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lunes, 30 de noviembre de 2015

“El lápiz mágico” (cuento)


Hace bastante que no abandonaba tanto mi querido blog.


Estaba vez pasó casi un mes desde mi última publicación. Tengo mis excusas, aunque nadie me las exija. Me casé, en un fin de semana de casamiento al mejor estilo How I Met Your Mother, me fui al caribe y recién ahora retomo la insípida rutina de la que somos tristemente esclavos.

Vuelvo a la carga con un nuevo cuento de mi autoría, en un año muy lindo en cuanto a la escritura. Mi segunda novela salió tercera en un premio internacional español (ya ampliaré detalles) y un relato propio se hizo con un segundo premio en un certamen nacional; otro gran orgullo.

En esta oportunidad les comparto un panegírico delirante (y con referencias cinéfilas para el lector más atento) que espero disfruten leyendo tanto como yo disfruté redactándolo. 

El lápiz mágico”, ahí va.





***

“El lápiz mágico”

Amigos, compañeros, gente de los medios… estamos aquí reunidos ante una circunstancia lúgubre que hoy nos amarga todo sabor. Lápiz fue algo inconmensurable, tan colmado de vida… el estandarte de la risa en cualquier reunión. Un alma noble que comenzó desde la nada, como parte de un gran bloque de cedro español.

Su ciudad natal, Ferrol, nunca lo conformó. Desde el instante en el que se dividieron las tablitas a las que se le hacen las hendiduras de las minas, Lápiz supo que estaba predestinado a algo grandioso. No más se le aplicó pegamento en los surcos y se le colocó la mina de grafito, resolvió dedicar su existencia al séptimo arte, a la gran pantalla. En el preciso minuto en el que Lápiz fue afilado y pasó el control de calidad, abandonó la fábrica para inscribirse en el Sindicato de Utilería.


El atrezzo en el cine nunca es un insípido ornamento. Ambienta toda escena y profundiza la producción audiovisual. La utilería deja de ser un objeto para convertirse en un símbolo transmisor de sentimientos que nos avienta pedazos de ficción en nuestros rostros. Lápiz comprendía esta realidad, y por eso consagró todos sus esfuerzos para ingresar en el ambiente.

Sus principios fueron modestos. Participó como útil escolar en algunas publicidades españolas y en películas clase “B”. Recuerdo haberle preguntado una vez. Me dijo: “La competencia era feroz. Hay mucha utilería talentosa y poco trabajo”.


Su vida dio un vuelco cuando el Director de Escenografía Charlie Brooke vio algo en él y lo sumó al elenco de “El lápiz del carpintero”, basada en la novela de Rivas, que finalmente se estrenó en el 2003.  A partir de ahí, cualquier aparición de Lápiz se transformó en un manantial de éxito.

Se mudó a Hollywood, la meca de la industria cinematográfica. Interpretó a la pluma que inspira a Jonnhy Depp en “La ventana secreta”, fue el lápiz embrujado de “Actividad Paranormal”, trabajó con Christopher Nolan en la aclamada “El Maquinista” (2004) y le llegó el premio de la Academia por “Mejor Utilería en Documental” por “Steal a Pencil for Me” (2007), donde se destacó como el accesorio más conmovedor y emotivo de la historia del cine.

Un punto clave en su carrera, que todos recordamos con cariño, le llegó en el 2008, nuevamente en compañía de Nolan. ¡Todos saben a qué me refiero! Los mafiosos están reunidos en una videoconferencia cuando el Guasón hace su aparición en escena. “¿Qué tal un truco de magia?”, dice y clava a nuestro homenajeado a la mesa con la punta hacia arriba, “voy a desaparecer este lápiz”. Y entonces sucede ese momento increíble: uno de los hombres se levanta y va hacia él; en un solo movimiento Heath Ledger (en ese rol enorme que lo inmortalizó) golpea la cabeza contra la mesa, haciendo desaparecer a Lápiz dentro del ojo. “¡Taa-raaa! ¡Ya no está!”, concluye. Y es así… es así. Tristemente, Lápiz –como en ese efecto visual impresionante que protagonizó– ya no está entre nosotros.

Su fin, la tragedia, vino de la mano de un director de cine negligente e irrespetuoso. El lugar: set donde se estaba filmando “Pinocchio”, la nueva y oscura película de Guillermo del Toro. El mexicano –notable por su contextura más bien robusta– hambriento, con una hamburguesa grasosa entre sus dedos, se sentó descuidadamente en el asiento en el cuál Lápiz reposaba.

Nadie pudo detenerlo: partió a Lápiz en dos.

Ante tal absurdo, todos nos mantuvimos firmes, estupefactos. En medio de un silencio infamante, Del Toro limpió la comisura de sus labios con una servilleta. Sólo se percató del lapicidio cuando su abogado llegó corriendo al set y lo instó a retirarse del lugar sin decir una palabra.

La familia de Lápiz no piensa levantar cargos contra el director. Un útil de escritura conoce los riesgos de alcanzar las máximas elevaciones de la fama hollywoodense, es consciente de las reglas del juego. El rodaje de la película, en la cual Lápiz habría tenido un rol protagónico, quedó suspendido hasta nuevo aviso.

Doy final a este panegírico dejando en el ataúd una resma de hojas blancas tamaño A4; sus favoritas. Para que Lápiz pueda seguir creando, inventando. Para que pueda continuar soñando. Antes de que retornemos a la insulsa peregrinación por esta vida, tomémonos un rato para admitir una verdad: ninguno de nosotros está realmente triste; no hace falta. Todos sabemos que allí, en aquel cajón de caoba y rodeado por velos, Lápiz todavía sonríe.

