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jueves, 15 de diciembre de 2016

Netflix y su estrategia de marketing


En algún momento tenía que hablar de Netflix.

Hace un tiempito, el gigante del streaming cerró su cuarta serie Marvel: Luke Cage. Y en general tuvo un muy buen recibimiento por parte de la audiencia y la crítica. 

Se trata de otro de los tantos contenidos originales de Netflix, una empresa que poco a poco se fue convirtiendo en productora, manteniendo simultáneamente los derechos de distribución de sus contenidos. Controla no sólo las series que podemos ver, sino también la única forma de verlas (legal, claro).

Puede que Friends se lleve a varios canales de cable o a otros servicios de streaming, pero House of Cards u Orange is the New Black van a quedar para siempre en Neflix.

Así, la compañía logró una importante ventaja de integración vertical: produce y distribuye, controlando todas las etapas del producto hasta que llega al consumidor final (nosotros). 

En esta nota voy a hablar un poquito respecto a eso, y en particular de su especial estrategia de marketing.


Un cacho de historia

A lo mejor vivís en un tapper y no sabés qué demonios es Netflix. No hay problema, hagamos un breve repaso.

Netflix es un servicio que –oh, sorpresa– arrancó allá por 1999.  Al principio era un servicio de subscripción para alquiler de DVD´s, donde uno pedía por Internet y te mandaban el DVD por correo. En el año 2007 agregaron la posibilidad de streamear videos vía Internet como valor agregado al servicio.


Por supuesto, y como muchos sabemos, en los próximos 3 o 4 años los alquileres de DVD´s empezaron a caer drásticamente, a medida que el acceso a Internet se volvió más barato y rápido. Netflix rápidamente evolucionó para convertirse en el prominente servicio de entretenimiento por streaming que hoy conocemos.

En otras palabras: Netflix fue el servicio de alquiler de DVD´s que terminó por matar al alquiler de DVD´s. ¡Quién lo habría dicho!

En el frente televisivo, la principal competencia de Netflix es Hulu, ambos empeñados en lograr colocar las mejores series clásicas entre sus librerías. Por ejemplo, Hulu tiene la exclusividad de los reruns de Seinfeld, mientras que Netflix lo tiene con Friends.

En los últimos años (desde el 2012 en adelante) Netflix preparó una estrategia contundente donde empujó hacia contenido original y exclusivo. El resultado fue un gran éxito para la empresa y un salto en popularidad impensado. House of Cards, una de las figuritas estrellas, fue la primera serie directo-a-streaming que ganó un premio Emmy.

Hulu, Amazon y Yahoo! también tienen hoy sus servicios de streaming. Pero, ¡vamos!, ¿quién va a pagar dos servicios diferentes? Nadie quiere hacer eso. Netflix la viene jugando bien, haciendo contratos exclusivos con Dreamworks Animation (el reboot de Voltron) y con Marvel Comics (Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage, el venidero Iron Fist).

Por otro lado, debido al incremento en la popularidad del animé vía streaming (Crunchyroll siendo el líder), Netflix también comenzó a lanzar su propio contenido original: Knights of Sidonia, The Seven Deadly Sins, Ajin, etc. No es su principal fuerte, pero es un comienzo. 


Ahora piensen en esto: Netflix es tan popular que representa un tercio de todo el tráfico de Internet en Estados Unidos entre las 7 pm y la 1 am. ¡Un tercio! La gente está viendo más Netflix que porno.

Para el 2014, Netflix ya llegaba a 40 países alrededor del mundo. En el 2015 anunció que llegaría al resto de los lugares. Hoy hay apenas unos pocos rincones del mundo sin acceso al servicio de streaming más grande que conoció el mundo.

Los 13 episodios de las series de Netflix

El hitazo Stranger Things pegó fuerte en la cultura popular, convirtiéndose en una de las series del año. Y tuvo sólo 8 episodios. Sin embargo, la gran mayoría de las series originales de Netflix tienen todavía 13 episodios, el standard de la industria de la televisión desde hace años.


El procedimiento clásico siempre fue consistente: grabar un episodio piloto, ser seleccionado, grabar otros doce episodios, y luego completar la tirada para tener una primera temporada de 20 a 24 episodios. Ahora: esto no tiene sentido para Netflix, una empresa que no tiene necesidad de estirar sus temporadas, ni de generar publicidad en el medio. Más considerando que todos los episodios los tiran de una, listos para hacer binge-watch.

