonio hermoso y desgarrador.
La poesía es mi género literario menos favorito, lo
admito. Sin embargo, este libro me ganó por su honestidad, su compromiso
comunitario y su potencia emotiva. “Cuánto dura un temporal” es una lectura
esencial si uno busca consuelo, memoria y una fe renovada en la literatura como
herramienta de resistencia y reconstrucción.
Puesto #12 - En agosto nos vemos (Gabriel García Márquez, 2024)
Me quiero sacar de encima primero los dos textos que no disfruté este año. El primero fue la famosa (y polémica) obra póstuma de Gabo. Es un libro publicado más por oportunismo comercial que por valor literario: una obra incompleta, mal editada y carente de la potencia narrativa que define a García Márquez, que además traiciona su voluntad explícita de no ser publicada.
Aunque tiene chispazos aislados de belleza y un final interesante, en conjunto se siente como un borrador crudo, repetitivo y plano, con errores básicos que refuerzan la sensación de producto apurado, casi “automático”, sin la textura ni el riesgo del autor colombiano que marcó generaciones.
Ojo. No es un desastre absoluto, pero sí una
decepción, indigna de su legado, que deja flotando una pregunta ética incómoda:
¿hasta qué punto vale todo cuando se trata de vender nostalgia?
Puesto #11 y #10 - Historias fantásticas + La niebla (Stephen King, 1985)
Los que me siguen saben que amo a King y leo, como mínimo, un libro de él por año. Esta vuelta encaré su antología Skeleton Crew, que incluye la novela corta “La niebla”.
Para mí, una antología no se sostiene solo por el nombre del autor ni por la suma de textos, sino por la cohesión, el pulso y la sensación de que cada cuento justifica su lugar. En Historias Fantásticas sentí una irregularidad difícil de ignorar: ideas interesantes que no terminan de cuajar, relatos que parecen ejercicios o borradores y una dispersión que, lejos de enriquecer, diluye la experiencia de lectura.
Valoro que King asuma el cuento como parte del proceso creativo y celebro algunos textos que sí brillan, pero como conjunto la antología me dejó con sabor a poco, sobre todo cuando la comparo con otras obras suyas donde cada relato empuja en la misma dirección.
No es un mal libro; sí uno que funciona más como
exploración para lectores ya iniciados que como una puerta de entrada sólida
(lean “El
umbral de la noche” mejor). Aun así, incluso en sus momentos menos
logrados, King sigue siendo King, y esa mezcla de genio, prueba y error también
forma parte de su leyenda.
Puesto #9 - 12 muertes (Martín Larrea, 2025)
Un libro muy reciente, local (de un autor bahiense) y el último que leí en 2025. Me pareció una antología de cuentos honesta y potente en su propuesta, disfrutable pese a sus imperfecciones: un libro con una idea fuerte y clara, que por momentos se vuelve previsible y pide edición, pero que compensa con varios relatos logrados y emocionalmente demoledores.
Sí me pasó que me quedé con ganas de que el autor se arriesgara a explorar muertes más simbólicas y saliera de la fórmula. Igualmente destaco que hay dos o tres cuentos que me pegaron fuerte —al punto de hacerme llorar, incluso— y eso, para mí, pesa más que los baches formales: se nota una búsqueda genuina, un miedo real a la muerte y al olvido, y un autor que escribe desde ahí, sin cinismo ni cálculo.
Puesto #8 – Los Soles de Santiago (Viviana Rivero, 2024)
Los soles de Santiago es una novela con una premisa interesante y una ambientación bien lograda, sobre todo en la parte histórica y en la evocación del Camino de Santiago como viaje transformador, que incluso te da muchas ganas de viajar y conectar con la naturaleza y el simbolismo de los árboles.
Sin
embargo, no sentí que cumpla del todo con su potencial: la parte futurista y
distópica me resultó superficial, la narrativa se apoya demasiado en un tono
romántico y convencional, y noté algunos puntos débiles en la escritura y en la
construcción de personajes, con vicios de estilo, inconsistencias y cierta
repetición que hacen que, más allá de algunos pasajes inspirados, la novela
termine siendo entretenida pero predecible y hasta un poco olvidable.
Puesto #7 - Frío/Subte (Rafael Pinedo, 2013)
Plop, de Rafel Pinedo, me parece una obrita maestra que todo amante del sci-fi debería leer. Sus otras dos novelitas cortas (“Frío” y “Subte”) están un toque por debajo. Ambas son lecturas intensas y claustrofóbicas. Me atrapó especialmente Frío, donde la supervivencia y la obstinación humana están narradas con una crudeza poética que me fascinó.
