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viernes, 23 de octubre de 2015

16 consejos de escritura de Anton Chejov


Prácticamente todos los escritores con cierto renombre han sacado, en algún momento de sus vidas, los consejos que ellos mismos recomiendan a la hora de escribir. Stephen King (“Mientras escribo”), John Steinbeck, Paul Auster, Ray Bradbury (“Zen en el arte de escribir”), Margaret Atwood, Kurt Vonnegut, Mark Twain, etc.

De todos, uno de los “set de consejos” que más disfruto es el de Anton Chejov (o Chekhov), uno de los grandes maestros del relato corto y la dramaturgia. Aunque se recibió de médico (y ejerció como médico naturista) su pasión por la literatura lo llevó a acoplar ambas carreras y desarrollarlas prodigiosamente.

Aseguraba que la medicina era su esposa legal y la literatura su amante.

El ruso no sólo es el creador de lo que luego se conoció como la “Pistola de Chejov” (una de las técnicas narrativas más utilizadas y que varias veces comenté en el blog), sino que además expone 16 recomendaciones para tener en cuenta al escribir; y lo hace con una honestidad brutal y el humor que siempre caracterizó a sus escritos. 

Sin desperdicio:

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"Consejos para escritores"
Anton Chejov

  1. Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.
  2. Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.
  3. Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.
  4. No pulir, no limar demasiado. Hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento.
  5. Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.
  6. Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad; nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.
  7. Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.
  8. Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.
  9. Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.
  10. Te aconsejo: 1) ninguna descaro de carácter político, social, económico; 2) objetividad absoluta; 3) veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas; 4) máxima concisión; 5) audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional; 6) espontaneidad.
  11. Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.
  12. Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.
  13. Nada es más fácil que describir autoridades antipáticas. Al lector le gusta, pero sólo al más insoportable, al más mediocre de los lectores. Dios te guarde de los lugares comunes. Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones. No publiques hasta estar seguro de que tus personajes están vivos y de que no pecas contra la realidad.
  14. Escribir para los críticos tiene tanto sentido como darle a oler flores a una persona resfriada.
  15. No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo.
  16. No es la escritura en sí misma lo que me da náusea, sino el entorno literario, del que no es posible escapar y que te acompaña a todas partes, como a la tierra su atmósfera. No creo en nuestra intelligentsia, que es hipócrita, falsa, histérica, maleducada, ociosa; no le creo ni siquiera cuando sufre y se lamenta, ya que sus perseguidores proceden de sus propias entrañas. Creo en los individuos, en unas pocas personas esparcidas por todos los rincones; en ellos está la fuerza, aunque sean pocos.
     

He aquí los consejos del autor ¿Qué les parecieron? ¿Están de acuerdo con ellos?

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miércoles, 15 de julio de 2015

“Los hermanos Karamazov”, una novela de Fyodor Dostoevsky


La última novela del gran novelista ruso Fyodor Dostoevsky es quizás la más ambiciosa que alguna vez escribió, y está cargada de toda la energía y pasión de las últimas palabras de un hombre. 

Comenzó a aparecer en formato de “miniserie literaria” en 1879 y hoy es generalmente considerada una de las mejores novelas de la historia universal.

En lo personal representó un nuevo desafío: hasta entonces la novela más larga que había leído había sido “IT” (de Stephen King), que ya comenté en el blog anteriormente. “Los hermanos Karamazov” no solo supera las 1000 páginas, ¡sino que está cercana a las 2000!

La trama se desarrolla en torno al asesinato de quizás uno de los personajes más deplorables jamás creados, Fyodor Karamazov el padre de los tres hermanos Karamazov. En las primeras páginas el narrador ya anuncia su muerte y a partir de allí nos lleva hacia el pasado para indicarnos exactamente que llevó hasta tal punto.

De alguna forma, la historia le sirvió al autor para plasmar su filosofía de vida y tocar las Grandes Preguntas sobre la existencia: ¿Por qué los humanos tenemos que sufrir? ¿Estamos atados por leyes morales que nos limitan?¿Tenemos verdaderamente libre albedrío? ¿Existe Dios? ¿Cuál es la verdadera naturaleza del hombre? Y, quizás la más importante, ¿podemos alcanzar realmente la felicidad?

Dostoevsky originalmente había planeado que “Los hermanos Karamazov” fuera la primera parte de un proyecto de dos gigantescas novelas (para esa altura ya era mundialmente famoso por “Crimen y castigo”) pero el tiempo con él fue tirano y nunca pudo concretar el proyecto.

Su tumultuosa vida le dio a sus opiniones una suerte de autoridad que resonaba con la Rusia de 1870. Ya de joven se opuso activamente a la esclavitud y abrazó el socialismo. Fue sentenciado a prisión en Siberia (por 1850) y a su regreso sus ideas radicales se ocultaron en su literatura. Sus pensamientos socialistas y religiosos siempre influyeron fuertemente sus obras.


