¿Te gusta el contenido de mi blog? Ayudame a seguir manteniéndolo

Invitame un café en cafecito.app
Por el momento, sólo podés invitar cafecitos si sos de Argentina. Ahora sí, lee tranquilo.

lunes, 14 de diciembre de 2015

La suspensión de la incredulidad en la narrativa


En 1817 Samuel Taylor Coleridge,  un poeta inglés, acuñó a la frase “suspensión de la incredulidad” (en inglés:  willing suspension of disbelief) para referirse a la voluntad de una persona (un lector o un espectador) para dejar de lado (“suspender”) el sentido agudo y crítico, ignorando incoherencias de la obra en la que se encuentra inmerso, para poder disfrutar plenamente del universo de ficción que creó el autor.

Si no tuviéramos la voluntad de dejar “pasar ciertas cosas”, sería imposible para nosotros disfrutar del cine, la literatura, la televisión o los videojuegos. Si no nos dejáramos convencer, aunque sea mientras leemos, de que la magia de Hogwarts es posible, nunca podríamos entretenernos verdaderamente con la obra de J.K. Rowling, por ejemplo. 

El escritor tiene que esforzarse por hacer realista lo irreal, lo imposible. Así lo hizo Miguel de Cervantes, quien narró una obra realista que parodia a las clásicas historias de caballeros, dragones y damiselas en peligro.

La suspensión de la incredulidad también es un componente esencial del teatro. Al leer una historia de William Shakespeare debemos aceptar las limitaciones en la historia, sacrificando realismo y, en ocasiones, credibilidad  y lógica, en pos de la diversión.


En la vida real, esto es elemental para poder disfrutar el show de un mago. Por supuesto que sabemos que el tipo no está cortando a la mujer en dos, pero elegimos sorprendernos, elegimos creerlo por un momento. Nos dejamos seducir por la remota posibilidad de que sea cierto.

Aristóteles planteó este concepto de verosimilitud (junto a muchos otros sobre la literatura) en su fascinante Poética, aunque no le dio un nombre preciso. Ahí postula que para convencer a alguien (a lectores y espectadores, por ejemplo) es preferible una mentira creíble que una verdad increíble.

Ciertamente, se trata de un ingrediente esencial en cualquier tipo de narrativa. En el cine, los espectadores tienen que ignorar la realidad de que están viendo una pantalla de dos dimensiones. Aceptan, temporalmente, que los Avengers están deteniendo a una invasión extraterrestre para poder disfrutar la historia. Algo similar sucede con las películas de acción, donde los héroes le pegan a todo mientras corren y nunca se quedan sin municiones, y con todos los efectos especiales y piruetas.

Personalmente, muchas veces mido una película -especialmente aquellas que buscan el escapismo- en “cuánto me permitió abstraerme del mundo real”. Generalmente, este indicador es directamente proporcional con la medida en la que disfruto el cine. 

Me pasó este año con Mad Max: Fury Road, un delirio absoluto que, aunque imposible, te hace perderte completamente en la historia.

Un ejemplo contemporáneo sobre la suspensión de la incredulidad es la aceptación masiva que tiene el hecho de que Superman pueda ocultar su identidad simplemente con un par de anteojos. Por supuesto que es ridículo. 


En algunas adaptaciones –por ejemplo, en la película de 1978– se jugó con el hecho de que Clark Kent actúa lo suficientemente diferente a Superman (en formas de hablar, de mirar, de dirigirse, de caminar, de vestirse) para que la semejanza “no se note”.

Podemos aceptar que una esponja viva en el fondo del mar, hable inglés, use ropa y vaya a trabajar, pero no que Dr. Hank Pym (en la película Ant-Man) pueda tener un tanque miniatura en su bolsillo. Si la partícula Pym que inventó lo que hace es reducir la distancia entre átomos para encoger un objeto, manteniendo la misma masa, ¡el mini-tanque debería pesar 60 tn!

Mentime que me gusta. Se le puede pedir a la audiencia que crea lo imposible, pero no lo improbable. Demasiadas coincidencias perjudican. Podemos aceptar que un Gran Mago puede teletransportarse alrededor del mundo, pero no que el Hacker descubrió la clave en el primer intento.

El nivel de “suspensión de incredulidad” que tenemos es un indicador de cuánto podemos disfrutar una obra creada para el entretenimiento. Si somos cerrados, críticos e hilamos demasiado fino, seguramente nos vamos a perder de recrearnos con historias fascinantes (aunque, a lo mejor, agarradas de los pelos).

Un niño tiene este nivel en su punto máximo. Cree todo lo que digan, cree todo lo que ve. Para él no existe el sarcasmo, no lo llega a percibir. A medida que crecemos, la vida nos va golpeando con batacazos de realidad, nos ahoga con razonamientos, críticas, ciencia y lógica. Y debido a ello, dejamos de creer en la magia. 

Comenzamos a ver los cables que levantan la máquina, la postproducción que tuvo la película, los agujeros de guión que presenta la historia. Una lástima.

La cuestión es que un buen autor sabe que no es necesario ser realista al escribir: sólo creíble e internamente consistente (eso es clave). Un empresario de la creatividad debe lograr que su audiencia suspenda voluntariamente la incredulidad a medida que leen, escuchan o miran. El escritor provee una buena historia y, como recompensa, recibe la aceptación de la realidad como él la presenta.

Cuando el autor empuja a la audiencia más allá de lo que está dispuesta a aceptar (léase: la serie Lost o el final de How I Met Your Mother como ejemplos personales) el producto falla como obra de ficción.