¡Gracias, Lápiz querido!

Q.E.P.D., 1987- 2015.

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martes, 10 de noviembre de 2015

“El color que cayó del cielo”, de H.P. Lovecraft


Inspirándose en una novela de Arthur Machen, Los tres impostores, Lovecraft escribió un relato que se terminaría convirtiendo en uno de los fundamentales de su obra (y también el preferido por él mismo): El color que cayó del cielo.



viernes, 6 de noviembre de 2015

El simbolismo escondido en “Eyes Wide Shut” (1999)


Ver una película de Stanley Kubrick es siempre una experiencia reveladora, especialmente cuando se la inspecciona detenidamente por segunda o tercera vez. 

En ese sentido, la última película en la vida del director –Eyes Wide Shut– es una de las que puede mirarse varias veces y siempre encontrar algo nuevo.

Finalizada apenas unos días antes de la muerte de Kubrick en 1999, Eyes Wide Shut sigue vouyerísticamente al Dr. Bill Harford (interpretado por Tom Cruise) en dos noches insólitas y sexualmente cargadas a través de un oscuro Nueva York, luego de que su esposa Alice (Nicole Kidman) le manifiesta que consideró la idea de tener un amorío años atrás.

La película se promocionó con total secretismo y salió junto a titanes como Star Wars: Episodio 1 y Sexto Sentido. Como resultado de las críticas recibió reacciones muy polarizadas. Algunos la consideraron la peor película en la historia de la carrera de Kubrick y un thriller erótico banal...

... algo así como “Las locas aventuras eróticas de Tom y Nicole”.

Sólo con el tiempo (y como sucedió con la mayor parte de las películas de Kubrick) poco a poco fue redimiéndose. Hoy, aunque la crítica sigue dividida, se entiende que la cinta tiene un componente simbólico (y esotérico) mucho más fuerte del que se pensaba. Varios textos (incluso académicos) se han escrito sobre los mensajes ocultos en esta picante historia.


Personalmente me encanta esta película y creo que los recorridos nocturnos de Tom Cruise, en los que tiene encuentros extrañísimos y termina infiltrándose en un sociedad secreta, forman parte de los momentos más imprescindibles del cine de los años ´90.

Ciertamente, Eyes Wide Shut no nos habla sólo de las relaciones, sino más bien de todas las fuerzas externas e influencias que definen a una relación. 

Es sobre el eterno “tira y afloje” entre los principios femeninos y masculinos en este mundo moderno y confuso. 

A lo mejor, también es sobre un grupo minoritario de personas que gobiernan ese mundo moderno –una reservada elite que se comporta de forma clandestina. Por supuesto: la película no escupe nada de esto. Los mensajes los comunica a través de la simbología tan sutil que siempre caracterizó al director más perfeccionista de todos los tiempos.

Kubrick adquirió los derechos de la novela austriaca Dream Story (de Arthur Schnitzler) en 1960. La consideró una novela idónea para adaptarla a una historia sobre las relaciones sexuales, aunque tardaría casi 40 años en verla plasmada en la pantalla grande.

Lo curioso es que el director murió, de forma inesperada, cinco días después de entregar la versión final de la cinta. Considerando el hecho de que nos habla de una sociedad secreta que elimina a aquellos que se cruzan en su camino, algunas teorías sobre la sospechosa muerte del director comenzaron a surgir. ¿Mostró demasiado al público? ¿Hizo enojar a alguien en particular? Nunca lo sabremos. 

► Por lo pronto, veamos algunos de los temas que toca Eyes Wide Shut.

***

Lo primero que llama la atención es que los protagonistas, la pareja de moda de aquella época (Cruise y Kidman) interpretan a una pareja (Bill y Alice) más bien fría, profundamente insatisfecha y que se mantiene unida por conveniencia. Ante nuestros ojos se nos presenta la típica imagen de hombre capaz de proveer (un doctor reconocido cuyo lema probablemente sea “todos tenemos un precio” y que tiene un nombre que se traduce directamente en “billete”) y la de una mujer hermosa y con cualidades de madre.

Aunque el primer acto (la fiesta) aparenta ser bastante banal y servir de introducción a la historia, en realidad revela muchísimas cosas. Conociendo la especial atención a los detalles de Kubrick, cada escena es para analizar íntimamente. Aparecen símbolos paganos (la estrella de Ishtar, por ejemplo) que se unifican con el ambiente navideño en el que se sitúa la historia. Ishtar era la diosa babilonia de la sexualidad y se le rendía culto con rituales sexuales y orgías.

Este concepto aparece más tarde en la película.


Durante la fiesta, Bill y Alice se separan, y ambos son guiados hacia la tentación. Ella conoce a Sandor Szavost, con quien baila. Él le comenta sobre una serie de libros llamados Ars Amatoria (El arte de amar), escritos del poeta romano Ovid que esencialmente fueron una guía para la infidelidad discreta. Sandor toma del vaso de Alice, y este es un truco tomado directamente de aquel libro. Tomar de la copa de otro envía un mensaje subliminal pero claro: “Quiero intercambiar fluidos con vos”.

Otro detalle es el nombre de Sandor, que podría llegar a ser una referencia al fundador de la Iglesia de Satán (Anton Szandor Lavey). Quizás Kubrick nos está diciendo que este hombre que intenta que Alice le sea infiel a su esposo es parte de una elite oculta. Sandor tiene una personalidad hiptnótica y desde la primera escena aparenta ser absolutamente encantador.