HBO hace rato que se pasó a hacer series de 10 episodios. Lo mismo hicieron otras cadenas de televisión. Es verdad que una tirada de diez episodios no garantiza ningún éxito (todos queremos olvidarnos de la segunda temporada de True Detective), pero definitivamente parece ser un número redondo para no estirar demasiado una historia. Es más fácil contar un argumento sólido y claro.

Netflix hizo algunas movidas para acortar sus series, pero las de Marvel –indudablemente el peso fuerte– siguen siendo piezas de 13 episodios. Y varios están de acuerdo al mencionar que varios capítulos terminan sobrando. No importa qué tan bueno e interesante sea tu personaje principal: dale dos o tres capítulos donde no tiene nada que hacer y el ritmo se siente detenido.

Temporadas más cortas permiten que los productores puedan atraer a grandes estrellas, que pueden comprometerse a sólo un par de episodios. También le permite a una cadena meter más shows en un mismo periodo de tiempo. Netflix está buscando esto, quizás con cierta lentitud. Quiere tener una variedad lo suficientemente grande como para gustar a todo el público. Un menú de géneros y estilos variados, donde todos tengan un favorito.

Algo me dice que los próximos shows de Marvel van a ser más cortitos. Es más barato y más sencillo de producir. Aunque también es cierto que parece ser la gallina de los huevos de oro. Sí, Netflix ha hecho algún contenido original muy olvidable (como algunas de sus películas) pero las series han sido casi todas aclamadas por la crítica.

La estrategia de marketing de Netflix

Entonces: resumamos un poco la estrategia de marketing del gigante del streaming. Primero, están abiertos al cambio, a transformarse. Cuando vieron que el alquiler de DVD´s estaba muriendo, supieron adaptarse a lo que se venía. Y mal no les fue.

Por otra parte: piensa en sus clientes, el cliente es el foco. Netflix hace un análisis metódico de la información proveniente de sus usuarios. Pasó con House of Cards, por ejemplo. La historia es relativamente conocida: usaron sus conocimientos sobre las preferencias de sus clientes para lograr desarrollar un producto con el menor margen de riesgo. Cuando salió esta serie, Kevin Spacey era una de las estrellas más queridas por el público, y la serie que garpaba era el thriller político. Mis compañeros de Altapeli.com hablaron al respecto en esta nota.


En tercer lugar, Netflix supo entender que “el contenido es el rey”. Gracias a una transición muy rápida, pasó de ser una plataforma con los mejores contenidos audiovisuales del mundo a empezar a lanzar su propio contenido. Como sabemos, crear contenido de calidad es no insultar a sus consumidores, darles valor, apreciarlos, entenderlos. Así, logró una integración vertical como pocas veces se ha visto.

Queda por ver cómo se sigue moviendo el mundo, y si Netflix sigue tomando decisiones acertadas para adaptarse al cambio. Por lo pronto, parece que las cosas le están yendo muy bien.

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domingo, 11 de diciembre de 2016

Ser escritor independiente (según Alejandro Laurenza)


Estuve una semana en la montaña, dando vueltas por los impresionantes refugios de El Bolsón (ya habrá nota al respecto) y por eso el blog quedó medio relegado.

Vuelvo con esta nota que le hice a Alejandro Laurenza, una interesantísima persona que –como pocos– se animó a dejar un trabajo estable y seguro por la incertidumbre de perseguir su sueño. 

Hoy, varios años después, lo logró y lo sigue logrando.

Alejandro escribe, escribe mucho (poesía, libros infantiles, novelas para adultos) y dedica sus días a promocionar sus obras en las calles de Buenos Aires. Intercambiado historias, conociendo gente y disfrutando de su pasión. 

Su vida es el perfecto ejemplo de que, más veces de las que creemos, las trabas nos las colocamos nosotros mismos. Un modelo a seguir para todos los que no nos animamos a perseguir nuestra literatura con confianza plena.

Pero, mejor, dejemos que él mismo nos cuente su historia.


***

ENTREVISTA A ALEJANDRO LAURENZA

Alejandro: dejaste un trabajo de oficina más o menos seguro y “cómodo” para salir a la calle (literalmente) y dedicarte a lo que amás: escribir. En notas de tu blog (como acáacá) hablás de lo que sentías laburando en relación de dependencia. Hoy, ya varios años después, vivís de tu literatura. ¿Se extraña esa "otra vida"? ¿Qué sentís que ganaste y que perdiste con el cambio?