En este post voy a comentar las cuestiones que me resultaron más interesantes de la novela, aunque cada una de ellas me serviría para hacer un post entero. La obra es realmente descomunal en cuanto a contenido y temáticas que abarca. Si quieren leerla (¡les va a llevar un tiempito!) está disponible en PDF en muchos lugares en Internet.

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#SpoilerAlert: se revelan algunos detalles fundamentales de la trama. Si no leyeron la novela y piensan hacerlo, pueden llegar a acordarse de mi madre cuando comente algunos giros inesperados de la historia. ¡Están avisados!

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La estructura de “Los hermanos Karamazov

Aunque “Los hermanos Karamazov” es un fiel exponente del género realista, y también de la novela psicológica, funciona más bien como una novela de ideas (ya voy a explicar por qué). Está compuesta por doce libros, cada uno subdivido en capítulos, y un epílogo de tres partes que “cierra” la historia.

La obra está compuesta por una amplísima variedad de técnicas literarias que llevaron a muchos críticos del momento  a considerarla muy “descuidada”. El ejemplo más mencionado es el peculiar narrador omnisciente. Aunque en general se mantiene neutro a las acciones y pensamientos de los protagonistas, en más de una ocasión se autoproclama “escritor” y termina por hacer  juicios de valor sobre lo que está narrando.

Otro detalle, para mí uno de los más fascinantes, es el tratamiento que el autor hace sobre el lenguaje. Cada personaje tiene una manera muy distintiva de hablar, y esto termina diciendo mucho de la personalidad de cada uno.

Entonces, ¿de qué va la historia?

Los hermanos Karamazov” es usualmente considerada una de las novelas más complejas del mundo. El libro puede leerse en dos niveles. En la capa más superficial se narra la historia de un parricidio en el que todos los hijos del hombre asesinado comparten ciertos niveles de complicidad (aunque el asesino real es uno solo). En una capa un poco más profunda tenemos el drama espiritual de la obra y los conflictos morales que involucra.

Pero tomemos solo la línea argumental principal. La novela comienza con el narrador anunciado la trágica muerte de Fyodor Karamazov, y luego define paso a paso los elementos de la tragedia: sus hijos y su relación con él.

Es interesante como cada hijo representa a un individuo colectivo del pueblo ruso, así como también una postura ideológica determinada. (De hecho, cada protagonista de “Los hermanos Karamazov” representa una idea, un ideal particular, un objeto de la sociedad que el autor explora). Fyodor, el padre, es un ser vulgar y monstruoso que ha tenido a sus hijos con diferentes mujeres, es irresponsable, abusador, embustero, sin amor hacia nadie y absolutamente odiable.

Cada hijo es tan diametralmente opuesto del otro como uno podría llegarse a imaginar. Dmitri, el hijo mayor, es pesimista, representa al ejército (él mismo es militar) y es el principal antagonista de Fyodor debido a una disputa por dinero. 

Para empeorar las cosas: ambos están enamorados de la misma mujer. Ouch. Dmitri, aunque no pueda admitirlo, es el más parecido al padre en cuanto a su atracción hacia el sexo opuesto, pero a su vez es el más emocional de los tres. Con esto me refiero a que se guía casi exclusivamente por sus instintos naturales, en lugar de hacer uso del raciocinio.


El que le sigue es Iván, el intelectual, frío y escéptico. Desde pequeño desarrolló una propensión hacia el estudio y es un hijo orgulloso, siempre consciente de que pudo aprender a expensas de los gastos de alguien más. Una de sus arcos argumentales principales incluye un polémico artículo que escribió proponiendo que la iglesia se haga cargo de la corte judicial.

En contraste con los otros dos hermanos, Alyosha (que representa al colectivo de la “Iglesia”) no tiene ni el orgullo de Iván (el intelectual) ni la ferocidad de Dmitri (el militar). Más bien es un ser sencillo y capaz de amar a toda la humanidad por igual, siempre buscando el lado más positivo de las personas. Es muy creyente y nunca juzga a los demás. Sin embargo, no por eso es un inocentón. Su conflicto es más bien consigo mismo, para lograr comprender sus propias creencias, vencer a la tentación de la carne y encontrar la mejor manera de llevar la religión hacia la vida práctica.

Dostoevsky hace uso de las características de los tres hijos Karamazov para introducir una de sus temáticas más importantes: el conflicto entre la fe y la descreencia. En este sentido, Alyosha e Iván representan los dos polos opuestos de la aceptación, y a lo largo de la historia los vemos muy alejados uno de otro. Poco a poco van logrando unirse y encontrar puntos en común. Alyosha es perceptivo de los problemas de Iván, aunque él termina igualmente sucumbiendo a la desolación y la locura. (Las escenas sobre el final donde Iván sueña y hasta dialoga con el Diablo son tremendas). 

