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jueves, 12 de enero de 2017

“La aventura de la cara amarilla”: cuando Sherlock se equivocó


Sherlock, aquel célebre detective privado alto, delgado, irónico, frío, astuto e intelectualmente inquieto, se hizo famoso por utilizar diferentes métodos de razonamiento para alcanzar la verdad en situaciones imposibles. Sin embargo, algunas (pocas) veces también se equivocó.

La aventura de la cara amarilla (o, simplemente, La cara amarilla) es una de las 56 historias cortas que forman el canon (junto a sus otras cuatro novelas) de la obra de Arthur Conan Doyle. El relato formó parte de la antología “Las memorias de Sherlock Holmes” y fue publicado originalmente en 1893.

Este cuento es particular por varios motivos.

El primero es el error en el análisis de Sherlock, algo que pocas veces se vio en sus relatos. Por otro lado, el texto tiene una estructura extraña donde la historia del cliente ocupa la mitad de su extensión. 

De todas formas, se diferencia especialmente de otras historias del famoso detective por su temática: el racismo. Algo que Conan Doyle trabajó muy poquitas veces en sus escritos.

Holmes y Watson reciben la visita de Grant Munro, un próspero comerciante de lúpulo viviendo en el sur de Londres (más precisamente en Norbury). Tras un par de años de feliz matrimonio con su esposa Effie, comienza a observar un particular comportamiento en ella, uno que lo sumerge en un mar de celos y dudas.

Effie le pidió una gran suma de dinero sin decirle para qué, se despertó a mitad de la noche para hacer una caminata noctura y estuvo merodeando en la casa de los vecinos, un fantasmagórico lugar donde Grant jura haber visto una espectal cara amarilla.

El cuento está disponible en Internet (por ejemplo, en este link) por si les interesa leerlo antes de arruinarse el final.


***

La aventura de la cara amarilla


Resumiendo mucho de la historia, al final lo que parecía ser un enfermizo complot de venganza y chantaje por parte del ex marido de Effie (que confunde al implacable Holmes) termina siendo una historia de amor materno-filial.

En este caso, el detective se agrandó con una solución que le pareció la única posible y le erró feo.

Cuando Watson, Holmes y Grant entran en la misteriosa casa, lo que descubren es que Effie estaba escondiendo a una pequeña niña afroamericana, su hija que fue resultado de su último matrimonio. 

Ella le explica a Grant que su ex-marido era negro y que, luego de su muerte, escondió a su niña haciéndola usar una márcara amarilla que impidiera que los vecinos cuchicheen. Todo lo que hizo fue por amor a su hija y miedo a que su marido la abandone debido a tan terrible secreto.

Si bien la historia no es especialmente ingeniosa (aunque sí tiene un ritmo escalofriante), es el final lo que me parece brillante. Holmes y Watson están de regreso en su casa, silenciosos ambos. 

Sherlock, dándose cuenta de lo errado que estuvo en sus deducciones, le dice a Watson lo siguiente:

«Watson: si en alguna ocasión le parece que yo me muestro demasiado confiado en mis facultades, o si dedico a un caso un esfuerzo menor del que se merece, tenga usted la amabilidad de susurrarme al odio la palabra “Norbury”, y le estaré infinitamente agradecido

(Sherlock Holmes, La aventura de la cara amarilla)

Con esta frase, Sherlock no sólo se reconoce como un ser imperfecto, capaz de equivocarse, sino que además busca algún mecanismo para poder pelear con esa personalidad testaruda, orgullosa y altanera que lo caracteriza. Es un momento chiquito en el cual vemos a su personaje evolucionar hacia un ser más completo.

Por cierto: ¿les suena esa frase?

Eso es porque el primer episodio de la cuarta temporada de la serie Sherlock utilizó el relato de la Cara Amarilla como inspiración parcial. Al final del episodio, luego de los fatídicos eventos que ocurren, el protagonista está sentado con la Sra. Hudson y le dice a ella exactamente eso.


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jueves, 24 de noviembre de 2016

“La casa deshabitada” y el regreso de Sherlock Holmes


Las historias sobre Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle representan algunas de las mejores piezas literarias detectivescas alguna vez escritas. En total, Conan Doyle escribió cuatro novelas y 56 relatos, algo a lo que los fanáticos se refieren, afectivamente, como “El canon”.

