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jueves, 16 de marzo de 2017

Las cosas por su nombre: el determinismo nominativo


Los antiguos romanos pensaban en el nombre como un portador del destino de las personas Repetían: «nomen es omen», que significa “el nombre es destino”.

Varios años después, el fundador de la psicología analítica (Carl Jung) complejizaba esta misma concepción. Decía: «Uno se ve en apuros para determinar cómo ha de interpretarse el fenómeno que Wilhelm Stekel denomina la compulsión del nombre. Se trata de una, en parte, grotesca coincidencia entre el apellido y las peculiaridades o la profesión de un hombre».


No sé si Jung hablaba en serio (o, para el caso, si estaba bajo los efectos lisérgicos de estupefacientes) pero él ejemplificaba con sus colegas de la época: Adler significa águila y él psicoterapeuta austríaco se refería a la voluntad del poder; Freud significa alegría en alemán, y él defendía el principio del placer; por último, Jung significa joven, y él se divertía con la idea del renacimiento.

Estas curiosidades de los nombres lo llevaron a pensar en la predestinación que esconden los nombres. Esta teoría de los nombres existe (la revista británica New Scientist le daba forma allá por los nostálgicos ´90) y es la idea de que el nombre de una persona cumple un rol significativo a la hora de determinar los aspectos importantes de su vida.

Llamaron a esta teoría: determinismo nominativo.

La ficción se divierte mucho, muchísimo, con la idea de que los nombres tienen un significado mayor. 

Prácticamente todos los villanos de Batman tienen un nombre temático: Calendar Man (Julian Gregory Day), El Acertijo (Edward Nigma, E. Nigma), Mr. Freeze (Dr. Victor Fries).

Sucede muy frecuentemente en la Biblia (Satan se deriva del hebreo ha-satan, que significa "el adversario"), en la mitología nórdica (Thor es, literalmente, "Trueno") y constantemente en la saga de Harry Potter ("Severus" es el nombre de un emperador romano y significa cruel y escricto. Hay tantos casos que imposible nombrarlos todos).

Si yo fuera seguidor de estas locas ideas, el número de integrantes de mi propia familia ya estaría cementado, porque “Benjamín” (el nombre que decidimos ponerle a nuestro bebé) deriva del hebreo ben-yamin y significa tanto “el preferido” como además “el más chico”.

Lo cierto es que poner nombres significativos a los héroes y villanos de las historia brinda un sentido de mayor profundidad temática a un argumento. Y a veces el nombre hasta suele tener muchas capas.

Me gusta mucho, por ejemplo, el caso de Winter Soldier en la segunda película de Capitán América

Su nombre juega, por lo menos, en tres niveles. No sólo se refiere al hecho de que el personaje pasó gran parte de su vida en crio preservación (congelado a muy bajas temperaturas). También referencia a la verdadera Winter Soldier Investigation que llevó a cabo Estados Unidos y al hecho de que Bucky ya no tiene sentimientos por nadie, ni siquiera sus amigos de la infancia.

En la película Cube, convenientemente todos los personajes tienen nombres de cárceles famosas. También todos tienen nombres significativos (y muy graciosos) en Dr. Strangelove (una película súper interesante que ya reseñé en el blog).

Hace unas semanas mencionaba a Ex-Machina en relación a la falta de ciencia ficción en el universo creado por los autores. En esta brillante película, los cuatro personajes principales tienen nombres tan importantes que hasta son relevantes a nivel argumental.

Caleb tiene múltiples significados en hebreo. El principal es el de “perro” o “mascota”. Nathan es “regalo de Dios”, adecuado para un hombre con el talento de crear inteligencia artificial. Ava es una variante de Eva (vida) y después tenemos a Kyoko, cuyo nombre puede traducirse como “ñiña espejo”.

En algunas películas las asociaciones son mucho más categóricas. Inception es una gran película que hace un uso fuerte del determinismo nominativo. Ariadna es la arquitecta del mundo de los sueños (en relación al famoso personaje de la mitología griega). Yusuf (la forma arábiga de Joseph) es el interpretador de sueños, según la Biblia.

