viernes, 10 de enero de 2020

Doomsday Clock: el choque entre Watchmen y DC


Doomsday Clock –la miniserie de doce tomos de DC Comics, escrita por Geoff Johns y con dibujos de Gary Frank– se convirtió en mi lectura favorita del 2019. Si bien admito que fue medio tramposo porque en realidad comencé a leer el comic cuando se lanzó, allá por noviembre de 2017. El último número, sin embargo, salió en diciembre 2019. 

En esta nota quiero reseñar la novela gráfica, evitando los spoilers para quienes todavía no pudieron chequearla.



***

Reescrituras y retrasos

Ésta es una historia que tardó dos años en desenredarse y estuvo sostenida con retrasos, cambios en la editorial y varias reescrituras. Por cierto, la reescritura de la línea de tiempo de un cómic en proceso cuyo propósito es reescribir la línea temporal de un universo en proceso es tan metatextual como podría llegar a ser.

Finalmente, el camino que tomó valió la pena porque Doomsday Clock es uno de los eventos comiqueros más importantes de la última década. Pera antes debería hacer un poquito de resumen.

La novela gráfica de Geoff Johns muestra el presente de la historia original de Watchmen. Está de más decir que es necesario haber leído la obra de Alan Moore (que reseñé por acá) antes de encarar esta secuela.


Todo inicia el 22 de noviembre de 1992, siete años después de la masacre en la ciudad de Nueva York. El plan de Adrian Veidt para la paz mundial fracasó después de que se publicaron los detalles del diario de Walter Kovacs (lo cual es un potencial plothole si tenemos en cuenta que Rorschach realmente nunca llegó a escribir sobre la culpabilidad de Veidt).

Como sea, en este comic Veidt se convirtió en un fugitivo y Estados Unidos está al borde de la guerra nuclear con Rusia.

Cuando comienzan los preparativos para la guerra, un nuevo y misterioso Rorschach II irrumpe en la prisión para recuperar a Marcos Maez (Mime) y Erika Manson (Marionette). Él los lleva hasta Veidt, quien se está muriendo de una enfermedad terminal. El magnate ofrece a la pareja la ubicación de su hijo y $200 millones si lo ayudan a localizar a su ex colega, el Doctor Manhattan, la única persona capaz de salvar al mundo de una nueva e inminente destrucción.

Mientras tanto, en el universo de DC, Clark Kent tiene una pesadilla sobre la noche en que sus padres murieron en un accidente automovilístico y el Dr. Manhattan descubre que no puede ver el futuro más allá de su enfrentamiento con Superman.

La antesala de Doomsday Clock

El argumento de Doomsday Clock se propone enfrentar a todos los grandes héroes de DC con el Dr. Manhattan, quién ha estado jugando con su universo (modificando eventos claves de la historia) en busca de algo en especial.

El evento oficialmente arrancó con DC Universe: Rebirth # 1, cuando Wally West, el tercer Flash, regresó al universo DC después de haber sido eliminado de su historia. Wally aparece ante varios personajes y le advierte a Barry Allen que alguien los está mirando y experimentando con ellos.


Luego, en distintos comics la gente desaparecía misteriosamente: Doomsday, un futuro Tim Drake, Mr.Mxyzptlk (tomado por el misterioso Mr.Oz, que al final no tuvo nada que ver con Manhattan), etc.

En el evento crossover The Button (del que hablé en esta nota) mientras Batman investiga el botón de la carita sonriente que apareció en la Baticueva junto a Wally West, es atacado por el Flash Reverso, quien fue revivido por alguna fuerza externa.

Después de hacer contacto con el botón, Thawne se teletransporta misteriosamente, regresando como un cadáver humeante. Uno que emite radiación única. Bruce Wayne y Barry Allen rastrean esta radiación a través del tiempo.

Estas y otras historias más fueron la antesala de Doomsday Clock, una novela gráfica que funciona como historia autocontenida pero que hace uso extenso de todo el canon y la mitología que DC ha acumulado por ocho décadas. Además, según se ha dicho, los eventos de esta historia se van a sentir en todos los títulos posteriores.

