lunes, 24 de octubre de 2016

Los microdélicos (cuento)


Hace bastante que no publico ningún cuento en el blog (lo que no signifca que no esté escribiendo). 

En esta ocasión les dejo un texto de tinte humorístico sobre una curiosa obsesión por la militancia de temas insignificantes.


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“Los microdélicos”

Existen en este mundo algunas actividades del hombre tan curiosas que su mera mención convierte a quien las practica en un receptáculo de burlas y risas. Una de ellas, quizás la más notable de todas, es la de los microdélicos.

El término, del griego mikrós = pequeño y délomai = manifestarse, acuñado por primera vez en el 2009 por el filósofo, escritor y filólogo Ricardo Mux, se refiere a quienes hacen militancia en cuestiones mínimas e insignificantes.

En el barrio porteño de Flores, en calle Remedios al 2800, existe un fiambrero que no vende chorizos Paladini. Argumenta que Don Juan Paladini (sí, tal fue el nombre del creador de estos embutidos) cortejó a su bisabuela, allá por el año 1922, y que fue ella, la refinada Adelaida Brunelli, quien le dio inicialmente la idea de elaborar productos inspirados en un viejo cuaderno de recetas de Italia que ella poseía. El fiambrero hasta tiene un cartel en la entrada que aclara, para que no quede lugar a dudas: “Acá no se venden chorizos Paladini.”

Es igualmente llamativo el caso de un profesor de literatura cordobés que intentó liderar una marcha contra los escritos de Dan Brown. Las pancartas leían “No leo a Brown. Es pura mierda”. A la marcha fueron siete personas.

Todos somos acreedores de alguna pequeña microdelia en nuestra vida. Hay quienes se rehúsan a comprar una Coca-Cola para hostilizar a la maligna empresa (como si ellos pudieran llegar a darse cuenta), hay otros que repudian con fervor a los amantes de los Reality Show, que se ponen incordiosos ante la presencia de médicos oftalmólogos o que se niegan a escribir con tinta negra porque “puede no distinguirse la fotocopia del original”.

Hay, sin embargo, una familia argentina que saltó repentinamente a la fama por contar con una larga herencia de integrantes microdélicos. Todo comenzó con Fernando Aguirre, un kiosquero de Capital que no vendía historietas de Marvel por tener argumentos demasiado incoherentes. Su hijo, Miguel, heredó la microdelia del padre –algunos científicos han comenzado a considerar que podría existir un gen que la arrastre– y fundó la Asociación Contra el Pan con Manteca y Mermelada. La ACEPCMYM. Su lucha, por lo pronto solitaria, busca concientizar al público de los peligros de mezclar ambos productos (provocarían acidez). Agrega que las poderosas compañías de mantecas y mermeladas trabajan en colaboración, aumentando los precios de productos hoy considerados como complementarios, generando un oligopolio oculto y –en última instancia– perjudicando el bolsillo del consumidor final. Quien además probablemente tenga acidez.

Miguel tuvo tres hijas. Sofía, la mayor, sólo salía con tipos más bajos que ella. Micaela, la del medio, no compraba ropas los jueves (según sus estudios, publicados en su blog personal, las empresas aumentan los precios un 15% exclusivamente en esos días, pero no lo informan al público). Bianca, aun en edad preescolar, intenta convencer a todos sus compañeros del colegio que los controles remotos intoxican el ambiente más que el humo de los cigarrillos.

Cuando la hija de Sofía, hoy de dos años y medio, comenzó a mostrar indicios de preferir los colores rojo y amarillo por sobre cualquier otro, los estudiosos de la materia comenzaron a concebir la idea de una cuarta generación de microdélicos (algo jamás visto).

Estudios de la Universidad de Princeton, donde opera el Centro de Investigación de la Microdelia, muestran que el 67% de los microdélicos están convencidos de que una periódica e imperceptible militancia va progresivamente carcomiendo las entrañas de un enemigo difuso, y que aquel acto desinteresado les brindará un pedazo modesto del mismísimo cielo.

