martes, 4 de junio de 2019

La Torre Oscura (IV): Mago y cristal (1997)


Como cada año desde 2016, sigo avanzando por el tortuoso camino hacia la Torre Oscura junto a Roland y su ka-tet. La cuarta entrega de la saga, Mago y Cristal, se toma un respiro del avance narrativo para enseñarnos mucho del pasado de Roland. A su vez, recupera el aura western que caracterizó tanto al primer libro (El pistolero). En este análisis quiero compartir algunas cositas que me resultaron llamativas.



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La historia de Roland

Tengo que admitir que Mago y Cristal es un tanto frustrante. Los primeros dos libros fueron lo suficientemente buenos como para engancharme con el universo que propone Stephen King. La tercera parte, Las Tierras Baldías, me pareció fantástica (sigue siendo mi favorito hasta ahora).

Quería saber cómo continuaban las locas aventuras de Roland, Jake, Eddie y Susannah, pero aquello sólo ocupa la primera sección del libro y un último pedacito de cierre (donde, de hecho, hay más de una sorpresa).

El argumento principal se deja de lado para sumergirnos en la adolescencia del pistolero, una trágica historia de romance y heroísmo que forjó su personalidad. Todo lo que sucede es importante y también, por momentos, fascinante. Pero es duro el cambio de ritmo tan abrupto.


Para muchos fans de “La Torre oscura” este cuarto libro es el mejor de toda la saga. Tengo que terminar todo para poder analizarlo más en detalle. Por lo pronto, Mago y Cristal funciona como un interludio, un puente entre dos mitades. Si los primeros tres libros fueron la formación del ka-tet, la segunda parte seguramente involucre la llegada a la Torre.

Previamente…

La novela comienza inmediatamente donde terminó Las Tierras Baldías. Jake, Eddie, Susannah y Roland están arriba de Blaine el Mono, un monorriel desquiciado (y con inteligencia artificial) que tiene una apasionada adicción por las adivinanzas.

Eddie logra vencer a la loca computadora diciendo bromas infantiles (como no puede manejar el nivel ilógico de esos chistes, tiene un cortocircuito).

Cuando están un poco más tranquilos, Roland finalmente se sienta a contar su pasado al resto del equipo. Todos los interrogantes que uno tenía sobre él (por qué es como es, por qué abandonó su país, quién fue Susan, por qué busca la Torre) se responden de una vez por todas… aunque luego de muchas y muchas más páginas.

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Mago y cristal, la cuarta entrega de la Torre Oscura –y la más larga de la serie– narra la historia íntima y personal de Roland. A partir de acá hay spoilers respecto al argumento. Están avisados.

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La génesis del libro

Los fans que venían siguiendo esta saga desde sus comienzos tuvieron que esperar 6 largos años desde el tercer libro, que había salido en 1991. Stephen King –autor definitivamente prolífico– explicó que la demora se debió a que no sabía bien cómo encarar el romance de Roland con Susan Delgado.
«Sabía que “Mago y cristal” significaba regresar a la juventud de Roland y a su primer amor, y la historia me daba miedo. La intriga es fácil, por lo menos para mí; el amor me resulta más difícil. Por eso me demoraba, contemporizaba, daba largas y el libro no se escribía. (…) Es que ya no conozco la verdad del amor romántico –me dije–. Sé lo que es el matrimonio y el amor maduro, pero a los cuarenta y ocho años ya se suele haber olvidado el ardor y la pasión de los diecisiete.»

Fueron épocas difíciles para el escritor. Unos años más tarde, mientras él caminaba tranquilamente por el costado de la ruta, un auto se lo llevó por delante. El accidente casi le cuesta la vida. Aquella tragedia le sirvió de combustible para sus propias tramas.

El incidente, por ejemplo, lo empujó a terminar de escribir la Torre Oscura de una forma realmente original (quienes saben cómo termina la historia, saben a lo que me refiero), a llevar adelante On Writing (su propia biografía) y a concebir Cazador de Sueños (uno de mis libros favoritos, de hecho), una novela donde un accidente automovilístico es el disparador del conflicto.


En el año 2000, durante su recuperación, a King también se le ocurrió la idea para Riding the Bullet, un libro que saldría exclusivamente en formato digital y se convirtió, rápidamente, en otro gran best-seller. Lo comenté en esta nota en relación a su adaptación cinematográfica.