Ah, ¿mencioné que Iván está enamorado de una mujer que solo tiene ojos para Dmitri? ¿Y que su locura es también acarreada por la culpa moral de odiar intensamente a su padre? (¡Conflicto, señores!)

Por su lado, Dmitri progresivamente pasa de un punto neutro a convertirse en una persona de fe, en parte gracias a la íntima amistad que traba con su hermano Alyosha.

¿Fue uno de ellos quién asesino al padre? Hasta las últimas páginas (o hasta el final de este post) el interrogante queda latente porque todos tienen verdaderos motivos para hacerlo, inclusive también otros personajes fuera del círculo familiar que fueron afectados por las maldades de Fyodor.

La verdad es que cuesta muchísimo engancharse con la novela porque Dostoevsky está muy interesado en la psicología de las acciones y, especialmente en la naturaleza de las contradicciones. Para poder avanzar en la narración de los eventos siente que tiene que contarnos todo lo que ese personaje sentía, veía y experimentaba en ese momento. Esto se vuelve tedioso en muchas oportunidades donde yo solo quería seguir avanzando con el conflicto. La literatura rusa tiene esa particularidad y hay que saber llevarla para poder disfrutarla.

La introducción de Zosima (un personaje fundamental en la historia) concluye el primer libro y funciona como un dispositivo argumental: el templo de Zosima, del cual forma parte Alyosha es el lugar donde se dispara el conflicto: Fyodor y sus tres hijos se reúnen por primera vez luego de muchos años para intentar enmendar su relación y tomar acciones para el futuro.

La influencia de “Los hermanos Karamazov”

Varios filósofos existencialistas y escritores de renombre fueron influidos por la aparición de esta novela. Sigmund Freud, por ejemplo, quedó tan fascinado con la temática edípica que rodea a la obra que escribió el ensayo  “Dostoyevski y el parricidio” en 1928. Allí analiza la neurosis del autor y cómo ésta influyó en su escritura.

Freud llegó a afirmar que Dostoyevski secretamente deseaba la muerte de su padre (que tiene muchas similitudes con el Fyodor de la novela) y que sus frecuentes ataques de epilepsia fueron la forma en la que el cuerpo externalizó el sentimiento. De hecho, en la novela hay un personaje tan esencial como cautivante (Smerdiakov) que se rumorea es también hijo de Fyodor y que también, como el autor, sufre ataques de epilepsia.

Metiéndonos de lleno en terreno de spoilers, Smerdiakov es contratado como sirviente para Fyodor y no es casual que sea él quien conspira para asesinarlo y culpar a Dmitri.

Franz Kafka, por su lado, se interesó por los temas más existenciales de la novela y se sintió un “pariente de sangre” con Dostoyevski debido a que él mismo luchó contra una enfermedad que terminó por dominarlo (la tuberculosis). La conflictiva relación con los padres de ambos autores es otro gran punto en común, ¿no?

“El gran inquisidor”: un momento clave en la novela

Una de las particularidades (y también de las grandes complicaciones) al leer la obra es que el autor se ve en la necesidad de profundizar en la psicología de todos y cada uno de los personajes, aunque su relevancia para la historia principal sea mínima. 

En el sexto libro, por nombre un ejemplo, la narrativa se dedica casi exclusivamente a la biografía del stárets Zosima y su relación con un hombre que conoció mucho tiempo atrás, aunque esto no tiene relación con el conflicto en sí.

La mayoría de las veces uno siente que está “perdiendo el tiempo” con los arcos secundarios, orígenes de los diversos personajes y pequeñas historias que podrían formar parte de una novela dentro de la misma novela... pero con “El gran inquisidor” no es el caso.

“El gran inquisidor” es un capítulo dentro de la novela que hace referencia a una historia que Iván le cuenta a su hermano Alyosha. Durante el siglo 16 en España, y en el punto más alto de la Santa Inquisición, alguien con un parecido a Jesucristo se anunció en las calles. 

Luego de realizar algunos milagros, los guardias lo capturan y lo encarcelan.

Esa noche, Cristo recibe la visita del Gran Inquisidor, quien le explica que debido a que Él rechazara las tres grandes tentaciones, puso una intolerable carga de libertad sobre los hombres, más de la que ellos pueden aguantar. Luego de un monólogo que da mucha tela para cortar, el Gran Inquisidor admite estar del lado del demonio y libera a Cristo, indicándole que no tiene permitido nunca volver a pisar la tierra.