Mientras tanto, Bill está charlando con dos cachondas jóvenes que dicen que quieren llevarlo al lugar donde “el arco iris termina”. Aunque la frase parece enigmática en principio, si uno observa bien es posible notar que hay muchísimos arco iris a lo largo de la película.

Pero no nos adelantemos.

La cuestión es que ambos están en una fiesta de la alta sociedad, en la mansión de Victor Ziegler (uno de los acaudalados pacientes de Bill). Ziegler vuelve a aparecer recién al final de la historia. No sólo se lo muestra rico, sino como parte de la ultra elite. Todo parece indicar que es en este tipo de fiestas donde “las cosas realmente ocurren” y que detrás de la fachada se esconde algo oscuro, quizás perverso.

De hecho, Bill termina ayudando a una prostituta con sobredosis con la que estaba Ziegler, mostrando la otra cara de la moneda. Una mujer que, de hecho, va a tener un papel fundamental en el desarrollo de la historia.

Aquella escena en aquel baño gigante está tambien sobrecargada de detalles y símbolos, como el hecho de que claramente ella era la esclava y él el maestro en una suerte de relación masoquista. Se nos revela, por primera vez, lo que hay tras la cortina de la realidad.

El papel de Alice (Nicole Kidman) aunque es pequeño, no deja de ser fundamental. Aunque vive con todas las comodidades, se la ve extremadamente aburrida con su vida de madre casera. Esto hace un paralelo claro, quizás el menos sutil de todos, con Alicia, la historia de una niña privilegiada que estaba aburrida de su vida y terminó en el País de las Maravillas.

Incluso, Alice aparece muchísimas veces reflejándose a través de espejos (uno de los elementos claves en el cuento de hadas)… quizás buscando algo más en su vida. En el mismo póster de la película aparece la pareja besándose en un espejo y ella mirando “a través de él”.

Ahora sí: ¿qué onda con los arco iris?

Las luces multicolores y los arco iris son una constante en Eyes Wide Shut


Para empezar, el lugar donde Bill alquila el traje para ir a la misteriosa fiesta se llama “Rainbow”. Además, casi todas las escenas tienen multicolores debido a la decoración de Navidad (que también da una estetica onírica y difusa). Casi todas las veces que Bill entra a una sala, lo primero que ve son las multicolores luces navideñas, y muchas veces están puestas en el foco de atención.

El único lugar que no tiene decorado navideña es el palacio Somerton, casualmente el lugar donde el ritual de la sociedad secreta está sucediendo. Somerton es un espacio totalmente opuesto al mundo real, casi como un lugar de fantasía.

De esa forma: dos mundos coexisten en la película. El primero, el mundo arco iris, es el más iluminado, es donde todos viven felices y tratando de llegar a fin de mes. El otro, donde los arco iris (en otras palabras: las luces) se terminan, es reservado, silencioso y oscuro. Allí todos usan máscaras venecianas y llevan a cabo prácticas estrambóticas.

Claro que toda esta simbología no es fundamental para comprender la trama. Pero como pasa con otras cintas de Kubrick (El Resplandor y Dr. Strangelove, por ejemplo) hacen que la experiencia cinéfila sea mucho más intensa y emocionante.

Entonces, el significado críptico de las modelos, aquello que le dicen a Bill sobre “llegar adonde termina el arco iris”, muy probablemente se refiera a “ir hacia donde la elite se reúne”. Y otro dato: cuando le dicen esto a Bill, hay un árbol de Navidad tras ellas.

El conflicto se dispara luego de la fiesta. Alice, quien rechazó a Sandor, le cuenta a Bill que estuvo muy cerca de serle infiel. Los sentimientos de celos, traición, inseguridad y humillación comienzan a emerger en el protagonista, quién se embarca en una salida nocturna que terminará por cambiar su vida.


Hay muchísimo para analizar en esta película, y llevaría varios posts (o uno muy extenso): el rol de Nick Nightingale como guía hacia lo oculto, la contraseña para ingresar (Fidelio = fidelidad en latín), las máscaras venecianas, el ritual y sus participantes, etc.

Los encuentros de Bill con cada una de las mujeres son todos fascinantes y muy locos, cada uno expone temáticas diferentes. Ni hablar de cuando él se infiltra en la sociedad y experimentamos algunas de las escenas más bizarras que el cine brindó después de las películas de David Lynch.


La conspiración que parece estar detrás de todo nos termina llevando hacia un final que muchos nunca llegaron a comprender, aquella escena con Bill y Alice tranquilos haciendo compras, y una última palabra que termina de cerrar magistralmente la temática de la película. Pero prefiero no arruinar tanto la trama y permitir que los lectores le peguen una mirada. No tiene desperdicio.

 ¡Hasta la próxima!

OTROS ANÁLISIS CINÉFILOS DE KUBRICK:




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lunes, 2 de noviembre de 2015

Grandes horrores (I) – El entierro prematuro


No soy fan del cine de terror, pero es uno de los géneros más importantes en Cine, Televisión, Literatura y otros medios y ocupa un espacio importante en la cultura pop.

Si hay un horror que entra en la categoria de “Grandes horrores”, es indudablemente el miedo a ser enterrado vivo. Por lo menos en la cultura occidental del siglo XIX resultó ser algo por lo que temer. Se conocieron numerosos casos reales en los cuales los doctores habían errado en la declaración de muerte.