Según el último censo mundial realizado a través de la red mundial Facebook, un 17% de la población sufre de microdelia, y las posibilidades de que la obsesión por la militancia de cuestiones intrascendentes se transfiera aguas abajo en la genealogía es de aproximadamente un 20%. ¿Es usted un microdélico? ¿Siente fanatismo por alguna manía en particular, que combate con fervor y milita con entusiasmo? Si es así, todavía está a tiempo de corregir el rumbo. La ardiente batalla contra los microdélicos, individuos creados por corporaciones oscuras lideradas por enanos y zorros parlantes, financiadas por gobiernos imperialistas, puede ganarse.

Debajo de esta nota encontrará el contacto de mi organización: “Juntos contra la microdelia”, un espacio participativo donde podrá movilizarse contra aquellos que militan sobre lo insignificante. El mundo es demasiado caótico y tenebroso como para andar preocupándose por las pequeñas cosas.

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9 comentarios:

  1. Una palabra más del Exonario.
    Tiene mucho sentido, existe gente así. De hecho, no estoy seguro de estar libre de ser un microdelico. Pero supongo que sí, o habría hecho un campaña para que No lo soporto vuelva a su formación de trío.

    No necesariamente son tomados para la risa. Sospecho que a veces son tomados en serio, logrando convencer que una ajustada malla enteriza en una heroína de comic, implica despreciar a las mujeres. Y los historietista terminan cambiando el diseño del personaje. Me parece que es caso de Ms. Marvel, ahora Capitan Marvel.
    LO de las varias generaciones me parece posible.

    Me resulta verosimil.

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  2. Bueno, acabo de comentarte en Literautas, pero quería decirte que me encantó el cuento. Parece una rutina de stand up XD El título fue un acierto, porque, entre tanto título culinario, el tuyo parecía marcado con resaltador jejeje Markenting a full :P

    Creo que quien más quien menos tiene su cuota de microdelia.

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    1. Leí tu comentario y después me pasé por tu cuento también.
      Gracias, che... el secreto está en la salsa. Pero sí, posta que busqué que no quede atado expresamente a lo culinario, me parecía que era la salida más típica. Igual este mes en Literautas leí algunos relatos más jugados que valen la pena.

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  3. Me has informado suficiente. Y estando segura que los escritores, padecemos de microdelia...(no perdonamos que falte una insignificante tilde, porqué le cambia todo el sentido a la frase).
    He decidido crear el club de microdelicos en mi blog, Ahi podremos desahogarnos de la falta de cordura del quien escribe mal, quemaremos las impresiones de los mensajes de texto kn ese lenguaje raro y kawai, siiip!!!!!!! Y como sesión con el psicoanalista, serán comentarios anónimos, para no tener temor de represalias.

    Para mayor informacion, direccionarse a mi blog. Y en la seccion de contacto enviarme su misiva con ejemplos del por qué se considera un escritor con microdelia. No lo he publicado y ya tengo cuarenta millones de solicitudes... 😅

    Muy buen escrito con chispas de humor.

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  4. Moi gueno ! Así que tengo eso nomas.. yo pensé que era la edad o alguna conflicto tonto de mi infancia sin resolver.. como la vez que me caí de un puente al rió y mi Papas siguieron caminando como si nada... en fin.. Bueno, voy a buscar el contacto para anotarme ! Quiero aplicar todo el peso de la ley al tema ! ( gramos mas, gramos menos.. )

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  5. Yo creyéndome un viejo prematuro, cascarrabias, rancio y ridículo cuando sólo era, soy y seré un microdélico... Pero que no me quiten lo ridículo, por favor, que dejo de existir.

    Excelente texto, Luciano, siempre es un gusto alimentar a la mente con tan buen aperitivo

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    1. Se agradecen las cálidas palabras de aliento, compañero. Todos somos un poco rancios. ¡Saludos!

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  6. jejeje Muy bien manejado el humor, y el final cierra perfecto.
    Yo creo que todos los dueños de empresas se llaman Alfredo, en este caso Alfredo Paladini. Alguna vez creí en esa microdelia de no comprar Coca (creo que en mi caso era no consumir en Mconals). Ahora ya crecí y ya no hago la publicidad de la anti-publicidad, simplemente prefiero no manifestarme y quedarme en silencio para no comunicar esa microdelia.
    ¡Queremos a Gorgori fuera Barney!
    Abrazo!

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    1. Mi viejo se llama Alfredo (gran seguidor del blog, porque, claro, es del hijo).

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