Creo que logré combinar dos cosas que me gustan mucho: escribir y caminar por la ciudad; sumando además poder vivir de eso que escribo.

Lo que gané fundamentalmente es independencia, con todo lo que implica. Nunca sabés de qué manera vas a llegar a fin de mes, como le ocurre a cualquier emprendedor, pero tenés la satisfacción de estar trabajando todos los días en aquello que elegís y te apasiona.

Gané también el contacto directo con la gente. Ya van casi seis años que salgo a ofrecer mis libros. Recorro fundamentalmente Gran Buenos Aires y un poco de CABA. Una vez por año, o año y medio, suelo regresar a los lugares en los que antes estuve, por lo que me encuentro de nuevo con quienes me han comprado libros y obtengo comentarios de primera mano. Eso te ayuda a afianzarte y a crecer.


Lo que perdí, quizá, al momento de cambiar de profesión fue el reconocimiento de mis pares, de clientes, de posibles empleadores. Trabajé algo más de una década en sistemas y después de ese tiempo, quieras o no, conocés a la gente y te conocen, saben si trabajás bien o mal, te sentís seguro en el entorno, protegido.

Cuando cambié de actividad me despojé de todo eso, tuve que empezar de nuevo como cuando tenía veinte años.

“Me siento a mitad de camino entre escritor y emprendedor”, dijiste en tu blog. Comentame un poquito cómo vivís eso en el día a día y cuáles creés que son los desafíos más grandes de ser un autor independiente. ¿Cómo es un típico día tuyo?

Lo más importante, creo, es reconocer que no va a ser fácil, que vas a tener que trabajar mucho como lo hace, insisto, cualquier emprendedor en lo suyo, y que con pasitos de hormiga vas a ir consiguiendo cosas.

Divido mi tiempo en varias partes. Por un lado está el hecho artístico de escribir, el momento de la creación, en el que intento olvidarme de todo lo demás. Trato de ser honesto con lo que quiero o necesito decir, después veremos si eso se convierte en libro y si a la gente le interesa comprarlo.

En segundo lugar viene, pasados dos, tres, cuatro años de la escritura, el proceso de edición: el diseño, en algunos casos las ilustraciones para chicos, contratar imprenta, etc. Las correcciones de los textos van ocurriendo en el medio.

Y por último llega la venta del libro publicado. Esto lo hago todos los días, generalmente de lunes a viernes durante la mañana. Salgo de casa sin saber bien adónde voy a ir. Me tomo un colectivo o el tren, siguiendo las ganas de ese día, después otro colectivo, y visito entonces un barrio de la ciudad. Llevo, claro, un registro de los lugares en los que estuve en el último tiempo. Elijo, ayudado por la memoria y por ese cuadernito lleno de flechas y tachaduras, pero sin descuidar la motivación, el instinto, aunque suene exagerado.

Durante el viaje escucho música, intento relajarme. Luego empiezo a ofrecer mis libros negocio por negocio. Busco posibles lectores en todas partes: en una verdulería, en un almacén, en una casa de repuestos para autos. En general la respuesta es buena. Me compran o no, me dan una palabra de aliento, me empujan a seguir.

Sos un caso de éxito: alguien que logra vivir de lo que realmente le apasiona, en lugar de pasar los días monótonamente encerrado entre cuatro paredes en un trabajo burocrático. Me gustaría saber cómo superaste ese miedo a “pegar el salto” (que seguro tuviste en su momento) y qué le recomendarías a alguien que, a lo mejor, piensa en hacer lo mismo pero no se termina de animar.

El miedo lo supero poniéndome en movimiento.

Claro, durante mucho tiempo sentí que estaba en el lugar equivocado. Programaba, hacía análisis de sistemas, especificaciones técnicas, y trataba de tomármelo de la mejor manera, realizando mi trabajo a conciencia. Pero a la noche me volvía a preguntar qué debía hacer con mi vida, hacia dónde llevarla.

Me costó reconocer que era posible vivir de la escritura. Tenía dos o tres libros publicados. Salía a venderlos en mis tiempos libres. Iba a la plaza San Martín, en Retiro, los días de semana. Ofrecía en Palermo, en el parque Tres de Febrero, los sábados y domingos.