El canon va desde su primera y fascinante novela (Estudio en Escarlata, 1887) hasta Shoscombe Old Place, último relato que publicó en 1927.

Como es de esperarse, con una cantidad tan grande de textos escritos a lo largo de un periodo de cuarenta años, hay una variación significativa en la calidad de las historias de Holmes.

En general se reconoce que los primeros trabajos son superiores a los últimos.

***

La aventura de la casa deshabitada, publicado originalmente en The Strand Magazine (1903) y luego sumado a la colección de El regreso de Sherlock Holmes, no sería especialmente memorable de no ser por marcar la resurrección del aguileño detective.

Esta es la primera historia de Holmes que aparece luego de su supuesta muerte en las Cataratas de Reichenbach, según se detalla en el famoso cuento "El problema final".

Es cierto que antes Conan Doyle había publicado una de mis novelas favoritas (El sabueso de los Baskerville), pero esta historia se ubica cronológicamente antes que su muerte.


La historia detrás de la resurrección de Holmes es archiconocida. Por aquella época, Sir Arthur Conan Doyle, ya tenía gran fama por sus catorce relatos de Sherlock Holmes. Sin embargo, pensaba que el personaje lo estaba distanciando de trabajos que él considerada más importantes. Por eso decidió matarlo.

En El problema final, Sherlock termina arrojándose a una cascada junto al profesor Moriarty para destruir una fuerte red criminal.

Conan Doyle tenía un punto: el nombre Sherlock Holmes era más grande que él mismo. Él también tenía otro tipo de literatura que quería dar a conocer, pero a nadie parecía importarle. El autor escribió novelas históricas, ciencia ficción, aventura e historias de terror.

El horror en las alturas”, por ejemplo, es un excelente relato de Doyle que se asemeja más a las historias sobrenaturales de H.P. Lovecraft, pero que pocos conocen. Las novelas del Profesor Challenger son interesantes historias de aventura y ciencia ficción.

***

Luego de la muerte de Holmes, el público se quejó y hasta llegó a enviar cartas amenazantes. Su misma familia presionó para que lo resucitara. Conan Doyle tardaría diez años en cumplir con las demandas, y así llego La casa deshabitada.

El mayor interés de esta aventura no está en el supuesto “misterio de cuarto cerrado” que presenta (ciertamente, está lejos de ser una de sus resoluciones más ingeniosas) sino en la explicación que Holmes da a Watson sobre el motivo de fingir su desaparición en mayo de 1891. Él se vio forzado a fingir su muerte para poder actuar con mayor libertad contra los secuaces de Moriarty, y de esa manera acabar definitivamente con su peligrosa banda criminal.

Únicamente su hermano Mycroft estuvo al tanto de todo esto, y Sherlock desapareció por unos tres años.

La verdad es que esta historia es de las menos interesantes, y el misterio que Sherlock resuelve tiene un desenlace poco creativo. Quizás el atractivo reside en que un caso aparentemente desconectado termina teniendo una conexión importante con la desaparición del detective.

En la genial serie de la BBC Sherlock –una de mis preferidas– el personaje que interpreta Benedict Cumberbatch tiene su adaptación de esta resurrección en el primer episodio de su tercera temporada. La diferencia es que en la serie se trabaja el regreso de Holmes con muchísima más emoción. En la novela de Doyle, Watson apenas se sorprende y saluda a su amigo como si nunca lo hubiera visto tener una muerte horrible.

Este es el extracto del reencuentro:

«Volví la cabeza para mirar la estantería que tenía detrás y cuando miré de nuevo hacia delante vi a Sherlock Holmes sonriéndome al otro lado de mi mesa. Me puse en pie, lo contemplé durante algunos segundos con el más absoluto asombro, y luego creo que me desmayé por primera y última vez en mi vida. Recuerdo que vi una niebla gris girando ante mis ojos, y cuando se despejó noté que me habían desabrochado el cuello y sentí en los labios un regusto picante a brandy. Holmes estaba inclinado sobre mi silla con una botellita en la mano.

