martes, 25 de agosto de 2020

¿Qué es un cuento? (ft. Piglia, Todorov y Cortázar)

A mi niño de 3 años le cuento chistes y cuentos todo el tiempo. Él conoce bien la diferencia. Me dice: “Los chistes dan risa. Los cuentos tienen una enseñanza”. Esa es una percepción indudablemente infantil, pero no deja de ser un poco cierta.



Ahora, el cuento no necesariamente tiene que dejar una moraleja o enseñanza, pero podemos generalizar que, a diferencia del chiste, se caracteriza por tener un tema. Del mismo modo, no busca el gag o el remate e intenta alcanzar cierta verosimilitud.

Si nos ponemos formales con la definición, el cuento es una narración breve diferenciada por una fuerte concentración de la acción, tiempo y espacio. Se aproxima muchas veces a la poesía. En esta nota quiero mencionar algunos aspectos sobre la creación de un cuento, pero desde el punto de vista de aquellos que realmente saben: Ricardo Piglia, Julio Cortázar y Tzvetan Todorov, entre otros.

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El cuento según Ricardo Piglia

En su Tesis sobre el cuento –texto que forma parte de Formas Breves de 1986– Piglia hace mención a su idea fundamental: “un cuento siempre cuenta dos historias”. Con esta apertura se suma a los muchos  autores que han reflexionado sobre un género tildado de “menor” (en comparación con la novela).

Sin embargo, es bien sabido que no tiene nada de menor. El relato precisa un control técnico mucho mayor para poder obtener de unas breves palabras, quizás de unas pocas páginas, un resultado brillante. Borges jamás escribió textos de más de 10 páginas, y sus obritas tienen más densidad temática que novelas enteras.


Volviendo al tema de las dos historias, para Piglia siempre existe un relato visible y, por detrás, uno secreto que surge a la superficie sobre el final, generando el efecto sorpresa. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión.

Así, el cuento sería una construcción diseñada para hacer aparecer artificialmente algo que estaba oculto. La estrategia del relato está puesta al servicio de esa narración cifrada, dice Piglia. Entonces: ¿cómo contar una historia mientras se está contando otra? Esa pregunta sintetiza los problemas técnicos del cuento.


El cuento según Julio Cortázar

Como maestro del texto breve, Cortázar impuso estándares y renovó la manera en la que se pensaba y hacía literatura. El autor escribió en varias ocasiones sobre el arte de hacer un cuento. Algunas de sus ideas podemos encontrarlas en Algunos aspecto del cuento (1971) y Del cuento breve y sus alrededores (1969).

Curiosamente, tanto Cortázar como Piglia le tiran flores a Horacio Quiroga, un autor que fue uno de los primeros en Argentina en analizar las maneras de escribir un cuento (“Decálogo del perfecto cuentista”, 1927).

Cortázar, un artesano de la pluma, explica que un cuento se mueve en ese plano del hombre donde la vida y la expresión escrita de esa vida libran una batalla fraternal. El resultado de esa batalla es el cuento mismo, una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia.


Tiene otra frase que me encanta al comparar al cuento con la novela: “La novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento tiene que ganar por knock-out”. Esto se comprende de la siguiente manera: la novela acumula progresivamente sus efectos en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo y mordiente. Cuando es bueno, el cuento pega rápido y pega fuerte.

En cambio, dice Julito, un cuento puede ser de mala calidad, pero no lo será por el tema (porque en literatura no hay temas buenos ni malos). Solamente hay un buen o un mal tratamiento del tema.

Otro de los aspectos interesantes es cuando explica que un relato es significativo cuando quiebra sus propios límites con “esa explosión de energía espiritual que ilumina bruscamente algo que va mucho más allá de la pequeña y a veces miserable anécdota que cuenta”.

Quienes hayan leído obras como Un tal Lucas o Historias de cronopios y famas conocen la necesidad de Cortázar de divertirse con las palabras y generar literatura completamente revolucionaria en su forma.


El cuento según Tzvetan Todorov

De Argentina nos vamos a Rusia, la cuna del estudio en Letras. El movimiento del Formalismo Ruso sostuvo algunos de los primeros principios para pensar la literatura como un mecanismo ordenado. Ellos hablaban de los textos como un artificio, una construcción, y de la idea del principio organizador de un relato. 

«La literatura implica brindar una obra que presenta la realidad de manera novedosa, a partir de relaciones que no son las habituales, que el lector desautomatice su percepción de la realidad.» (Shklovski)

Tzvetan Todorov fue un pensador que se atrevió a desarrollar ideas donde profundizaba en el género con el fin de definirlo, y construyó una de las propuestas más difundidas sobre el tema en Introducción a la literatura fantástica (1970).

Para el autor, las dos características principales que identifican al género fantástico son: la vacilación del lector en torno a los fenómenos narrados y una forma de leer dichos fenómenos que no sea ni poética ni alegórica.


Todorov define al género como “una codificación de propiedades discursivas”. Dicha codificación se alcanza a través de dos pasos, o dos puntos de vista diferentes: el de la observación empírica y el análisis abstracto. La definición de los géneros sería un continuo vaivén entre la descripción de los hechos y la teoría en su abstracción.

Entre otras cuestiones, buscó definir y clasificar los géneros de un cuento, explicando las diferencias entre fantástico y maravilloso e indicando cómo un relato “desconocido” es distinto a uno “extraño”. Lo maravilloso, dice, corresponde a lo desconocido, lo que está por venir, y por lo tanto corresponde al futuro y no al presente, y lo extraño corresponde a una experiencia en la cual se produce la irrupción de lo anormal, y por lo tanto corresponde al pasado.


Palabras finales

Como una suerte de efecto Rashomon a la Literatura, atacando desde varias perspectivas diferentes a un mismo tema, tenemos a todo un batallón de autores que han planteado las bases teóricas del cuento.

Jorge Luis Borges tiene una serie de textos interesantísimos sobre el tema. Entre ellos, Acerca de mis cuentos se refiere a los modos distintos en los que un lector encara un cuento frente a un ensayo o una novela.

Para el autor de origen chileno, Roberto Bolaño, escribir cuentos era una labor que se vinculaba más con el acto de ser valiente (“atreverse a hablar de ciertas cosas”) y de establecer rutinas de trabajo lo suficientemente exigentes.


Por último, el representante emblemático del realismo mágico se refiere al cuento como instrumento para contar historias que de verdad merezcan ser contadas, creando primero la estructura del relato para luego darle vida a todo lo demás. Gabriel García Márquez agrega: el cuento se concibe de una vez completo y redondo, y si no es así no sirve, ya no vas a encontrar cómo remendarlo y cómo terminarlo.

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«El cuento es un orden cerrado. Para que nos deje la sensación de haber leído un cuento que va a quedar en nuestra memoria, que valía la pena leer, ese cuento será siempre uno que se cierra sobre sí mismo de una manera fatal.» (Julio Cortázar, “Clases de literatura”, 1980).

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=>> Otros posts sobre LITERATURA en el blog: “¿Quién fue el primer detective de la literatura?”; “El narrador testigo en la narrativa”; “La clínica de cuentos de Guillermo Martínez”; “La suspensión de la incredulidad en la narrativa”; “Los intertextos literarios de Jesse & Celine”; “El valor secreto de escribir cartas”.

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