Escribir y publicar estaban ahí. Aprendía poco a poco a hacerlo. Pero ganarme el pan con eso me parecía imposible. Incluso el día en que dejé mis antiguas labores no estaba seguro de cómo iba a seguir. Pero sabía (ja, sabía) que iba a encontrar la forma.

Lo cierto es que las ideas y las soluciones aparecen cuando uno las necesita, cuando te empeñás en resolver. Lo que recomiendo es que no se pasen de rosca pensando. Cuando pensás demasiado te paralizás y lo único que encontrás son excusas.

Me encantó la "saga" de tu blog “Encuentros (Cosas que pasan en la calle, en relación a los libros)”, donde relatás con humor diferentes experiencias que te fueron pasando con la gente. ¿Cómo y cuándo surgió esa idea?

Surgió por casualidad como tantas cosas. Muchas veces llegaba a casa y le contaba a mi mujer tal o cual situación, y ahí quedaba.

Por otro lado, cuando empecé con mi blog tenía mucho para decir, pero con el tiempo me fui quedando sin tema. Si comparás la cantidad de publicaciones de los primeros años con la de los actuales, vas a ver que se redujo drásticamente. No quiere decir que no escriba, pero viré hacia otros lugares y contenidos.

La serie “Encuentros” vino a paliar la situación.

Como sos escritor, necesariamente también sos un gran lector. ¿Qué lees? ¿Cualés considerás tus influencias a la hora de escribir?

Los primeros escritores que se me vienen a la cabeza son Sábato, Benedetti, Galeano, Dostoiewski, Neruda, Storni, Hemingway, Faulkner, Cortázar, Camus, Murakami, Cervantes, García Márquez, Isabel Allende.

Hay muchísimos otros. Esos son los primeros que siempre recuerdo aunque no sean los que esté leyendo en este momento. Las influencias son de todos (los que nombro y los que no), en mayor o menor medida, según la época.

Estoy por ser padre y en un par de años voy a estar leyéndole literatura infantil a mi hijo antes de dormir. ¿Qué creés que es lo más importante a la hora de escribir para los más chicos? ¿En qué tipo de cosas te enfocás vos en tus libros?

¡Felicitaciones por ese bebé en camino!

Lo más importante para mí es sentirme un nene mientras escribo. Disfrutarlo siendo nene. No querer enquistar una enseñanza o una moraleja forzada. Si después aparece, será, pero ante todo las ganas de escribir.


Dos preguntas relacionadas con la parte más “comercial” de la literatura. ¿Qué opinión tenés del negocio editorial actual? Por otro lado: ¿qué opinás de los concursos literarios? ¿Solés participar?

Dicen que el negocio editorial está en crisis. Yo no lo conozco mucho. Lo que sé es por lo que leo. Me gusta seguir a Guillermo Schavelzon, el agente editorial. Tiene un blog (https://elblogdeguillermoschavelzon.wordpress.com/) en el que periódicamente cuenta los avatares de ese mundo.

Yo me muevo en el margen. Sin renegar de nada. Buscando un hueco donde aparezca.

En cuanto a los concursos literarios, no suelo participar. Lo hacía al principio, cuando empecé a escribir, tratando de que alguien me dijera si valía o no la pena lo que había volcado en ese pedacito de papel. Nunca gané.

Con el tiempo me di cuenta de que en cualquier competencia sólo gana uno. No quiere decir que los otros sean malos. Habrá de todo. Pero el ganador es uno. Y la vida no es así.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

El proyecto más cercano es un libro para chicos con ilustraciones de Marcos Amayo Acosta, con quien nos conocimos trabajando en sistemas. Está en imprenta y su aparición es inminente: estoy esperando que me lo entreguen, cosa que debería suceder en estos días.

Su título, “El mago Pascualito”. Es una historia de fantasía, sobre un pingüinito que quiere ser mago. Emprende un viaje para lograrlo, y esa línea principal se va mezclando con situaciones más breves, ya siendo mago el pingüino,  en las que ayuda a los animales de la Patagonia que vienen a buscarlo.

También tenemos en marcha el diseño del títere del pingüino, cuya confección estará a cargo de Lucerito Juguetes Blandos. 

Con ellos venimos trabajando desde hace un par de años. Hicimos juntos varios otros títeres y también libros de tela para bebés. Quedan muy lindos.

Estamos, por otro lado, en proceso de traducción a inglés de estos telalibros, ilustrados por Lucila Cardozo y traducidos por Darío Bard.