—Querido Watson —dijo la voz inolvidable—. Le pido mil perdones. No podía sospechar que le afectaría tanto.
Yo le agarré del brazo v exclamé:
—Holmes! ¿Es usted de verdad? ¿Es posible que esté vivo? ¿Cómo se las arregló para salir de aquel espantoso abismo?
—Un momento —dijo él—. ¿Está seguro de encontrarse en condiciones de charlar? Mi aparición, innecesariamente dramática, parece haberle provocado un terrible sobresalto.
—Estoy bien. Pero, de verdad, Holmes, aún no doy crédito a mis ojos. ¡Cielo santo! ¡Pensar que está usted aquí en mi estudio, usted precisamente! —volví a agarrarlo de la manga y palpé el brazo delgado y fibroso que había debajo—. Bueno, por lo menos sé que no es usted un fantasma —dije—. Querido amigo, ¡cómo me alegro de verle! Siéntese y cuénteme cómo logró salir vivo de aquel terrible precipicio

En cambio, algo que la serie de la BBC trabajó muy bien fue el después: las repercusiones emocionales de aquella caída, cómo afectó a cada una de las personas alrededor de Sherlock.

***

La aventura de la casa deshabitada está disponible en Internet, de forma libre, para quien quiera leerlo. Personalmente, no se encuentra entre mis relatos de Holmes predilectos. Pero quedará por siempre en relevancia por ser la historia que describe el esperado regreso.



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martes, 12 de enero de 2016

¿Quién fue (verdaderamente) el primer detective de la Literatura?


Uno de los tópicos más fascinantes de la literatura es el origen del género policial, sin duda uno de los más modernos. No suele existir gran discrepancia a la hora de afirmar que fue Edgar Allan Poe quien creó el policial como género literario e intelectual. Todos los artículos especializados y profesores de Letras lo han distinguido por “Los Asesinatos de la Calle Morgue” y su detective, Auguste Dupin.

De él, y de Poe, y del género policial, ya he hablado antes en el blog, por ejemplo acá y acá, y también por acá.

Pero hay un debate respecto a los verdaderos orígenes del género, sus rastros genéticos. Walter Benjamin, Foucalt, Borges, Todorov y muchos otros investigadores se han introducido en el agujero de conejo para intentar responder a preguntas tales como: ¿quién fue el primer detective? y ¿dónde se hallan los primeros textos que dan cuenta del procedimiento policial?

Y lo loco es que algunos no están tan convencidos de que Dupin (un intertexto de lo que después serían Holmes, Hércules Poirot, el padre Brown de Chesterton, Philipp Marlowe de Raymond Chandler) haya sido el primero en resolver un extraño asesinato a través del uso del razonamiento. 

Todos nacen como personajes de aquel detective, Auguste Dupin, pero Edgar Allan Poe también se había interesado en una novela de Dickens, “Barnaby Rudge” (1841), que contiene elementos policiales y un crimen misterioso.


Al parecer Poe descubrió el enigma antes de llegar al final de Barnaby Rudge y, luego de reflexionar sobre cómo pensar analíticamente un enigma de estas características, se inspiró para escribir “Los crimenes de la calle Morgue”. Le dio las pinceladas a su personaje –un hombre cultivado, elegante, conocedor, que estudia el crimen con amor, a veces con morbosidad, como si fuera una delicada pieza de colección– y el resto es historia.

Decía Borges, en aquella genial conferencia que da sobre la literatura policiaca:

«Poe no quería que el género policial fuera un género realista, quería que fuera un género intelectual, un género fantástico, si ustedes quieren, pero un género fantástico de la inteligencia, no de la imaginación solamente; de ambas cosas, desde luego, pero sobre todo de la inteligencia»

Pero lo loco de todo esto es darnos cuenta de que la literatura ha brindado detectives antes, pequeños orígenes. Yendo un poco para atrás, algunos encuentran en Edipo Rey (de Sofocles) el primer gran detective.

Repasemos los hechos allá por el siglo V a.C. 

La tragedia de Edipo se dispara cuando él, el rey, apenado por su pueblo que está padeciendo, comienza la investigación. Al parecer, el antiguo rey de Tebas sufrió un asesinato en una emboscada y eso hizo enojar a los Dioses. Edipo decide descubrir la verdad detrás de aquel hecho.

Obtiene datos, pregunta, averigua, en fin, hace actividades bien detectivescas. Paralelamente intenta encontrar el nombre de sus verdaderos padres. Cuando finalmente resuelve ambos enigmas, la cruel verdad sale a la luz. Los enigmas se funden en uno solo, encajan a la perfección, y la anagnórisis, el reconocimiento, se produce. 