De hecho, los ataúdes a menudo se equipaban con artilugios complejos que permitieran al necesitado pedir ayuda en tan comprometidas circunstancias. Edgar Allan Poe se aprovechó de esta preocupación para concebir uno de sus relatos más interesantes: “El entierro prematuro” (“The Premature Burial”, 1844).

Poe ya lo había hecho antes. Él siempre leía los diarios para inspirarse en sus historias, como lo hizo con el misterio de Marie Roget (que generó tanta controversia en su momento). En El entierro prematuro un narrador anonimo describe con crudeza un trastorno médico que lo aqueja (catalepsia). Debido a ello, tiene un pánico mortal a ser enterrado vivo y lo considera “la mayor de las posibles desgracias”.

En el texto es llamativo cómo se entremezcla realidad con ficción en un formato de cuento / artículo de divulgación, ya que el narrador comenta varios casos probados (de los cuales algunos de ellos sucedieron en verdad).


Imagínense: ¡la preocupación y el espanto eran tan inmensos que hasta se fundó la Society for the Prevention of People Being Buried Alive en la Inglaterra del siglo pasado! El éxito de la novela Drácula (de Bram Stoker) también tuvo un poco que ver: la gente comenzó a creer en la existencia real de vampiros, cadáveres animados que se levantaban de su tumba por la noche.

La diferencia del texto de Poe sobre ser enterrado vivo contra otros de sus relatos de terror es que, contrariamente a su estilo, el narrador termina curándose de su enfermedad.

Cortázar alabó esta macabra historia y el biógrafo clásico de Poe (Hervey Allen) consideró que se trataba de “una de las más genuinamente mórbidas historias que Poe escribió, la cual parece tener origen en el sentimiento de catástrofe inevitable que durante largo tiempo había ido pareja a su melancolía, o quizá en algún ensueño agobiante debido a su afección cardíaca”.

Como sea, Poe fue un fanático de este tema, y varios de sus cuentos muestran alteraciones de un entierro prematuro:  El barril de amontillado (1850), Berenice (1835), una historia absolutamente sádica, y La caída de la casa Usher (1839), entre otros.

Pueden leer “El entierro prematuro” (Edgar Allan Poe, 1844) en este link

Alfred Nobel tenía tanto miedo de ser enterrado vivo que dejó instrucciones claras y específicas para que el doctor que anunciara su muerte le cortara las arterias del cuello, sólo por seguridad.

En 1968, una joven Barbara Jane Mackle fue secuestrada, drogada, metida en un ataúd y enterrada viva. Sus captores pidieron medio millón de dólares. 3 días más tarde fue hallada debilitada pero viva. Escribió un libro sobre la experiencia (83 Hours 'Til Dawn).

En la cultura pop este temática aparece de forma frecuente.

El último episodio de Fargo (tercero de la 2da temporada) terminó con un ejemplo de entierro prematuro, una de las formas más malignas que el villano puede utilizar contra nuestro incapacitado héroe. ¿Le dispara un certero tiro en la capocha? ¿Le corta el cuello? ¿Lo decapita o lo mete en un trampa mortal con rayos láser? No, nada de eso. LO ENTIERRA VIVO. Esto hace que no exista arma asesina y que no tenga que preocuparse por deshacerse del cuerpo (de hecho: acaba de hacerlo).

Budd se lo hace a la Novia en una de las escenas más fuertes de Kill Bill: Volumen 2. Ella escapa, pero con mucha dificultad. Lo más perturbador es que el entierro se muestra desde el punto de vista de Uma Thurman, lo que implica varios minutos de respiración pesada, sonidos de tierra que cae y oscuridad total.

Varias películas de El juego del miedo finalizan con una variación del tema (personas vivas encerradas en cuartos en los que probablemente morirán). También es el argumento de “Enterrado”, con Ryan Reinolds. Él es un contratista civil en Iraq y tiene la desfortuna de ser sepultado por un grupo de terroristas. Toda la película sucede adentro del ataúd y muestra los repetitvos intentos del protagonista por contactarse con el exterior y escapar (spoiler alert: no lo hace).


Ryan Reinolds, algo así como el Sebastián Estevanez de Hollywood...

En realidad el tema es más antiguo que el feudalismo. La heroína de Antígona (de Sofocles), por ejemplo, es sentenciada a este tipo de muerte.

Muchos años más tarde, Alias (la serie de J.J. Abrams) terminaba también de esta forma. En el episodio final, Sloane ha finalmente alcanzado la inmortalidad gracias a los artefactos de Rambaldi, pero queda atrapado en una cueva luego de que uno de los buenos lo aprisiona. No va a morir, pero seguramente vivirá un eterno aburrimiento.

Los Cazadores de Mitos intentaron investigar si es posible sobrivir bajo esas terribles condiciones y comprobaron que (probablemente) no. Demostraron que no es posible golpear el ataúd hasta romperlo con las manos (como hace la Novia en Kill Bill). Y por más que uno lo lograra, no podría escarbar a través de seis metros de tierra y en menos de media hora (antes de que se quede sin aire). Básicamente, serían aplastado por el peso de la tierra y se sofocaría. Horrible.

Harry Houdini, por su parte, intentó realizar este proeza y con resultados catastróficos. No lo logró, quedó inconsciente y fue necesario sacarlo de emergencia.