El relato impresionó a los críticos del momento y tiene que ser entendido dentro de la ideología de Dostoevsky, su religiosidad (ortodoxa rusa) y la crítica que hace de la cultura occidental. Se torna aún más importante porque es narrado por Iván, personaje racionalista y ateísta, y porque el autor más tarde presenta el capítulo de El monje Ruso (que representa lo totalmente opuesto a esta historia). Hay mucho para comentar sobre “El gran inquisidor”, pero tomaría otro post entero. Si quieren, pueden leerlo como relato independiente:

Leer “El gran inquisidor” (fragmento de “Los hermanos Karamazov”) => LEER ONLINE

Las temáticas que explora “Los hermanos Karamazov”

Los hermanos Karamazov” es, primeramente, una extendida reflexión sobre la religión, específicamente la Ortodoxa Rusa, no solo como guía de la moralidad individual, sino también como fuerza para movilizar la historia del hombre.  El fragmento del “Gran Inquisidor” es uno de los argumentos más poderosos que tiene contra el escepticismo. A su vez, en la novela se salvan convenientemente aquellas personas que creen y profesan la religión (Alyosha y Dmitri) y los escépticos descienden hacia la perdición (Iván).


La novela, a su vez, desafía la idea de que si somos totalmente libres (libres de pensamiento, libres de acciones) no podemos comportarnos como sociedad: nos volvemos, como Fyodor, arrogantes, garcas, oportunistas, incapaces de amar. El sufrimiento y la culpa también están en el plano central. La idea de la justicia se pone en tela de juicio (a fin de cuentas, Dmitri es culpado por un asesinato que no cometió, y el verdadero criminal sale airoso... aunque eventualmente se suicida) y se cuestiona la posibilidad de obtener verdadera justicia terrenal bajo las condiciones en las que vivimos.

Y ni hablar de la familia como “valor”. La noción de familia que muestra Dostoevsky es absolutamente deprimente. Presenta a un clan seriamente disfuncional que parece ir en contra de todas las nociones de familia que uno debería tener. Al diablo con los lazos de amor y cariño. Fyodor está lejos de ser una figura paternal y los mismos hijos tienen “algo” que ver con su muerte, aunque no sean los verdaderos asesinos. La novela repetidamente pone en evidencia las formas en las que los Karamazov representan la turbulenta sociedad en la que vivía el autor.

¿Qué demonios sucede en el final?

Dados los sensacionales eventos que suceden en la novela (¡asesinato, robos, escándalos!) el final parece bastante anticlimático

En el epílogo, Dostoevsky nos transporta al funeral de Ilyusha. (Lo loco es que para ese momento yo ni recordaba quién era y tuve que volver a revisarlo). Resulta que es el joven hijo del capitán Snegiryov, quien fue humillado por Dmitri en la taverna del pueblo. Doscientas hojas antes nos habíamos enterado que Ilyusha cayó enfermo y tuvo un encuentro con Alyosha.

Bueno, en el final muere, y estamos en el funeral. 

Mientras tanto, la novela dejó muchísimas tramas sin resolver: ¿Dmitri va a escapar del exilio y emigrar a América con Grushenka? ¿Iván va a recobrarse de su demencia y casarse con Katerina? ¿Alyosha va a volver al monasterio para cubrir la posición del fallecido Zosima o casarse con Lise, a quien ama?

Algunos afirman que las repuestas están “escondidas” en la escena del funeral. Uno puede llegar a pensar que la muerte de Ilyusha va a ser la semilla que genere bondad en los sobrevivientes, aunque también pudo haber quedado inconcluso a propósito (Dostoevsky planeaba hacer una continuación de la historia, una segunda parte, que siguiera con la historia de los tres hermanos).

El epílogo, en realidad, funciona como una suerte de redención para los personajes. Por ejemplo, Katerina, quien solo tenía ojos para Dmitri, logra finalmente perdonarlo por sus acciones y se compromete a ayudar a Iván a recuperarse. Alyosha, por su lado, brinda palabras de aliento a los niños en el funeral, quizás insinuando que comprendió la importancia de volver al templo.


Paradójicamente, luego de tanto sufrimiento la novela acaba con optimismo y esperanza en medio de un desgarrador funeral. Alyosha emerge completamente como el profesor natural, capaz de continuar el legado de fe y amor de su maestro. La frase final de la novela parece insignificante pero es todo lo contrario: todos los niños del funeral cantan: “¡Viva, Karamazov!”. El uso del apellido de la familia hasta entonces había sido utilizado para definir la mala sangre de Fyodor Karamazov, todo lo malo de él. Ahora finalmente el legado ha cambiado, el apellido ha sido redimido. Es una nueva época para el clan Karamazov.

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