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miércoles, 2 de marzo de 2016

¿Qué es la “Space Opera”? (¿Y por qué debería importarme?)


De todos los sub-géneros de la ciencia ficción blanda, uno de los más amplios y fascinantes es el de la “Space Opera” (“ópera espacial”, si se quiere). Se trata de un trabajo de ficción situado en un futuro lejano, donde la tecnología es ubicua y enteramente secundaria a la historia.

Hay algo de “épico” en este tipo de historias. El universo es inmenso, suelen existir muchísimas civilizaciones imperiorales y una buena dosis de conflictos políticos intergalácticos. La Space Opera también contiene muchos elementos románticos: grandes historias de amor, épicas batallas espaciales, héroes y villanos de todo tipo y hermosas mujeres.

La saga de Star Wars es, probablemente, el ejemplo moderno más famoso. Una aventura fantástica y colosal donde heroicos rebeldes pelean contra un imperio maligno ubicado en una galaxia muy muy lejana. Pero es sabido que George Lucas basó su magnun opus en muchas obras de ficción del pasado que representan, de hecho, los primeros ejemplos de este subgénero.

Los verdaderos codificadores de la Space Opera aparecieron en el mundo de los cómics por la década del ´30: Flash Gordon y Buck Rogers. 

Ambas eran historias de héroes contra un imperio intergaláctico, una de las características principales del género. De hecho, Star Wars se originó luego de que George Lucas (un fanático de la ciencia ficción) no pudiera conseguir los derechos para hacer una película de Flash Gordon. Los creadores del cómic (King Features) se dieron cuenta de su fatal error comercial y sacaron la película de Gordon –que hoy es considerada de culto– 3 años después, en 1980.

► Recordando a "Flash Gordon" (1980):


Por otro lado, Flash Gordon es curiosamente similar al personaje de Buck Rogers. Dentro de la literatura pulp de los años ´20 y ´30, Buck es uno de los ejemplos más tempranos e influyentes de la literatura espacial. Pero contemporáneamente también existieron Isaac Asimov (con su saga de la Fundación) y Edgar Rice Burroughs (el creador de Tarzán) con su genial saga de John Carter de Marte (cuya primera novela reseñé hace varios años en el blog).


El término de “Space Opera” tiene una génesis curiosa. Fue surgiendo a partir de una larga línea de términos similares que denotaban un subgénero de la ficción de menor calidad, o de clase “B”. Una “Horse Opera”, por ejemplo, era un western malo y de bajo presupuesto, y una “Soap Opera” (termino que todavía se utiliza hoy en día) era una telenovela genérica y de dudosa calidad que comenzan luego de los comerciales de sopa.

Fue un tal Wilson Tucker quien, en 1941, acuñó por primera vez el término de “Space Opera” para referirse a la ciencia ficción mala y “poco seria” que mezclaba aventuras, fantasía y romance en un universo intergaláctico. A medida que más autores se encariñaron con el estilo, el término fue perdiendo sus connotaciones negativas. “El imperio contraataca” (1980) fue una de las películas fundamentales que cambió la ópera espacial de un insulto a un género bien visto.

Star Trek sigue siendo, aún hoy, el ejemplo más famoso de la televisión, con sus inmensas historias de exploraciones interestelares, intrigas, guerras y romances. Firefly, la celebrada serie de culto que fue injustamente cancelada durante su primera temporada, es una inusual mezcla de una Space Opera con Horse Opera.

El universo de Stargate sería un ejemplo fronterizo. Técnicamente, los centros de operaciones son en un único planeta (la Tierra, en Stargate SG-1, y Atlantis, en Stargate Atlantis), pero con la inmensa cantidad de agujeros de gusano existentes, las bases funcionan como una suerte de nave espacial en un universo de Space Opera. Ambas series tienen grandes imperios, colosales universos y tantos héroes y villanos como es posible imaginar.

En materia de animé, “Cowboy Bebop” es una de las series más aclamadas de este sub-género y, no podríamos dejar de incluir a toda la saga Macross (Robotech incluida) y la saga Gundam, entre otros miles de animés similares.


“Dragon Ball Z” fue gradualmente explorando la ópera espacial. Aunque la serie comenzó concentrándose inicial en historias centradas en la Tierra, la saga de los saiyajines mostró una escala galáctica en el asunto. Ya en la segunda temporada (saga de Freezer), los protagonistas viajan a varios planetas exóticos para terminar en Namek. “Dragon Ball Super” ahora reveló que existen no uno, sino doce universos. El que siempre vimos fue el Universo 7, pero en este arco argumental vemos a Gokú y los demás enfrentándose a enemigos del Universo 6. (Nota al pie: la serie sigue apestando bastante, pero lentamente va mejorando).

Marvel también fue progresivamente convirtiendo su universo compartido en una gran ópera especial, particularmente a partir de las historias de Guardianes de la Galaxia y los X-Men (¡cómo olvidar la saga del Fénix Negro!). 

Por su parte, una porción del Universo de DC corresponde al espacio. El personaje de Linterna Verde, por ejemplo, tiene un piecito firmemente situado en la Space Opera.

En la actualidad, muchos de los grandes éxitos comerciales en la ficción pertenecen a este sub-género: Star Wars tuvo una nueva secuela (que me dejó con emociones encontradas), Guardianes de la Galaxia resultó unamuy  grata sorpresa (y fue una de los grandes éxitos taquilleros del 2014) y los videojuegos cada vez se enfocan más en grandes universos intergalácticos: “Halo”, la saga “Metroid” y muy especialmente “Mass Effect”, por nombrar algunos casos.

La Space Opera es muy maleable porque permite contar historia de proporciones épicas con universos gigantes, culturas extravagantes y tecnología extraordinaria. Adicionalmente, al no tratarse de ciencia ficción dura, se permite incorporar elementos de fantasía y aventuras como la magia. La “Fuerza” de Star Wars es un elemento más mágico que “tecnologíco”.

Por todo esto, hoy trabajar este género es prácticamente un triunfo asegurado. Y con razón.

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