Pero usualmente el realismo puro genera historias soporíferas, imposibles y aburridas. Está bien tomarse unos recreos de la realidad y crear historias que sean internamente consistentes pero que tengan sus  licencias artísticas, coloquen algunas coincidencias sorprendentes, rompan la cuarta pared o incorporen elementos ajenos a nuestra propia realidad.

Siempre, por supuesto, con mesura.

«If you're looking at the wires you're ignoring the story.
If you go to a puppet show you can see the wires.
But it's about the puppets, it's not about the string

………………………………………………………………………………………………….


………………………………………………………………………………………………….


 Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivorilucianoSi te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!

jueves, 10 de diciembre de 2015

“Ready Player One”: nostalgia y videojuegos


Bienvenidos a OASIS, un videojuego paradisíaco, hiperrealista y en 3D. Estamos un par de años en el futuro, año 2045, y prácticamente todo el mundo se conecta a OASIS diariamente para escapar, por algunas horas, de sus terribles vidas. El mundo está superpoblado, hay desempleo y la energía comienza a escasear.

Wade Watts es un adolescente de 18 años que pasa todo el tiempo posible inmerso en este gigante RPG (más técnicamente, un MMORPG: Massive Multiplayer Online Role Playing Game). Su objetivo en la vida es uno solo: encontrar el Easter Egg escondido dentro de OASIS por su excéntrico creador, James Halliday.

Para conseguir este “huevo de pascua”, un jugador debe encontrar tres llaves que desbloquean tres puertas. Wade –jugando como su avatar, Parzival– comienza una carrera contra el tiempo para resolver los acertijos y desenredar el misterio a medida que se hace de nuevos amigos y peligrosos enemigos,

Esta es la premisa de “Ready Player One”, la novela del 2011 de Ernest Cline que se hizo mundialmente famosa y ya tiene programada una adaptación cinematográfica. La obra, plagada de referencias y trivias geeks que apuntan, por sobre todo, a la cultura pop de 1980 (videojuegos, música, tv, comics, cine, animé, etc) es ridículamente divertida y fue lo último que leí en formato ebook.

En este post vamos a desentramarla un poquito.

***

#SpoilerAlert: es posible que escriba sobre partes relevantes de la trama. Si no querés arruinarte la vida, no sigas. O sí, qué se yo. Tampoco es para tanto, es sólo una novelita más. Así que… see, hacé lo que quieras. Pero yo avisé.

***

Un carta de amor hacia la cultura de los 80

Gran parte de la trama hace foco en datos triviales y locos sobre la cultura de los 80´s. En algunos casos me pareció que el autor exagera en este aspecto y que muchas trivias son demasiado forzadas, pero la mayoría tiene una relación directa con la trama.


La aventura de Ready Player One es, en esencia, una gran carta de amor hacia los años ochenta y el fanatismo de Ernest Cline por esa época particular está a flor de piel: la banda Rush, Monthy Python, Blade Runner, WarGames, juegos de video como el Pac-Man, Zork, Black Tiger, Tempest y Space Invaders, entre otros.

La gran batalla final, por ejemplo, incluye una amplia variedad de robots clásicos del animé: Mechagodzilla, Evangelions, Voltron, Gundams, etc.

Son tantas las referencias a la cultura popular en la novela que existen páginas enteras que se ocuparon de recopilarlas. ¡Hablamos, fácil, de más de 350!

Aunque cuesta un poco engancharse con la historia (los primeros capítulos son un poco lentos en cuanto a acción, porque nos presentan minuciosamente al universo de OASIS), una vez que el protagonista llega a la primera llave y dispara la locura por el juego de James Halliday, el ritmo de la novela se vuelve imparable. La devoré como pocas.

La estructura de “Ready Player One”

Algo que disfruté mucho es el hecho de que el autor es habilidoso para utilizar la técnica conocida como “Plant and set off” (algo así como “plantar y detonar”). Una que J.K. Rowling manejaba con maestría en su saga de Harry Potter. Implica ir colocando pequeños detalles en la trama, insignificantes en apariencia, que tienen luego un rol fundamental en el desenlace. 

En este caso tenemos el item Catalizador y la moneda de 25 centavos que gana Wade en el juego perfecto del Pac-man, así como la figura fantasmal que Wade y sus amigos ven sobre mitad de la novela y que resulta ser el co-autor de OASIS, Ogden Morrow.

Quizás la premisa no sea enteramente original –el animé Sword Art Online tiene un concepto muy similar– pero Cline construye un mundo virtual fascinante, y hay una buena cantidad de elementos de ciencia ficción que ayudan a darse una idea de cómo funciona aquel universo. 

La forma en la que la novela se estructura (3 grandes partes llamadas “niveles”) se asemeja muchísimo a cualquier videojuego clásico.

En “Ready Player One”, 3 es el número mágico. Hay 3 grandes secciones (niveles) que estructuran la novela, 3 llaves y 3 puertas.  La organización que oficia de villana (la IOI) le ofrece a Wade 3 tratos (que él nunca acepta).

Otro gran acierto es que a pesar de que transcurre en un mundo virtual, el peligro es real. OASIS no es sólo un sitio de entrenimiento, sino que ahí la gente trabaja, estudia, tiene reuniones corporativas y hasta encuentros amorosos. Pero mientras tanto, en las afueras, la organización IOI está físicamente eliminando a todos los competidores del concurso: bombardean la casa donde vive Wade y arrojan por la ventana a uno de sus amigos.

