No vi tanto animé el año pasado como me habría gustado. Contabilicé 8
series que quiero aprovechar a comentar y recomendar en esta nota. Entre ellas
se destaca, por supuesto, el vibrante y emocionante final de My Hero
Academia.
***
La crítica general concuerda en que 2025 fue un año descomunal para el animé. No por acumulación, sino por densidad. Series que arriesgaron, otras que consolidaron mundos propios y algunas que directamente cerraron ciclos emocionales que llevamos encima hace casi una década.
Más allá de premios, rankings o hype de temporada, hubo algo raro y hermoso: mirar animé volvió a sentirse como una experiencia adulta, incómoda, lúdica y, de a ratos, hasta profundamente humana.
Acá va mi repaso de las series que vi en 2025, con la cabeza puesta en
lo que hicieron bien y en lo que dejaron vibrando después del último ending.
Las ordené de forma aleatoria y a medida que las iba recordando.
Beastars – Temporada 3 (Parte 1)
Beastars sigue siendo ese delirio lúcido que hay que aceptar con las reglas propias del mundo que propone. Antropomorfismo, pulsiones animales, jazz, mafia, trauma y deseo conviviendo sin pedir permiso.
Esta primera parte de la temporada final trabaja las consecuencias del acto extremo de Legoshi, el derrumbe del submundo criminal y personajes intentando construir una normalidad que nunca termina de cuadrar del todo.
No todo encastró perfecto en estos capítulos. Hay saturación de subtramas, Haru quedó a un costado y sentí algunos desajustes narrativos, pero el magnetismo persiste. Beastars sigue siendo incómoda, excesiva y adictiva. Y eso, en tiempos de fórmulas seguras, vale un montón.
Los últimos episodios de la serie se estrenan por Netflix en marzo 2026.
Junto con Frieren (Season 2), es de mis estrenos más esperados
del año.
Solo Leveling – Temporada 2
El shōnen de poder por excelencia subió un nivel más. Sung Jin-woo ya no es promesa: es mito en construcción. La segunda temporada afina la épica, acelera el pulso y se apoya en una puesta visual que entiende muy bien el espectáculo que está ofreciendo.
Solo Leveling es el goce puro del power fantasy. No
inventa nada nuevo, aunque lo que hace lo ejecuta con una eficacia quirúrgica. Es
de esas series que te la levantan todo el tiempo. Me la pasé diciendo “Fuck
yeah!”.
Zenshu
Una de las grandes sorpresas del año. Zenshu toma el isekai y lo vacía de escapismo para llenarlo de angustia creativa. Natsuko no viaja a otro mundo para salvarlo sino para entender por qué crear arte duele tanto.
El animé funciona como una carta de amor a la historia de la animación japonesa y como reflexión amarga sobre la obsesión artística, la vocación y el miedo al fracaso. No es perfecto, tiene irregularidades de ritmo y personajes secundarios desdibujados, aunque cuando acierta lo hace con una sensibilidad poco habitual.
Reseñé esta serie en esta
notita del blog.
Los diarios de la boticaria (S1 y S2)
Hago un poquito de trampa acá, porque en 2025 vi la primera temporada (que en realidad estrenó a fines de 2023). La segunda temporada está disponible, pero aún no la finalicé.
Lo que sí puedo decir es que Maomao ya no es solo una detective improvisada del palacio: es una lente incómoda sobre el poder, el cuerpo y la violencia estructural. De lo que vi hasta ahora, la segunda temporada profundiza el costado más oscuro de la corte imperial y se anima a tocar temas delicados con una honestidad poco frecuente.
La estructura casi procedural sigue funcionando (amo el aspecto
detectivesco de la serie), el vínculo con Jinshi crece en matices y el
guion encuentra belleza en los detalles más ásperos de su mundo. Es un animé
elegante, inteligente y emocionalmente devastador cuando decide serlo.
Dan Da Dan – Temporada 2
Caos puro, ejecutado con una precisión envidiable. Dan Da Dan NUNCA baja un cambio: acelera, desborda ideas, mezcla terror, comedia, romance adolescente y delirio paranormal con una naturalidad desbordante.