Aparte (y prepárense para que su mente estalle) las primeras letras de los personajes deletrean DREAMS: Dom, Robert (Fisher), Eames, Ariadne, Mal, Saito. (OK: esto capaz que ya fue estirarlo demasiado).


Otro caso es el de El Rey León: en el idioma swahili, Simba es “león”, Mufasa es “rey”, Timon es “de gran espíritu” y Pumbaa “simplón”. Skar... bueno, tiene una cicatriz. Aunque se dice que antes de que se le pusiera ese nombre al villano, se llamaba “Taka” (basura en swahili).

Seinfeld se divirtió con el determinismo nominativo y la jugó de manera diferente:
Kramer: Bookman? The library investigator's name is actually, Bookman?
Librarian: It's true.
Kramer: That's amazing. That's like an ice cream man named, "Cone".

La historia prueba, de todas maneras, que el proceso de colocar nombres supo darse, en realidad, a la inversa. Los primeros apellidos, por ejemplo, nacieron para identificar a personas ligadas a un linaje particular, principalmente en los estratos nobles durante el medioevo.


En la sociedad feudal, las familias comenzaron a habitar pueblos y ciudades, donde se ganaban la vida trabajando en diferentes oficios. Se hizo necesario individualizar a cada persona y grupo familiar. Por eso, los primeros apellidos derivan de los oficios a los que se dedicaban: (Black)smith, Shepperd, Fisher, etc.

Otra costumbre era la de denominar a las personas por sus características físicas (rubio, calvo, blanco), personalidades o gentilicios.

¿Mi nombre? Luciano deriva del latín Lucianus y su significado es luminoso, brillante… aparentemente. 
Es un hombre muy nervioso en general, pero de todas formas destaca por ser muy hábil e ingenioso en todo lo que se propone. Siempre está alerta de todo lo que ocurre a su alrededor, y como es inteligente, sabe sacar partido de las situaciones.

Gracias, Internet. Me describiste a la perfección (¿?)

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lunes, 6 de julio de 2015

Ingredientes matemáticos en el cine


El cine, poco a poco, se fue convirtiendo en uno de los temas centrales de este blog (a la cabeza con la literatura). “El cine y el ajedrez”, “Cuatro filosofías de vida en el cine”, “5 citas incorrectas en el cine y en la literatura” son algunos de los temas que se fueron dando. También en una ocasión hablé del Macguffin y otros técnicas narrativas y de los guiones cinematográficos.

Algo que todavía no había mencionado es la relación entre el cine y la matemática. Son varias las películas con presencia matemática significativa de algún tipo. Pero la realidad es que pocas veces la matemática está en el núcleo de la historia (admitámoslo: es aburrida y poco comercial); más bien contribuye a dibujar una suerte de retrato social, o sirve de contexto para la narración.

Son más las oportunidades donde hay alguna escena centrada en un aspecto matemático (la proporción áurea en “El código Da Vinci”, 2008) o donde el protagonista es matemático de profesión (Jeff Bridges en “Love has two faces”, de 1996), o bien el protagonista es alguien dotado de un gran talento matemático (Matt Damon en “Good Will Hunting”, 1998). En este último caso, su oficio y sus capacidades sobrepasan el nivel de anécdota y terminan por salpicar de un cierto estilo toda la trama de la película. 

Hay páginas enteramente dedicadas a contar las escenas de cine donde la matemática se vuelve protagonista. Una de ellas: Mathematics in Movies.

Para aquellos que se entretienen con los acertijos (y viendo que viene al caso): ¿a qué películas hacen referencia estas imágenes? La respuesta al final.


La matemática como leitmotiv del cine no es uno de los más atrapantes. Sin embargo, hay algunas excepciones donde se convierte en un disparador fascinante para los amantes de los números. 

