Tercera parte de esta entrega donde exploro algunos
de los más grandes horrores que suele presentar la ficción (particularmente el
cine y la literatura). Antes ya hablé del “Entierro
prematuro” y de “La
invasión del hogar”.
Hoy es el turno de los espejos, objetos
inherentemente perturbadores.
Cuando estamos frente a un espejo, mirando
fijamente, también hay alguien mirándonos a nosotros. Un reflejo en un espejo
puede hacernos saltar de miedo y hay todo un folkclore asociado a este elemento (leyendas urbanas, cuentos de mala
fortuna, poderes mágicos, etc).
Como se trata de un elemento tan sobrecargado de
simbolismo, no es raro que sea uno de los más utilizados en el cine, en la
literatura y en otros medios. Incluso grandes filósofos y pensadores aprovechan
metáforas referidas a ellos.
«El
arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle
forma.»
Uno de los usos más originales de este objeto que
vi fue en la película Occulus,
de Mike Flanagan. Es brillante cómo esa
cinta logra evitar la mayor cantidad de clichés posibles respecto a los
espejos, y en su lugar brinda un argumento de terror psicológico con un
componente de locura.
► Y hablando de clichés, alguien se tomó el trabajo
de armar un supercut con los más reconocibles jump-scares:
Flanagan es un tipo que ya demostró que sabe hacer
buen cine de terror y suspenso (Before
I Wake y Hush
son geniales). Si bien el género de terror es donde abundan los espejos,
también hay grandes escenas de otros géneros que los han hecho importantes.
Cómo olvidar a Robert
de Niro en Taxi Driver (1976)
(“Are you talkin to me?”) o aquella gigante escena del humor de los hermanos Marx en Duck Soup (de 1933).
El reflejo que devuelve un espejo al personaje puede
ser igualmente agradable o inquietante, mortificante o estimulante. En algunos
casos son puertas a otros reinos, contienen demonios temibles o pueden
directamente comunicarse con nosotros para revelarnos aquello que tanto
anhelamos. Pero esta saga se llama “Grandes horrores”, así que vamos a referirnos
a esos momentos en los que el espejo representa algo monstruoso.
En cine tenemos la tristísima película Mirrors, con Kiefer Sutherland. Acá resulta que hay un ente demoníaco habitando
los espejos y ataca a cualquiera que lo mira directamente. Un gran clásico del
terror slasher es Candyman, donde
decir su nombre cinco veces frente a un espejo atrae a un asesino con un gancho
en lugar de mano que te asesina de forma horrible.
Hay una novela de Robert Heinlein (a quien ya
mencioné en el blog) que tengo ganas de leer (pero todavía no encontré). En
ella hay unas entidades malignas que ingresan y salen de nuestro mundo a través
de espejos. La premisa de la historia (The
Unpleasant Profession Of Jonathan Hoag) es fantástica: un hombre no puede afirmar
qué hace para ganarse la vida. Cada vez que se lo preguntan, no sabe qué
responder. Por eso contrata a una pareja de investigadores privados para que lo
investiguen a él.
El maestro del terror (Stephen King) le dedicó
una historia a los espejos: The Reaper's
Image. Por su parte, series de televisión como Escalofríos (de R.L. Stine),
Doctor Who y Supernatural tienen episodios que utilizan este místico elemento.
La vida real también puede generar momentos
estresantes frente a un espejo. Se conoce como “efecto Caputo”. El investigador Giovanni Caputo realizó un experimento en el que colocó a 50 personas frente
a espejos. Debían mirarse directamente a los ojos durante 10 minutos en una
habitación tenue.
Varios de ellos empezaron a tener ilusiones de
rostros extraños y deformes al cabo de un minuto. Sensaciones raras donde se
veían desfigurados, se tornaban en monstruos lúgubres o hasta en familiares
muertos. Caputo explicó que los efectos pueden ser causa de un regreso súbito a
la realidad después de una disociación, de una separación de cuerpo y mente.
Hay también un componente psicológico en el asunto. Lo cierto es que verse directamente
a los ojos puede ser más alucinógeno que el LCD.
Por último, existe un desorden neurológico donde
los afligidos no pueden reconocer su propio reflejo. Al mirarse en un espejo
sienten que están siendo perseguidos por extraños que se metieron en su casa
(de nuevo aparece la idea de la “invasión de hogar” del post pasado).
La
mayoría de los animales, de hecho, no puede reconocer su reflejo, y se sienten
amenazados o desafiados por su imagen espejada que (por supuesto) siempre
responde con el mismo impulso.
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