También son enterrados vivos: un personaje en el final de temporada de The Following (Debra Parker, la novia de Kevin Bacon en la serie), Lisbeth Salander en “La niña que jugaba con fuego”, el “rey” de Qarth en Game of Thrones (él queda contenido en una bóveda en la que seguramente morirá, una suerte de “muerte kármica” viendo todas las que se había mandado) y casi le sucede a Blancanieves. La Reina Maléfica creyó que una vez que Blancanieves estuviera aparentemente muerta, los enanos la enterrarían. Afortunadamente, no tuvieron el corazón para hacerlo.

En la vida real muchos en latinoamerica seguramente recordemos a los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados durante 69 días en el 2010. Su rescate fue visto en directo por el mundo entero.  Y cómo olvidar el ataque a las torres gemelas en el 2001. Varios rescatistas quedaron atrapados por días entre los escombros de las torres caídas. Oliver Stone hizo la película World Trade Center  (2006) basándose en esta historia.

Por último no quiero dejar de mencionar mi cuento “Implacablemente suyo”, que pueden leer en el blog y tuvo la fortuna de llevarse un importante premio literario. Allí vemos también una innovación de esta idea, y con resultados escalofriantes. ¡Pasen y vean!

Acá pueden leer “Implacablemente Suyo”, cuento de mi autoría que ganó el 2° premio en el 1er Certamen Literario “Dr. Juan Atilio Bramuglia”.

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jueves, 29 de octubre de 2015

Mariano Pereyra: la sutileza de lo absurdo


Conocí a Mariano leyendo varios cuentos ganadores del premio Rulfo (al igual que me pasó con la genial Samanta Schweblin). Sin querer, y como suele pasar, me topé con uno de sus cuentos: “El metro llano”, ganador del Rulfo en el año 2009.

Hablar de ese cuento implicaría realizar toda una nota dedicada exclusivamente a éste. Es magistral desde donde se lo mire: una forma impecable enlazada con un contenido absolutamente original. El argumento nos habla de una peculiar carrera donde el ganador es, paradójicamente, el menos rápido.

Lo leí de esta fuente, aunque al parecer (y según el autor) no se trata de la versión final. Maravillado por el relato, le escribí a Mariano. Me pasó una de sus antologías para leer (“Los ferrodontes y otros cuentos”, 2011) y concertamos realizar una entrevista virtual para este blog. Una que resultó ser de las más interesantes que tuve la posibilidad de hacer.

Pereyra se considera un “letrador” (en lugar de un escritor); sin embargo, detrás de su humildad se esconde un narrador hábil para escapar de los lugares comunes y sus textos son tan creativos como novedosos en su contenido.

Los ferrodontes y otros cuentos” es una brillante antología de 14 cuentos –la mayoría cortos y el último, que da nombre al libro, más extenso– que disfruté muchísimo. El leit motiv de las historias, si es que puede considerarse como tal, es el absurdo. En Marketing Taurino, por ejemplo, un dueño de una cristaleria le enseña –mediante condicionamiento de Pavlov– a un salvaje toro a ser fino, sutil y refinado. Es un relato tragicómico donde el autor aplica mucha sutileza y ejecuta un sistema de “premios y castigos” en el animal para desarrollar un cuento deliciosamente cómico que sorprende en su desenlace.

Otro cuento, El encerrista, nos narra las aventuras de un hombre con la inservible habilidad de “enredarse” (literalmente) en cualquier cosa que encuentra. Gracias a ello logra alcanzar la fama como una parodia de Harry Houdini (para terminar “extinguiéndose en el reino de un neptuno cruel”).


"El metro llano": un relato donde gana el menos rápido. 

En sus cuentos aparece siempre una situación absurda, imposible bajo nuestras reglas mundanas, que quiebra lo ordinario en un instante. Así, aparecen la ironía y la parodía. Aunque Pereyra también es un maestro de la sutileza (ya lo dije) y por eso ese absurdo no se presenta de forma hiperbólica… es una mentira creíble que nos invita a una suspensión de la incredulidad. Cosas raras suceden en sus textos, y nosotros las aceptamos sin chistar.

Sicarios en huelga fue otro de mis cuentos favoritos de su antología. Allí se relata el caos al que sucumbió el mundo cuando el Sindicato de Asesinos a Sueldo realiza la primera y más silenciosa huelga mundial. Es un cuento muy policial (quizás el más policial de todos junto a Los ferrodontes) que me recordó mucho a “Las muertes concentricas”, un maravilloso cuento de Jack London. En Sicarios en Huelga me encontré con una de las formas de matar más originales que, seguramente, habrían puesto envidioso al mismo Arthur Conan Doyle. Sólo voy a decir que involucró a un gato y a un escorpión.


En “Los ferrodontes y otros cuentos” también prima la cotidianedidad, el día a día en el barrio. Carozos, por ejemplo, es una historia fatídica donde dos amigos con diferentes filosofías de vida (Osuna y Suarez) se baten a duelo por culpa de una aceituna. Al natural trata del primer desembalsamador del mundo y Lectura infantil cuenta como un niño, inadvertido por sus padres y maestros, aprende a leer con el libro Mein Kamp (“Mi lucha”) que alguien dejó en la bilbioteca sin cuidado. ¡Las ideas del hombre más nefasto de la Tierra se le impregnan y de formas inimaginables!

Otro relato marcado por lo cotidiano (y, simultáneamente, por lo irracional) es Un punto de menos. Es un muy divertido relato con el que los aspirantes a escritores (como yo) podemos sentirnos identificados. Sus temáticas son el bloqueo de escritor y el proceso creativo de escritura. Un narrador intenta escribir un cuento mientras su mujer limpia la casa. Ambas situaciones comienzan a entremezclarse con resultados inesperados.