Fue por ese tiempo que el autor entendió que Roland y la Torre Oscura son el centro de su universo literario.
«He escrito las suficientes novelas y narraciones cortas como para llenar todo un sistema solar de imaginación, pero la historia de Roland es mi Júpiter, un planeta que empequeñece a todos los demás (por lo menos, desde mi punto de vista), un lugar de extraña atmósfera, fantástico paisaje y bárbara fuerza gravitatoria. ¿He dicho que empequeñece a los demás? Creo que en realidad se trata de algo más que eso. Estoy empezando a comprender que el mundo (o los mundos) de Roland encierra en sí a todos los demás que yo he creado»

Los intertextos en Mago y Cristal

La frase anterior me da pie para hablar de las referencias que el libro tiene hacia otras obras, tanto propias como ajenas.

El primer título al que se referencia directamente es The Stand, novela de 1978 que todavía me debo. Luego de su enfrentamiento con Blaine, los pistoleros y Acho llegan a la estación de trenes de Topeka, la cual (para su sorpresa y la del lector) se ubica en una versión pos-apocalíptica de Topeka, Kansas, de 1980.

Esto terminaría de confirmar una de las teorías de fans más populares de La Torre Oscura que es el hecho de que los personajes recorren un Mundo Medio que sería Estados Unidos en nuestro propio mundo.

La ciudad está completamente desierta, ya que fue despoblada por la gripe de la novela antes mencionada.


Topeka... cada vez más cerca de la Torre Oscura...

En relación a esto, una de las mayores extrañezas (que llega al final del libro) es el regreso del Hombre de Negro, que también era Walter o'Dim y Marten Broadcloak. Resulta que además es un personaje llamado Randall Flagg, quien ha tenido apariciones en otras obras como The Stand y The Eyes of the Dragon (historia que, por cierto, está siendo preparada como serie de televisión).

El otro intertexto claro es el de El Mago de Oz. Primero por la inclusión de la bruja del pueblo, Rhea de Coos, que tiene un evidente paralelismo con la Bruja Mala del Oeste en la novela de L. Frank Baum.

De hecho, hay toda una ambientación de cuento de hadas que recorre las páginas de Mago y cristal, incluyendo a la “princesa” Susan Delgado (la chica de la ventana), al héroe Roland y un artefacto que incorpora el elemento mágico dentro del relato.

Todo lo que sucede en la Baronía de Mejis (concretamente en Hambry, un pueblo con más de un secreto) es una mezcolanza de western con romanticismo y la magia típica de los cuentos de hadas.


Eldred Jonas entregando la Bola Rosa a la bruja Rhea de Coos

Resulta que, a sus 14 o 15 años, Roland Deschain, Cuthbert Allgood y Alain Johns fueron enviados para detener el avance de John Farson, el "Hombre Bueno", líder de una facción rebelde. La batalla termina en el Cañón de la Armella, donde las tropas de Farson son engañadas por nuestros héroes para morir dentro de una raedura.

Una “raedura” (el segundo elemento mágico dentro de la historia de Roland) es un desgarro en el tejido de la existencia. Emiten un agudo chirrido y aparecieron como consecuencia de que el mundo se haya movido. En el libro vemos una raedura tanto en Topeka como en Mejis. Es el elemento que hace a Roland recuerde su primera misión como pistolero.

Las esferas mágicas

Por cierto, todo acerca de las 13 esferas mágicas es muy atractivo y aporta más mística a este universo. Cada bola tiene su poder determinado, siendo la negra la más poderosa y codiciada.

La Bola Rosa, que vemos en esta cuarta entrega, brinda los poderes de la clarividencia, entre otras cosas, pero es extremadamente adictiva (al estilo el Anillo de El Señor de los Anillos). A lo largo de la novela va pasando por varias manos y trae muchísimas desdichas.


All hail the Crimson King...

El comic de Marvel El nacimiento del pistolero (que reseñé en esta nota) adapta este arco argumental y amplía en cuanto a la ubicación de otras seis esferas (que están actualmente en posesión del Rey Carmesí, un dato que desconocemos al leer únicamente la novela).

Para cuando Roland finaliza su backstory, ha pasado una noche (para el lector han pasado unas 600 páginas). Eldred Jonas, el líder de los Cazadores del Gran Ataúd, murió en manos del pistolero y la misión fue exitosa. 