Queremos hacer también con Lucerito un libro almohada, el cual ya terminé de escribir, que sirva para que los chicos duerman o para los viajes en auto o en micro, protagonizado por el pingüino Pascualito.

Tengo, en un plano diferente, una novela para adultos en proceso de corrección, y un nuevo libro de poesía. Muchas ganas de publicarlos, pero deberán esperar su turno.

En fin, más proyectos de los que puedo materializar.

Por último: ¿algo más que nos quieras contar? ¿De qué manera puede contactarte la gente?

Creo que dije bastante, no sé si quedó algo por ahí. Hacer hincapié, quizá, en que los límites para trabajar en lo que de verdad deseamos son una ilusión creada por nosotros mismos, una manera de mantenernos confortables y a salvo de la mirada y el juicio de los otros. Pura fantasía que no nos deja ser.

Puedo repetir además algo que muchos emprendedores dicen y me parece muy cierto: lo importante no son las ideas en sí, sino ponerlas en marcha, hacerlas realidad. Una gran idea guardada en un cajón no tiene mérito, ahí se muere.

Si tienen ganas, me pueden encontrar en mi blog “Aprendizaje Literario”, cuya dirección es www.laurenza.com.ar. Allí hallarán otros medios de contacto: Facebook, Twitter, e-Mail.

¡Gracias por la entrevista!, muy buenas preguntas. Espero haber estado a la altura.

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sábado, 3 de diciembre de 2016

Marvel y las gemas del infinito


Doctor Strange pegó fuerte en los cines estos días y representó la película N°14 dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Además de ser una hipnótica aventura con poderosos hechiceros, tuvo la particularidad de presentar una nueva gema del infinito y, además, llamarla por su nombre (cosa que no quede ningún lugar a dudas).


¿Qué son las Gemas del Infinito y por qué son importantes para la historia que se está contando en las cintas de Marvel?  Todo eso y más, en esta nota.

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#SpoilerAlert: evidentemente, si no venís siguiendo las películas de Marvel (y menos si todavía no viste Dr. Strange) pueden llegar a aparecer pequeños spoilers.

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Marvel ya entró en la Fase 3 de su Universo Cinematográfico y todas las líneas argumentales nos están llevando, poco a poco, hacia el gran climax que se va a vivir en Avengers: Infinity Wars. El hilo conductor es el villano Thanos y su incesante búsqueda de las Gemas del Infinito.

Se trata de seis piedras con poderes inmensos que han ido apareciendo a lo largo de los años en los cómics de Marvel. Quien se haga con todas ellas, puede juntarlas en el artefacto conocido como “El guante del infinito” (Infinity Gauntlet) y obtener tanto omnisciencia como omnipotencia, básicamente convirtiéndose en el Dios de todos los Universos.

La primera de ellas (la Gema del Alma) hizo su aparición en el comic Marvel Premiere #1 de 1973.


Se les puede discutir mucho a las películas de Marvel (que van a lo seguro, que utilizan más o menos la misma fórmula ganadora siempre, que sus villanos nunca son interesantes, etc) pero hay que admitir que fueron construyendo cuidadosamente un gran universo interconectado. El estudio fue introduciendo poco a poco, con sutileza, sin prisas, casi todas las Gemas del Infinito.

Una jugada astuta fue no anunciar con bombos y platillos la existencia de estas piedras del infinito en las películas. La fueron jugando con mucha tranquilidad. Eso hizo que el público general fuera enterándose con el tiempo, a medida que las historias avanzaban y uno iba atando cabos. 

Hoy ya tenemos la certeza de 5 de las 6 piedras y es el hilo argumental que une a todas las narrativas.

A Thanos se lo vio por primera vez en la escena post-créditos de The Avengers (2012). De esa forma, se reveló que había sido el titiritero detrás de la invasión de los chitauri a la Tierra. La historia detrás de las piedras se explicó en Guardianes de la Galaxia (2014), una película que muchos (yo me incluyo) consideran la mejor de la saga hasta ahora.

En esta galáctica aventura, El Coleccionista (Benicio del Toro) explicó qué era el artefacto escondido dentro de la orbe violeta que todos perseguían y brindó el relato del origen de las piedras. Resulta que fueron seis singularidades que existían antes del Big Bang, y se comprimieron en estas piedras cuando el universo comenzó.

Thor identificó las cuatro primeras gemas del Universo Marvel durante una visión extraña que tuvo en Avengers: Era de Ultrón (2015). A su vez él hizo énfasis en la inminente amenaza que representa su reaparición.

