jueves, 27 de mayo de 2021

“Eliminando fronteras”, o cómo unir dos polos a dedo

Daniela y Juan realizaron 47.000 kilómetros a dedo en más de 900 vehículos distintos. Tardaron tres años y, como resultado, escribieron Eliminando fronteras. Publicado en 2019, el texto recopila la descomunal tarea de unir Filipinas con Turquía.

 



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El viaje es siempre un regreso

Me atraen bastante los diarios de viaje. Durante mucho tiempo leí las anécodtas de Aniko Villalba en el Sudeste Asiático, seguí todo el viaje de mi colega Nery Pardal en Europa y Asia junto a su pareja y hasta hice la corrección literaria de un Uruguayo viviendo en Irlanda (por acá tienen la nota del librito que surgió: Con el espíritu inquieto).

Incluso yo mismo me vi encantado por la idea de contar mis travesías por diferentes lados del mundo. Durante mi año hippie en Centroamérica (glorioso 2012), por ejemplo, armé todo el viaje en la ya olvidada página de Viajeros.com. Ahí fui contando mi paso por Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, etc.

Hoy en día, si bien no es el fuerte de mi blog, tengo una solapa separadita para los notas sobre viajes. Ahí están mis vueltas por Europa y algunos escritos sobre trekking, el Norte Argentino y el Oktoberferst en Villa General Belgrano.

Por eso ni dudé en aceptar la recomendación de Nati, una amiga que me prestó su copia de Eliminando fronteras. Por cierto, un libro del que no sabía absolutamente nada y que me sedujo en sus primeras páginas.

Los autores son Daniela Elías y su novio, Juan Caldaroni, quienes a lo largo de 23 capítulos recorren aquellos lugares menos populares de países que, en algunos casos, hasta son súper difíciles de pronunciar. Sin pausa, sin prisa, ellos fueron parando con gente local y embarrándose en historias tanto personales como colectivas.


El viaje los lleva a lo de una chica huérfana vietnamita, de 18 años, que vive sola, trabaja y habla inglés. También pasan tiempo con una japonesa, Mayuko, cuyo día laboral termina a las 18 hs, pero que siempre se queda después de hora para "adelantar trabajo".


Un punto en un mapa

“Colgado de una pared, un mapa es puntos, líneas y colores. No es arte abstracto ni realismo, aunque no existe dibujo alguno, tan rígido y repetido, que despierte tantas sensaciones”. Con este prólogo de un viaje largo arranca un libro dividido en tres partes según la región visitada.

La finalidad de los autores es informar sobre aquellos lugares que no son tan conocidos por el turismo mainstream. Hay un discurso principal (un tanto naive) sobre esto de “contar la verdad que los medios tapan”. Esta idea de que “los medios nos mienten” que no me terminó de convencer del todo. Sin embargo, las intenciones son buenas.

«Cuando tengas una idea, los realistas van a decirte que es imposible que puedas concretarla. Cuando vean que no pueden convencerte, van a decirte cómo tenés que hacerla. Y cuando finalmente lo hayas logrado, te dirán que siempre confiaron en vos

En general, disfruté más de los capítulos anecdóticos, episódicos si se quiere, que aquellos donde los autores describen el trasfondo político o social del lugar. No sé si está bien o mal (seguramente está más mal que bien) pero se me hace muy difícil engancharme con los textos que tienen una fuerte carga histórica y/o política. Es algo que me pasa seguido. Simplemente no me copo.

Afortunadamente, el libro mantiene un buen ritmo entre sus momentos más livianos, curiosos o atípicos y las cuestiones serias (que las hay).


Si bien yo conecté más con el estilo narrativo de Juan, ambos autores tienen pasta de narradores. Los capítulos fluyen y son informativos sin llegar a convertirse en Wikipedia. Con la misma naturalidad, explican sobre el ramadán en Malasia o el budismo en Myanmar, cuentan cómo es comer con la mano en India, regatear en Tailandia o desnudarse en público en Corea del Sur.

«Cuando uno decide visitar un país distinto al que lo vio nacer o crecer, no sabe que detrás del sello del pasaporte está firmando un contrato no explícito que viene cargado de letras chicas


De secuestros y monasterios

Me gustó mucho el capítulo sobre Japón, porque si hay un lugar de Asia que me gustaría conocer es ése. “Nada puede prepararte para llegar a un lugar así”, dicen en el libro, “ni tres meses en Taiwán ni varios viajes por China". Lo peor que es mi hermano Gastón vive allá desde hace casi tres años y aún no logré visitarlo.

Lo que más destaco del libro es la facilidad que tiene para hacernos notar lo diferente que pueden llegar a ser las culturas, pero lo parecidos que podemos ser todos los humanos… aunque nos separen kilómetros de distancia.

En este sentido, otro capítulo fascinante es el de Kirguistán, un país del que directamente leí por primera vez en Eliminando fronteras. Allí, Juan y Daniel cuentan sobre la extraña costumbre de secuestrar esposas.

«Los casamientos en Kirguistán son más una transacción que un acto de amor, y el novio debe pagar a la familia de la novia un precio por "llevársela" (...). En el caso de un secuestro, la oferta baja a unos mil quinientos [dólares], lo que lo hace mucho más accesible, aunque sea igual de inalcanzable

Lo loco es que cuando una mujer es secuestrada, teóricamente tiene la opción de escapar. Pero su dignidad va a estar perdida y difícilmente podrá encontrar alguien con quien casarse. Tendrá que conformarse con ser una de las cuatro esposas de alguien, y nunca la principal. Lo que es peor, la chica tendrá prohibido volver a casa.

«Mientras que el hombre lo único que haría sería buscar a otra víctima a quien secuestrar y así repetir la historia. Invicto. Impune. Injusto».

Son ese tipo de cosas que nos hacen darnos cuenta de que en Argentina estamos mal, pero no tan mal.

Myanmar, por ejemplo, es uno de los países más pobres del mundo, pero igualmente la gente dona lo más que puede a los monasterios. Para muchos, la cosa funciona más o menos así: cuanto más donás, más respeto merecés y más méritos estás haciendo para tu próxima vida. Creer o reventar.



Palabras finales

Disfruté de Eliminando fronteras y lo recomiendo, si bien quizás no sea para todo el mundo. El turista casual que piensa que salir de viaje afuera de Argentina es hacer Londres, Ámsterdam, Barcelona y París (el típico viaje del argentino promedio) va a pensar que todo esto es una gilada.

Y lo cierto es que tenemos un mundo tan hermoso como extraño. Yo mismo he descubierto lugares increíbles de las maneras más sorprendentes. Todos los lugares son interesantes a su manera, sólo que algunos reciben más foco de atención que otros.

Me pareció copado poder enterarme de tantas cosas de estos países menos frecuentados en la literatura viajera. Sin dudas me dieron ganas de volver a viajar.



Eliminando fronteras es emocionante y motivador. Brinda algunas enseñanzas importantes sobre el cuidado del medio ambiente, la tolerancia y la apertura mental. Los autores no sólo cuentan lo bueno de su viaje, sino también lo incómodo, lo repudiable, lo estrambótico y hasta lo más oscuro. Esto hace que el texto se sienta honesto, que viene desde el corazón.

Pueden encontrar tanto a los autores como información sobre cómo conseguir el libro en su blog: Marcando el polo. Yo les dejé 4 de 5 estrellitas en Goodreads. A ver qué opinan ustedes.

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=>> Otras LITERATURA DE VIAJES en el blog: “Cerro Tres Picos: haciendo camino al andar”; “El ascenso hacia Los Laguitos”; “Mis días por el Norte Argentino”; “Mis días por España”.

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