En cambio Subte me gustó menos, porque aunque
su mundo subterráneo y oscuro tiene momentos potentes, no logró el mismo peso
simbólico y a veces se me hizo más cortado y menos profundo. En conjunto, Frío/Subte
me dejó esa sensación de haber atravesado mundos posapocalípticos despojados y
extremos, con una prosa seca y perturbadora que interpela sobre qué nos hace
humanos cuando todo se derrumba.
Puesto #6 – Otra vez (Guido Christensen, 2025)
La nueva antología de Guido Christensen es una lectura entretenida y variada, con relatos de humor, emoción y giros ingeniosos que muestran la pasta de narrador del autor y una narrativa muy llevadera; algunos cuentos destacan por su ritmo y desenlaces sorpresivos, aunque otros piden ajustes de estilo.
Sí admito que disfruté bastante de este libro, quizás
porque fui parte de su historia: no solo formé parte del jurado que dictaminó
su publicación, sino que también participé de la presentación en el Auditorio
Luis Caronti de la Biblioteca Rivadavia y narré un cuento propio junto al grupo
de Guido en la Fundación Ezequiel Martínez Estrada, lo que le da a mi
lectura una carga personal (y afectiva) que potenció lo que ya me parecía una
obra con ganas de decir algo interesante.
Puesto #5 – En sincronía (Ana Victoria Barresi, 2025)
¿El cínico, ateo y racional Lupa leyendo una obra sobre manifestación, coaching y desarrollo profesional? Sí chiques, y no sólo eso: esta obrita me encantó.
En sincronía fue escrita por una amiga personal, pero la analicé y reseñé desde la mayor objetividad posible. Y me resultó una lectura sorprendentemente conmovedora y honesta, incluso viniendo de un género que no suelo frecuentar. La autora construye desde su propia voz y vulnerabilidad una narrativa íntima que te desarma desde las primeras páginas y resonó conmigo más allá de cualquier etiqueta new age.
Está claro que no es perfecto desde lo técnico —hay
repeticiones y alguna falta de pulido literario—, pero su fuerza radica en el
fondo: capítulos breves que invitan a la reflexión y no a la voracidad, una
estructura clara y un relato que se siente como una bitácora de
autodescubrimiento que va más allá de la astrología o manifestación, sin
imponer nada, simplemente ofreciendo y conectando con el lector. ¡Librazo!
Puesto #4 – Cuentos de Robot (J.F. Geres, 2013)
Leí esta obra de Geres durante mi viaje por España y con mucho disfrute: me encontré con una antología de ciencia ficción clara, bien escrita y muy consciente de la tradición del género, con ecos de Asimov y Bradbury, pero sin quedarse en el homenaje vacío.
Es un libro que se lee fácil y que, cuento a cuento,
va dejando preguntas incómodas sobre lo humano, lo artificial y ese límite cada
vez más borroso entre ambos. El relato que más me gustó fue “El robot enfermo”.
Ahí sentí que Geres da en el clavo: la idea de un robot funciona como una
excusa potente para hablar de fragilidad, dependencia y empatía. Me pareció un
cuentazo, de esos que se te quedan dando vueltas en la cabeza después de cerrar
el libro.
Puesto #3 – El sutil arte de que (casi) todo te importa una mierda (Mark Manson, 2016)
Me pegó fuerte porque no vino a consolarme ni a venderme humo, sino a decirme verdades incómodas en el momento justo. Me encontré con un libro -literalmente tirado en la calle- que terminó siendo filoso, cínico, divertido y profundamente humano, que patea la lógica clásica de la autoayuda y cuestiona esa obsesión contemporánea por ser feliz, especial y exitoso todo el tiempo.
Manson no promete salvación: propone elegir mejor qué problemas vale la pena tener, asumir errores, aceptar el sufrimiento con sentido y dejar de correr atrás de ideales imposibles.
Necesité leerlo en 2025 porque estaba en un punto de saturación: demasiadas opciones, demasiada exigencia interna, demasiada presión por “estar bien”.
