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miércoles, 26 de agosto de 2015

Un paseo por el soliloquio de Hamlet


La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca” (o simplemente “Hamlet”) es la obra de teatro más conocida (y decididamente más sobre-analizada) del inglés William Shakespeare. No solo se trata de la pieza más larga, sino que además el texto escrito en 1601 se ha convertido en una de las tragedias más influyentes y poderosas de la historia universal.

En pocas palabras: Hamlet es el Príncipe de Dinamarca. Su padre (¿Mufasa?) fue asesinado por su nefasto tío Scar, digo… Claudio… en un intento de usurpar el trono. El fantasma del fallecido rey se le aparece a su hijo para pedirle que se vengue de su asesino. La obra se va desenvolviendo alrededor de la locura (real, pero también fingida) y de cómo una persona transita los diferentes estados frente a la muerte de un ser querido (pasando por el dolor intenso y la ira desmedida). A su vez aparecen las temáticas de la venganza, el incesto, la corrupción y la traición. Ya saben, esas cosas que le encantan a Shakespeare y a George Martin.

Hamlet decide que la mejor manera de resolver el asunto con su tío Claudio es una buena y tradicional venganza a sangre fría. Para obtener las pruebas necesarias, monta una obra de teatro (una obra dentro de la misma obra) y cubre su comportamiento fingiendo demencia.

Sin embargo, a medida que la trama progresa se vuelve cada vez más ambiguo si Hamlet finge locura o realmente está perdiendo la cabeza. La cosa se complica especialmente con la presencia de un popurrí de personas secundarios: Polonio (canciller del reino y amigo del difunto padre), Ofelia (hija de Polonio y el objeto de afecto de Hamlet), Gertrudis (la madre, que ahora se ha casado con su maligno cuñado) y , por supuesto, el mismo Claudio, que está preparando planes para remover a su sobrino del escenario.

Un bolonqui de aquellos.

Es probable que Shakespeare haya basado su obra en un conjunto de leyendas con temáticas similares que abundaban en diferentes culturas alrededor del mundo: la leyenda romana de Bruto, la saga escandinava Hrolf Kraki, una obra anterior posiblemente escrita por Thomas Kyd (titulada “Ur-Hamlet”), entre otras. Muchos de los elementos de la obra, por ejemplo, fueron tomados de “La vida de Amleth” (Saxo Grammaticus), obra del siglo XIII.

Hoy Hamlet ha sido adaptada numerosas veces al cine, teatro y televisión. Y ha cambiado tanto que muchas veces solo se relaciona en la trama más básica con el contenido original. 

(Piensen, por ejemplo, en “El Rey León” de Disney).

En internet pueden encontrarse adaptaciones super raras, como la edición de Hamlet de Facebook, una versión Manga y una con los personajes de Mario Bros. La obra teatral “Máquina Hamlet”, del aleman Heiner Müller, es una celebrada adaptación surrealista. Por su parte, la película “Legend of the Black Scorpion” es básicamente Hamlet en la China feudal.

Después de un diálogo de Star Trek VI donde se menciona que los trabajos de Shakespeare eran, en realidad, el trabajo de un Klingon, algunas fans con mucho tiempo en sus manos se tomaron el trabajo de traducirlo a lenguaje Klingon.

Orson Scott Card, un declarado del movimiento anti-gay, también hizo el intento de adaptar la historia del príncipe en una extravagante novela de 2008 con pésimas críticas: “Hamlet´s Father”. En ella resulta que el viejo rey es un pedófilo que viola a la mayor parte del elenco masculino para convertirlos en homosexuales y pedófilos como él. En serio.

Por último vale destacar dos casos más. El primero es la película “Royal Deceit” (1994) con Christian Bale y Gabriel Byrne. Una cinta de bajo presupuesto que combina Hamlet con la historia original y vikinga (Saxo Grammaticus). Las opiniones se dividen entre “tan mala que termina siendo buena” y “tan promedio que resulta siendo aceptable”. El último caso es el de la serie “Sons of Anarchy” (del canal FX), que trata de una banda de motoqueros que actuan al borde la ley pero de fondo es una versión de Hamlet ambientada en la época moderna.

Además de engendrar perturbadores adaptaciones, Hamlet es conocida por haber sido generadora y frases clichés que se usaron y parodiaron en todas partes. De todas ellas, seguramente la más conocida (e incomprendida) sea “Ser o no ser…”, que es el comienzo del afamado soliloquio del inicio del acto III.

La obra de teatro no tiene uno, ni dos, sino siete soliloquios en total. Todos son de una profundidad sin igual, y todos están íntimamente relacionados con la trama y el desarrollo del personaje que lo recita. En ese sentido, la estructura de la obra se ajusta a la del teatro isabelino: cinco actos, todos de diferente longitud, y con un lugar especial para los monólogos.