Las medidas extremas de los malos tienen cierta lógica: el premio por encontrar el huevo de Halliday es el control total sobre OASIS y más dinero del que uno podría llegar a contar, suficiente para convertirse en la persona más adinerada de todo el mundo.

Ernest Cline también rompió la cuarta pared cuando reveló que el mismo libro contenía un concurso en sí. En efecto, entre las hojas estaba la primera clave para jugar y el gran premio era un DeLorean.

La futura adaptación al cine

Incluso antes de su publicación, Warnes Bros ya había adquirido los derechos para la futura adaptación cine, algo prácticamente nunca antes visto en el mundo de la literatura. Steven Spielberg fue anunciado este año como el director, y se espera que la película salga en el 2017.

Ready Player One tiene una de las bases de fans más amplias de todas, pero la adaptación seguramente se va a encontrar con serios problemas. El primero es un tema de derechos de autor. La obra está sobresaturada de referencias a los 70´s y 80´s, y es posible que aparezcan problemas de copyright con muchas de ellas. Pac-Man, por ejemplo, tiene propiedad intelectual, igual que la películas WarGames y el juego de mesa Dungeons and Dragons. ¡Conseguir tantas licencias va a ser complicado y costoso!

Otro tema que veo es que hoy vende la nostalgia hacia la era ochentosa (pensemos en películas como Rock of Ages, Super 8 (de J.J. Abrams) o Ralph el demoledor). Pero en un par de años, quizás esta tendencia se haya revertido. No sabemos si el hype seguirá siendo el mismo.

Por último, es imposible olvidar que la novela, de casi 500 páginas, tiene una historia masivamente grande. Suceden demasiadas cosas y hay mucho para mostrar. En el mejor de los casos creo que puede adaptarse en dos películas, pero si se hace sólo una, muchas cosas importantes (e interesantes) van a quedar afuera (y eso siempre hace enojar a cualquier fan).

Como ya comenté antes, todo lo que sucede en la historia juega un papel en el final: personajes secundarios, side-quests que hace el protagonista (particularmente la que hace con Daito y Shoto para conseguir el item Infinity Sword +1 y su quest en el Pac-Man), una historia de amor, conflictos con el villano principal (Sorrento), etcétera.

Un comentario sobre el final

Disfruté muchísimo de Ready Player One, pero creo que apunta a un público muy particular: adultos en sus 25-35 años que recuerdan con nostalgia su infancia en los 80 y son fanáticos de los videojuegos. Sabía que yo, por ejemplo, iba a ser el lector ideal. Pero dudo que muchos lectores casuales vayan a poder entretenerse tanto.

La obra habla de una persona que no supo conectarse con el mundo de afuera (James Halliday) y creó un videojuego inmenso que le permitió construirse su propia realidad. 

Lo que él quiso fue que todo el mundo compartiera sus propias obsesiones, y eso lo llevó a crear el concurso.

La novela es básicamente eso: que todos compartamos las obsesiones del autor Ernest Cline. En ese sentido, la historia se vuelve un poco metaficcional. Una de las cosas que le critico es justamente ésa: muchas referencias y trivias son arbitrarias, sin conexión real con la trama. Como una manera de decir: “Che, mirá lo que me acordé. ¿No era genial?”.

Por suerte, muchas de las referencias pop-culturales en esta novela sirven para demostrar que es posible utilizarlas correctamente para agregar capas de profundidad a una historia.

El final es esperable: el héroe gana, derrota a la maligna corporación, gana a la chica y aprende una lección. Y está bien que sea así: es como cualquier película de los años 80´s donde el geeky vence sobre probabilidades importantes y todo le termina saliendo bien.

Hay, sin embargo, un lado oscuro de este desenlace. 

Es probable que Nolan Sorrento, el villano de turno, no caiga sin dar una buena pelea. La chica del protagonista, Art3mis, bien podría no querer seguir con él luego de conocerlo fuera de la realidad virtual. Afortunadamente, la lección que aprende Wade Watts es universal y fundamental: “la realidad es el único lugar donde es posible encontrar la verdadera felicidad”.

……………………………




……………………………

 Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivorilucianoSi te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!

jueves, 3 de diciembre de 2015

Cortázar y el mito de Circe


En una de las escenas más emblemáticas de La Odisea (de Homero), el intrépido Odiseo y su tripulación se encuentra con la diosa y hechicera Circe, una bella y lujuriosa tentación. Ella los invita a comer un almuerzo convenientemente hechizado y que los convierte, literalmente, en sucios cerdos. Odiseo es el único con la astucia suficiente para no caer en la trampa y rescatar a los suyos.

Ciertamente, los hombres nos convertirmos en cerdos al sucumbir ante los deseos más pecaminosos, y el mito de Circe es la analogía perfecta para ello.

En el relato homónimo de Julio Cortázar, Circe es Delia Mañara. La narración metafórica nos habla del amor y de las relaciones. Delia transforma a todos sus novios (a lo mejor, sin ser del todo consciente) en víctimas de una seducción tóxica que termina por matarlos. Cortázar, por su lado, convierte al amor en un juego de idealización, tortura y repulsión.

Luego del fallecimiento de un par de parejitas, ante Delia se le presenta Mario, a quien ella le repugna y simultánemente le atrae. Delia Mañara es también “araña” y es “maraña” (juego de palabras astuto de Cortázar para indicar a aquella víctima enredada). 

Delia teje trampas y estropea el deseo de Mario, quién se encuentra absolutamente sometido (en una amalgama de cariño y dominación).

