De todos los sub-géneros de la ciencia ficción
blanda, uno de los más amplios y fascinantes es el de la “Space Opera” (“ópera espacial”, si se quiere). Se trata de un
trabajo de ficción situado en un futuro lejano, donde la tecnología es ubicua y
enteramente secundaria a la historia.
Hay algo de “épico” en este tipo de historias. El
universo es inmenso, suelen existir muchísimas civilizaciones imperiorales y
una buena dosis de conflictos políticos intergalácticos. La Space Opera también
contiene muchos elementos románticos: grandes historias de amor, épicas
batallas espaciales, héroes y villanos de todo tipo y hermosas mujeres.
La saga de Star
Wars es, probablemente, el ejemplo moderno más famoso. Una aventura fantástica
y colosal donde heroicos rebeldes pelean contra un imperio maligno ubicado en
una galaxia muy muy lejana. Pero es sabido que George Lucas basó su magnun opus en muchas obras de ficción del
pasado que representan, de hecho, los primeros ejemplos de este subgénero.
Los verdaderos codificadores de la Space Opera aparecieron
en el mundo de los cómics por la década del ´30: Flash Gordon y Buck Rogers.
Ambas eran historias de héroes contra un imperio intergaláctico, una de las
características principales del género. De hecho, Star Wars se originó luego de que George Lucas (un fanático de la
ciencia ficción) no pudiera conseguir los derechos para hacer una película de
Flash Gordon. Los creadores del cómic (King
Features) se dieron cuenta de su fatal error comercial y sacaron la
película de Gordon –que hoy es considerada de culto– 3 años después, en 1980.
► Recordando
a "Flash Gordon" (1980):
Por otro lado, Flash
Gordon es curiosamente similar al personaje de Buck Rogers. Dentro de la literatura pulp de los años ´20 y ´30,
Buck es uno de los ejemplos más tempranos e influyentes de la literatura
espacial. Pero contemporáneamente también existieron Isaac Asimov (con su saga de la Fundación) y Edgar Rice Burroughs (el creador de Tarzán) con su genial saga de John
Carter de Marte (cuya primera novela reseñé
hace varios años en el blog).
El término de “Space Opera” tiene una génesis
curiosa. Fue surgiendo a partir de una larga línea de términos similares que
denotaban un subgénero de la ficción de menor calidad, o de clase “B”. Una “Horse
Opera”, por ejemplo, era un western malo y de bajo presupuesto, y una “Soap
Opera” (termino que todavía se utiliza hoy en día) era una telenovela genérica
y de dudosa calidad que comenzan luego de los comerciales de sopa.
Fue un tal Wilson
Tucker quien, en 1941, acuñó por
primera vez el término de “Space Opera” para referirse a la ciencia ficción mala
y “poco seria” que mezclaba aventuras, fantasía y romance en un universo
intergaláctico. A medida que más autores se encariñaron con el estilo, el
término fue perdiendo sus connotaciones negativas. “El imperio contraataca” (1980)
fue una de las películas fundamentales que cambió la ópera espacial de un insulto
a un género bien visto.
Star Trek
sigue siendo, aún hoy, el ejemplo más famoso de la televisión, con sus inmensas
historias de exploraciones interestelares, intrigas, guerras y romances. Firefly, la celebrada serie de culto
que fue injustamente
cancelada durante su primera temporada, es una inusual mezcla de una Space
Opera con Horse Opera.
El universo de Stargate
sería un ejemplo fronterizo. Técnicamente, los centros de operaciones son en un
único planeta (la Tierra, en Stargate SG-1,
y Atlantis, en Stargate Atlantis),
pero con la inmensa cantidad de agujeros de gusano existentes, las bases
funcionan como una suerte de nave espacial en un universo de Space Opera. Ambas
series tienen grandes imperios, colosales universos y tantos héroes y villanos
como es posible imaginar.
En materia de animé, “Cowboy Bebop” es una de las series más aclamadas de este sub-género
y, no podríamos dejar de incluir a toda la saga Macross (Robotech
incluida) y la saga Gundam, entre
otros miles de animés similares.
“Dragon Ball
Z” fue gradualmente explorando la ópera espacial. Aunque la serie comenzó
concentrándose inicial en historias centradas en la Tierra, la saga de los
saiyajines mostró una escala galáctica en el asunto. Ya en la segunda temporada
(saga de Freezer), los protagonistas
viajan a varios planetas exóticos para terminar en Namek. “Dragon Ball Super” ahora reveló que existen no uno, sino doce
universos. El que siempre vimos fue el Universo 7, pero en este arco argumental
vemos a Gokú y los demás enfrentándose a enemigos del Universo 6. (Nota al
pie: la
serie sigue apestando bastante, pero lentamente va mejorando).
Marvel
también fue progresivamente convirtiendo su universo compartido en una gran
ópera especial, particularmente a partir de las historias de Guardianes de la Galaxia y los X-Men (¡cómo olvidar la saga del Fénix Negro!).
Por su parte, una porción del Universo
de DC corresponde al espacio. El personaje de Linterna Verde, por ejemplo,
tiene un piecito firmemente situado en la Space Opera.
En la actualidad, muchos de los grandes éxitos
comerciales en la ficción pertenecen a este sub-género: Star Wars tuvo una nueva secuela (que me dejó con emociones
encontradas), Guardianes de la Galaxia resultó
unamuy grata sorpresa (y fue una de los
grandes éxitos taquilleros del 2014) y los videojuegos cada vez se enfocan más
en grandes universos intergalácticos: “Halo”,
la saga “Metroid” y muy especialmente
“Mass Effect”, por nombrar algunos
casos.
La Space Opera es muy maleable porque permite
contar historia de proporciones épicas con universos gigantes, culturas extravagantes
y tecnología extraordinaria. Adicionalmente, al no tratarse de ciencia ficción
dura, se permite incorporar elementos de fantasía y aventuras como la magia. La
“Fuerza” de Star Wars es un elemento más mágico que “tecnologíco”.
Por todo esto, hoy trabajar este género es
prácticamente un triunfo asegurado. Y con razón.
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=>> Otras notas sobre CIENCIA FICCIÓN en el blog: “Ahogo:
la ciencia ficción distópica de Guido Barsi”; “La
ruta a Trascendencia, una novela de Alejandro Alonso”; “No
tengo boca y debo gritar, de Harlan Ellison”; “Una
princesa de Marte”; “Todos
ustedes Zombies, un relato de Robert Heinlein”; “El
hombre del 4-D: mi cuento en Axxón”;
“Un
planeta llamado Traición, de Orson Scott Card”. <<==
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