Creo firmemente que Mariano Pereyra es una de las lecturas más imprescindibles de los cuentistas argentinos contemporáneos, y recomiendo ampliamente “Los ferrodontes y otros cuentos”. Acá está la entrevista que humildemente le realicé y, por supuesto, sus respuestas (que son infinitamente más interesantes que mis preguntas).

***

Entrevista a Mariano Pereyra

1.- Es probable que escribas durante gran parte de tu tiempo libre, pero seguramente haya lugar para algo más. ¿Qué hobbies mantenés aparte de la escritura? ¿Qué otras cosas te apasionan?

En mi caso la literatura no cumple con los requisitos de hobbie. Escribo por necesidad, porque es lo que hice siempre, me gusta contar historias, escribirlas, pero esta actividad no siempre tiene que ver con el entretenimiento y la diversión, incluso, en ciertos momentos, está más relacionado a procesos de construcción de formas, corrección y definición de argumentos que están lejos del entretenimiento. Me apasiona la radio como medio, el arte (principalmente las artes visuales), la música, el tabaco de pipa y el whisky. No sé si estas pasiones pueden considerarse hobbies, pero son formas de regalarme momentos muy placenteros.

Hablando estrictamente de hobbies, durante mi infancia fui un filatelista obsesivo, que sacrificaba el sueño de las mañanas de los sábados para ir al correo a buscar las estampillas recién llegadas de impresión. Esa colección duerme en la casa de mis viejos quizá con la esperanza de que alguien la herede para continuarla, pero creo que la obtención de sellos postales en estos tiempos es un poco más compleja.

Respecto a otros gustos, siempre jugué al fútbol y cómo hincha lo sufro siguiendo, en el averno de las categorías, a Talleres de córdoba. Practiqué natación, rugby y waterpolo durante mucho tiempo. Me gustaban mucho los videojuegos, específicamente las aventuras gráficas de Lucas Arts y podría seguir enunciando actividades, pero creo que estoy embarrando un poco la categoría de hobbie.


2.- En “Los Ferrodontes y otros cuentos” (Ediciones B México, 2011) se percibe una atmósfera de fantasía, casi surrealista, y un estilo paródico, irónico, que recuerda a autores como Quiroga, Fontanarrosa y Cortázar. ¿Qué autores considerás grandes influenciencias y mentores en tu manera de narrar?

Comparto tu percepción acerca de la atmosfera de los cuentos, creo que lo paródico, lo irónico, incluso lo surrealista tiene que ver con mis intenciones (al menos en esa antología) de jugar con las perspectivas abollando puntos de vista, invirtiendo los esperable con lo inesperado.

Las influencias son muchas, algunas evidentes y otros ocultas, que descubro tiempo después. Sin dudas Borges, Cortazar, Castillo, Di Benedetto, Carver, Salinger, Quiroga, Arreola, Dostoievski, Lovecraft y Poe están entre los escritores que más admiro y que seguramente me han influenciado. De todos modos mi enumeración es injusta, y apenas ponga el punto final en esta respuesta voy a querer agregar a otros escritores que admiro y envidio, y más tarde también.  (Asimov, Berger, Rulfo, Arlt…) .

3.- Uno de mis relatos preferidos de “Los Ferrodontes y otros cuentos” fue Marketing Taurino, una desopilante historia especialmente marcada por la sutileza. Creo que la gran mayoría de los relatos de tu antología tienen esa característica en común y apuntan a un lector más bien avispado, atento y –me atrevo a agregar– no amateur. ¿Te preocupa que, quizás, tus cuentos puedan llegar a ser “inentendibles” o “demasiado complejos” para el lector casual, o que precisen de un bagaje cultural determinado para terminar de captarlos?

Creo que el cuento es un género que exige la participación activa del lector. 

Las aporías, los cabos sueltos, algunas metáforas, las referencias veladas y otros recursos son parte de las historias que un lector activo podrá apreciar e incluso disfrutar. No pienso demasiado en los distintos tipos de lector cuando escribo pero me guío por una imagen de lector arquetípico que tengo en la cabeza y que, en principio, es más inteligente que yo, por ese motivo me impongo evitar cualquier posibilidad de subestimación intencional o accidental.

Al mismo tiempo, me parece que si la aparente complejidad hace de un cuento algo inentendible, no es problema del lector (más allá del bagaje cultural). Suele ocurrir que se confunde mucho escribir difícil con escribir bien. 

Pienso que los grandes escritores, en general, logran la combinación justa de belleza, simpleza y eficiencia en sus formas.

4.- Devoré los libros de Harry Potter a medida que fueron saliendo, aun sabiendo que son lectura pasajera y que apuntan a un público infantil. Yo ya estaba en la secundaria y, sin embargo, los disfruté enormemente. ¿Tenés alguna lectura que consideres un “placer culposo”?

Soy muy prejuicioso con best sellers y libros de temporada. Es un defecto grave que me ha llevado a descubrir tarde a tipos que me creo que escriben muy bien (Stephen King, por ejemplo). Hay libros que definitivamente no leo, como los de autoayuda o derivados reptantes y me dejo llevar por el prejuicio más irracional cuando veo en las vidrieras a ese tipo de textos ocupando lugares que podría ocupar la literatura. Sin embargo no siento culpa de leer nada que me de placer, yo también leí toda la saga de Harry Potter con bastante entusiasmo, y lo hice muchos años después de haber terminado la secundaria. Debo admitir, también, que con ciertos escritores me cuesta bastante discernir cuando una obra es para el público infantil/juvenil o para adultos…por ejemplo, creo que los cuentos de Elsa Bornemann (catalogadas como literatura infantil) son obras geniales para los lectores de cualquier edad.