Ser fan de Watchmen

En este sentido, Doomsday Clock no es una lectura sencilla. Ocasionalmente necesité googlear algunos héroes y referencias para poder terminar de captar todo lo que sucedía.

Si bien leo comics de DC desde hace años, no soy un conocedor absoluto, especialmente en relación a las eras dorada y plateada. Por ejemplo, Alan Scott y otros miembros de la “Justice Society of America” tienen un rol prominente y yo de ellos sé poco y nada.

Es muy loco pensar cómo ambas historias (tanto la novela gráfica como la brillante secuela de HBO) terminaron casi al mismo tiempo. De hecho, la serie de Damon Lindelof inició y finalizó entre los tomos #11 y #12 de Doomsday Clock.


Solo el tiempo dirá que versión es más aceptada y recordada. Lo curioso es que ambos finales son mucho más optimistas que el desenlace original de la novela gráfica.

En todo caso, es interesante cómo tanto el comic como la serie de HBO tienen la misma postura básica sobre Jon: su inacción es un fracaso de su parte. En sus cierres, ambos relatos llegan a la misma conclusión: se necesita acción para inspirar a otros.

Las subtramas de Doomsday Clock

Doomsday Clock es una novela gráfica extremadamente ambiciosa y que tenía la enorme tarea de cumplir con las expectativas presentando, simultáneamente, una historia fresca y original. En gran parte creo que lo logró. Lo cual es envidiable considerando la cantidad de personajes de ambos universos (más los nuevos introducidos) y los muchos conflictos que balancea.

A ver… tenemos el asesinato de Carver Colman, un actor del policial negro que interpretó al personaje Nathaniel Dusk (y su enigmática relación con Dr. Manhattan), el misterio de quién es Rorschach II, cuál es el origen de Mimo y Marioneta (excelentes personajes ambos) y la “Supermen Theory”, por mencionar sólo algunas subtramas.


Un breve apartado del punto anterior. Uno de los elementos que atraviesan a toda la trama es esta “Teoría de los Superhombres”. Básicamente, es una teoría conspirativa del Universo DC en donde se cree que el motivo por el cual la gran mayoría de los metahumanos están en Estados Unidos es porque fueron creados artificialmente por el gobierno para ser usados como armas.

Esta creencia ha llevado a disturbios masivos y protestas contra los superhéroes, alegando que las creaciones metahumanas son esencialmente actos de guerra del gobierno americano.

En este sentido, el tomo #9 ofrece una deconstrucción aterradora de las historias de origen de superhéroes y supervillanos: al menos algunos de ellos no fueron accidentes, sino experimentos poco éticos organizados por el gobierno para comprender mejor la naturaleza de los metahumanos. Lo que significa que la teoría de Superman es, al menos, parcialmente cierta.

Por sobre todo, el comic debía responder a la pregunta de por qué Dr. Manhattan se convirtió en un supuesto villano y cómo sería su esperado enfrentamiento de ideales (y golpes) contra Superman. Algo que, como era de esperarse, no llega hasta el último tomo de la historia.


Al tratarse uno de los eventos más importantes en la historia moderna de DC, cada número  está lleno de fascinantes sorpresas y giros de tuerca que complementan y cierran cabos sueltos de la historia original o presentan nuevos e interesantes conflictos.

El metaverso de DC

El argumento tiene un ritmo trepidante, asistido por un arte de Gary Frank que logra reproducir a la perfección el estilo y tono de Dave Gibbons, el artista de Watchmen. Es notable en el uso de los paneles 3x3, pero no sólo en este aspecto sino en toda la forma de abordar la historia, la simbología utilizada, la manera de hablar de cada personaje y los puntos de giro de la trama.

La narración es, al mismo tiempo, una gloriosa historia de tipo elseworlds en la que los dos mundos colisionan, y una suerte de revisionismo histórico de la metahistoria del Universo DC. Esto es lo que la hace tan compleja y satisfactoria en partes iguales.


Explora el movimiento de DC Comics a lo largo de las décadas desde una perspectiva de un tercero, ubicando al Doctor Manhattan en la posición del lector. De esta forma, el equipo creativo elaboró efectivamente una carta de amor a DC al destacar y centralizar el primer gran éxito de la editorial: Superman.

