martes, 28 de junio de 2016

Un análisis de la 6ta temporada de Game of Thrones


Es hora de decirle adiós a Game of Thrones hasta el 2017

La sexta temporada fue un recorrido agitado –por momentos llenos de baches, lomos de burro y piedras– que presentó algunos de los mejores y peores momentos de la serie hasta el día de hoy.

Al igual que hice el año pasado con la quinta temporada, en este post quiero desenredar todo lo que pasó este año con la serie del momento.

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#MegaSpoilerAlert: se revelan cosas fundamentales de la sexta temporada de GoT, así que: Spoiler Alert. ¡Están avisados!

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Incluso cuando Game of Thrones es imperfecto, sigue siendo uno de los mejores shows que hay en la TV actual. Quiero hacer esta aclaración antes de comenzar a pegarle duro a la serie.

La creciente pérdida de realismo

 Durante la sexta temporada, y por primera vez en la historia, GoT se asemejó a una telenovela melodramática, una soap opera con elementos de fantasía. Sabemos que los creadores de la serie (David Benioff y D.B. Weiss) tuvieron que alejarse casi completamente de la fuente porque no hay más material para adaptar. El resultado fue que se mostraron algunas de las peores cosas que le sucedieron a Game of Thrones en toda su historia.


Si hay algo que se mantuvo como leit motiv durante la temporada fue una creciente pérdida de realismo. Game of Thrones supo tener un anclaje en la realidad, si bien es un mundo donde existen dragones y Caminantes Blancos. Pero había establecido una serie de reglas y bases realistas que le brindaban cierto amarre a tierra: las distancias son gigantes, los errores se pagan caro, los fans no tienen por qué ser servidos, la muerte es (en su mayoría) irreversible.

En cambio: en el último episodio vimos a Varys saltar de Mereen y Dorne y de regreso en un par de minutos, mientras que Sam se pasó toda una temporada para llegar a Oldtown. Littlefinger (uno de los grandes olvidados de esta temporada) parecía que tenía un jetpack en la espalda. Mientras que Jon y Sansa recorrieron todo el Norte, reclutando ejércitos en un sólo capítulo, Cersei se ocupó 10 episodios de mirar a través de su ventana en el Red Keep. A todo esto: Theon y Yara ganaron el premio de recorrer el mundo en menor cantidad de tiempo. (Y qué bien que se fueron de Westeros, porque su trama con el Tío Malvado fue mala tirando a ridícula).

Es cierto que podés buscarle explicaciones a cada una de estas cosas, ya sea dentro del show o fuera. Pero la realidad es que supo ser muy consistente en su geografía, que supo tomarse su tiempo para contar una historia, y ahora se sintió apurado, agitado e impulsivo.

Le noté una necesidad imperiosa de impactar a su audiencia por el sólo hecho de ganar todavía más popularidad. Pero más sobre eso en el próximo apartado.

La inconsistencia narrativa

Estoy de acuerdo con que el episodio 10 fue uno de los mejores de la serie. No puedo negar que la escena de Cersei en King´s Landing es una de las más memorables registradas hasta la fecha, que Lady Mormont es la POSTA. Me emocionó el apoyo hacia Jon Snow, su revelación (que todos veníamos venir desde hace años) y todo lo que (finalmente) sucedió en Mereen. Pero aun así hay que admitir que la serie tuvo un tropezón quizás más grande que el de la temporada 5 (al respecto, está mi análisis por acá).

Lo cierto es que los creadores tuvieron que ingeniárselas para avanzar las tramas lo menos posible, en espera de nuevo material para adaptar. Así, me encontré a mí mismo con subtramas que no llevaron a ningún lado (Arya, Dorne, etc), giros sorpresivos que resultaron no tener ninguna consecuencia (Melisandre es secretamente una vieja de 300 años, Jon revivió sin penas ni glorias, etc).

Hablemos un poquito de Arya: su transformación hacia asesina fue uno de los puntos más flojos de esta temporada (y de la anterior). Anticlimático, apurado, carente de imaginación. 

No puedo entrar en detalle por una cuestión de extensión, pero me sentí absolutamente estafado. No sólo nunca vimos su pelea contra la Waif, sino que tampoco sabemos cómo llegó tan velozmente hasta Walder Frey, qué tipo de personas son los Faceless Man (su lógica parece no tener ningún tipo de sentido) ni qué pide el Dios de las Muchas Caras

Todo un potencial desperdiciado absolutamente, y es poco probable que volvamos a saber de ellos.

Creo que el final del capítulo 7 es el ejemplo perfecto. Luego de que Arya estaba lista para que una asesina implacable la viniera a buscar, dio vueltas por la ciudad cual turista japonés con su cámara. La acuchillaron HORRIBLEMENTE, pero no importa, porque no tuvo otro efecto que el de shockear a la audiencia. Al día siguiente estaba de nuevo perfecta, como si nada hubiera pasado.

Cosas como esa pasaron a lo largo de toda la temporada, con cuestiones que no tuvieron ningún tipo de consecuencia en la serie. ¿Nadie se pregunta si Jon es el mismo después de revivir? Todos parecen ignorar ese hecho. Ni siquiera él cambió en algo luego del evento sobrenatural, quizás el más increíble que vio alguna vez la gente del Norte.