Me gusta de este relato cómo el acercamiento con los animales también relaciona a la protagonista con la Circe de la mitología griega. Como la ocasión en la que ella llama a un perro y este viene manso, tal vez contento, hasta sus dedos.


“Circe” es uno de los ocho relatos que componen la primera antología de Julio Cortázar, “Bestiario” (1951). Encontré una segunda edición del libro, amarillenta, gastada por el roce de los dedos, entre las estanterías de la vieja casa de una tía-abuela –que sufre hoy un principio de Alzheimer, una lástima–. A pesar de que ya había leído varios de los relatos incluidos, me lo llevé.

Bestiario es la primera obra con la que Cortázar dijo sentirse seguro de lo que quería decir. 

Los cuentos tienen todos las características fundamentales que hacen a la narrativa cortaziana: el absurdo ante lo cotidiano, lo fantástico, la vida de barrio, los microacontencimientos. El autor comenta que “Circe” lo escribió en un momento en el que estaba excedido por los estudios que hacía para recibirse de traductor público en seis meses, cuando todo el mundo se recibe en tres años.

Es súper interesante lo que dice sobre el génesis del cuento. En palabras suyas:

«Yo vivía con mi madre en esa época. Mi madre cocinaba, siempre me encantó la cocina de mi madre, que merecía toda mi confianza. Y de golpe, empecé a notar que al comer, antes de llevarme un bocado a la boca, lo miraba cuidadosamente porque temía que se hubiera caído una mosca. Eso me molestaba profundamente porque se repetía de manera malsana. Pero ¿cómo salir de eso? Claro, cada vez que iba a comer a un restaurante era peor. Y de golpe, un día, me acuerdo muy bien, era de noche, había vuelto del trabajo, me cayó encima la noción de una cosa que sucedía en Buenos Aires, en el barrio de Medrano: una mujer muy linda, muy joven, pero de la que todo el mundo desconfiaba porque la creían una especie de bruja porque dos de sus novios se habían suicidado. Entonces empecé a escribir un cuento sin saber el final, como de costumbre. 

Avancé en el cuento y lo terminé. Lo terminé y pasaron cuatro o cinco días y de pronto me descubro a mí mismo comiéndome un puchero en mi casa y cortando una tortilla y comiendo todo como siempre, sin la menor desconfianza. Creo que es uno de los cuentos más horribles que he escrito. Pero ese cuento fue un exorcismo que me curó de encontrar una cucaracha en mi comida

Por su parte, Mario en el cuento bien podría ser el héroe griego Odiseo, seducido por Circe y sus manjares. Claro: en el texto los manjares son bombones rellenos de cucarachas. El temor que siente Odiseo durante ese episodio se expone también en el relato de Cortázar: Mario le teme al pasado desconocido de Delia.


Curiosamente, los padres de Delia (quienes la odian) no prueban sus licores, revisan que sus bombones no contengan insectos y no le advierten a Mario de la situación. Tampoco hacen algo cuando, sobre el final, el protagonista la ahorca a ella sin piedad. Uno de los finales más estremecedores de la bibliografía cortaziana.

Circe manifiesta la seducción como forma de poder y crueldad. También Delia, quien obedece al paradigma de la mujer artera, oscura, cuya perversión se ayuda por una aparente desesperación (recordar la apatía de Delia y su llanto en el desenlace). “Circe” es, sin duda, uno de los cuentos más sombríos de Cortázar, pero no por eso uno menos disfrutable que sus textos más burlones.

Pueden leer “Circe” y otros cuentos de Cortázar libremente en Internet, por ejemplo en este link: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cortazar/circe.htm

………………………………………………………………………………………………….


………………………………………………………………………………………………….


 Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivorilucianoSi te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!

lunes, 30 de noviembre de 2015

“El lápiz mágico” (cuento)


Hace bastante que no abandonaba tanto mi querido blog.


Estaba vez pasó casi un mes desde mi última publicación. Tengo mis excusas, aunque nadie me las exija. Me casé, en un fin de semana de casamiento al mejor estilo How I Met Your Mother, me fui al caribe y recién ahora retomo la insípida rutina de la que somos tristemente esclavos.

Vuelvo a la carga con un nuevo cuento de mi autoría, en un año muy lindo en cuanto a la escritura. Mi segunda novela salió tercera en un premio internacional español (ya ampliaré detalles) y un relato propio se hizo con un segundo premio en un certamen nacional; otro gran orgullo.

En esta oportunidad les comparto un panegírico delirante (y con referencias cinéfilas para el lector más atento) que espero disfruten leyendo tanto como yo disfruté redactándolo. 

El lápiz mágico”, ahí va.





***

“El lápiz mágico”

Amigos, compañeros, gente de los medios… estamos aquí reunidos ante una circunstancia lúgubre que hoy nos amarga todo sabor. Lápiz fue algo inconmensurable, tan colmado de vida… el estandarte de la risa en cualquier reunión. Un alma noble que comenzó desde la nada, como parte de un gran bloque de cedro español.

Su ciudad natal, Ferrol, nunca lo conformó. Desde el instante en el que se dividieron las tablitas a las que se le hacen las hendiduras de las minas, Lápiz supo que estaba predestinado a algo grandioso. No más se le aplicó pegamento en los surcos y se le colocó la mina de grafito, resolvió dedicar su existencia al séptimo arte, a la gran pantalla. En el preciso minuto en el que Lápiz fue afilado y pasó el control de calidad, abandonó la fábrica para inscribirse en el Sindicato de Utilería.