Eldred Jonas cayendo frente a los disparos de Roland

Pero sólo retrasó el avance de Farson por un tiempo y, lo que es peor, Susan Delgado fue sacrificada en una hoguera en un plan trazado por su tía malvada y la bruja Rhea.

Roland se vio obligado a presenciar la desgarradora escena a través de la Bola Rosa. Este momento, quizás uno de los más poderosos de toda la saga hasta ahora, no tiene nada que envidiarle a la Boda Roja de George Martin. Y, de hecho, Stephen King escribió esto mucho antes de que se haya concebido Tormenta de Espadas (que es del año 2000).

¿Coincidencia? ¡Creo que no! Me juego lo que no tengo a que el gordo Martin se leyó toda la saga de la Torre Oscura.


Susan siendo sacrificada en el desenlace de "Mago y cristal"

Regreso al presente

Cuando volvemos al ka-tet moderno, el paralelismo con Oz se hace todavía más fuerte. Roland y los demás (que, recordemos, estaban en Kansas) encuentran varios pares de zapatos rojos y llegan a Ciudad Esmeralda, un lugar sospechosamente familiar.

Resulta que sí hay un Mago detrás de la cortina y es Marten Broadcloak, quien también se hace llamar Randall Flagg. 

En todo este clímax se muestran muchísimas cosas interesantes (el relato de cómo Roland accidentalmente asesinó a su propia madre es visceral) y ocurren algunas cosas un tanto decepcionantes (por ejemplo, el regreso del villano de Las Tierras Baldías Tic Toc, que no tiene razón de ser).


Randall Flagg tienta a los compañeros de Roland a que lo abandonen, pero ellos se niegan. Luego de intentar matar al villano (quien logra escapar), el ka-tet sale una vez más hacia la Torre Oscura, esta vez de regreso en el Camino de Ladrillos Amarillos (es decir, en el Camino del Haz).

Lograr más con menos

Mago y cristal es una novela larga (unas 900 páginas) y esa extensión se nota. El universo que King creó para su Torre Oscura es realmente adictivo, pero siempre me da la sensación de que el autor podría lograr más con menos.

La obra está cargada de buenos momentos, mucha acción, un romance al estilo Romeo y Julieta (algo bastante atípico en el Maestro del Terror) y muchas sorpresas. Sin embargo, admito que me costó avanzar, especialmente sobre la mitad del libro. 

Esta cuarta parte tiene un gran arranque y un tremendo desenlace. El problema está en la sección del medio donde se vuelve un poquito interminable.


Es verdad que el libro aporta muchísima profundidad al personaje de Roland y la historia que presenta es atrapante. De todas formas, sigo pensando que el tercer volumen fue superior y acá la saga bajó un cambio.

De los que leí hasta ahora, ciertamente es el libro más peculiar. Un viaje al pasado del pistolero, a un tiempo en el que Gilead aún estaba en pie y Roland era un adolescente descubriendo los peligros del mundo adulto.

Palabras finales

En algún punto, leer La Torre Oscura IV se siente como si entre La comunidad del Anillo y Las dos torres metieran un libro entero llamado “El hobbit”. Hacer una pausa tan prolongada en el camino tiene todos los defectos y beneficios que uno esperaría en este tipo de narrativa.

Por un lado, está el descanso (y el placer) de poder mirar hacia atrás. El libro te brinda esa posibilidad de repensar todo lo que viene sucediendo hasta ese momento. Por otra parte, la inquietud por descubrir que hay más allá del misterioso horizonte nos hace sentir muchísima ansiedad.

Hay fans que afirman que La Torre Oscura (IV): Mago y cristal se disfruta más en una segunda lectura, habiendo finalizado el recorrido original que propone la historia. Quizás podría haberse dejado como material complementario a la saga principal (como hace The Wind Through the Keyhole, de 2012).


Como sea, yo lo disfruté y sí, lo recomiendo. De todas formas, si ya llegaste hasta el cuarto volumen de La Torre Oscura es muy poco probable que abandones. Igual que le sucede a Roland, la Torre se vuelve una magnética y oscura adicción.
“Elijo la Torre. Tengo que hacerlo. Que ella viva una larga y venturosa vida con otro; lo hará con el tiempo. En cuanto a mí, yo elijo la Torre.”

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