lunes, 23 de julio de 2018

“Yo hago listas” (cuento)


Yo hago listas es el relato #40 que publico en este blog. Un pase de comedia sobre una manía, creo, compartimos varios… (obviamente, se compone de algunos elementos biográficos). Espero que lo disfruten. Yo me divertí mucho escribiéndolo.




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“Yo hago listas”

¿Por qué hago listas?

Qué buena pregunta. A mi mujer solía molestarle que me la pasara haciendo listas. A lo mejor es mi principio ordenador de las cosas. Todos tenemos uno, me parece. Algunos van y rezan, cada noche se ponen de rodillas a un lado de la cama y piden por algo. Otros se toman su taza de café por la mañana a la misma temperatura. Siempre a la misma temperatura, porque si no el día ya arrancó mal.

Lo mío son las listas. A ver, qué tipo de listas. Algunas son necesarias. Bueno, lo que se dice “necesarias” no son. ¿Qué es realmente necesario en esta vida? Tengo la lista de las compras en el súper, la lista de cosas pendientes en mi correo electrónico. Hay una lista de cosas que no tengo ganas de hacer en mi laburo y otra–tiernamente depositada en la mesa de luz de mi habitación– de pavadas que debería ponerme a hacer. Ahí está esa lista, muerta de risa. “Arrancar el gimnasio”, “Análisis de sangre”, “Volver a escribir en serio”, “Decir más seguido: gracias, perdón y por favor”.

Hace poco me afanaron el celular. Fue una situación muy incómoda porque los dos estábamos muy nerviosos. Yo, por lo que el tipo me podía llegar a hacer. Él, porque no sabía bien lo que estaba haciendo (y si la cosa se le podía ir de las manos). A ninguno de los dos nos importaba mi celular, que vale dos mangos. Sólo queríamos que aquel momento incómodo se terminara. Ahora tengo uno con tapita que teníamos tirado en casa, por un tiempo, hasta que consiga otro.

Cosas positivas de tener un celular con tapita:

- Cumplen con la función original del teléfono: llamar y recibir mensajes.
- La batería te dura días. (¡Sí, días!)
- Generalmente tienen la viborita.
- Siempre podés inventar una historia diferente sobre: “¿Sabés cómo conseguí esta cicatriz tecnológica?”
- Es inhackeable (creo) e indestructible (comprobado).
- No te bajás boludeces.
- Si alguien te hace enojar, le podés cortar cerrando la tapita con fuerza. Él lo va a notar. Lo va a notar.

Esa lista la compartí por Facebook y recibió 72 me gusta. 72, ¿entendés? Es un montón. Y ni hablar de los mensajes, desde el “qué garrón, espero que estés bien” hasta el “jajaja” que muestra un claro signo de apoyo hacia mi jocosa observación sobre nuestro quehacer cotidiano. Mi mujer no puso un “me gusta”, de todos modos; porque dice que ya está re podrida de mis “listitas”. Para ella, la forma de ser exitoso en la vida no es enumerando lo que falta hacer, sino haciéndolo en serio.

Yo tengo diez reglas de oro para parecer exitoso en el trabajo (“Para todo clavá un powerpoint”, “Siempre caminá apurado por los pasillos… y ¡por el amor de Dios! Lleváte una carpeta debajo del brazo”, “Una mesa de trabajo llena de papeles es tu mejor compañera”, “Siempre poné cara de preocupado”), veinte pelis que prefiero ver dobladas al castellano, treinta chistes sobre “un hombre entra a un bar”, cinco motivos por los que me llaman carbón y seis cosas con las que tendría sexo (una cerveza escarchada, una biblioteca llena de videojuegos retro, todas las películas de Woody Allen juntas, Zac Efron, una buena milanesa napolitana con puré de zapallo, Jennifer Connelly).

Cosas que me hicieron darme cuenta de que mi mujer me dejó:

- Las camisas sin planchar se empezaron a acumular.
- Si busco sexo, no hay nadie a quien le duela la cabeza.
- Cuando digo “hola” no recibo un “¡cállate un poco, carajo!”
- El cuarto estaba vacío desde hace días.

La vida transcurre entre situaciones donde lo que hagas es irrelevante. No importa, no va a cambiar nada. Por ejemplo, se cae un puente por la fatiga de los materiales, hay un maremoto en Japón o tu mujer te dice que tiene a un amante y que se va de casa. Son cosas que pasan, fuerzas de la naturaleza. Podés afeitarte la cabeza, gritar, patear un puerta o hacer una lista sobre cómo vas a cambiar a partir de ahora. Es lo mismo, ya está, ya pasó. Como cuando me robaron el celu. Ya está, ya pasó. No, no hace falta que me lo discutas, menos que me expliques por qué no estás de acuerdo. Para eso sos mi psiquiatra, che. ¡Que para eso te pago! Bueno, dale, una pregunta sí te puedo contestar. ¡Pero una sola, eh!

¡Ah! ¿Qué por qué hago listas? Mirá, tengo varias razones. Cuarenta y ocho específicamente. Ahí van…

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5 comentarios:

  1. Tiene su ingenio tu relato. Satiriza algo a lo que no soy necesariamente ajeno.
    La esposa es un buen personaje, con su fastidio, con su negación a poner un Me gusta.
    Saludos.

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    Respuestas
    1. Justamente hoy estuve leyendo tu nuevo relato. La sátira siempre es un componente clave en tu escritura.
      Gracias por el comentario, en serio.
      ¡Slds!

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  2. No estás solo; yo también hago listas.

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  3. Seee... a mi tambien me gustan las listas ! .. con papas !!

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