Escribir es mentir elegantemente.
Lo interesante de este tipo de relatos es cuando no podemos
identificar qué sección es inventada por el autor y qué sucedió realmente. Y es
que ese límite no importa realmente mientras la escritura genere una atmósfera reflexiva y nos interpele de alguna forma.
Espero haber logrado algo de eso
con No hay chiste sin remate, un
cuentito quizás un poco más autobiográfico de lo habitual. Puntos para los nerds que capten los
easters eggs a Watchmen,
de Alan Moore.