El libro funcionó como un cachetazo amoroso que me ordenó la cabeza: me recordó que no soy tan especial, que equivocarse es parte del camino, que comprometerse implica decir que no, y que la vida no se trata de evitar el malestar sino de hacerlo significativo. No me sanó, pero me sacudió. Y en ese sacudón encontré algo mucho más honesto que mil frases motivacionales: claridad.
Puesto #2 - Una noche con Sabrina Love (Pedro Mairal, 1998)
Desde que leí La Uruguaya y otros relatos cortos de Mairal, supe que su forma de escribir me enamora. Y me quedó más claro con Una noche con Sabrina Love, una novela que disfruté un montón, sobre todo por cómo retrata ese pasaje incómodo y desordenado de la adolescencia a la adultez.
Me identifiqué con Daniel Montero: ese pibe de pueblo que viaja a la ciudad impulsado por una fantasía y termina chocando con la realidad, con sus deseos, sus miedos y sus contradicciones. El viaje funciona más como descubrimiento que como conquista, y ahí sentí que Mairal acierta de lleno.
Me gustó
especialmente la prosa directa, argentina y muy viva del autor, el humor
tragicómico y esa ternura soterrada que aparece incluso en los momentos más
torpes o absurdos. Al mismo tiempo, marco que la novela no envejeció del todo
bien: hay una mirada hipermasculina que hoy incomoda y personajes femeninos
poco desarrollados. Aun así, como ejercicio literario y retrato de una
masculinidad frágil y en crisis, me pareció una novela potente, entrañable y
muy fácil de leer.
Puesto #1 – Los cuerpos del verano (Martín Felipe Castagnet, 2012)
Leí Los cuerpos del verano de Castagnet durante mi primer viaje de 2025 a Caviahue con mis tres hermanos y, sin exagerar, fue la mejor lectura del año para mí porque se me pegó a la cabeza desde la primera página y no me soltó hasta mucho después de terminarla.
La novela -muy blackmirrorense, por cierto- me fascinó por cómo transforma la muerte en una cuestión burocrática y económica, un mundo donde la conciencia puede “descargarse” y volver a vivir en nuevos cuerpos que se alquilan como departamentos según tu poder adquisitivo. Esa idea tan descabellada, tratada con una prosa ágil y sin vueltas, me enganchó por cómo te pone a pensar en las desigualdades, la identidad y qué significa estar vivo.
Castagnet mezcla filosofía, ciencia ficción y drama humano: no importa cuánto cambien las reglas, seguimos atravesados por amor, traición, memoria y miedo. Y en medio de todo ese futuro raro, los momentos cotidianos —recordar a un ser querido, sentir el sol, preocuparse por otro cuerpo que no es el tuyo— hicieron que la novela me tocara de verdad.
Por eso,
entre paisajes de montaña, risas y hermandad, Los cuerpos del verano no
solo fue una lectura profundamente disfrutable y reflexiva, sino también la que
más me marcó en 2025. Súper recomendada.
Palabras finales
Si algo me dejó claro este 2025 es que escribir no es una meta sino un movimiento. Y que cuando uno se anima a soltar textos, lecturas y proyectos, el camino se ensancha solo.
2026 asoma con ganas: nuevas lecturas de cuentos, más cruces con lectores y oyentes, y la sensación de que las historias ya están pidiendo escenario. Tal vez Viedma, tal vez Neuquén, tal vez un lugar que todavía no conozco pero que ya me está esperando con una silla, un micrófono y un poco de silencio antes de empezar a leer.
También llegará una nueva antología, libros que se siguen armando por dentro y esa hermosa incertidumbre de no saber exactamente qué va a pasar, pero sí tener claro que quiero estar ahí cuando pase. Yo, por lo pronto, tengo las ganas intactas, los cuentos en marcha y la certeza de que lo mejor —como siempre— todavía no se escribió.
Ah, y ya tengo preparado mi próximo libro: “La biblioteca de la medianoche”, de Matt Haig. Préstamo de mi amiga (y lectora) Nadia Ferroni.
¡Hasta la próxima!
***
=>> Otros POSTS SOBRE LITERATURA en el blog: “Libros favoritos leídos en 2024”; “Libros favoritos leídos en 2023”; “Mis experiencias teatrales en 2025”; “El Ascenso de Elin: dos años después”; “Robots, literatura y una obra de J.F. Geres”; “Cuánto dura un temporal: una antología de poesía”<<==
***
► Podés
seguir las novedades en mi fan-page: http://www.facebook.com/sivoriluciano. Si
te gustó, podés invitarme
un cafecito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.