Popular y erróneamente se asocia el monólogo de “Ser o no ser” (que sucede en el acto III) con la calavera del bufón Yorick que Hamlet encuentra en el cementerio durante el acto V. En realidad este monólogo –el tercero de una serie de pensamientos en voz alta que se formula el protagonista– es de carácter existencial y se centra en la duda, pero no tiene nada que ver con una calavera.

En su base, Hamlet es un intelectual quejoso que tiene la carga del peso de su vida. Sus pensamientos paralizan su accionar y es exactamente lo que expone en el soliloquio. Lo interesante de lo que dice es que, más allá de su locura fingida, hace observaciones muy agudas en cuando al espíritu humano, el amor, los pecados y la muerte.

Se trata de un monólogo tremendo y cargado de significado que tiene mucha tela para cortar. Sorprendentemente, se mantiene muy contemporáneo en sus palabras, pese a tener más de 400 años de antigüedad.

“Ser o No Ser, esa es la cuestión”

Hamlet se muestra natural, sin tapujos. Pone en relevancia la incertidumbre de cómo debe vivir, actuar y comportarse frente a los demás . Hay quienes afirman que su frase “ser o no ser” se refiere a ser o no ser como su tío Claudio (es decir, un pecador). 

La verdad es que parecería tener un sentido más amplio: ser humano de forma completa, con todo lo que implica, las más y las menos, las injurias y penurias, o abandonar todo y dejarse llevar por la vida.

“Si es más noble para el Alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro”

Aparece el cuestionamiento de actuar de forma honrada (sabiendo que vas a ser golpeado por la vida) frente a conformarse con lo que pasa alrededor.

“Morir: dormir, nada más.
Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, ¿sería una conclusión seriamente deseable?” 

Morir, dormir: dormir, tal vez soñar.
Sí, ese es el estorbo; pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno 
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia.

Pues, ¿quién soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del Tirano, la afrenta del Soberbio, las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la Arrogancia del cargo, los Insultos que sufre la paciencia, 
pudiendo cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal? 

¿Quién lleva esas cargas, gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá, la tierra inexplorada de cuyas fronteras ningún viajero vuelve,
detiene los sentidos y nos hace soportar los males que tenemos 
antes que huir hacia otros que ignoramos? 

Todos estos versos ejemplifican y desarrollan el dilema planteado al principio por medio de metáforas, ejemplos y diferentes dicotomías: rebeldía vs. resignación, vivir vs. morir, acción vs. reflexión. 

Hamlet se plantea lo sencillo y fácil que sería poner fin a todos los males con el suicidio (“…pudiendo cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal?”), y la idea de que es el desconocimiento de lo que hay luego de la muerte lo que pone freno a esa maniobra.

Hamlet plantea el dilema, lo extiende, lo desarrolla, y luego llega a la inevitable conclusión sobre el final:

La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad por tal motivo se desvían de su curso 
y ya no son acción.

Tomar conciencia sobre nuestros actos sin convertir el pensamiento en acción, propone Hamlet, hace que el individuo se paralice. Es una conclusión que él aplica a su situación particular, pero que puede extenderse a cualquier ámbito de nuestras vidas. Rendirse o seguir peleando. Cuando pensamos demasiado las cosas, cuando nos conformamos con las injusticias, cuando dejamos que las cosas suceden porque “así sucedieron siempre”, somos unos cobardes.

Cada vez que releo este monólogo, se me eriza la piel.

Aunque el texto en español es una traducción posible de las tantas que hay dando vueltas, la densidad conceptual está presente. Hay una precisión en la elección de palabras y elegancia en la forma en que arma cada verso. Hay muchísimos recursos formales empleados y que moldean el contenido para intensificar ideas importantes y brindar más fuerza a lo que se quiere transmitir.

Shakespeare fue un conocedor del alma humana y las penurias del hambre. No es casual que por eso tantos de sus personajes se hayan convertidos en símbolos y fluentes de influencias. Si Macbeth representa la ambición humana, y Romeo y Julieta el amor, Hamlet es la vacilación por excelencia. Muchos investigadores se han preguntado por qué él tarda tanto tiempo (esencialmente toda la obra) en llevar a cabo su plan, por qué duda tanto. Al respecto hay varias teorías interesantes, pero serán motivo de otro post.

Leer Hamlet es ponerse uno contra uno con las dualidades más elementales del hombre: la locura y la razón, la honradez frente a la maldad, y la justicia por medios legales frente a la venganza (justicia por mano propia). 

Temas, por supuesto, atemporales.

El soliloquio de Hamlet en mi traducción preferida:



Ser o No Ser, esa es la cuestión:
Si es más noble para el Alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro....

Morir: dormir, nada más.
Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, ¿sería una conclusión seriamente deseable? 