Todo esto nos habla de una temporada absolutamente inconsistente, algo que ya había comenzado a suceder con la temporada 5. Hasta la cuarta, los creadores siguieron cuidadosamente líneas narrativas y diálogos de los libros, que tuvieron años en ser escritos y están confeccionados al detalle, con una atención especial en la coherencia narrativa.

GoT se volvió progresivamente más melodramático, y demasiado predecible. ¡Hasta hicieron la subtrama de un personaje quedándose ciego y recuperando la vista! Hay que admitir que es algo muy novelesco. A esto hay que sumar que el nivel actoral bajó muchísimo. Personajes como Tommen y la gente de Dorne, o incluso Dany del otro lado del mar, dejaron mucho que desear.

Game of Thrones es ahora fan-fiction

Es hora de hablar del elefante en la sala. La gran diferencia entre la temporada 6 y sus predecesoras es que ya no hay, prácticamente, un material canónico en los libros de George R.R. Martin. Ni los molestos fans de los libros ni los espectadores sabemos hacia dónde va a ir la acción, dado que el sexto libro de la saga todavía está en la cocina.

La cruda realidad es esta: más allá de que fue una temporada muy entretenida, que confirmó teorías de los fans, que nos dio la gloriosa Batalla de los Bastardos, que nos hizo vibrar con “Hold the door”… a nivel narrativo y construcción global es la peor de todas.


De nuevo: todavía siendo mediocre, sigue superando al promedio de lo que se ve en la TV. Pero cada vez se parece más a una telenovela de fantasía, con giros tontos que no llevan a ningún lado, diálogos melodramáticos y una creciente pérdida de realismo que le daba una consistencia maravillosa al relato.

Lo que tenemos ahora ya no es una adaptación de la obra de George Martin sino una fan-fiction. Sabemos que Martin está involucrado en la serie, que aceptó algunos de las sorpresas que nos deparó la temporada, pero también es verdad que los creadores tuvieron muchísima más libertad.

La falta de una mano experta y versada, que brinde encadenamiento narrativo, se notó y mucho. Jon Snow regresó del mundo de los muertos como quien vuelve de clavarse una Big Mac. Nadie desconfía, nadie le teme. Y lo que es peor: nadie piensa que, justamente, los muertos que vuelven a caminar son el verdadero enemigo.

Aún hay más; esperaba que el episodio 10 redimiera este tema, pero no lo hizo: toda la trama del Muro quedó olvidada. Ya no hay conflictos, somos todos amigos con los salvajes (que ahora parece que pasan sin drama). Tenía esperanza de que los Caminantes Blancos rompieran finalmente el Muro: era lo esperable, a una acción (Jon Snow dejando el muro) le sigue una consecuencia (los Caminantes Blancos lo atraviesan).


Black Fish fue un personaje interesantísimo que tuvo una muerte off-screen, y que quedó como un mero viejo caprichoso. Otra subtrama desperdiciada. Disfruté muchísimo del regreso del Perro (en una temporada marcada por grandes regresos) pero ya lo había dado por muerto. Lo trajeron de vuelta, pero en seguida abolieron el juicio por combate, así que no hay Cleganebowl.

Creo que quitar a Dorne de la ecuación fue una decisión sabia, porque es –indudablemente– una de las tramas peor actuadas y menos creíble de toda la serie. Pero claro: volvió a tomar presencia en el último episodio, y generó uno de los momentos más flojos y absurdos del capítulo.

Otro tema: el juego de tronos. Un aspecto que quedó en un tercer o cuarto plano durante esta temporada. Lo interesante de la serie, antes que nada, siempre fue la cuestión política: traiciones, asesinatos, caídas de reyes… todo ese magnífico ajedrez que vimos en las primeras cuatro temporadas. Este año casi no vimos nada de eso.

La serie pasó a tratarse de personajes en lugar del gran juego. Y los personajes fueron perdiendo capas de profundidad, se volvieron más unidimensionales. Los creadores no pudieron captar sus complejidades con la destreza de George Martin.

Lo mejor de la temporada 6

Vamos a dejar de pegarle un poco al pobre de GoT, porque la verdad es que sí brindó algunos momentos alucinantes.

Una vez más: no deja de ser una gran serie. La muerte de Hodor y la gran sorpresa de que fue Bran el causante de su trágica vida fue, fácilmente, uno de los mejores momentos del año. Oscuro, perverso, duro. Pero además: revelador.


Resulta que Bran puede influir en el pasado, si bien no tenemos confirmación de que su intervención sea una profecía autocumplida o verdaderamente pueda afectarlo en algo (todo apunta a que es lo primero). Fue un giro argumental apasionante (y confirmado también por George Martin) que tiene la potencialidad de expandir el universo de la historia y hasta darle un buen cierre (quizás fue Bran quien volvió “loco” al Rey Loco, disparando todos los eventos que sucedieron después).