Veamos qué poder tiene cada piedra, donde aparecieron y cuál es su paradero actual.

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La Gema del Espacio (azul) / El Tesseract

Primera aparición: escena post-créditos de Thor (2011) y en Capitán América (2011).

El villano Red Skull (Hugo Weaving) y sus aliados de la organización Hydra utilizaron el Tesseract como fuente de poder. Puede distorsionar el espacio para abrir portales (agujeros de gusano) entre universos y, potencialmente, transportar a sus usuarios o permitirle a alguien estar en muchos lugares al mismo tiempo (si bien estas últimas dos cosas no se vieron en las películas, sí en los cómics). En la película de Los Vengadores, Loki utiliza la piedra para abrir el portal que permite al ejército Chitauri atacar a la Tierra.


Paradero actual: está en Asgard, protegida por Heimdall, el gran guardián nórdico que interpreta Idris Elba.

La Gema de la Realidad (roja) / El Aether

Primera aparición: Thor: el mundo oscuro (2013)

Este arma en forma de fluido es capaz de destruir los Nueves Reinos y regresar el universo a un estado antes del Big Bang. El elfo oscuro Malekith intentó utilizarla en la segunda entrega de Thor. La visión de Thor confirmó que se trata de la Gema de la Realidad, ya que el Aether se vio consolidado en una piedra roja.


Paradero actual: la gente de Asgard llevó la gema hasta El Coleccionista, en un intento de separarla del Tessaract. No es una buena idea tener muchas piedras en un mismo lugar.

La Gema de la Mente (amarilla) / El cetro de Loki

Primera apariciónLos vengadores (2012).

Thanos le dio el cetro a Loki para que pueda controlar la mente de las personas y proyectar energía. Antes de los eventos de Era de Ultrón, el artefacto había caído en manos de Hydra, donde nos enteramos que el barón Wolfgang vos Strucker lo estuvo utilizando para hacer experimentos con humanos. Los únicos sobrevivientes fueron los hermanos Quicksilver y Scarlet Witch.

Más tarde, Tony Stark recuperó la piedra y la utilizó (en secreto) para desarrollar la inteligencia artificial Ultrón. Luego de que la profecía le reveló a Thor la naturaleza de las piedras, la utilizaron para crear a Vision, fijándola en su frente.


Paradero actual: la piedra está en la frente de Vision. Como sabemos que Thanos va a conseguir el guante del infinito (por cuestiones argumentales, claro) es muy probable que termine matando a Vision para hacerse con la gema.

La Gema del Poder (violeta) / El Orbe

Primera aparición: Guardianes de la Galaxia (2014)

Peter Quill (Starlord) robó el orbe al principio de Guardianes de la Galaxia, lo cual hizo que esté en la mira de todos los secuaces de Thanos porque (obviamente) no sabía que el artefacto tenía una Gema del Infinito en su interior. La piedra violeta es capaz de destruir la vida de un planeta entero. Si bien los mortales no pueden utilizarla sin ser destruidos, Ronan el Acusador se la bancó lo suficiente para intentar destruir el planeta Xandar.

Esta fue la primera Gema en ser reconocida como tal dentro del Universo Marvel. Cuando se ubica en el Guante del Infinito pueda mejorar el poder de las otras cinco piedras.


Paradero actual: la piedra está en Xandar, custodiada por los Nova Corps.

La Gema del Tiempo (verde) / El ojo de Agamotto

Primera aparición: Doctor Strange (2016)

Muchísimos fans descubrieron antes de tiempo que la película protagonizada por Benedict Cumberbatch iba a presentar la quinta Gema del Infinito. Es la fuente de poder del artefacto conocido como “Ojo de Agamotto” (que Stephen Strange cuelga del cuello) y permite alterar líneas temporales, manipular el tiempo, regresar en el tiempo, alterar la velocidad del mismo, etc.


Paradero actual: está en la biblioteca de Kamar-Taj, Nepal, defendida por Wong y Stephen Strange.

La Gema del Alma (naranja)

La última Gema del infinito no hizo su aparición aún, pero se cree que habrá alguna pista importante en Thor: Ragnarok, esperadísima película que se estrena el año siguiente.

En las redes ya hace un buen tiempo que surgió la teoría (ahora sí estamos meramente especulando) que la primera letra del nombre en inglés de cada artefacto relacionado con una Gema del Infinito permite formar la palabra THANOS.