Edipo, atando cabos, resultó ser tan buen investigador que terminó encontrándose como el verdadero autor del delito.

Muchos antes también, mucho antes que Sófocles, la Biblia presentaba dos casos de misterio tipo “cuarto cerrado” (aquel que también popularizaría Poe) y que se ajustan a los mecanismos de la novela policiaca.  Se trata de dos enigmas desenredados por un tal Daniel.


Daniel se presenta en la Biblia como un intérprete de sueños. Uno de los casos que resuelve es la historia de la divinidad de Bel. Descubrió que un grupo de hombres estaba robando la comida que se le ofrecía como ofrenda; se introducían en el templo sellado por una puerta secreta bajo el dios Bel. Daniel le hizo notar al rey las cenizas y las huellas que habían dejado los comensales: hombres, mujeres y niños. El rey, irritado, mandó a quemar a los sacerdotes con sus mujeres e hijos. Básicamente el desenlace de cualquier historia del Antiguo Testamento.

El otro caso de Daniel, seguramente más conocido, es el de Susana

Dos ancianos jueces intentan abusar de ella. Le dicen: “mirá, o te entregas a nosotros o vamos a decir que te sorprendimos con un flaco entre los árboles”. Ella, sin saber qué hacer, elige la segunda opción (que implica morir libre de pecado ante Dios). Justo antes de que el pueblo se disponga a otorgarle la pena de muerte, Daniel salta al rescate. Interroga por separado a los ancianos y les hace la misma pregunta: ¿sobre qué arbol habían visto a ella con el pibe? Ambos, sin saberlo, se contradicen, y Susana queda libre de cargos. Con esto Daniel se hace famoso en su pueblo. Ah, y a los ancianos los linchan. Básicamente el desenlace de cualquier historia del Antiguo Testamento.

Ambos casos, si bien simples, corresponden a un enigma de habitación cerrada, donde el misterio se oculta entre cuatro paredes, o en un jardín solitario y sin testigos. En ambos casos, Daniel construye una estrategia, anticipándose a los hechos, para despues destapar a los culpables.

Así que, quién lo habría dicho, en una de esas fue Dios el creador del primer personaje detective.

Y quizás luego, como un ente colectivo, otros autores se fueron animando a darle forma. El Hamlet de Shakespeare, por ejemplo, tenía el trabajo de desenmascarar al asesino de su padre. Encontramos también rasgos de lo policial en Las Mil y Una Noches (en la historia de Aladino, entre otras) y en muchas tragedias griegas. También en los primeros textos españoles y en la literatura francesa de Balzac y Stendhal.

► Después de tanta perolata, de tantas fuentes varias, llegó Poe, inspirado por Dickens y probablemente por el primer detective real de la historia: Francois Eugene Vidocq (jefe del Departamento de Investigación Criminal de París ). Llegó y con su excelencia narrativa, con sus descripciones acertadas, con su mente brillante, le dio la forma definitiva y final.

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viernes, 24 de enero de 2014

El perro era la mente maestra: los misterios de Agatha Christie.


Es el truco más antiguo del mundo. La trama te va llevando –guiando cual hoja en el viento– hacia un inevitable final; entonces (en el último minuto) algo sucede que cambia absolutamente todo. Es lo que se conoce como un twist-ending. Ya saben: Bruce Willis estaba muerto, Snape mata a Dumbledore o “Luke, soy tu padre”.

Pero los twist endings (o, como me gusta llamarlos, “giros de tuerca”) tienen variantes, todo tipo de variantes. Recientemente recordé una de ellas: “El perro era la mente maestra”, también conocida como “El asesino era el mayordomo”. ¿De qué se trata? Es simple: te estás acercando al desenlace, las pistas comienzan a tener sentido, se va armando el rompecabezas… estás cerca de saber quién es el Hombre detrás del Hombre, el verdadero villano. Y entonces descubrís que era la persona de quien menos sospechabas (o alguien que ni siquiera tenías en tu radar), un hombre tirado en el suelo durante toda la película, un caballo (como en una de las historias de Sherlock Holmes) o un adorable conejo (como en la genial “Hoodwinked”). ¡La verdadera mente maestra era el maldito perro!

Es un tema delicado. Si el verdadero villano es alguien que NUNCA viste antes, el final resulta un terrible Deus Ex Machina, mediocre, imperfecto, defectuoso. 