Otro gran momento: la venganza de Sansa


El capítulo 9 (“La Batalla de los Bastardos”) fue un espectáculo visual impresionante y lleno de fan-service

Un regalo para todos nosotros, que vimos la mejor hora de acción en la historia de Game of Thrones. Y uno de las grandes escenas fue el final horrible de Ramsay (gran villano, por cierto) y esa sonrisa de Sansa que termina de convertir al personaje en un ser sombrío y enigmático.

Dejemos de lado que la resurrección de Jon no tuvo impacto en la serie, y que la explicación de Sansa sobre por qué no le advirtió de los Caballeros del Valle fue paupérrima. La relación entre ellos dos a lo largo de la temporada fue uno de los grandes aciertos. Si a esto le sumamos a Lady Mormont, a Davos (te banco, Davos), la gran batalla contra Ramsay y las pequeñas participaciones de Tormund y Brianne, puedo decir que todo lo que sucedió en el Norte fue absolutamente satisfactorio.

Del mismo modo disfruté la Batalla de Fuego (nuevamente, capítulo 9), las interacciones entre Dany y Tyrion, el desarrollo de Jaime Lannister como personaje (una de las pocas partes de los libros que fue adaptada en esta temporada) y al Perro, que siempre me cayó simpático.

Ah, y me encantaron las escenas de teatro. Cada vez que Game of Thrones se vuelve metatextual es maravilloso.

¿Qué podemos esperar de la temporada 7?

Primero que nada, si todo sale bien tendremos el nuevo libro de Martin, y con eso muchísimo material “canon” para trasladar a la pantalla de HBO.

El final dejó todo preparado para un enfrentamiento de escala global: Jaime parece anonadado por lo que hizo su hermana, y es posible que se vea obligado a matarla como lo hizo con el Rey Loco. Incluso hay una profecía en los libros que podría apoyar esta teoría.

Igual no importa, porque si no lo hace él, seguramente lo hará Dany, junto a los Dothraki (y sus caballos, que están sobre los barcos), los Ironborn, los Unsullied, la gente de Dorne y… ¿Varys, aparentemente?


La situación tensa entre Sansa y Littlefinger es intrigante y también recordemos que ahora está Arya dando vueltas por ahí.

Y hablando del Norte, ahora que la famosísima R + L = J está 99% confirmada, hay que ver qué va a pasar con Jon Snow y su legado. El hecho de ser, técnicamente, el sobrino de Dany no creo que le ayude demasiado para parar su furia de conquistadora, y me encantaría verla a ella convertida en la verdadera villana de la serie.

Creo que la temporada 7 se va enfocar en la profecía de Azor Ahai como hilo conductor, siendo que ya tenemos prácticamente a los cuatro grandes nominados (Bran Stark, Jon Snow, Dany Targaryen y Jaime Lannister) con sus arcos prácticamente desarrollados y listos para tomar ese papel.

Por otro lado, finalmente llegó el invierno, y con él… los temibles Caminantes Blancos (que, admitámoslo, todavía no son tan temibles). Quiero ver más de Brienne y Pod, conocer un poco más sobre el futuro de Melisandre y ver qué trama Littlefinger. Algo interesante para destacar es que no queda nadie en Essos para lo que valga la pena volver. Le dijimos chau a Daario (seguramente se sintió muy Ser Jorah con el rechazo de Dany), Mereen está más o menos equilibrada, la Bahía de los Esclavos es la Bahía de los Dragones... esto es también un indicio de que estamos entrando en el final del trayecto, con dos o o a lo sumo tres temporadas más para finalizar la serie.

Por supuesto, mientras tanto los actores tienen que seguir pagando sus facturas, así que andan en varios proyectos cinematográficos paralelos (que comenté en esta nota para Altapeli.com).

Palabras finales

Con sus más y sus menos, la temporada cumplió. Pero –en mi humilde opinión– creo que fue la peorcita de las que venimos viendo. O quizás lo más correcto sería que fue la “menos mejor”, la más regular de todas.

Se perdió consistencia y realismo, se desperdiciaron argumentos, se dieron demasiadas vueltas telenovelescas. No me terminó de convencer del todo y espero que pueda volver a encontrar su rumbo el año que viene.

No implica que no la haya disfrutado enormemente, que no haya debatido miles de cosas, que no haya quedado carburando semana a semana. Pero pasó de ser un producto sobresaliente desde todo punto de vista a volverse “una más del montón”, aunque sea, durante este año oscuro y lleno de terrores.

MI CALIFICACIÓN DE LA TEMPORADA: 7/10


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==> ¿Qué les pareció la temporada 6 de Game of Thrones? Dejen sus comentarios y prometo responder uno a uno con vehemencia, un violento frenesí de arrebato y una inconmensurable pasión.
  
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jueves, 23 de junio de 2016

10 criterios de valoración para ser un espectador crítico


En una nota que hice para Nussocial (el blog colaborativo y social del que formo parte) escribí recientemente sobre la Escuela de Espectadores de Bahía Blanca. La idea de la Escuela es aprender a argumentar sólidamente por qué una obra de teatro gustó o no gustó. También busca juntar al elenco con los espectadores, y que estos puedan preguntar, debatir, opinar y reflexionar. La nota completa la pueden leer acá.

