domingo, 19 de abril de 2020

El atractivo universal de Princess Mononoke (1997)


Desde que Netflix subió gran parte del catálogo de Studio Ghibli a su plataforma, me pude poner al día con algunas de las que me faltaban. Una de ellas era Princess Mononoke, la aclamada película animada de 1997 del famoso director japonés Hayao Miyazaki que hoy voy a comentar en esta nota.



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Los dibujitos son para niños

Los que crecimos con producciones norteamericanas hemos sido entrenados para ver a la animación como un medio exclusivo para niños. O, desde un punto más filosófico quizás, para personas todavía inmaduras (chicos y adultos con mentalidad de chicos).

Pienso, por ejemplo, en el Disney de los 80s y 90s, donde los personajes que encontrábamos en este tipo de obras eran encantadores pero unidimensionales, básicos, sencillos. 

Hay obvias excepciones, pero creo que podemos estar de acuerdo en que el público al que se enfocaba la animación eran los niños, ocasionalmente siendo accesible para los padres que acompañaban al cine (incluyendo algunos chistes y referencias).


La animación japonesa, por otro lado, nunca tuvo miedo de apuntar a un público más amplio. Pienso, por mencionar algunos casos, en Akira (1988) y Ghost in the Shell (1995), que fueron fundamentales para convertir al animé en algo mainstream. Algunas de las películas más exitosas comercialmente del país (Your Name o El viaje de Chihiro, por mencionar dos ejemplos) son animés.

Entre aquellos trabajos destacan, sin duda, los de Hayao Miyazaki, quizás el director de animación más admirable del país oriental. Un tipo que ha sabido crear hermosos relatos para los más chicos pero que también cuenta con algunas historias que definitivamente no lo son. Princess Mononoke es uno de esos casos.

La atención al detalle de Studio Ghibli

Miyazaki fundó Studio Ghibli en 1985 bajo una única filosofía: la animación debía ser tan rica y detallada como fuera posible. A este sello de calidad artística, el estudio siempre le sumó música espectacular (en su mayoría por el compositor Joe Hisaishi) y tramas de fantasía imaginativa que, frecuentemente, involucran animales y seres extraños en escenas voladoras (una marca de director de Miyazaki).

Las películas del estudio han servido como entrada para nuevos fanáticos del animé, ya que Ghibli es como una suerte de “Disney oriental”. Otro similitud con el estudio del Ratón Mickey es que Ghibli mantiene un staff de animación full-time, en lugar de la típica práctica japonesa del artista freelancer mal pagado.



El director ha comentado numerosas veces que esta práctica mejora el estándar de vida de los animadores (un oficio que en Japón es especialmente mal pago), así como la calidad y consistencia del producto final.

En cuanto a su narrativa, estas historias representan nuestra compleja naturaleza humana. Adultos y niños por igual pueden identificarse con Chihiro en busca de sus padres, por más que ella se encuentre en la fantástica tierra de los espíritus. Son relatos que

Princess Mononoke: el hombre vs la naturaleza

Notablemente, estas es una de las películas más oscuras del estudio, con un ambiente sombrío y temas adultos. Apropiadamente, fue la primera película de Ghibli en obtener una calificación de PG-13 en los Estados Unidos, lugar donde el autor Neil Gaiman adaptó el doblaje en inglés.

No se dejen engañar, si bien se trata de una obra distinta a las más tradicionales de Miyazaki, naturaleza, personajes femeninos fuertes, pacifismo, alturas precipitadas y cerdos (bueno, jabalíes) están presentes. Lo único que falta, realmente, es una escena de vuelo.

El tema central de la película está claro: ¡respetá a la naturaleza… o te va a atacar con sus dioses más antiguos y mortales!


El argumento se desarrolla durante el siglo XV o XVI de Japón. La paz de una pequeña aldea de los Emishi se ve destrozada por el ataque de un demonio terrible; su último príncipe restante, Ashitaka, resulta herido durante la lucha contra él. 

Lo que es peor, el demonio herido de muerte se revela como un espíritu poderoso: un jabalí gigante que maldice al Emishi con su último aliento y revela que la herida que sufrió Ashitaka también lo matará.

El protagonista entonces debe abandonar la aldea antes de que la maldición se apodere completamente de él y viajar hacia el oeste en busca de su destino. Siguiendo el rastro de destrucción del jabalí demonio, viaja a través del campo devastado por la guerra, descubriendo que su maldición también le ha impartido una fuerza sobrehumana en el camino.

La historia de Princess Mononoke es fascinante, especialmente cuando Ashitaka se ve envuelto en una guerra tanto entre dos ciudades como contra la naturaleza misma. Pronto conoce a San, una niña humana que fue criada por lobos y lucha junto a los espíritus del bosque a medida que los eventos parecen dirigirse hacia un desastre inevitable.

Ambición narrativa, poética y épica

La película tiene unas coreografías de acción tan brutales como impresionantes, lo cual me llamó la atención conociendo el tipo de cine que suele hacer Miyazaki. La ambientación es tan extraordinaria que se convierte en un personaje más de la película.

Quizás se hace un poco larga con 133 minutos de duración. Soy el primero en admitir que a lo mejor le sobran veinte o treinta minutos de algunos momentos que no suman demasiado. Sin embargo, se disfruta.


La animación, como es costumbre del estudio, es artesanal, con un cuidado magistral en lo que se refiere a color, línea, forma y movimiento. Aunque el aspecto técnico no es lo único en lo que destaca. Lo que hace grande a Princess Mononoke es su ambición narrativa, poética y épica.

Más de una década desde que Miyazaki hizo esta película, no sólo no ha perdido vigencia, sino que se anticipa al futuro que nos espera. Ahora, cuando estamos viendo que todo se convulsiona y la naturaleza se rebela ante la imparable maquinaria del hombre, es cuando cada uno de sus instantes cobra sentido y se convierte en algo cada vez más grande.

Mensaje ambiental bien hecho

Hay dos grandes aspectos de la película que son destacables. El primero es el relacionado con la cuestión medioambiental. 

Miyazaki utiliza el tema “humanidad vs naturaleza” para ocultar su otro mensaje principal: uno descaradamente pacifista que, en particular, rechaza la mentalidad de "nosotros contra ellos" tan comúnmente vista en sociedad, como se evidencia claramente en numerosas ocasiones a lo largo de la historia.

Además, nos indica que si bien la tecnología tiende a contaminar y corromper el mundo natural, también permite que las personas se fortalezcan.


Donde la mayoría de obras con un mensaje ambientales tienden a caricaturizar tanto a la humanidad como a la naturaleza, Princess Mononoke hace todo lo posible por humanizar a villanos como Eboshi y Jigo y destaca las deficiencias de los personajes con temas de la naturaleza, como la inmadurez de San y la barbarie de (algunos de) los espíritus de la naturaleza.

Miyazaki no condena a ningún bando ni se decanta por ninguno. Sólo muestra los puntos de vista y le permite al espectador que saque sus propias conclusiones.

Palabras finales

Pocas veces se ha visto mejor plasmada la lucha titánica entre las fuerzas de la naturaleza y el ansia destructora del ser humano. Princess Mononoke exhibe una de las más bellas representaciones de la batalla por el desarrollo sostenible.

Su mensaje es duro, amargo y dulce a la vez, esperanzador y pesimista en partes iguales. El despliegue de imágenes, la acción, los acontecimientos y las emociones se desarrollan admirablemente.

El viaje del protagonista es uno al encuentro de sí mismo, de superación, en el que tiene que demostrar su valor, su entereza y su integridad. Un también uno peligroso al ojo del huracán.

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