No sé si será verdad o no, pero la teoría tiene mucha fuerza. De ser así, el artefacto que contenga a la Gema del Alma tiene que necesariamente arrancar necesariamente con la letra “H”:


La Gema del Alma habilita al portador a tener control sobre las almas de vivos o muertos. Esta gema es autoconsciente y, de hecho, se alimenta de almas. 

La teoría favorita apunta a que la piedra estaría contenida en el martillo (Hammer) de Thor. Otras apuntan al personaje de Heimdall. Por otro lado, se cree que la villana de la tercera película de Thor sería Hela (la diosa asgardiana del infierno), por lo que tiene sentido que sea ella quien tenga la piedra.

Habrá que esperar y ver.



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jueves, 1 de diciembre de 2016

Roger Ebert y la crítica de cine


Cualquier persona que, como yo, disfruta debatir el cine, discutirlo, interpelando o realizar críticas por escrito, seguramente escuchó el nombre “Roger Ebert”. El periodista americano (que falleció en el año 2013) es universalmente considerado uno de los más importantes críticos de cine de la historia.

En esta nota quiero resaltar un par de enseñanzas claves que dejó sobre cómo hacer críticas de cine, algunas que me parecen fundamentales a la hora de buscar argumentar sobre la calidad de una película.

***

Un cacho de historia

Roger Ebert fue historiador de cine, guionista, escritor y periodista. En 1975 se convirtió en el primer crítico de cine en llevarse un Premio Pulitzer. Era una eminencia y su voto pesaba, a tal punto que podía balancear el éxito de una producción cinematográfica.

Con la llegada de Internet, comenzó a colgar sus reviews en su página personal (http://www.rogerebert.com/) pero sus opiniones eran también llevadas a más de 200 diarios de Estados Unidos y el exterior. 

Es muy loco pensar que cada nuevo estreno se medía ante la opinión de Ebert.

En cuanto a sus influencias tempranas de la crítica de cine, en una de sus biografías (Mad About the Movies, 1998) él describe que aprendió a ser crítico leyendo la revista Mad. Mad se hizo famosa por sus parodias de la cultura pop, y Ebert comenta que eso lo hizo consciente de “la máquina dentro de la piel”, es decir, la forma en la que un largometraje puede verse original desde afuera, mientras que internamente está reciclando las mismas viejas y aburridas fórmulas.

Un acercamiento relativo

Lo que siempre me resultó rescatable de Roger Ebert es que se acercaba a las películas de forma relativa, no absoluta. Cuando uno se pregunta si Hellboy (2004) es buena, es un error gravísimo compararla con Río Místico (que salió por la misma época). En todo caso hay que preguntarse si Hellboy es buena en comparación a The Punisher (2004), las películas de Batman o las de Superman. Comparar Hellboy con Belleza Americana es tan improductivo como decidir si es mejor una pizza o una milanesa.

Las críticas tienen que ser relativas al género al que pertenecen. Ebert también explica que tienen que ser relativas a lo que buscan mostrar (a sus intenciones, expectativas, a su público) y también al momento en el que uno ve la película. Existe el derecho a cambiar de opinión, porque uno también madura en diferentes cuestiones, se sigue replanteando cosas y, últimamente, continúa repensando las películas en relación a otras.


Mis lectores saben que tengo una fan-page con reviews que considero mis "apreciaciones personales" y comentarios breves sobre una película. En estas “críticas express” busco no arruinar  demasiado la trama y rescatar lo más relevante. Más que un "me gustó" o "no me gustó", mi objetivo es poder argumentar "vale la pena por esto y lo otro", "es memorable porque…" "me hizo sentir tal cosa".

Así y todo, hay veces que he cambiado mi pensamiento completamente con respecto a mi review inicial. En esta nota ya comenté que me pasó exactamente eso con Cabin in the Woods, una producción que odié la primera vez que la vi y hoy la considero una puta obra maestra.

Roger Ebert también tenía la (buena) práctica de revisitar y revisar sus opiniones. Con el paso del tiempo, por ejemplo, el crítico fue haciendo reevaluaciones de sus primeras impresiones de producciones como E.T., Raiders of the Lost Ark y Pulp Fiction, que luego consideró de lo mejor que le había pasado al cine.