Lo que quiero hacer hoy es profundizar en los 10 criterios de valoración que el docente Jorge Habib enseña para analizar el teatro. Estos criterios nos sacan de ese medio automatizado en el que solemos envolvernos al ver un espectáculo. Nos invitan a ser espectadores activos, pensantes, que critiquen, que opinen, que debatan, y que puedan hacerlo con argumentos concretos y sólidos.

Si bien algunos de ellos están enfocados específicamente en el teatro, pueden aplicarse perfectamente a otro medio visual como las películas o las series de televisión. Comencemos:

1) Pertinencia

Se refiere al género al cual pertenece la obra: tragedia, comedia, drama, etc. Hay grandes géneros (Aristóteles en su Poética indicaba cuatro categorías, por ejemplo) y también hay ramificaciones, sub-géneros: clown, comedia musical, grotesco, café concert, etc.

Es importante comprender a qué género pertenece la obra que vamos a ver para poder saber, a grandes rasgos, con qué nos vamos a encontrar. Teatro no es lo mismo que teatro-danza, y teatro-danza no es lo mismo que danza o que danza-teatro. Algo similar sucede al mirar una película: cada género tiene sus cánones, sus características principales y sus reglas.


2) Relevancia simbólica

Los símbolos en una obra de ficción lo son todo. Todo lo que está arriba de un escenario está pensando, y está ahí exclusivamente por una razón: vestimenta, utensilios, objetos en escena. Exactamente lo mismo pasa en el cine. Nada se deja librado al azar al montar una obra, y todo nos está comunicando algo. Algunas obras de teatro pueden tener una carga simbólica más fuerte o más leve, más o menos signos, pueden ser más o menos evidentes, etc.

La teoría general de los signos es estudiada por la semiótica, una rama de la ciencia que explora los diferentes sistemas de signos que permiten la comunicación entre individuos, sus modos de producción, de funcionamiento y de recepción.

3) Relevancia poética

La relevancia poética en el lenguaje fue estudiada por los lingüistas rusos, Roman Jakobson entre ellos. En la comunicación, la función poética no es el significado de las palabras, sino la importancia de los sonidos y las resonancias de los significantes; de cada letra, sílaba y fonema. No es lo mismo “Mi mamá me quiere” que “Mi mamá me ama”, por ejemplo.

A partir de la poética que construye el mundo del teatro, con todos sus símbolos, se logra una poiesis propia. La poiesis –término acuñado por Platón– habla de la producción y construcción de otros mundos. Platón define, en su texto El banquete, el término como «la causa que convierte cualquier cosa que consideremos de no-ser a ser». Es el impulso creador que habita en todos los seres humanos.

4) Relevancia histórica

Toda obra tiene un anclaje en un tiempo y en un lugar. Muchas veces se especifica en los primeros minutos de la obra, o sea hace evidente a través de lo que muestra la escena, el idioma, la vestimenta, la idiosincrasia, la tecnología, etc. Aun cuando el tiempo y el lugar en el que transcurre la historia no se especifica, eso también nos está queriendo decir algo.

Asimismo, cobra importancia la génesis de la obra, la historia detrás de lo que estamos viendo: ¿cuándo fue escrito? ¿por qué? ¿Cuál es la trayectoria del grupo de actores? Pensar en la relevancia histórica de la obra es pensar en lo histórico de todo, en cómo está ambientada, etc.

5) El aspecto técnico

El aspecto técnico pasa muchas veces inadvertido para el espectador casual. Esto es porque cuando “lo técnico” está bien hecho, nosotros no nos damos cuenta. Es similar a la idea de que uno se da cuenta de lo que tiene cuando lo pierde. Las luces, el sonido, el vestuario, los detalles de la escena, la técnica actoral. Todo está ahí, fue ensayado, preparado… no funciona mágicamente, por obra y gracia del Señor.


6) El aspecto ideológico

Toda obra de teatro tiene una ideología (aunque sea por su ausencia).  El concepto de “yo sólo quiero entretener a la gente” es también una ideología. ¿Qué se quiere decir en la obra? Para Javier Daulte –hoy uno de los directores más influyentes del teatro argentino– el teatro es juego y nada más. No hay compromiso, al teatro sólo le interesa el teatro. Es un acto de celebración, inofensivo, socialmente innecesario y no puede cambiar la realidad porque es realidad (no por nada se lo considera un director muy polémico).

Rafael Spregelburd dice "no me importa qué dice mi teatro". Griselda Gambaro no concibe una obra de teatro sin mensaje. Ambos tuvieron una discusión fuerte respecto a sus opuestas ideologías, y a la importancia social del teatro, a través de cartas que se publicaron en algunos diarios argentinos. Mientras que Spregelburd defendía el derecho a la ficción libre, sin prejuicios ni tapujos, sin mensaje, Gambaro respondía: “Todo teatro que no se comprometa con el presente producirá banalidad”.