El atrezzo en el cine nunca es un insípido ornamento. Ambienta toda escena y profundiza la producción audiovisual. La utilería deja de ser un objeto para convertirse en un símbolo transmisor de sentimientos que nos avienta pedazos de ficción en nuestros rostros. Lápiz comprendía esta realidad, y por eso consagró todos sus esfuerzos para ingresar en el ambiente.

Sus principios fueron modestos. Participó como útil escolar en algunas publicidades españolas y en películas clase “B”. Recuerdo haberle preguntado una vez. Me dijo: “La competencia era feroz. Hay mucha utilería talentosa y poco trabajo”.


Su vida dio un vuelco cuando el Director de Escenografía Charlie Brooke vio algo en él y lo sumó al elenco de “El lápiz del carpintero”, basada en la novela de Rivas, que finalmente se estrenó en el 2003.  A partir de ahí, cualquier aparición de Lápiz se transformó en un manantial de éxito.

Se mudó a Hollywood, la meca de la industria cinematográfica. Interpretó a la pluma que inspira a Jonnhy Depp en “La ventana secreta”, fue el lápiz embrujado de “Actividad Paranormal”, trabajó con Christopher Nolan en la aclamada “El Maquinista” (2004) y le llegó el premio de la Academia por “Mejor Utilería en Documental” por “Steal a Pencil for Me” (2007), donde se destacó como el accesorio más conmovedor y emotivo de la historia del cine.

Un punto clave en su carrera, que todos recordamos con cariño, le llegó en el 2008, nuevamente en compañía de Nolan. ¡Todos saben a qué me refiero! Los mafiosos están reunidos en una videoconferencia cuando el Guasón hace su aparición en escena. “¿Qué tal un truco de magia?”, dice y clava a nuestro homenajeado a la mesa con la punta hacia arriba, “voy a desaparecer este lápiz”. Y entonces sucede ese momento increíble: uno de los hombres se levanta y va hacia él; en un solo movimiento Heath Ledger (en ese rol enorme que lo inmortalizó) golpea la cabeza contra la mesa, haciendo desaparecer a Lápiz dentro del ojo. “¡Taa-raaa! ¡Ya no está!”, concluye. Y es así… es así. Tristemente, Lápiz –como en ese efecto visual impresionante que protagonizó– ya no está entre nosotros.

Su fin, la tragedia, vino de la mano de un director de cine negligente e irrespetuoso. El lugar: set donde se estaba filmando “Pinocchio”, la nueva y oscura película de Guillermo del Toro. El mexicano –notable por su contextura más bien robusta– hambriento, con una hamburguesa grasosa entre sus dedos, se sentó descuidadamente en el asiento en el cuál Lápiz reposaba.

Nadie pudo detenerlo: partió a Lápiz en dos.

Ante tal absurdo, todos nos mantuvimos firmes, estupefactos. En medio de un silencio infamante, Del Toro limpió la comisura de sus labios con una servilleta. Sólo se percató del lapicidio cuando su abogado llegó corriendo al set y lo instó a retirarse del lugar sin decir una palabra.

La familia de Lápiz no piensa levantar cargos contra el director. Un útil de escritura conoce los riesgos de alcanzar las máximas elevaciones de la fama hollywoodense, es consciente de las reglas del juego. El rodaje de la película, en la cual Lápiz habría tenido un rol protagónico, quedó suspendido hasta nuevo aviso.

Doy final a este panegírico dejando en el ataúd una resma de hojas blancas tamaño A4; sus favoritas. Para que Lápiz pueda seguir creando, inventando. Para que pueda continuar soñando. Antes de que retornemos a la insulsa peregrinación por esta vida, tomémonos un rato para admitir una verdad: ninguno de nosotros está realmente triste; no hace falta. Todos sabemos que allí, en aquel cajón de caoba y rodeado por velos, Lápiz todavía sonríe.

¡Gracias, Lápiz querido!

Q.E.P.D., 1987- 2015.

***

………………………………………………………………………………………………….


………………………………………………………………………………………………….

 Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivorilucianoSi te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!

martes, 10 de noviembre de 2015

“El color que cayó del cielo”, de H.P. Lovecraft


Inspirándose en una novela de Arthur Machen, Los tres impostores, Lovecraft escribió un relato que se terminaría convirtiendo en uno de los fundamentales de su obra (y también el preferido por él mismo): El color que cayó del cielo.



viernes, 6 de noviembre de 2015

El simbolismo escondido en “Eyes Wide Shut” (1999)


Ver una película de Stanley Kubrick es siempre una experiencia reveladora, especialmente cuando se la inspecciona detenidamente por segunda o tercera vez. 

En ese sentido, la última película en la vida del director –Eyes Wide Shut– es una de las que puede mirarse varias veces y siempre encontrar algo nuevo.

Finalizada apenas unos días antes de la muerte de Kubrick en 1999, Eyes Wide Shut sigue vouyerísticamente al Dr. Bill Harford (interpretado por Tom Cruise) en dos noches insólitas y sexualmente cargadas a través de un oscuro Nueva York, luego de que su esposa Alice (Nicole Kidman) le manifiesta que consideró la idea de tener un amorío años atrás.

La película se promocionó con total secretismo y salió junto a titanes como Star Wars: Episodio 1 y Sexto Sentido. Como resultado de las críticas recibió reacciones muy polarizadas. Algunos la consideraron la peor película en la historia de la carrera de Kubrick y un thriller erótico banal...