El (nuevo) concepto del Metaverso, en el que la Tierra DC central se basa en la primera aparición de Superman y todos los cambios posteriores a dicho origen tienen efectos dominó en el resto del Multiverso, se introdujo en el tomo #10 como una nueva mecánica de la editorial, y es una idea fascinante para continuar explorando.

Queda por ver qué tan bien se plegará este concepto en el resto del universo DC, ya que hay una serie de partes móviles y posibles contradicciones necesarias para superar gracias a los retrasos en el cronograma de envío de la novela gráfica. Hay una relacionada con el Alfred de Batman que hay que ver cómo catzo solucionan.

En todo caso, el Metaverso es una forma de preservar cada era de Superman y promete que habrá nuevas encarnaciones hasta el infinito, siempre permaneciendo la constante de que el mayor campeón de la Tierra fue criado por el amor, la justifica y la esperanza.


Al final del día, Doomsday Clock cumple en exceso. Las cadenas narrativas a lo largo de los doce números se conectan de manera inteligente. Todo cae cuidadosamente en su lugar para una comprensión secreta del Universo DC. Las obras de arte del dibujante Gary Frank y el colorista Brad Anderson se mantuvieron consistentemente sorprendentes en todo momento.

Todo contribuyó a evocar el espíritu de la serie original. Es muy posible que solo esta reunión particular de talentos hubiera podido ejecutar esta historia con gracia y elegancia (aunque sin tanta puntualidad).

Palabras finales

No puedo comentar mucho más por riesgo a caer en terreno de spoilers. Solo mencionar que Doomsday Clock logra exponer de forma precisa que la virtud central del ícono de DC no radica en sus habilidades, sino en su inagotable optimismo. Vincular esta idea con los constantes reinicios de la editorial es una justificación narrativa atractiva.

El creador Geoff Johns demostró, con bastante maestría, que narrativas secuenciales de larga duración (como son los comics) pueden tener “finales” sin que ello constituya un impedimento para contar nuevas historias. ¿Era necesario usar a los personajes de Watchmen para llegar a esa conclusión? Quizás no, pero estuvo todo bastante bien resuelto.



Ya habrá tiempo de analizar los méritos completos de la obra. A mí me convenció 100% y tengo ganas de darle una relectura en versión papel en el futuro (ahora lo leí en digital). La novela gráfica estuvo a la altura de lo que se propuso, generó muchísimas discusiones y abrió el juego para seguir experimentando con el rico universo de DC.

Al final, aunque la historia se siente retrasada, escalonada y más desconectada del Universo DC de lo que inicialmente se proponía, funciona sin problemas. Es un relato hermoso y con gran carga emocional. Se siente como el cierre de una era y el comienzo de una nueva.

¿Quién sabe qué vendrá después de esto, o qué crisis hay en el horizonte? Lo que sí sabemos es que, independientemente del año, hora o lugar, DC continuará. Porque como dijo un sabio en 1985... nothing ever really ends…

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2 comentarios:

  1. Concuerdo.
    Tuve la duda de cuál sería el funcionamiento de Watchmen en la continuidad de DC, como funcionaría esa integración.
    Y debo decir que funcionó bien. Fue una buena idea. Como Dr. pareció estar a punto de destruir al heroísmo, de llevar el desquicio de su mundo a las continuidades oficiales. Como destruyó a algunos héroes antes de que surgieran.
    Y que Superman se confirmó como la gran esperanza.

    Pero debo plantear alguna objeción. Y es que para lograr esa idea, se subestimó a dos grandes superhéroes. Como The Flash, que se desencadenó Flashtpoint, tiene conexión con la Speed Force, una de las fuerzas del multiverso. Y Hal Jordan, el más grande Green Lantern, quien pudo tener un papel mejor en el enfrentamiento.


    Saludos.

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    Respuestas
    1. Sí, che, estoy de acuerdo en que Flash y Hal estuvieron bastante desaprovechados. Buen aporte, Demiurgo, como siempre. No te tenía como lector de este tipo de comics.

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