7) El aspecto genético

Este criterio de valoración se relaciona, de alguna manera, con el de “relevancia histórica”. Habla del gen, del principio de todo. ¿Cómo empezó el grupo, cuánto hace que trabajan juntos? ¿Cómo llegaron a la obra? ¿Es una creación colectiva? ¿Es de un autor? ¿Quién es el autor y qué teatro quiere hacer? 

(Otra vez aparece lo ideológico de la obra).

8) Efectividad o estimulación

La efectividad en el teatro se entiende como lo que pasa después de la obra, el after, cuando se sale de la función. Lo que escuchamos inmediatamente después, lo que habla la gente. Hay obras que no te movilizan en nada. Una obra fue verdaderamente estimulante cuando da la impresión de que no hay otro lugar en el mundo en el que uno quiera estar. Si se produce eso, la obra fue altamente efectiva. Y eso colabora con el “boca en boca” (siempre la mejor promoción).

9) Recursividad social

Se refiere a lo que uno puede volver a repetir socialmente. 

Este criterio se relaciona más con el teatro comunitario (aquel que se hace con la comunidad. Por ejemplo, el grupo de teatro Catalina Sur o Ernesto Suarez en Mendoza).

El teatro comunitario puede ser de calle o de sala, pero su rasgo distintivo es que sus integrantes son vecinos y no actores profesionales. En Argentina existen más de 30 grupos, que conforman la Red Nacional de Teatro Comunitario, un espacio en el que se comparte la experiencia de los distintos miembros.


Si teatro es acción transformadora, y no tiene que estar realizado necesariamente por artistas, la idea de la recursividad social nos habla de qué tanto el grupo puede hacer una y otra vez esas actuaciones. La obra “Venimos de muy lejos” (1989), que presenta Catalina Sur, tiene a 70 personas actuando en escena. De ellas, 10 son un elenco itinerante y cuando llegan al lugar empiezan a convocar para completar a los 60 que faltan.

10) Teatralidad

Teatralidad es todo lo anterior. 

La combinación de los nueves puntos antes mencionados. Aquello que hace que una obra sea propia, única, indivisible.

Según el ensayista francés Roland Barthes:

«Teatralidad es el teatro sin el texto, es un espesor de signos y sensaciones que se edifica en la escena a partir del argumento escrito, esa especie de percepción ecuménica de los artificios sensuales, gestos, tonos distancias, sustancias, luces, que sumerge el texto bajo la plenitud de su lenguaje exterior

La teatralidad no la dice el texto, sino que la hacen los cuerpos en acción. Sensaciones, luces, signos, textos, emociones, es todo. La palabra es también utilizada en la jerga popular para efectos no teatrales. Al respecto, hay tres conceptos que remarca Jorge Dubatti, fundador original de la Escuela de Espectadores en Argentina.

1.- “Teatralidad”: la tenemos todos y es la forma que tenemos los seres humanos de organizar la mirada del otro sobre nosotros. Las estatuas vivientes, por ejemplo, trabajan la teatralidad del silencio. Al colocar una moneda aparece la interacción, y la estatua cuenta una historia (por mínima que sea).

2.- “Teatro”: como concepto, es la organización de la mirada con fines políticos => usar la teatralidad para decir algo.

3.- “Transteatralidad”: es el uso de la organización de la mirada pero no siendo honesto. Ejemplo: periodistas, políticos. El actor cuando termina la obra, corta, deja de ser el papel. La transteatralidad es considerada algo negativo.

► Dubatti habla más sobre estos tres conceptos en su texto: “Teatralidad, teatro, transteatralización: notas sobre teatro argentino actual

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lunes, 20 de junio de 2016

“La araña” (1908): el terror de Hanns Heinz Ewers


Hace unos días comentaba en el blog sobre la antología Pobre Diablo, una serie de relatos de terror de autores argentinos donde publiqué mi cuento “El abismo”. Hoy quiero hablar un poquito más del cuento de terror, pero situándonos varios años antes, y del otro lado del charco.

La araña” es uno de los relatos de horror más importantes de la literatura moderna; fue escrito por el expresionista Hanns Heinz Ewers, un autor tan enigmático como sus propios textos. Nacido en Düsseldorf (Alemania) en 1871, se interesó por la mística y las ciencias ocultas desde muy chico. Durante su vida fue anarquista, trotamundos, espía alemán (estuvo muy asociado con el régimen nazi), novelista, ensayista y cineasta, entre otras tantas ocupaciones.

Este relato es escalofriante no por lo que muestra, sino por lo que deja entrever a través del voyerismo, a partir de la mirada oculta. En otra oportunidad mencioné cómo el cine de terror está cada vez más tendiendo hacia la idea de apenas vislumbrar el horror en lugar de hacerlo obvio y explícito (puede leer más al respecto acá).

En La araña todo es misterio y ocultamiento. El protagonista no hace más que mirar a través de una ventana y, paradójicamente, se va enredando a sí mismo en la trampa. 

La historia comienza cuando un estudiante de ciencias, Richard Bracquemont, decide investigar un cuarto en el que, inexplicablemente, se han suicidado tres personas anteriormente (y sin motivo aparente). Cuando llega a la escena, extraños sucesos comienzan a suceder, especialmente una mujer que se le aparece a Richard a través de una ventana.