... algo así como “Las locas aventuras eróticas de Tom y Nicole”.

Sólo con el tiempo (y como sucedió con la mayor parte de las películas de Kubrick) poco a poco fue redimiéndose. Hoy, aunque la crítica sigue dividida, se entiende que la cinta tiene un componente simbólico (y esotérico) mucho más fuerte del que se pensaba. Varios textos (incluso académicos) se han escrito sobre los mensajes ocultos en esta picante historia.


Personalmente me encanta esta película y creo que los recorridos nocturnos de Tom Cruise, en los que tiene encuentros extrañísimos y termina infiltrándose en un sociedad secreta, forman parte de los momentos más imprescindibles del cine de los años ´90.

Ciertamente, Eyes Wide Shut no nos habla sólo de las relaciones, sino más bien de todas las fuerzas externas e influencias que definen a una relación. 

Es sobre el eterno “tira y afloje” entre los principios femeninos y masculinos en este mundo moderno y confuso. 

A lo mejor, también es sobre un grupo minoritario de personas que gobiernan ese mundo moderno –una reservada elite que se comporta de forma clandestina. Por supuesto: la película no escupe nada de esto. Los mensajes los comunica a través de la simbología tan sutil que siempre caracterizó al director más perfeccionista de todos los tiempos.

Kubrick adquirió los derechos de la novela austriaca Dream Story (de Arthur Schnitzler) en 1960. La consideró una novela idónea para adaptarla a una historia sobre las relaciones sexuales, aunque tardaría casi 40 años en verla plasmada en la pantalla grande.

Lo curioso es que el director murió, de forma inesperada, cinco días después de entregar la versión final de la cinta. Considerando el hecho de que nos habla de una sociedad secreta que elimina a aquellos que se cruzan en su camino, algunas teorías sobre la sospechosa muerte del director comenzaron a surgir. ¿Mostró demasiado al público? ¿Hizo enojar a alguien en particular? Nunca lo sabremos. 

► Por lo pronto, veamos algunos de los temas que toca Eyes Wide Shut.

***

Lo primero que llama la atención es que los protagonistas, la pareja de moda de aquella época (Cruise y Kidman) interpretan a una pareja (Bill y Alice) más bien fría, profundamente insatisfecha y que se mantiene unida por conveniencia. Ante nuestros ojos se nos presenta la típica imagen de hombre capaz de proveer (un doctor reconocido cuyo lema probablemente sea “todos tenemos un precio” y que tiene un nombre que se traduce directamente en “billete”) y la de una mujer hermosa y con cualidades de madre.

Aunque el primer acto (la fiesta) aparenta ser bastante banal y servir de introducción a la historia, en realidad revela muchísimas cosas. Conociendo la especial atención a los detalles de Kubrick, cada escena es para analizar íntimamente. Aparecen símbolos paganos (la estrella de Ishtar, por ejemplo) que se unifican con el ambiente navideño en el que se sitúa la historia. Ishtar era la diosa babilonia de la sexualidad y se le rendía culto con rituales sexuales y orgías.

Este concepto aparece más tarde en la película.


Durante la fiesta, Bill y Alice se separan, y ambos son guiados hacia la tentación. Ella conoce a Sandor Szavost, con quien baila. Él le comenta sobre una serie de libros llamados Ars Amatoria (El arte de amar), escritos del poeta romano Ovid que esencialmente fueron una guía para la infidelidad discreta. Sandor toma del vaso de Alice, y este es un truco tomado directamente de aquel libro. Tomar de la copa de otro envía un mensaje subliminal pero claro: “Quiero intercambiar fluidos con vos”.

Otro detalle es el nombre de Sandor, que podría llegar a ser una referencia al fundador de la Iglesia de Satán (Anton Szandor Lavey). Quizás Kubrick nos está diciendo que este hombre que intenta que Alice le sea infiel a su esposo es parte de una elite oculta. Sandor tiene una personalidad hiptnótica y desde la primera escena aparenta ser absolutamente encantador.


Mientras tanto, Bill está charlando con dos cachondas jóvenes que dicen que quieren llevarlo al lugar donde “el arco iris termina”. Aunque la frase parece enigmática en principio, si uno observa bien es posible notar que hay muchísimos arco iris a lo largo de la película.

Pero no nos adelantemos.

La cuestión es que ambos están en una fiesta de la alta sociedad, en la mansión de Victor Ziegler (uno de los acaudalados pacientes de Bill). Ziegler vuelve a aparecer recién al final de la historia. No sólo se lo muestra rico, sino como parte de la ultra elite. Todo parece indicar que es en este tipo de fiestas donde “las cosas realmente ocurren” y que detrás de la fachada se esconde algo oscuro, quizás perverso.

De hecho, Bill termina ayudando a una prostituta con sobredosis con la que estaba Ziegler, mostrando la otra cara de la moneda. Una mujer que, de hecho, va a tener un papel fundamental en el desarrollo de la historia.

Aquella escena en aquel baño gigante está tambien sobrecargada de detalles y símbolos, como el hecho de que claramente ella era la esclava y él el maestro en una suerte de relación masoquista. Se nos revela, por primera vez, lo que hay tras la cortina de la realidad.

El papel de Alice (Nicole Kidman) aunque es pequeño, no deja de ser fundamental. Aunque vive con todas las comodidades, se la ve extremadamente aburrida con su vida de madre casera. Esto hace un paralelo claro, quizás el menos sutil de todos, con Alicia, la historia de una niña privilegiada que estaba aburrida de su vida y terminó en el País de las Maravillas.