5.- El sueño de cualquier escritor es poder vivir exclusivamente de su literatura, pero sabemos que esto es prácticamente imposible, y particularmente en un país como el nuestro. ¿Qué pensás al respecto? ¿Cuáles pensás que son las grandes limitaciones en Argentina?

Pienso que hay que escribir. Aquellos afortunados (la enorme minoría) que viven de su literatura deben agradecer al destino y aquellos que no vivimos de la literatura aprendemos a generar tiempo y espacio para escribir. Creo que las limitaciones para vivir de la literatura no son exclusivas de Argentina. Sí hay una clara diferencia de Hispanoamérica con países anglosajones, donde cualquier obra escrita, cualquier texto publicado se paga. El trabajo del escritor tiene un valor monetario. En nuestros países es más habitual agradecer el solo hecho de que alguien nos publique gratis.

Creo que no hay que desalentar a los que escriben, en lo personal, de pibe, me afectaron mucho algunas frases de escritores a los que admiro como Abelardo Castillo o Vargas Llosa en las que aseguraban que para ser “escritor” había que dedicar todo el tiempo, la vida entera, solo a la labor de escribir (y leer). Digo que me afectaron porque siempre supe que no viviría de la literatura y por lo tanto mis días no estarían dedicados exclusivamente a escribir, pero con el tiempo lo solucioné: escribo de noche y nunca me autodenomino escritor…soy en todo caso letrador. Por otra parte, me gusta mi trabajo y mi vida familiar, que son fuentes inagotables de ideas que de noche moran mis cuadernos.

Respecto al ingreso al selecto mundo de “los vendidos”, “la vanguardia”, etc. Creo que muchas librerías/editoriales de la ciudad de Buenos Aires, junto con la UBA, funcionan como agentes canonizadores que imponen nombres y determinan a toda la literatura nacional desde un sector muy pequeño. No estoy diciendo nada nuevo, creo que el mundo editorial siempre funcionó así, el problema es que una legión de escritores anónimos quizá no pueda (o no quiera) moverse en un mundillo específico para tener publicidad, verse publicado y presente en suplementos literarios y quizá cobrar los mangos necesarios para subsistir con lo que se escribe.

6.- Hoy tenemos a disposición más de una manera de leer: clásicos libros impresos, e-books, miles de textos en Internet. ¿Qué formato de lectura elegís principalmente y por qué? De la mano de la pregunta anterior: ¿Se ha perdido hoy el hábito de la lectura? ¿O creés que los intereses han evolucionado hacia algo diferente?

En lo personal, en general leo libros impresos. 

Todavía tengo el fetiche con el objeto en papel y me resulta lo mejor para leer. Leo y he leído mucho en dispositivos electrónicos, principalmente obras difíciles de conseguir en papel. 

Es una posibilidad maravillosa. 

En lo personal, me resulta menos cómoda la lectura y escritura en computadoras o tablets ya que el sistema de “scroll” de la pantalla segmenta demasiado el texto y me resulta extraño, quizá es una locura mía, pero me parece que estoy leyendo de a dos párrafos, de a pedazos y eso me genera un constante “entrar y salir” de la lectura…se me hace más difícil mantenerme inmerso en la lectura. 

Respecto a la escritura, el primer original lo hago a mano, en cuadernitos escolares. La computadora me sirve como instancia de corrección, pero como una más dentro de varias.

No creo que se haya perdido el hábito de la lectura, se diversificaron las formas de leer. Los nuevos dispositivos generan una relación permanente con textos de todo tipo. Si hablamos de literatura, quizá ya no sea el estímulo más sorprendente, pero tengo la hipótesis que todos los nativos digitales descubren la lectura de libros en algún momento, quizá en una edad más avanzada, pero con la misma pasión que nosotros (los analógicos). El libro se vuelve algo extraordinario cuando todos los estímulos digitales y tecnológicos ya son rutina. No veo en la tecnología un elemento opuesto a la literatura.


7.- Descubrí (leyendo tu antología) que sos un autor que sabe escapar, muy eficientemente, a esos detestables “lugares comunes” con los que un escritor siempre está en constante batalla. ¿Te sale de forma más o menos natural o es el resultado de una revisión fina de tus escritos?

Los lugares comunes tienen que ver con una utilización practica del lenguaje. Me parece que la utilización de tópicos habituales tiene que ver con la comodidad, con la pereza. El lugar común es la permanencia de sentidos que por reiterados parecen verdaderos o acertados. Creo que fue Aristóteles quién planteó la necesidad de usar tópicos en el discurso, pero no creo que haya sido su intención que esos tópicos sean temas y frases repetidas desde la antigua Grecia hasta hoy…y que exploten en su máximo nivel de utilización burda en las canciones de Arjona. Seguramente si el viejo Aristóteles viviera hoy, estaría buscando al guatemalteco para darle un buen castañazo.

De todos modos, cualquiera puede caer en lugares comunes. Es difícil deconstruir lo rutinario del lenguaje y las historias para buscar la innovación. En mi caso no creo haber escapado siempre, pero como procuro que mis obras sean lo opuesto a lo habitual, el lugar común es mi herramienta de trabajo, es el objeto que deformo a martillazos de tinta para transformarlo en algo más o menos original, distinto. También es necesaria esa revisión fina que mencionas, y varias revisiones gruesas, podas, tachones, reescrituras completas e incluso abandonos de obras que no funcionan.