Su sistema de cuatro estrellas

El crítico daba una calificación de cuatro estrellas a las cintas que considerada de máxima calidad, media estrella a las de menos calidad y cero estrellas a películas “artísticamente ineptas” o “moralmente repugnantes”. Un ejemplo notable fue su crítica de The Human Centipide. Esta fue su conclusión:

«I am required to award stars to movies I review. This time, I refuse to do it. The star rating system is unsuited to this film. Is the movie good? Is it bad? Does it matter? It is what it is and occupies a world where the stars don't shine

De todas maneras, Ebert enfatizó que su sistema de cuatro estrellas tenía poco sentido si uno no leía sus palabras al respecto. Que colocara tres estrellas a una película no necesariamente significaba que la recomendaba o que la hubiese disfrutado especialmente.

Tomemos el caso de su opinión de The Longest Yard (2005), con Adam Sandler. Inicialmente le dio 3/4 estrellas explicando que:
«"The Longest Yard" more or less achieves what most of the people attending it will expect. Most of its audiences will be satisfied enough when they leave the theater, although few will feel compelled to rent it on video to share with their friends. So, yes, it's a fair example of what it is

Es decir: la película “cumple” aquello para lo que fue concebida (un entretenimiento pasajero). Sin embargo, Ebert recomendó a sus lectores no ver la película porque podían acceder a experiencias cinematográficas mucho más ricas. De hecho, luego agrega (en ese mismo review):
«I would however be filled with remorse if I did not urge you to consider the underlying melancholy of this review and seek out a movie you could have an interesting conversation about. I have just come from 12 days at Cannes during which several times each day I was reminded that movies can enrich our lives, instead of just helping us get through them

Un crítico polémico

Una de las cosas más maravillosas del cine es la amplísima variedad de debates que puede generar. No todos amamos los mismos géneros ni disfrutamos de la misma forma una historia. Algunas nos llegan de forma personal por la temática que exploran, otras nos resultan meramente pasajeras. A mí hay películas que me han cambiado mi forma de ver la vida (literalmente) y que, sin embargo, nadie conoce. Para algunos el cine es escapismo, y para otros es un arte que puede enriquecer la experiencia de estar vivos.

Así que (es obvio) Roger Ebert tuvo tantos seguidores como enemigos, y muchas veces se encontró en el centro de la controversia. Un caso llamativo es el de las películas de terror. Muchas veces acusado por fans por ser “elitista”, por considerar que todas las películas de adolescentes semidesnudas que mueren a manos de asesinos seriales o fantasmas eran nefastas.

A The Master (2012) le dio sólo 2 estrellas y media, dijo que los “videojuegos nunca van a ser una forma de arte”, calificó a La amenaza fantasma (1999) con su puntuación máxima, twitteó que preferiría ser llamado “negro” que “esclavo” y le dio sólo una estrella a cintas maravillosas como The Raid (2011), Blue Velvet (1986) y Kick Ass (2010).

Hablamos de un tipo que ama el cine, ama ver películas y nunca se vendió. Me parece perfecto que haya odiado largometrajes que a mí me parecen de mucho valor. Hay que tener huevos para hacerlo y, al final del día, no deja de ser una opinión subjetiva sobre su experiencia personal. Lo importante, creo, está en el argumento.

Es decir: decime que Blue Velvet te pareció malísima, pero dame tu punto de vista, profundizá el análisis, dejame entender qué sentiste mientras la veías, qué sentiste después. Argumentá, convenceme de que tu punto es válido.

Me pasa muy seguido con amigos, conocidos y compañeros del laburo. Se sucede más o menos este diálogo:
—Vi [Inserte cualquier película acá]. No me gustó.
—Ah, mirá vos. Contame por qué exactamente.
—No sé. No me atrapó, me aburrió. Qué se yo. No me gustó.
—(-.-)

Al respecto, Ebert decía:
«The best literary critic is not the one whose judgments are always right but the one whose essays compel you to read and reread the works he discusses; even when he is hostile, you feel that the work attacked is important enough to be worth the effort. There are other critics who, even when they praise a book, cancel any desire you might have to read it”»

***

Entonces: ¿por qué fue Roger Ebert uno de los más grandes críticos de cine de la historia?

No sólo porque le importaban las películas y nos decía qué pensaba al respecto, sino porque además las trataba de forma relativa, argumentando claramente sus pensamientos, y porque con sus reviews nos brindaban apenas lo justo y necesario para interesarnos y para que pudieramos formar nuestra opinión nosotros mismos.


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