Incluso, Alice aparece muchísimas veces reflejándose a través de espejos (uno de los elementos claves en el cuento de hadas)… quizás buscando algo más en su vida. En el mismo póster de la película aparece la pareja besándose en un espejo y ella mirando “a través de él”.

Ahora sí: ¿qué onda con los arco iris?

Las luces multicolores y los arco iris son una constante en Eyes Wide Shut


Para empezar, el lugar donde Bill alquila el traje para ir a la misteriosa fiesta se llama “Rainbow”. Además, casi todas las escenas tienen multicolores debido a la decoración de Navidad (que también da una estetica onírica y difusa). Casi todas las veces que Bill entra a una sala, lo primero que ve son las multicolores luces navideñas, y muchas veces están puestas en el foco de atención.

El único lugar que no tiene decorado navideña es el palacio Somerton, casualmente el lugar donde el ritual de la sociedad secreta está sucediendo. Somerton es un espacio totalmente opuesto al mundo real, casi como un lugar de fantasía.

De esa forma: dos mundos coexisten en la película. El primero, el mundo arco iris, es el más iluminado, es donde todos viven felices y tratando de llegar a fin de mes. El otro, donde los arco iris (en otras palabras: las luces) se terminan, es reservado, silencioso y oscuro. Allí todos usan máscaras venecianas y llevan a cabo prácticas estrambóticas.

Claro que toda esta simbología no es fundamental para comprender la trama. Pero como pasa con otras cintas de Kubrick (El Resplandor y Dr. Strangelove, por ejemplo) hacen que la experiencia cinéfila sea mucho más intensa y emocionante.

Entonces, el significado críptico de las modelos, aquello que le dicen a Bill sobre “llegar adonde termina el arco iris”, muy probablemente se refiera a “ir hacia donde la elite se reúne”. Y otro dato: cuando le dicen esto a Bill, hay un árbol de Navidad tras ellas.

El conflicto se dispara luego de la fiesta. Alice, quien rechazó a Sandor, le cuenta a Bill que estuvo muy cerca de serle infiel. Los sentimientos de celos, traición, inseguridad y humillación comienzan a emerger en el protagonista, quién se embarca en una salida nocturna que terminará por cambiar su vida.


Hay muchísimo para analizar en esta película, y llevaría varios posts (o uno muy extenso): el rol de Nick Nightingale como guía hacia lo oculto, la contraseña para ingresar (Fidelio = fidelidad en latín), las máscaras venecianas, el ritual y sus participantes, etc.

Los encuentros de Bill con cada una de las mujeres son todos fascinantes y muy locos, cada uno expone temáticas diferentes. Ni hablar de cuando él se infiltra en la sociedad y experimentamos algunas de las escenas más bizarras que el cine brindó después de las películas de David Lynch.


La conspiración que parece estar detrás de todo nos termina llevando hacia un final que muchos nunca llegaron a comprender, aquella escena con Bill y Alice tranquilos haciendo compras, y una última palabra que termina de cerrar magistralmente la temática de la película. Pero prefiero no arruinar tanto la trama y permitir que los lectores le peguen una mirada. No tiene desperdicio.

 ¡Hasta la próxima!

OTROS ANÁLISIS CINÉFILOS DE KUBRICK:




………………………………………………………………………………………………….


………………………………………………………………………………………………….

 Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivorilucianoSi te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!

lunes, 2 de noviembre de 2015

Grandes horrores (I) – El entierro prematuro


No soy fan del cine de terror, pero es uno de los géneros más importantes en Cine, Televisión, Literatura y otros medios y ocupa un espacio importante en la cultura pop.

Si hay un horror que entra en la categoria de “Grandes horrores”, es indudablemente el miedo a ser enterrado vivo. Por lo menos en la cultura occidental del siglo XIX resultó ser algo por lo que temer. Se conocieron numerosos casos reales en los cuales los doctores habían errado en la declaración de muerte.

De hecho, los ataúdes a menudo se equipaban con artilugios complejos que permitieran al necesitado pedir ayuda en tan comprometidas circunstancias. Edgar Allan Poe se aprovechó de esta preocupación para concebir uno de sus relatos más interesantes: “El entierro prematuro” (“The Premature Burial”, 1844).

Poe ya lo había hecho antes. Él siempre leía los diarios para inspirarse en sus historias, como lo hizo con el misterio de Marie Roget (que generó tanta controversia en su momento). En El entierro prematuro un narrador anonimo describe con crudeza un trastorno médico que lo aqueja (catalepsia). Debido a ello, tiene un pánico mortal a ser enterrado vivo y lo considera “la mayor de las posibles desgracias”.

En el texto es llamativo cómo se entremezcla realidad con ficción en un formato de cuento / artículo de divulgación, ya que el narrador comenta varios casos probados (de los cuales algunos de ellos sucedieron en verdad).


Imagínense: ¡la preocupación y el espanto eran tan inmensos que hasta se fundó la Society for the Prevention of People Being Buried Alive en la Inglaterra del siglo pasado! El éxito de la novela Drácula (de Bram Stoker) también tuvo un poco que ver: la gente comenzó a creer en la existencia real de vampiros, cadáveres animados que se levantaban de su tumba por la noche.

La diferencia del texto de Poe sobre ser enterrado vivo contra otros de sus relatos de terror es que, contrariamente a su estilo, el narrador termina curándose de su enfermedad.