8.- Un escritor tiende a enamorarse de cada uno de sus textos, aunque reconozca que no es su mejor trabajo. Y es duro cuando alguien, sea crítico literario profesional o no, los destruye y los deja por el piso. ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Qué opinás del rol del crítico para un escritor?

Me ha pasado muchísimo, me pasa y me seguirá pasando. El 98,34% de las obras que he presentado a concursos, editoriales y agencias literarias (notarás lo precisa de mi medición porcentual) han sido rechazadas, y la mayoría casi sin lectura o con apenas una hojeada. También tuve críticas “negativas” cuando se me publicaron obras ganadoras en algún concurso.

Hay que acorazar el ego, es la única alternativa, construir una armadura contra las decepciones y seguir escribiendo. Un buen método es relativizar legitimidades (“y este quién carajo es para decir esto de mi obra”), otro es sondear los rechazos editoriales y críticas recibidas por grandes escritores, pero más allá de que pueda ser doloroso, creo que la crítica, principalmente, sirve mucho. Conseguir críticas de gente que no tenga ningún compromiso con quien escribe es un hallazgo invaluable. Se pueden compartir o no opiniones, pero la lectura detallada, el análisis de una obra y la devolución en forma de crítica es un tesoro que se torna crecimiento, evolución para el autor. Y no excluyo la crítica destructiva, aquella que, aun mal intencionada, empuja a repensar lo escrito, a revisar las bases de una idea e incluso a tirar una obra a la basura. La crítica es un factor fundamental para el arte, porque genera movimiento, porque genera meta-obras al analizar otras obras, porque levanta interrogantes, porque impulsa a corroborar o refutar tesis. Creo que el arte se nutre del movimiento y la crítica es una fuente de dinámica saludable para todos.

9.- George Orwell, en un ensayo maravilloso (“Por qué escribo”, 1984), enumera los motivos por los que un escritor escribe: el egoísmo agudo, el entusiasmo estético, el impulso histórico y el propósito político. ¿Te considerás dentro de alguna de esas categorias? ¿Qué es lo que empuja esa necesidad de crear historias en vos?

Si tuviera que enmarcarme en las categorías de Orwell, me veo más cerca del egoísmo agudo y el entusiasmo estético. Es un acto egoísta y solitario, sin dudas. Escribo porque lo necesito, porque creo que es el campo en donde mejor puedo expresarme, porque es el sitio donde depositar los montículos de fantasía y obsesión que se me acumulan en la cabeza. El entusiasmo estético está presente en la búsqueda permanente de formas, en el vagabundeo por entender ese concepto ambiguo que muchos llaman estilo y en la experimentación de caminos alternativos a la autopista del lugar común del que hablamos antes.

10.- Marketing Taurino, El Encerrista, El Metro llano y Sicarios en Huelga, entre otros, son todos ejemplos de relatos absolutamente creativos y originales. ¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Qué te inspira una nueva historia?

Bueno, es un enorme halago tu descripción de mis cuentos. Esta entrevista es un orgullo porque evidencia la lectura de alguna de mis obras, y no hay nada más maravilloso que ser leído. Mi proceso creativo no es muy ordenado. Todo nace de una idea germinal, que se produce por alguna asociación ridícula en medio de la somnolencia de la siesta, por la combinación de alguna escena cotidiana con algún recuerdo persistente…no sé. No sabría encontrar las fuentes de mis ideas primigenias. Una vez que la idea se me implanta en el pensamiento la anoto en alguna libretita o notas digitales del celular y desde ese momento comienza una constante búsqueda de argumentos que den forma a una historia, pueden pasar semana o meses hasta que logro cerrar una historia, y hasta llegar a ese momento me reconozco en períodos en los que me gana un humor agrio, me pongo más hosco que de costumbre y con una impaciencia que se manifiesta en gruñidos. 

Cuando por fin tengo resuelto el argumento del cuento o la novela, pido disculpas a todos los que me rodean y por fin me pongo a escribir. No sé si es un proceso creativo o el tránsito por algún tipo de enfermedad de los nervios, pero desde que se produce un idea tenue hasta que comienzo a escribir pasa mucho tiempo, y si a eso le sumamos las posteriores etapas de corrección es lógico pensar que ante la obra terminada mi primera reacción sea el desagrado, ya que me encuentro ante algo que se le ocurrió a un Mariano pasado, que ya ha cambiado y quizá aprendido más.

11.- Mariano, muchas gracias por tu tiempo. Para cerrar: ¿en qué proyectos literarios estás trabajando en este momento? ¿Hay algo más que quieras aprovechar para contarnos?

En este momento está en impresión mi novela “Catorce Nueve”, que comenzará a distribuirse en México a partir de noviembre (en Argentina podrá adquirirse por medio de Amazon y otras grandes tiendas digitales). Estoy trabajando en varias obras al mismo tiempo, dos novelas, varias antologías de cuento (una de estas cercana al género policial) y de vez en cuando escribo algún texto “inclasificable” como ser el análisis de las correcciones que realizo el editor de Raymond Carver (Gordon Lish), que quedaron expuestas con la publicación de los textos íntegros de Carver en “Principiantes”.

Fue un verdadero placer charlar de literatura con vos y no puedo dejar de agradecerte por la lectura de “Ferrodontes…”, como dije antes, todo escritor quiere ser leído y es un orgullo encontrar devoluciones como las tuyas, provenientes de la lectura y nada más.

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Cómo contactar a Mariano:

Su twitter: @mletrador

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