► “La araña”, de Hans Heinz Ewers, para descargar en PDF: DESCARGAR.


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>> No digo más (por ahora) porque se viene el clásico aviso de #SpoilerAlert. El cuento está buenísimo, así que recomiendo leerlo antes de arruinarse partes fundamentales de la trama. Después (claro) se vuelven por acá.

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Lo más interesante de este relato es que el aire de rareza o de extrañamiento se manifiesta desde las primeras hojas. La historia comienza con un recuento de los suicidios, a lo largo de tres viernes consecutivos, en  la habitación número 7 del pequeño Hotel Stevens.

Richard Bracquemont, estudiante de medicina, se hospeda con la esperanza de lograr descubrir el misterio y volverse famoso, y comienza a apuntar todo lo que sucede en un diario.

Así, al relato lo vemos siempre a través de los ojos del protagonista, y gracias al texto que él mismo va escribiendo. A veces escribe sobre situaciones que vivió hace poco dentro de la habitación, y a veces escribe en presente, anotando exactamente lo que está experimentando en ese preciso momento.

La primera vez que Richard ve a la extraña mujer en la ventana opuesta es el primer indicio de que estamos ante un narrador en el que no podemos confiar, subjetivo, imparcial, confundido incluso. Cuando describe a la reservada mujer, Richard advierte que era “difícil distinguir algo con claridad a través de los cortinados” y que su descripción de la mujer es una leve intuición.

El autor, deliberadamente, quiere poner la atención sobre la percepción distorsionada del protagonista, algo que irá creciendo progresivamente a medida que avance el relato. Richard va siendo seducido por esta viuda negra, cae en su telaraña, y nosotros como lectores entendemos que algo malo va a pasar.


La narración de “La araña” es realmente magistral, y el mismo texto es como una telaraña que te va envolviendo. Se trata de una versión moderna del mito de Aracne, pero situada en el siglo XX. La presencia de las arañas en el ámbito literario ha ido multiplicándose (y adaptándose) a lo largo de los años y de los géneros. En los cómics, por ejemplo, Spiderman (creado por Stan Lee y Steve Ditko) apareció en el año 1962. Mucho tiempo antes, J.R.R Tolkien enfrentaba a sus protagonistas frente a un ejército de arañas. Más cerca de nuestros tiempos, el segundo libro de la saga de Harry Potter también opone a los héroes contra la araña gigante Aragog.

Muchas veces se ha asociado a las arañas con las mujeres. Sucede, por ejemplo, en la genial película de Denis VilleneuveEnemy” (2013), con un impecable Jake Gyllenhaal. También representan la paciencia, debido a sus técnicas de caza que se basan en tejer trampas y esperar.

El caso del cuento de Heinz Ewers no es tan conocido. Su relato quedó relegado al olvido hasta que fue rescatado por Dashieel Hammet (para la revista Weird Tales of Strange Creatures). Hace poco salió una nueva edición de sus cuentos que además contiene una extensa biografía del autor: “La araña y otros cuentos macabros y siniestros” (Valdemar, 2014).

La cuestión es que en “La araña”, Richard es seducido, lenta y pausadamente, por una joven chica que vive en la ventana del frente, y a quien él bautiza como Clarimonde. El estudiante no puede evitar obsesionarse con ella, espiarla a todas horas y anotar cada uno de los detalles en su diario. Ella, pálida, vestida de color negro, pasa los días hilando en una rueda antigua.


«Da una sensación muy extraña ver cómo los dedos delgados y negros tiran y sacan los hilos de una manera aparentemente caótica, casi como el pataleo de un insecto.»

Hay indudables similitudes entre el cuento de Heinz Ewers y el mito de Aracne. Nada es casualidad: ni que la mujer de negro se pase los días hilando, ni que las tres personas mueran ahorcadas, tampoco que se encontrara una araña viva cerca de cada cadáver.

Un aspecto atrapante del cuento es experimentar cómo el protagonista va perdiendo el control de sus propias acciones. Para él esto es imperceptible, pero el lector no duda que él está siendo poco a poco manipulado. La vida y la muerte se van entrelazando, a lo largo de la narración, con una indudable destreza. El hombre queda completamente destruido por la seducción de una mujer y su belleza.

Algunos ensayistas leen en “La araña” un relato de vampiros. O más bien, un relato de vampirismo, si bien el foco está puesto en la investigación de la historia, y todas las consecuencias indeseables que conlleva. 

Sin duda, el título sugiere un vínculo entre el amor y la muerte a través de los hábitos de las arañas.

El texto trabaja el terror desde lo psicológico. El horror, el mal en sí, actúa desde adentro, desde el cuerpo del protagonista. Aparece el poder sugestionador de lo invisible. El final es el esperable: trágicamente, Richard descubre que está perdido cuando ha perdido a su propia voluntad, cuando sabe que él no puede controlar a Clarimonde.

Él cae en la trampa y se convierte en el cuarto suicida.