Cortázar alabó esta macabra historia y el biógrafo clásico de Poe (Hervey Allen) consideró que se trataba de “una de las más genuinamente mórbidas historias que Poe escribió, la cual parece tener origen en el sentimiento de catástrofe inevitable que durante largo tiempo había ido pareja a su melancolía, o quizá en algún ensueño agobiante debido a su afección cardíaca”.

Como sea, Poe fue un fanático de este tema, y varios de sus cuentos muestran alteraciones de un entierro prematuro:  El barril de amontillado (1850), Berenice (1835), una historia absolutamente sádica, y La caída de la casa Usher (1839), entre otros.

Pueden leer “El entierro prematuro” (Edgar Allan Poe, 1844) en este link

Alfred Nobel tenía tanto miedo de ser enterrado vivo que dejó instrucciones claras y específicas para que el doctor que anunciara su muerte le cortara las arterias del cuello, sólo por seguridad.

En 1968, una joven Barbara Jane Mackle fue secuestrada, drogada, metida en un ataúd y enterrada viva. Sus captores pidieron medio millón de dólares. 3 días más tarde fue hallada debilitada pero viva. Escribió un libro sobre la experiencia (83 Hours 'Til Dawn).

En la cultura pop este temática aparece de forma frecuente.

El último episodio de Fargo (tercero de la 2da temporada) terminó con un ejemplo de entierro prematuro, una de las formas más malignas que el villano puede utilizar contra nuestro incapacitado héroe. ¿Le dispara un certero tiro en la capocha? ¿Le corta el cuello? ¿Lo decapita o lo mete en un trampa mortal con rayos láser? No, nada de eso. LO ENTIERRA VIVO. Esto hace que no exista arma asesina y que no tenga que preocuparse por deshacerse del cuerpo (de hecho: acaba de hacerlo).

Budd se lo hace a la Novia en una de las escenas más fuertes de Kill Bill: Volumen 2. Ella escapa, pero con mucha dificultad. Lo más perturbador es que el entierro se muestra desde el punto de vista de Uma Thurman, lo que implica varios minutos de respiración pesada, sonidos de tierra que cae y oscuridad total.

Varias películas de El juego del miedo finalizan con una variación del tema (personas vivas encerradas en cuartos en los que probablemente morirán). También es el argumento de “Enterrado”, con Ryan Reinolds. Él es un contratista civil en Iraq y tiene la desfortuna de ser sepultado por un grupo de terroristas. Toda la película sucede adentro del ataúd y muestra los repetitvos intentos del protagonista por contactarse con el exterior y escapar (spoiler alert: no lo hace).


Ryan Reinolds, algo así como el Sebastián Estevanez de Hollywood...

En realidad el tema es más antiguo que el feudalismo. La heroína de Antígona (de Sofocles), por ejemplo, es sentenciada a este tipo de muerte.

Muchos años más tarde, Alias (la serie de J.J. Abrams) terminaba también de esta forma. En el episodio final, Sloane ha finalmente alcanzado la inmortalidad gracias a los artefactos de Rambaldi, pero queda atrapado en una cueva luego de que uno de los buenos lo aprisiona. No va a morir, pero seguramente vivirá un eterno aburrimiento.

Los Cazadores de Mitos intentaron investigar si es posible sobrivir bajo esas terribles condiciones y comprobaron que (probablemente) no. Demostraron que no es posible golpear el ataúd hasta romperlo con las manos (como hace la Novia en Kill Bill). Y por más que uno lo lograra, no podría escarbar a través de seis metros de tierra y en menos de media hora (antes de que se quede sin aire). Básicamente, serían aplastado por el peso de la tierra y se sofocaría. Horrible.

Harry Houdini, por su parte, intentó realizar este proeza y con resultados catastróficos. No lo logró, quedó inconsciente y fue necesario sacarlo de emergencia.

También son enterrados vivos: un personaje en el final de temporada de The Following (Debra Parker, la novia de Kevin Bacon en la serie), Lisbeth Salander en “La niña que jugaba con fuego”, el “rey” de Qarth en Game of Thrones (él queda contenido en una bóveda en la que seguramente morirá, una suerte de “muerte kármica” viendo todas las que se había mandado) y casi le sucede a Blancanieves. La Reina Maléfica creyó que una vez que Blancanieves estuviera aparentemente muerta, los enanos la enterrarían. Afortunadamente, no tuvieron el corazón para hacerlo.

En la vida real muchos en latinoamerica seguramente recordemos a los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados durante 69 días en el 2010. Su rescate fue visto en directo por el mundo entero.  Y cómo olvidar el ataque a las torres gemelas en el 2001. Varios rescatistas quedaron atrapados por días entre los escombros de las torres caídas. Oliver Stone hizo la película World Trade Center  (2006) basándose en esta historia.

Por último no quiero dejar de mencionar mi cuento “Implacablemente suyo”, que pueden leer en el blog y tuvo la fortuna de llevarse un importante premio literario. Allí vemos también una innovación de esta idea, y con resultados escalofriantes. ¡Pasen y vean!

Acá pueden leer “Implacablemente Suyo”, cuento de mi autoría que ganó el 2° premio en el 1er Certamen Literario “Dr. Juan Atilio Bramuglia”.

………………………………………………………………………………………………….


………………………………………………………………………………………………….


 Podés seguir las nuevas notas y novedades (además de humor y críticas de cine) en mi fan—page: http://www.facebook.com/sivorilucianoSi te gustó, ¡compartilo o dejá un comentario!
Quizás te pueda llegar a interesar...