
Autor: Leopoldo Brizuela (Argentina)
Género: policial / ensayo
Leído: en Bahía Blanca, Noviembre 2012.
Esta es una
nota muy difícil para mí porque voy a tener que hablar de un libro que
tiene excelentes críticas pero que yo detesté. Así: se convierte en mi primera no-recomendación del blog.
Hace unos días terminé de leer “Una misma noche”, el libro del argentino Leopoldo
Brizuela que ganó – este año – el premio Alfaguara 2012 (el más importante a nivel latinoamericano).
Publicitado como “un thriller oscuro y existencial”, cuenta la historia de Bazán, un
escritor bloqueado y solterón que es testigo de un asalto en la casa de sus
vecinos por parte de la misma policía. El incidente dispara en su memoria algo supuestamente similar que le ocurrió en
el año 1976 cuando en la casa robada vivía la familia judía Kuperman. Bazán
comienza poco a poco a recordar el papel que jugó su padre en el incidente y
como aquello lo marcó de por vida.
La premisa es ciertamente intrigante, y uno espera que el escritor comience a hacerse el detective para descubrir que fue lo que realmente pasó. Pero esta es la verdad de la milanesa: en la novela no pasa NADA. Partamos de la base de que este libro no tienen ninguno de los elementos de un thriller, y el suspenso (cuando asoma) es muy débil.
El relato se desarrolla con dos
planos temporales. En
el de 1976, Brizuela estira una revelación que es no sólo predecible, sino
también poco importante. No tienen ningún tipo de fuerza dramática. Los
capítulos del 2010 son un poco más interesantes porque implican acción y movimiento del protagonista, pero tampoco están
bien logrados. La realidad es que los personajes afectados por la atroz
dictadura son poco interesantes y tienen roles muy secundarios. La historia no avanza para ningún lado y muy pronto el lector pierde el interés. Me mantuve atento hasta el primer tercio del libro, y después fue una cuestión de terminarlo únicamente por orgullo. #Puede ser que me haya dormido en alguna de las eternas descripciones#.
Lo peor de todo es que no hay una conclusión, un verdadero final. Toda la trama es una excusa para exponer lo que pasaba en la dictadura con un estilo de “ensayo”. Es incoherente: no tiene sentido que, una vez que se entiende que sucedió, el protagonista haya quedado tan marcado por ese hecho. En realidad, su vida no fue marcada por la dictadura (y la prueba más grande es que el escritor había olvidado ese recuerdo por más de 30 años). El relato termina de forma tan vacía como comenzó, sin ningún tipo de emoción en el camino.
Ni siquiera se profundiza en las acciones del
padre y como influyeron en la familia Bazán, que era quizás el detalle más picante.
El libro es una suerte de liberación de
algunas historias colectivas sobre la dictadura… pero para eso leo un manual de historia. La novela falla en entretener o
mantener el interés del lector, y Alfaguara definitivamente falló en darle ese tan preciado premio.
No estoy enojado con el libro, sólo un poco decepcionado por la publicidad
engañosa. ¿Tiene algo positiv, al final? No sé. Claramente ganó el premio
por su contexto (dictadura argentina, terror militar, “miedo al miedo”, etc.).
Intenta hacerte reflexionar sobre la injusticia y de cómo la violencia puede
convertirse en la moral de una sociedad. Pero para mi gusto es pesado y
somnífero. Infumable.
«¿Por qué es tan difícil recordar esa época? ¿Simplemente porque en ella
sucedían
cosas monstruosas? ¿O porque yo había sido testigo de que cualquiera
puede
volverse monstruoso y eso es lo intolerable?»
(“Una misma noche”, Leopoldo Brizuela)


