martes, 9 de abril de 2019

La filosofía detrás de “BioShock” (2007)


Ni Dioses ni Reyes, sólo el Hombre”. Para la filósofa rusa Ayn Rand, el hombre es un principio y un fin en sí mismo. Debe buscar su propio interés racional y su propia felicidad. Aquellos son los más altos propósitos morales de la vida. Estas ideas forman la corriente llamada “objetivismo”, que es la inspiración temática para el fascinante videojuego BioShock y su subacuática ciudad, Rapture.




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BioShock esencialmente es un juego de disparos en primera persona (FPS) de 2007 creado la empresa Irrational Games de la mano de su líder creativo, Ken Levine. Si me apuran, no tiene nada que envidiarle a los grandes FPS de la historia como Half-Life 2 y la franquicia de Doom. No por nada es considerado uno de los más grandes videojuegos de la historia.

Uno de sus aspectos más interesantes es que combina acción y disparos con elementos de stealh (sigilo), survival horror y RPG, así como algunas decisiones morales relacionadas con salvar o matar a ciertos personajes. Es un videojuego muy atractivo para viciar… pero todavía más para analizar.

Autores como Aldous Huxley, George Orwell y, más específicamente, Ayn Rand se habrían vuelto locos con esta historia que toca temas sobre sociedades utópicas, el capitalismo y la libertad humana. Pero vayamos por parte…


Una ciudad en el fondo del mar

BioShock se sitúa en 1960. Luego de un accidente aéreo, nuestro protagonista (Jack) descubre una ciudad debajo del mar llamada “Rapture”, que ha quedado en ruinas. Fue construida por el magnate de negocios Andrew Ryan, quien buscaba crear una utopía lejos de la sociedad.

El problema es que el descubrimiento de un material genérico conocido como ADAM, capaz de brindar poderes sobrehumanos, inició todo tipo de turbulencias que terminaron por destruir la ciudad.

Jack intenta escapar del lugar guiado por un misterioso asistente, un tal Atlas. Tiene que luchar contra hordas de enemigos obsesionados con el ADAM, vencer a los icónicos y mortales Big Daddies y descubrir por qué siente que él mismo está conectado, de alguna manera, con Rapture.


«Un hombre puede elegir. Yo elegí lo imposible. Construí una ciudad donde el artista no tenía que temer al censor; donde los grandes no estaban constreñidos por los pequeños; donde el científico no estaba limitado por la línea moral. ¡Yo elegí construir Rapture! Pero mi ciudad fue traicionada por los débiles.» 
(Andrew Ryan, fundador de Rapture)

BioShock y el objetivismo de Ayn Rand

No es tarea sencilla abarca todos los temas y referencias literarias / filosóficas que explora la obra concebida por Ken Levine. Tenemos la dicotomía libertad/esclavitud, el tema de la moral en relación a la genética y las corrientes filosóficas que apoyaron la construcción de aquella ciudad submarina, quizás el tema más atrapante.

Hay un obvio paralelismo –y un juego de palabras– entre Andrew Ryan y Ayn Rand, autora, entre otras muchas cosas, de la novela La rebelión de Atlas.

Ella, filósofa rusa de origen judío y nacionalidad estadounidense (…because why the hell not), creó la corriente de pensamiento conocida como Objetivismo. A grandes rasgos, esta filosofía expresa que los hechos son hechos, independientemente de cómo los percibe el hombre y cómo le afectan. No existen meras interpretaciones, como diría Nietzsche.

También sostiene que el hombre es un fin en sí mismo. Por ese motivo, no necesita sacrificarse por otros ni que otros se sacrifiquen por él. Tampoco necesita “servir a algún Dios” como profesan las religiones, que son malvadas y manipuladoras.


En su estructura económica, el Objetivismo defiende el capitalismo laissez-faire, es decir, un sistema de comercio libre sin intervención del estado, donde ninguna de las partes tenga mayor poder sobre la otra.

Sus ideas son, de hecho, capitalismo radical. Su novela más famosa, La rebelión de Atlas, relata una ficticia rebelión de los grandes empresarios contra el gobierno y los políticos de EEUU. Ellos realizan una huelga general que paraliza al país. La obra es como una suerte de manifiesto capitalista.

Rapture: el capitalismo radical en juego

¿Quién es John Galt? El libro de Ayn Rand comienza con esta pregunta. En contraposición, BioShock se pregunta: ¿Quién es Atlas?


En La rebelión de Atlas, John Galt, filósofo y científico, es el líder del movimiento de los “no saqueadores”, hombres emprendedores e intelectuales que piensan que ninguna actividad económica debe estar regulada ni sometida a la imposición fiscal.