... Si, por otro lado, el villano aparece sutilmente aunque con cierta obviedad… nos encontramos ante un final absolutamente decepcionante por ser predecible.

Lo ideal es encontrar un elegante  punto medio. Que el mayordomo sea el asesino es cliché, pero clásico. Es un sirviente que está en todos lados, en segundo plano, ve y escucha todo. Lo vemos no una, sino varias veces a lo largo del desarrollo de la trama. Un ejemplo perfecto es que brinda cada novela de Harry Potter, que utilizan eficientemente varias Pistolas de Chejov para sorprender con mentes maestras en cada final. Pensemos en el profesor Quirrel de la primera parte o en Scabbers (la rata de Ron) en “El prisionero de Azkaban”. La primera entrega de “Saw: el juego del miedo” es igualmente fascinante por ese motivo. John Kramer se lo ve en flashbacks, y hay una serie de pistas que nos llevan a pensar que quien está en el suelo no se suicidó realmente (ejemplo: el revolver estaba vacío).

Y, por supuesto, cómo olvidar el único capítulo doble de los Simpson: “¿Quién le disparó al Sr. Burns”?, cuando se revela que la culpable era Maggie.



En cuanto a la literatura, hace poco terminé de leer “El asesinato de Roger Ackroyd” (1926), la novela de misterio que catapultó a la fama a la Sra. Agatha Christie (de quien ya he hablado varias veces en el blog). Tranquilos, no pienso revelar ningún tipo de spoiler, así que este post es #SpoilerFree.

Les comparto “El asesinato de Roger Ackroyd” (1926) para descargar en versión PDF: http://bit.ly/1dUYaJN

Aún hoy, el twist-ending de esta notable novela de Christie se mantiene altamente controversial. La Sra. Ferrars –una rica viuda de un tranquilo pueblo inglés– aparentemente se ha quitado su propia vida. El industrialista Roger Ackroyd, con quien estaba involucrada sentimentalmente, expone que ella estaba siendo chantajeada. Cuando Roger está a punto de revelarlo, aparece muerto en su propio living.


La historia es narrada a partir de las notas del médico del pueblo (el Dr. Sheppard), que hace de Watson para Hércules Poirot (el famoso detective de Christie) quien se ha retirado del oficio pero regresa para un último trabajo.


Todos –y me refiero literalmente a todos– son sospechosos en este complejo policial de tipo whodunnit que se asemeja al conocido juego de mesa “Clue”: ¿Quién mato Roger Ackroyd… con qué arma… y en dónde? Las cosas se complican a medida que (con suspenso hábilmente dosificado) cada sospechoso exhibe un muerto en su placard. Lo más interesante de la novela es que el estilo de escritura necesariamente esconde un gran, gran secreto. Especialmente luego de conocer el final es posible releerlo para descubrir la calidad literaria de la autora, que planteó la respuesta a lo largo de la historia, pero con tanta sutileza que pasa desapercibida.


Un ejemplo literario excepcional de esos momentos en los que el perro es la mente maestra detrás de todo. ¡Hasta la próxima!

DE YAPA: el capítulo de los Simpson que da nombre a este post: http://www.simpsonizados.com/simpsons-online-temporada-11/capitulo-1/homero-va-a-hollywood

domingo, 6 de octubre de 2013

LISTA TOP-FIVE: “Citas incorrectas en el Cine y la Literatura”

En español no tenemos una palabra que defina esas citas erróneas, frases que repetimos una y otra vez de forma inexacta, o atribuyéndolas a los autores equivocados. El Cine y la Literatura tienen esas cosas. Especialmente hoy en día, que en Facebook vemos millones de frases atribuidas a Morgan Freeman, Bob Marley o Jorge Luis Borges.

Esto sucede por una amplia gama de razones: algunas frases “reales” no tienen la fuerza suficiente, otras se cambian por motivos de propaganda y algunas no parecen ser correctas con el contexto. 