«El rostro tenía una expresión diferente;
estaba desfigurado por un miedo espantoso;
los ojos, muy abiertos, se salían de sus órbitas.
Los labios estaban estirados, los dientes apretados con fuerza.
Y entre ellos colgaban los restos de una araña negra enorme aplastada,
con extraños tonos violeta

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jueves, 16 de junio de 2016

“History of film: an oddysey”, un documental de Mark Cousins


A finales del siglo XIX surgió una nueva forma de arte. Se parecía a nuestros sueños…

Así comienzan cada uno de los 15 episodios del documental “La historia del cine: una odisea”, de Mark Cousins. Documentales de cine hay por todos lados, pero este se convirtió rápidamente en uno de mis favoritos.

En el año 2004, el crítico de cine y escritor irlandés Mark Cousins presentó su gigantesco libro de 512 páginas: “La historia del cine”. Gracias a su éxito, en el 2008 comenzó una serie de documentales que terminó compilando y presentando en el año 2011. Él mismo escribió, montó, narró y dirigió las quince partes que componen la serie. Una verdadera odisea.

Los episodios están ordenados cronológicamente, en principio, pero algunos abordan una misma era desde perspectivas diferentes. Cousins expone visualmente la historia del cine desde su creación hasta nuestros días, la contextualiza históricamente, y lo hace con una pasión y una devoción hacia el arte que conmueve.


“A lie to tell the truth.
This is film making.
The art of making us feel that we're there.”
(Mark Cousins)

Lo más fascinante de esta serie es el tremendo conocimiento que tiene Cousins sobre el cine, y cómo conecta básicamente a todo el mundo. Si bien se habla mucho de Hollywood, el documental también se enfoca en cine alrededor del globo, y cómo fueron inspirándose mutuamente. Hollywood no es el centro de la historia, pero tampoco es el villano.


El capítulo 3 menciona el cine de los años 20 en Berlín, París, Moscú, Shanghai y Tokio, mientras que el capítulo 6 lo hace en Egipto, India y México en los años ´50. El episodio 8, quizás uno de los más llamativos, se dedica casi exclusivamente al nacimiento del cine africano en los años ´70. Yo era un ignorante absoluto de la existencia del séptimo arte en África. Es refrescante poder ver una aproximación al cine tan global.

Mark Cousins no es el mejor narrador del mundo. Su inglés no suena lindo (tiene como un acento medio hindú) y el tono de voz prácticamente no varía. Le falta emoción al hablar. Pero te bombardea tanto con información interesante que terminás pasando eso por alto.

Claro que en cualquier historia del cine siempre van a quedar muchas cosas afuera. El documental es absolutamente subjetivo y el creador nos muestra las películas que a él le parecen más importantes. Apenas menciona el cine de terror de los años ´70, y omite casi completamente a la animación. No se nombra a Hayao Miyazaki ni a Pixar, por ejemplo. 

Pero las películas que él considera memorables, las justifica muy bien. Con una capacidad de síntesis brillante, expone por qué una cinta particular fue particularmente importante para la historia del cine.
    
La serie funciona como una suerte de “teoría de las cuerdas” del cine: todo está conectado con todo, todo es un remix.  Cousins muestra cómo el arte fue evolucionando, cómo aparecieron nuevas técnicas de filmación, pero también se enfoca en la manera en la que los argumentos e ideas se han ido repitiendo a lo largo de la historia. 

Es fascinante entender cómo los diferentes directores fueron influyéndose, cómo los estilos emergieron, se desvanecieron y volvieron a emerger.

La odisea de Cousins es como un gran poema, una carta de amor al cine. Su narración llega a ser abstracta, pero es también muy personal. Los episodios son entretenidos y altamente informativos (especialmente para amantes del cine fuera de lo que Hollywood muestra).


Una precaución que hay que tener con este documental es que al director a veces se le escapan spoilers de las películas que analiza. La gran mayoría de las veces se entiende la necesidad de hacerlo. Se hace necesario mostrar ciertos momentos argumentales de una obra para poder entender en dónde recayó su importancia… pero vale aclararlo porque hay gente muy sensible con esos temas.

Personalmente me encantó “History of film: an oddysey” y me permitió agendarme muchísimas películas. Exponer la historia del cine desde el Génesis hasta las Revelaciones es un proyecto ambicioso, y creo que Mark Cousins dio en el clavo con muchísimas eficacia. Es claro, prolijo y coherente. El documental rinde homenaje tanto al cine independiente como al más comercial. Muestra a directores clásicos, radicales, excéntricos y visionarios alrededor del mundo, y a lo largo de todo un siglo. Imperdible para amantes del cine y todo lo que representa.