En el juego, la armonía entre los habitantes de Rapture no dura para siempre. La ciudad se ha convertido en un campo de batalla en el que combaten el propio Andrew Ryan y este misterioso líder revolucionario llamado Atlas.

Recordemos que BioShock es, simultáneamente, un videojuego y una obra de ciencia-ficción ucrónica (es decir, una sociedad utópica que ocurre en el pasado en lugar de en el futuro). Por lo general, una obra de ciencia-ficción plantea siempre la misma base y advierte sobre potenciales riesgos: un avance en la humanidad llevado al extremo, por ejemplo.


Rapture, la ciudad subacuática, funcionaría más como una “mala ejecución” de las ideas utópicas de Ayn Rand. Y es que está claro: si todo hubiera salido bien, probablemente nunca habríamos tenido un videojuego tan interesante en primer lugar.
«No era imposible construir Rapture en el fondo del mar. Era imposible construirla en cualquier otro lugar.» (Andrew Ryan)

Es cierto que una de las bases de esta corriente de pensamiento es el individualismo y el egoísmo, pero siempre de forma racional. Esto es: un pensamiento que promulga la búsqueda de la satisfacción personal, pero nunca anteponiendo los derechos del resto. Las ideas planteadas por Rand en su utopía apoyan la autorrealización personal siempre que no implique la destrucción del prójimo.

Por supuesto, ésta es la crítica de Ken Levine y BioShock a nuestra sociedad actual. Rapture nunca podría funcionar. Las idea de Rand y el objetivismo tampoco. El problema con el objetivismo es que parte de una premisa errónea: que el ser humano es perfecto y las condiciones son las ideales.
«Soy Andrew Ryan y tengo una pregunta que hacerte: ¿Acaso un hombre no tiene derecho al sudor de su propia frente? No, dice el hombre de Washington, pertenece a los pobres. No, dice el hombre del Vaticano, pertenece a Dios. ¡NO! dice el hombre de Moscú, pertenece a todos. Yo rechacé esas respuestas. En vez de eso, elegí algo distinto. Elegí lo imposible. Elegí... Rapture.»

Rapture está formada por la élite de la humanidad: empresarios, médicos, científicos, ingenieros. ¿Pero quién va a limpiar las calles? ¿Quién se ocupará de las tareas “menores”? Todos están tan ocupados por su seguridad personal que olvidan que una sociedad debe funcionar de forma más equilibrada. Debe funcionar de otra manera.


No ayuda la dependencia del ADAM, hábil crítica a todo tipo de drogas actuales (desde las literales hasta las más simbólicas). Esa sustancia permite adquirir poderes espectaculares y no está regulada por ninguna entidad, lo que causa un alboroto enorme.
«El ADAM es el lienzo sobre el que se traza la evolución de la modificación genética, pero los plásmidos son la pintura.» (Yi Suchong)

La exploración filosófica de After the Dark

Hace poco me acordé de After the Dark (2013), que también puede encontrarse como The Philosophers.


Sin ser una gran película, se destaca por tener un planteamiento poco tradicional. En una escuela en Jakarta (en Indonesia) un profesor de filosofía reta a sus veinte alumnos a que elijan, entre ellos, a la mitad para salvarse de un ficticio evento apocalíptico. Cada uno dispone de una profesión diferente y deben llegar a un acuerdo que les permita reiniciar la raza humana.

El juego de “quien debe vivir” y “quién debe morir” es atrapante y se presenta de una forma entretenida que va más allá de un experimento de clase. Se ponen en juego ciertas temáticas filosóficas y problemas morales conforme las tensiones van en aumento.

BioShock es un poquito ese experimento también y ahí reside su encanto. Es poner en práctica, en forma de videojuego, la teoría filosófica de Ayn Rand sobre el mundo perfecto.


¿Es Rapture la consecuencia de una sociedad idealista o la demostración de que hasta los mayores idealismos pueden salir mal? En este gran debate reside la magia del juego.

Algo que BioShock deja en claro en su planteo es que no podemos vivir solos. Nos necesitamos unos a otros. Y, muchas veces, pensar en el otro es la decisión más óptima. De hecho, este pensamiento de “no necesito a nadie más que a mí mismo” es una de las grandes críticas contra el Objetivismo.

El punto acá es que las teorías extremas no sirven en la práctica. Ni el capitalismo ni el socialismo en sus estados más puros pueden funcionar en una sociedad real. Ambos sufren de serios inconvenientes. Es necesario encontrar un punto medio.
«¿Por qué adorar a un Dios o a una bandera, cuando podemos adorar lo mejor de nosotros? Nuestra voluntad de ser grandes. Ni Dioses ni Reyes. Solo el Hombre.»

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