Por ejemplo, “Los Crímenes de Oxford” (The Oxford Murders, 2007) es un genial thriller basado en la novela del bahiense Guillermo Martínez y dirigida por Alex de la Iglesia. Si no la vieron, háganlo. Está muy buena. Es una de las pocas películas que vi donde la presencia matemática es tan fuerte que le da forma al contenido, y también acaba mezclándose con un poco de filosofía. En la cinta, el protagonista (Elijah Wood) intenta resolver un crimen al tiempo que se pregunta si podemos conocer realmente la verdad.

En “Los crímenes de Oxford” el enigma se presenta más a través de diálogos reflexivos que con acción. Me encanta la manera en la que se narra el misterio y se mantiene la incertidumbre hasta el último minuto. Una obra que, de alguna manera, homenajea bastante al maestro del suspenso Hitchcock (quien hacía mucho uso de la matemática –particularmente la geometría y el espacio– en sus historias).

Como contraparte, uno se encuentra con películas mediocres como “El número 23” (con Jim Carrey, que salió en el mismo año 2007) donde la matemática es una excusa burda para promocionar un thriller de suspenso que apenas tiene que ver con matemáticas.

Una cinta interesante es “Drowning by numbers” (1988). Durante la misma, hay un desarrollo sucesivo de números (del 1 al 100) que van apareciendo de formas originales en cada escena. Algo similar (aunque en reversa) pasa en un episodio de How I Met Your Mother (Bad News, episodio 13 de la infame 6ta temporada). Ahí los números aparecen de maneras muy creativas del 50 al 1, presagiando un final trágico.

La primera parte de “Cube”( de 1997) siempre me pareció muy disfrutable. En ella, un grupo desconocidos se ven encerrados (inexplicablemente) en habitaciones llenas de trampas mortales. La película estuvo inspirada por un episdio de idénticas características de La Dimensión Desconocida (que ya reseñé en el blog). La forma de salir se relaciona con los números primos y la encuentra una estudiante de matemática con ayudante de un autista al mejor estilo Rain Man. La geometría cúbica de la cinta, junto al ambiente de tensión y violencia, generan una sensación de terror y claustrofobia interesante, a medida que se desarrolla la trama.

En contraposición, “Pi (fe en el caos)” (1998) fue una película que no me gustó para nada. Desarrolla la vida de un matemático con esbozos de esquizofrenia, obsesionado con los números y su relación con el medio que lo rodea. Una bizarreada a la que no le encontré demasiado sentido. En cuestiones de esquizofrenia y obsesión matemática, es imposible dejar de nombrar a Ron Howard y la maravillosa “Una mente brillante”(2001). La vida de John Nash (Russell Crowe) se convierte en un entretenido drama donde se mezcla la ficción y la realidad, mientras el excéntrico Nash lucha por recuperarse de su enfermedad mental.

Por su parte, “21: BlackJack” (2008) es súper pochoclera y está basada en un hecho real. Una entretenida cinta que relata el viaje de cinco estudiantes del MIT (entre ellos, un siempre prolijo Jim Sturgess) y su profesor (Kevin Spacey) que han encontrado la forma de vencer al casino al “contar cartas”. Con este método estadístico asaltan las mesas de blackjack en los casinos de Las Vegas.


"19" "Dame" "20" "Dame otra" "21" "D´ooh!"

Entre otras películas de cuestiones matemáticas tenemos también una española: “La habitación de Fermat” (2007). Un mezcla entre “Saw: el juego del miedo” y “Cube”. Un grupo de matemáticos son encerrados en una sala y deben resolver acertijos para no morir. Entre dichos enigmas se encuentran varios clásicos: el problema del zorro, el conejo y la zanahoria que deben cruzarse en barca al otro lado del río; un enigma en código binario; el dilema del prisionero; descubrir la pauta de una serie numérica y un problema de edades con una solución poco convencional.

  ¿Qué otras referencias matemáticas encontraron en el cine? Pásense a dejar un comentario. Y ahora sí, la solución al ACERTIJO:
  

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