Género: teatro / obra dramática en un acto
Leído: última vez en Bahía
Blanca, 2013
"El infierno son
los otros" es quizás una de las frases más
populares (y más incomprendidas) de Jean-Paul Sartre. Sartre siempre fue
uno de mis filósofos preferidos, y su existencialismo
es –para mí– una forma de vivir. Pero de
eso hablaré en otra nota.
Hoy es el turno de una de sus obras de teatro más
interesantes y que personalmente me encanta: “A puerta cerrada” (No Exit).
Sartre fue soldado en la Segunda Guerra Mundial. Esa experiencia lo escandalizó y forjó
varias de sus posturas filosóficas. Luego se hizo académico e intercaló sus
ensayos con obras de ficción que hacían de “excusa” para exponer sus teorías.
Así, en “A puerta cerrada”, el
filósofo ofrece una idea diferente:
el infierno como una habitación donde tres desconocidos son condenados a vivir
eternamente bajo la mirada del otro, sin poder dejar de escuchar lo que el otro
dice por más que tapen sus oídos.
No hay
torturas ni verdugos, solo ellos obligados a permanecer allí por toda la
eternidad. Mientras tanto, presencian cómo el mundo los va olvidando más rápido
de lo que creen.
► Quien no lo haya leído, les
dejo el link. Les aseguro que es excelente: http://bit.ly/117FcHZ
***
#SpoilerAlert: ¡Aclaro que mi
pequeño análisis puede llegar a arruinar partes de la trama a un lector desconocedor
de la obra!
***
Inés, Estelle y Garcín son las almas condenadas a
esta sala sin salidas, y pronto se
convierten en meros símbolos de algo más universal. A través de ellos,
Sartre muestra la condición de la sociedad en la que vivimos inmersos. Ellos
han cometido horribles pecados (que la obra revela poco a poco) pero la
verdadera causa es más profunda y definitiva: Garcin es un canalla y un cobarde, Inés es sádica y manipuladora,
Estelle es netamente egoísta.
Hay muchísima tela para cortar en las pocas páginas
de esta historia. “La mirada del otro”
es quizás uno de los elementos más interesantes. Se parte de la idea de que la
mirada del otro es aquella que desnuda, muestra la realidad del ser. A partir de ésta, el individuo es juzgado o
condenado. No poder pestañar, no poder dormir… y ser constantemente juzgado
por la mirada del otro, aquel es el verdadero infierno que cada uno vive día a
día.
… Y sin embargo, cuando en un momento de la historia
se abre la puerta, ninguno se anima a irse sin el otro. No quieren o no pueden.
Es ahí cuando descubren porque el verdugo nunca apareció. El verdugo ES el otro.
“El
Infierno en sus miradas, su presión implícita, en esas pupilas vibrantes…”
Es genial cómo se molestan hasta límites
inimaginables. Es recién al final donde se llega a la icónica frase (que resume
el leitmotiv de la obra): “El infierno son los otros”. Y además
es sorprendente, gracias a algunos elementos de suspenso y narrativos bien
logrados (una muy interesante “Pistola de Chejov”, entre otros).
Inés es definitivamente
mi personaje preferido. Una trabajadora postal
lesbiana cuyo pecado es la manipulación. Ella parece ser el único personaje capaz de entender el poder de la opinión y el único personaje honesto con
relación al mal que ella misma, Garcín y Estelle han hecho.
De todas formas, el
pecado “Sartriano” de Inés está impregnado en su esencia: ella se reconoce como
un ser “maligno”, y bajo esa excusa decide
no tomar decisiones.
Hay muchísimo
simbolismo plagado en la obra. El espejo
(o mejor dicho, la falta de uno) es uno particular. Estelle no dejaba de
mirarse cada mañana, incluso para confirmar que existía. En el infierno de cuatro paredes, los tres tienen solo al otro como peculiar forma de reflejarse. Otro gran elemento simbólico es el Infierno. En el pensamiento existencial de Sartre la vida es un Infierno lleno de absurdos y de “la nada”.
► “A puerta cerrada” funciona como un comentario social y filosófico de la sociedad que
nos rodea (y en particular de París
durante la Segunda Guerra Mundial).
El escenario es el laboratorio perfecto
para estudiar a tres individuos separados
del mundo. Sartre brillantemente revela que el infierno es un estado
mental y no un lugar específico.
El concepto de “los otros” como reflejo
indispensable en nuestra vida, nos
confronta revoltosamente a contextos poco conocidos de nosotros mismos. No hay
lugar más aterrador que aquel que nos desnuda, nos enfrenta con nuestras
debilidades.
“One
always dies too soon - or too late. And
yet one's whole life is complete at that moment,
with a
line drawn neatly under it, ready for the summing up. You
are - your life, and nothing else.”
(Inés en “No Exit” –Jean Paul Sartre)