Pueden encontrar algunos episodios en Youtube, y el resto está disponible por Torrents:



Lista de episodios:

Episodio 1           (1895-1918): LOS ALBORES DE UN NUEVO ARTE.
Episodio 2           (1918-1928): EL TRIUNFO DEL CINE AMERICANO.
Episodio 3           (1918-1932): LOS REBELDES DEL CINE.
Episodio 4           (AÑOS 30): LOS GRANDES GÉNEROS Y EL CINE EUROPEO.
Episodio 5           (1939-1952): LA GUERRA Y LOS NUEVOS LENGUAJES.
Episodio 6           (1953-1957): SEXO, DRAMA, PASIÓN Y RABIA.
Episodio 7           (1957-1964): EL NUEVO CINE EUROPEO.
Episodio 8           (1965-1969): UNA NUEVA OLA.
Episodio 9           (1967-1979): EL NUEVO CINE AMERICANO.
Episodio 10         (1969-1979): DIRECTORES DE UN CINE RADICAL.
Episodio 11         (AÑOS 70): INNOVACIÓN EN LA CULTURA POPULAR.
Episodio 12         (AÑOS 80): CINE Y PROTESTA.
Episodio 13         (1990-1998): LOS ÚLTIMOS DÍAS ANTES DEL DIGITAL.
Episodio 14         (AÑOS 90): LA LLEGADA DEL DIGITAL.
Episodio 15         (DEL 2000 EN ADELANTE): EL FUTURO DEL CINE.

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lunes, 13 de junio de 2016

“El abismo”, mi cuento en la antología “Pobre Diablo”


Una de mis “novedades literarias” de este año es mi participación en la antología PobreDiablo, que reúne historias de terror de varios autores argentinos. El libró se lanzó el viernes 6 de mayo a través de la editorial Pelos de Punta, que se especializa exclusivamente en el género del terror. Presentaron el nuevo tomo de la colección en Zona Futuro, dentro de la Feria del Libro 2016.

Narciso Rossi, uno de los tres creadores de PelosDePunta , me contactó para invitarme a participar. Un honor gigante.

El cuento que terminé aportando se llama “El abismo”, un relato en tres partes que narra un viaje hacia los lugares más oscuros de Internet, y que tiene un matiz muy lovecraftiano. El desafío fue interesante porque el horror literario no es mi fuerte y apenas tengo un puñado de relatos que entrarían en esa clasificación (por ejemplo: el microrrelato “El horno” y “A veces vuelven”, el primer cuentito que fue reconocido en un premio literario).

La realidad es que mis escritos se reparten entre la ciencia ficción, el misterio/policial y las historias con cierta comicidad e ironía.

Pero en fin, quedé contento con “El abismo”, y me parece que encaja con la temática de la antología. El tomo debía incluir la figura de un diablo, demonio o cualquier ente sobrenatural, sea del imaginario propio o de cualquier tipo de creencia.



Cada colección se compone de 13 cuentos y sus títulos (MalaSangre, EntreDientes, ManoDura, MalCriados) encierran la idea general de los relatos. Por ejemplo, ManoDura estaba compuesto por cuentos violentos y Malcriados protagonizado por niños.

Todas los distintos tomos pueden comprarse de forma online en la página oficial de la editorial (http://www.pelosdepunta.com/).  Creo que el proyecto–que arrancó por iniciativa de tres amigos escritores y lectores de terror– es muy atractivo y algo diferente entre las editoriales independientes argentinas.

Pelos de Punta no sólo difunde el trabajo de escritores argentinos contemporáneos, también le devuelve al terror argentino el lugar que se merece. Hay toda una generación nueva (y desconocida) que se está volcando al género. 

El terror hoy es trending topic en películas, videojuegos y en la web (a través de creepypastas), y en Argentina también está presente, todavía buscando un lugar.

Si les interesa conocer más sobre esta iniciativa, les recomiendo leer la entrevista muy completa que le hicieron a Pelos de Punta en Axxónhttp://axxon.com.ar/rev/2015/10/entrevista-a-editorial-pelosdepunta-ricardo-giorno/

La antología PobreDiablo tiene la particularidad de generar contenido relacionados con demonios. Y, en ese sentido, hay algunos relatos que verdaderamente son muy memorables. Mi favorito de la colección (sin contar el mío porque, vamos, si no creo yo en mí mismo, ¿quién lo va a hacer?) fue “El baile”, de Javier N. Fernández.  Creo que fue el único que realmente me hizo sentir un escalofrío. Cuenta la historia de un tipo con bloqueo de escritor que recibe la visita del Diablo, quien le cuenta algunas de sus historias más macabras para inspirarlo.

En “Geografía” (de Walter Lezcano) un apocalipsis zombie se desata en una escuela, un profesor y algunos alumnos intentan escapar del caos. Me resultó muy bien escrito. Otros que disfruté fueron “El amigo oculto”, por Juan Pappalardo, y “Un ángel en mi jardín”, de Francisco Costantin. El primero es sobre un hombre siendo cazado, literalmente, por su otra mitad, que es en realidad un asesino. El segundo nos presenta un mundo donde los ángeles comenzaron a caer del cielo porque, aparentemente, libran la batalla final contra el Diablo.

Página oficial de la editorial “Pelos de punta”: (http://www.pelosdepunta.com/).


¡Feliz día del escritor a todos mis compañeros escritores y blogueros que siguen el blog!

El 13 de junio de 2016 se celebra el día del escritor en Argentina, en commemoración del nacimiento de Leopoldo Lugones, quien fue clave para configurar el canon literario argentino con sus textos y gracias a la fundación del SADE (Sociedad Argentina de Escritores).

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