Morir, dormir: dormir, tal vez soñar.
Sí, ese es el estorbo; pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno 
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia.

Pues, ¿quién soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del Tirano, la afrenta del Soberbio, las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la Arrogancia del cargo, los Insultos que sufre la paciencia, 
pudiendo cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal? 

¿Quién lleva esas cargas, gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá, la tierra inexplorada de cuyas fronteras ningún viajero vuelve,
detiene los sentidos y nos hace soportar los males que tenemos 
antes que huir hacia otros que ignoramos? 

La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad por tal motivo se desvían de su curso 
y ya no son acción.
(...)

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jueves, 29 de agosto de 2013

Influencias literarias (III): everybody loves Shakespeare


No cabe ninguna duda que Mr. Shakespeare es el más grande escritor moderno inglés a la fecha. 400 años después, sigue siendo el preferido del país británico. Sus obras se han convertido en películas, sus sonetos aparecen en libros y música, y sus trabajos fueron traducidos a todos los idiomas del universo. Asimismo, su contribución al lenguaje del inglés es inmensurable.

Estamos en el nuevo milenio, y William sigue disfrutando de una popularidad descomunal. Históricamente, cada generación ha adoptado a Shakespeare como suyo, atribuyéndose sus trabajos, creencias, frases, reflexiones e ideas y considerándolas “inteligentes”, “cool” y apropiadas en cada época. Incluso –seamos sinceros–: ¿qué otro dramaturgo puede nombrar la gente común?

Muchos conocen sus obras a través de lo que quizás podríamos denominar Osmosis Popcultural. Las últimas tragedias del autor, “Ser o no serHamlet y el Rey Ricardo III –ese pícaro drama sobre la vida de un rey muy aficionado a la lectura y tan zoofílico que incluso es capaz de cambiar su reino por un caballo– se consideran obras cumbres, máximas, emblemáticas.

... mientras tanto, el resto de sus trabajos (Macbeth, Otelo, Romeo y Julieta) han tenido un impacto en la cultura popular tremendo. ¿Cuántas historias son, a fin de cuentas, un recuento de la trágica historia de Romeo y Julieta? (Me viene a la cabeza la interesante película de ciencia ficción “Upside Down”).

Sin ir más lejos, el autor ha llegado a tener hasta cinco de sus obras estrenándose simultáneamente en distintos lugares del mundo. En el cine y la TV, cualquier personaje (sea héroe o villano) gana clase y nivel citando algunas de las famosas citas del dramaturgo inglés. ¡Funciona todo el tiempo!

En el blog, ya estuvimos hablando de Ray Bradbury y su “Feria de las Tinieblas”. El título original (“Something Wicked This Way Comes”) sale de Macbeth, mientras que la obra más representativa de Aldous Huxley (“Brave New World”, traducido como “Un mundo feliz”, del cual hablaremos en otro post) llega de la obra de La Tempestad.  Jorge Luis Borges tomó “There are More Things” de “Hamlet” igual que Alfred Hitchhock lo hizo con “North by Northwest” (quizás su obra más importante, tema que discutiré también en otra oportunidad). 

A la Sra. Agatha Christie, por otro lado, le fascina tomar títulos de las obras de su compañero británico (“By the Pricking of My Thumbs”, “There is a Tide”, “The Mousetrap”)

Los elementos que Shakespeare ha popularizado son varios y recurrentes. La idea de tener personajes ambiguamente homosexuales (aquellos que no tienen aparente interés en el sexo opuesto) se debe, en gran parte, a su imperio de influencia. De igual modo podemos mencionar el reiterado uso de las profecías que siempre se cumplen –exceptocuando no– y casi siempre significan algo distinto que lo que uno pensaba. (Claro que este elemento es más propio de la tragedia griega, pero se encuentra muy presente en la obra shakesperiana).

Por último, me animo a opinar que la ambientación al estilo “cuento de hadas” se le atribuye en gran parte. Muchas de sus obras se ubican en cortes reales o bosques mágicos e incluyen criaturas mágicas, mitológicas, sangre real, etc. 


¡Ah… y la idea de “MÁTALOS A TODOS!” no se le ocurrió a George Martin. La mayoría de las tragedias de este simpático autor terminan en un horrendo mar de sangre.

Estoy debiendo varias obras de él; particularmente me interesa “Mucho ruido y pocas nueces”. Cuando la lea y reflexione, seguramente habrá un post para debatirla en este humilde espacio.

Si les gustó la nota, háganmelo saber en un comentario, compartiendo el contenido o bailando Thriller como Michael Jackson. ¡Espero sus comentarios en el blog o en mi página! ¡SALUDOS!


Capítulos anteriores:

Episodio I: “La dimensión desconocida
Episodio II: “Tras las huellas de Scooby-Doo
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