Cada episodio es un parque de diversiones visual, mientras la relación
entre Okarun y Momo sigue creciendo sin necesidad de subrayar las
cosas. Es probablemente la serie más cómica que vi en 2025… y eso no le quita
profundidad emocional cuando realmente la busca.
Dr. Stone – Temporada 4
Soy el primero en admitir que fue una temporada extraña y discutible. Pero aun así disfrutable. Dr. Stone es mi serie confort. Me pone feliz, me hace reír, me emociona y motiva. El viaje a América cambió la dinámica: hay menos ciencia “de laboratorio” y más supervivencia, más conflicto armado, más velocidad.
Se notan los problemas de saturación de personajes y cierta alergia del relato a la muerte definitiva. Nadie muere realmente acá. Al mismo tiempo, Senku sigue siendo un motor narrativo fascinante, el humor no se pierde y el avance hacia el misterio de Why-man se siente necesario.
Es verdad que Dr. Stone ya no sorprende como antes, aunque me sigue
recordando que el conocimiento también puede ser una épica fascinante.
Apocalypse Hotel
La encaré porque fue la serie favorita de uno de los youtubers que suelo seguir (Mother´s Basement). Esto es melancolía robótica en estado puro. Una serie pequeña, rara y profundamente sensible que no tenía en mi radar.
Yachiyo sostiene un hotel vacío durante siglos esperando huéspedes que tal vez nunca vuelvan. La llegada de visitantes extraterrestres no rompe el tono: lo profundiza.
Apocalypse Hotel habla de rutina, sentido, esperanza y
persistencia en un mundo que ya no necesita a sus protagonistas. Me recordó a
los mejores momentos de Violet
Evergarden, en
más de un sentido. Es oscura y graciosa a la vez, y logra algo notable: que
robots sin humanos alrededor se sientan más humanos que muchos personajes de
carne y hueso. El capítulo 8 de la serie me pareció descomunal.
El final de My Hero Academia (temporada 8)
Me dejé lo mejor para el final. El cierre de My Hero Academia pegó fuerte. No por espectacularidad —que la tiene y de sobra— sino más por lo que decide decir cuando baja el telón.
¡Spoiler alert si aún no la vieron! Sobre el final Deku pierde su don, su rasgo excepcional, aquello que lo definía frente al mundo. Y, sin embargo, no pierde su lugar. El mensaje es claro y valiente: el heroísmo no está en la habilidad, sino en la elección constante de cuidar al otro.
El salto temporal, Deku como docente, la sociedad reconstruyéndose desde el acompañamiento y no desde la violencia permanente, resignifican todo el recorrido previo. El traje tecnológico no es un atajo: es un regalo colectivo, una devolución simbólica de todo lo que él dio. My Hero Academia termina hablando menos de salvar al mundo y más de cómo se sigue viviendo después de hacerlo.
El desenlace fue medio de manual: los héroes ganaron sin grandes bajas, los villanos perdieron. Al principio no me había terminado de convencer que fuera todo tan redondito.
Luego me quedé pensando en cómo el cierre plantea algo incómodo y necesario: la madurez implica aceptar que no siempre vamos a ocupar el centro de la escena, y que eso no nos vuelve irrelevantes. Ser héroe, al final, es inspirar, sostener, enseñar. Y en ese gesto silencioso, sin aplausos, hay una épica más difícil y honesta.
Voy a extrañar muchísimo a My Hero Academia y es probable que
vuelva a repasar toda la serie pronto porque la AMÉ. Creció conmigo desde su
humilde primera temporada en 2016, me hizo llorar como pocos animés y tuvo
momentazos épicos. Sé que tengo el spin-off (“Vigilantes”, que ya tiene dos
temporadas) y aún no vi la peli de 2024. Así que tengo MHA para rato todavía.
2025 no fue solo un gran año de animé. Me recordó por qué seguimos mirando estas historias: porque, en el fondo, todavía creemos que pueden decir algo verdadero sobre nosotros.
¿Qué estuvieron mirando ustedes? Escriban a mi IG para seguir el debate.
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