Hoy vamos a repasar las que son –en mi humilde opinión– las 5 “citas erróneas” más populares de nuestra cultura contemporánea

==> Han quedado afuera algunas épicas como “Houston, tenemos un problema” y “Toto, creo que ya no estamos en Kansas”, pero se llevan menciones de honor. Veamos:

5. “Tócala de nuevo, Sam.” (De la emblemática película “Casablanca”)

Tengo que hablar de Casablanca en algún momento, porque es interesante por donde se la mire. Realmente Ingrid Bergman nunca dice esa frase exacta, sino simplemente:

« Play it, Sam. Play "As Time Goes By." »

La frase exacta “Play it again, Sam” tiene su verdadera fuente en la parodia “A night in Casablanca” (de los hermanos Marx) y es el título de una de las cintas de Woody Allen, en su primer dúo con Diane Keaton.

4. “Conócete a ti mismo.” (Sócrates)

La célebre frase «Nosce te ipsum» (en latín), atribuida al padre de la Filosofía, es una frase del oráculo de Delfos citada por Sócrates en uno de los diálogos de Platón.

3. “El fin justifica los medios.” (Maquiavelo)

Esta frase –que parece resumir la tesis manifiesta de Maquiavelo en su cínica parodia “El Príncipe”– no es exactamente lo que el autor italiano nos legó. La cita en cuestión no aparece en el libro,  sino que es una interpretación liberal de lo que el autor expresó realmente: “Uno debe considerar el resultado final, en lugar de los distintos medios”. Para algunos críticos, esta idea tampoco es propia de Maquiavelo. Se remonta un antiguo filósofo romano –Heroides (c. 10 a. C.).

2. “Elemental, mi querido Watson.” (Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle)

Acercándonos al final, encontramos este célebre caso. He leído mucho de Sherlock, desde sus novelas hasta antologías de sus cuentos. Sherlock dice: “Es elemental” en varias ocasiones, y sí se expresa ante su amigo como “mi querido Watson”, pero nunca junta esas dos frases en una sola.

La cita errónea fue popularizada por el famoso actor Clive Brook en la primera adaptación del personaje al cine sonoro, "The return of Sherlock Holmes" (1929).

1. “Luke, soy tu padre.” (Darth Vader, en “The Empire Strikes Back”)

Me encanta el episodio V de Star Wars. Una de las primeras películas donde vimos a los malos ganando, plagada de situaciones emocionantes y uno de los twist-endings más famosos de todos los tiempos, y que da lugar a esta cita errónea. Darth Vader dice "No, yo soy tu padre", justo después de que Luke lo acusa de haber matado a su verdadero padre. 

Es muy probable que se haya extendido la versión de la frase con el "Luke" adelante para poner el contexto de la escena en relieve de forma inmediata.
  
« Darth Vader: Obi-Wan never told you what happened to your father.
Luke Skywalker: He told me enough! He told me you killed him!
Darth Vader: No. I am your father.
Luke Skywalker: No... that's not true! That's impossible! »


Ahí las tienen, mis 5 frases erróneas preferidas, las que creo han ganado más equivocados adeptos a lo largo del tiempo. ¿Cuál es su preferida? ¿Qué otra cita errónea agregarían al TOP FIVE? ¡Espero sus comentarios!


 «Citas: una manera de repetir erróneamente
Las palabras de otro». 
(Ambrose, “El amargo”, Bierce)

lunes, 11 de febrero de 2013

Influencias literarias (II): Tras las huellas de Scooby- Doo



No puedo evitar tener que ver el episodio entero cada vez que lo agarro en la televisión. 

Scooby Doo, además de ser unas de las creaciones más legendarias del dúo Hanna-Barbera es uno de los dibujos animados con más capítulos en el aire en la historia de la animación. Con los años se convertiría en uno de los motivos de mi atracción por el género de misterio y la narrativa policial.

Una vez leí que la novela “El sabueso de los Baskerville” plantea la fórmula básica con la que funciona cada uno de los episodios de Scooby- Doo: un evento supuestamente sobrenatural (generalmente un “fantasma” que persigue al grupo), varios sospechosos, y un gran misterio por descubrir

La pandilla formada por un gran danés y 4 adolescentes creció en popularidad desde su creación en 1969.

Lo que más me fascinaba de la serie era intentar adivinar al criminal antes que la banda de la Máquina del Misterio. Los primeros capítulos no tuvieron mucha complejidad (generalmente uno estaba entre uno o dos sospechosos) pero sobre el final las cosas se complicaban un poco más. 

La fórmula básica (que no tuvo demasiada variación a lo largo del tiempo) es aún muy popular hoy, y varias series de TV, libros o películas han tratado de imitar el estilo “¿Quién lo hizo?” (whodunnit, por su nombre en inglés) que el show lograba en un episodio de menos de 30 minutos.

