lunes, 20 de junio de 2016

“La araña” (1908): el terror de Hanns Heinz Ewers


Hace unos días comentaba en el blog sobre la antología Pobre Diablo, una serie de relatos de terror de autores argentinos donde publiqué mi cuento “El abismo”. Hoy quiero hablar un poquito más del cuento de terror, pero situándonos varios años antes, y del otro lado del charco.

La araña” es uno de los relatos de horror más importantes de la literatura moderna; fue escrito por el expresionista Hanns Heinz Ewers, un autor tan enigmático como sus propios textos. Nacido en Düsseldorf (Alemania) en 1871, se interesó por la mística y las ciencias ocultas desde muy chico. Durante su vida fue anarquista, trotamundos, espía alemán (estuvo muy asociado con el régimen nazi), novelista, ensayista y cineasta, entre otras tantas ocupaciones.

Este relato es escalofriante no por lo que muestra, sino por lo que deja entrever a través del voyerismo, a partir de la mirada oculta. En otra oportunidad mencioné cómo el cine de terror está cada vez más tendiendo hacia la idea de apenas vislumbrar el horror en lugar de hacerlo obvio y explícito (puede leer más al respecto acá).

En La araña todo es misterio y ocultamiento. El protagonista no hace más que mirar a través de una ventana y, paradójicamente, se va enredando a sí mismo en la trampa. 

La historia comienza cuando un estudiante de ciencias, Richard Bracquemont, decide investigar un cuarto en el que, inexplicablemente, se han suicidado tres personas anteriormente (y sin motivo aparente). Cuando llega a la escena, extraños sucesos comienzan a suceder, especialmente una mujer que se le aparece a Richard a través de una ventana.

► “La araña”, de Hans Heinz Ewers, para descargar en PDF: DESCARGAR.


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>> No digo más (por ahora) porque se viene el clásico aviso de #SpoilerAlert. El cuento está buenísimo, así que recomiendo leerlo antes de arruinarse partes fundamentales de la trama. Después (claro) se vuelven por acá.

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Lo más interesante de este relato es que el aire de rareza o de extrañamiento se manifiesta desde las primeras hojas. La historia comienza con un recuento de los suicidios, a lo largo de tres viernes consecutivos, en  la habitación número 7 del pequeño Hotel Stevens.

Richard Bracquemont, estudiante de medicina, se hospeda con la esperanza de lograr descubrir el misterio y volverse famoso, y comienza a apuntar todo lo que sucede en un diario.

Así, al relato lo vemos siempre a través de los ojos del protagonista, y gracias al texto que él mismo va escribiendo. A veces escribe sobre situaciones que vivió hace poco dentro de la habitación, y a veces escribe en presente, anotando exactamente lo que está experimentando en ese preciso momento.

La primera vez que Richard ve a la extraña mujer en la ventana opuesta es el primer indicio de que estamos ante un narrador en el que no podemos confiar, subjetivo, imparcial, confundido incluso. Cuando describe a la reservada mujer, Richard advierte que era “difícil distinguir algo con claridad a través de los cortinados” y que su descripción de la mujer es una leve intuición.

El autor, deliberadamente, quiere poner la atención sobre la percepción distorsionada del protagonista, algo que irá creciendo progresivamente a medida que avance el relato. Richard va siendo seducido por esta viuda negra, cae en su telaraña, y nosotros como lectores entendemos que algo malo va a pasar.


La narración de “La araña” es realmente magistral, y el mismo texto es como una telaraña que te va envolviendo. Se trata de una versión moderna del mito de Aracne, pero situada en el siglo XX. La presencia de las arañas en el ámbito literario ha ido multiplicándose (y adaptándose) a lo largo de los años y de los géneros. En los cómics, por ejemplo, Spiderman (creado por Stan Lee y Steve Ditko) apareció en el año 1962. Mucho tiempo antes, J.R.R Tolkien enfrentaba a sus protagonistas frente a un ejército de arañas. Más cerca de nuestros tiempos, el segundo libro de la saga de Harry Potter también opone a los héroes contra la araña gigante Aragog.

Muchas veces se ha asociado a las arañas con las mujeres. Sucede, por ejemplo, en la genial película de Denis VilleneuveEnemy” (2013), con un impecable Jake Gyllenhaal. También representan la paciencia, debido a sus técnicas de caza que se basan en tejer trampas y esperar.

El caso del cuento de Heinz Ewers no es tan conocido. Su relato quedó relegado al olvido hasta que fue rescatado por Dashieel Hammet (para la revista Weird Tales of Strange Creatures). Hace poco salió una nueva edición de sus cuentos que además contiene una extensa biografía del autor: “La araña y otros cuentos macabros y siniestros” (Valdemar, 2014).

La cuestión es que en “La araña”, Richard es seducido, lenta y pausadamente, por una joven chica que vive en la ventana del frente, y a quien él bautiza como Clarimonde. El estudiante no puede evitar obsesionarse con ella, espiarla a todas horas y anotar cada uno de los detalles en su diario. Ella, pálida, vestida de color negro, pasa los días hilando en una rueda antigua.


«Da una sensación muy extraña ver cómo los dedos delgados y negros tiran y sacan los hilos de una manera aparentemente caótica, casi como el pataleo de un insecto.»

Hay indudables similitudes entre el cuento de Heinz Ewers y el mito de Aracne. Nada es casualidad: ni que la mujer de negro se pase los días hilando, ni que las tres personas mueran ahorcadas, tampoco que se encontrara una araña viva cerca de cada cadáver.

Un aspecto atrapante del cuento es experimentar cómo el protagonista va perdiendo el control de sus propias acciones. Para él esto es imperceptible, pero el lector no duda que él está siendo poco a poco manipulado. La vida y la muerte se van entrelazando, a lo largo de la narración, con una indudable destreza. El hombre queda completamente destruido por la seducción de una mujer y su belleza.

Algunos ensayistas leen en “La araña” un relato de vampiros. O más bien, un relato de vampirismo, si bien el foco está puesto en la investigación de la historia, y todas las consecuencias indeseables que conlleva. 

Sin duda, el título sugiere un vínculo entre el amor y la muerte a través de los hábitos de las arañas.

El texto trabaja el terror desde lo psicológico. El horror, el mal en sí, actúa desde adentro, desde el cuerpo del protagonista. Aparece el poder sugestionador de lo invisible. El final es el esperable: trágicamente, Richard descubre que está perdido cuando ha perdido a su propia voluntad, cuando sabe que él no puede controlar a Clarimonde.

Él cae en la trampa y se convierte en el cuarto suicida.

«El rostro tenía una expresión diferente;
estaba desfigurado por un miedo espantoso;
los ojos, muy abiertos, se salían de sus órbitas.
Los labios estaban estirados, los dientes apretados con fuerza.
Y entre ellos colgaban los restos de una araña negra enorme aplastada,
con extraños tonos violeta

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1 comentario:

  1. Interesante reseña, que despierta curiosidad sobre el cuento.
    Los mitos siguen estando vigentes, inspirando historias. No pueden faltar historias sobre mujeres misteriosas que llevan a personajes al desastre.
    Saludos.

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