Scooby Doo fue una fabulosa serie animada que fusionó varios estilos y utilizó muchos guiños a la cultura popular. The Scooby-Doo Project, por ejemplo, combinaba a los personajes del programa en una aventura en la cual se perdían en el bosque (parodiando al clásico proyecto de la bruja de Blair). 

En “Las nuevas películas de Scooby Doo”, el grupo de Misterio a la Orden resolvía casos acompaños de un puñado de figuras famosas y personajes de ficción como Los Tres Chiflados 

¡...y hasta conocieron a Batman y a Robin(un capítulo muy bizarro, por cierto, donde se enfrentan al joker y al pinguino)

Un dato curioso –que no muchos conocen– es que el equipo se financiaba sus “expediciones” gracias al padre de Daphne, que no solo era millonario sino que además les había regalado el singular medio de transporte.

Generalmente los monstruos terminaban siendo personas que intentaban sacar un provecho especial de la situación. Sin embargo, en algunas ocasiones les tocó enfrentarse a fantasmas reales, como es el caso del spin-off “Los 13 fantamas de Scooby Doo” (excelente serie) o en cualquiera de las dos películas live-action que protagonizó el canino (que son bastante entretenidas, particularmente la segunda). 

De todas formas: la fórmula clásica indicaba que el criminal era una persona de carne y hueso, aunque uno solía dudar hasta el último minuto. En el primer capítulo, el supuesto Caballero de la Armadura Oscura es en realidad (#SPOILER ALERT#) el encargado de mantenimiento que falsificaba obras dentro del museo.

Por cierto, este primer capítulo hizo su debut el 13 de septiembre de 1969, hace 43 años, y marcó el comienzo de lo que sería un éxito imparable. Scooby y sus amigos son amenazados por un caballero blindado dentro de un museo de aspecto tenebroso.


Lo interesante es como el primer capítulo mantiene muchas tendencias de los personajes que se volvieron clásicas con el tiempo. Del mismo modo que Kenny muere en cada episodio… Velma siempre pierde sus anteojos en cada capítulo de Scooby– Doo. También: Fred y Daphne suelen separarse del grupo y desaparecer durante gran parte de la historia. Para muchos, el tiempo que ambos personajes estaban fuera de la pantalla era aprovechado para tener sexo… (o por lo menos, eso dicen algunas teorías). 

Sin embargo, la realidad es que ambos eran considerados los personajes más “aburridos”, y los creadores siempre preferían maximizar el tiempo con Velma, Shaggy y –claro– Scooby, que aportaban la parte más humorística al show.

A Agatha Christie le habría encantado el show. En mi caso, cada episodio era una mezcla rara entre el miedo infantil, el deseo por conocer la verdad y el humor absurdo. 

Lo mejor es que no era solo un programa diseñado para estimular las emociones y tensiones de los niños, sino que además creaba suficientes risas como para hacerlo divertido sin provocar pesadillas.


Una de mis versiones preferidas siempre fue “Un cachorro llamado Scooby- Doo”, que mostraba a la pandilla siendo niños, y con misterios muy interesantes. Fuera como fuera, cualquier versión de Scooby siempre tenía todo el humor clásico como el hambre imparable de Shaggy y Scooby, los one-liners malos de Shaggy y el gag de las puertas (que siempre me pareció fantástico).

La parte oscura de la serie tiene que ver con muchas teorías que hablan de las referencias a las drogas, que curiosamente son varias. El estilo “hippie” de Shaggy, el hambre constante de él y Scooby, las misteriosas “scooby galletas”. Para muchos, cada aventura de la banda era creada en su mente como parte de un viaje fantástico al mejor estilo “Alicia en el País de las Maravillas”. 

Lo que nunca pude comprobar es si Shaggy es el único que escucha y “entiende” al perro (como algunos dicen).

Personalmente, prefiero no adherirme a esas teorías macabras y mantener mi infancia intacta. Scooby Doo fue y sigue siendo un programa de culto que  me enseñó que los villanos van a la cárcel sin ningún tipo de juicio, pero además me desafió mentalmente mientras disfrutaba de una buena leche con Nesquik

Al día de hoy sigue siendo un gran show de misterio y entrenamiento con ideas muy originales.
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