jueves, 21 de julio de 2016

“El que las hace… ¿las paga?”: policiacos latinoamericanos


El género policial es una de las invenciones literarias más recientes de nuestro tiempo (si bien estaría cumpliendo 175 años hoy)

Hay quienes afirman que se remonta a épocas de la Biblia o incluso a leyendas árabes (“Las mil y una noches”). Se suele debatir que el mito de Edipo Rey contiene una de los primeros episodios verdaderamente detectivescos de la literatura (de eso hablé en este post). Mientras que universalmente se considera que Edgar Allan Poe fue el creador del género. Los franceses, por su lado, pretenden asociar el génesis de esta narrativa a “Zadig o el destino” (de Voltaire) o quizás a Honoré de Balzac.

Heredera de la novela de aventuras, la literatura policial tiene un especial intereses por el enigma, el crimen y las personas que transgreden la ley. Sin embargo, la pre­sencia de un crimen o de una deducción no convierten automáticamente a un texto en uno “policiaco”. Es tan tonto como creer que un protagonista infante convierte a un relato en infantil.

Cultural y socialmente hablando, hubo una serie de elementos que confluyeron en la aparición del relato policial (es decir, que permitieron la escritura de "Los crímenes de la calle Morgue"). Un elemento decisivo fue el auge de las ciudades y, consecuentemente, la creación del cuerpo de policía (etimológicamente “polis” hace referencia a la ciudad). Lo policial también armoniza con las exigencias más intelectuales que fueron características del siglo XIX (el llamado siglo de la razón).


En Latinoamérica, la literatura policial llega (tarde como siempre) a finales de la década de ´20. Particularmente en Argentina (país de legado europeo por excelencia) se cultivó mucha lectura de policiales. Allí llegaban traducciones y aparecieron grandes escritores de historias detectivescas. Hace unas semanas hablaba de Borges y La Muerte y la Brújula, aunque mi favorito siempre fue y será La espada dormida, de Manuel Peyrou.

Toda esta introducción es para hablar de “El que las hace… ¿las paga?”, una antología de 16 cuentos (supuestamente) policiales que busca dar una muestra de la dispersa producción del género que existe en América latina. El compilador es el mexicano Vicente Torres Medida, quien también realizó un breve prólogo. Acá conviven textos de Costa Rica, Nicaragua, Brasil, Chile, Argentina, Colombia y demás países latinoamericanos.

El intento de generar vasos comunicantes entre autores policiales de varios países es indudablemente interesante, pero honestamente esta antología me pareció aburrida. Sólo me encontré con un puñado de cuentos verdaderamente memorables. Lo peor es que hay algunos que no puedo ni siquiera categorizar como “policiales”.

Soy amante de las antologías, y especialmente si son de crimen y misterio (las de Lawrence Block, por ejemplo, son fascinantes). Acá me encontré con historias que no me dejaron nada. Para empezar, los dos cuentos argentinos que se incluyen ya los había leído antes. Ambos son magistrales. Así que como “novedad” me quedaban los 14 restantes.

Destacable es el relato “El sueco”, del nicaragüense Ernesto Cardenal. La particularidad es que este es el único cuento que escribió el célebre poeta, si bien no sé hasta qué punto es verdaderamente detectivesco.  Un prisionero de origen sueco relata sus días en la cárcel sirviendo de intérprete de las cartas entre una compatriota y un presidente corrupto. Las situaciones que se dan son bastante originales.

El relato es muy llamativo y uno de los cuentos nicaragüenses más recopilados de la historia. Originalmente Cardenal lo escribió en 1950, pero 20 años después lo revisó para expandir el contexto político de la historia. Para ser sincero, no sé cuál de las dos versiones está presente en esta antología.


Lo “policial”, según algunos críticos, en El sueco vendría por el lado de que, en Centroamérica, “hacerse el sueco” significa pretender ser inocente. Esto llevaría a pensar que el texto es un precursor del cuento policíaco en la región.

También es atractivo El juego del muerto, del brasilero Rubem Fomseca. Cuatro amigos en un bar comienzan a apostar sobre las víctimas de los Escuadrones de la Muerte. Uno de ellos quiere aprovecharse de la situación para engendrar un plan macabro. 

Un texto fuerte e ingenioso.

El último que me resultó creativo fue La muerte sale de viaje. El cubano Ignacio Cárdenas Acuña  presenta un relato oscuro donde un desempleado llega a su habitación y se encuentra un sobre con dinero. Adjunto hay una nota prometiendo mucho más si se las ingenia para asesinar a un extraño.

Como conclusión, si bien está buena la idea de compilar autores de latinoamericanos que uno, como argentino, considera hermanos, no es una antología que pueda recomendar porque sólo rescato unos pocos textos de la misma. 

Una lástima que las selecciones no estén dentro de los relatos más intrigantes del género que haya leído en el último tiempo.

Este es el listo completo de los relatos que se incluyen, con sus autores y países:

1. Silvina Ocampo / El vástago / Argentina.
2. Adolfo Pérez Zelaschi / Las señales / Argentina.
3. Rubem Fonseca / El juego del muerto / Brasil.
4. Luis Enrique Délano / El caso de la esposa del novelista / Chile.
5. Ramón Díaz Eterovi / Por amor a la señorita Blandish / Chile.
6.  Manuel Mejía Vallejo / Otra manera de morir / Colombia.
7. José María Cañas / Rota la ternura / Costa Rica.
8. Ignacio Cárdenas Acuña / La muerte sale de viaje / Cuba.
9. Mario Monteforte Toledo / El policía / Guatemala.
10. María Elvira Bermúdez / La clave literaria / México.
11. Luis Arturo Ramos / Lo mejor de Acerina / México.
12. Ernesto Cardenal / El sueco / Nicaragua.
13. Carlos Garayar / Caso cerrado / Perú.
14. Luis Rafael Sánchez / La muerte minúscula, la muerte mayúscula / Puerto Rico.
15. Virgilio Díaz Grullón / Crónica Policial / República Dominicana.
16. Luis Britto García / El sitio más oscuro de la noche / Venezuela.

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7 comentarios:

  1. No pareció convencerte la antología. Suele pasar que al recopilar cuentos de distintos autores, casi es inevitable que haya cuentos menos logrados que el resto. Y en caso de cuentos policiales, suele pasar que se incluyan algunos cuya pertenencia al género es relativa. Y eso puede algo no satisfactorio.
    Saludos.

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    1. Sep, exactamente lo que comentás es lo que me pasó con esta antología. No la terminé de disfrutar del todo. Cosas que suelen pasar. Las antologías de Lawrence Block sobre literatura del crimen y suspenso y las que hicieron Borges y Bioy Casares siguen siendo mis favoritas.

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  2. Y llegué con alta expectativa. No conosco mucho el genero políciaco, no es mi lectura habitual. Sin embargo, me gusta leer algunas páginas de lo que recomiendan. Aquí me encuentro con la disyuntiva si es tu persepción o es un hecho que no es una buena antología. Y quizá lo que menos me entusiasma, es que opinas que no caen en el genero que defienden. En fín, lo tendré en mente; pero con mucha reserva. Nunca se sabe, si alguna frase, desarrolle en mí toda una historia policíaca con todas las letras. ¡Nos leemos!

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    1. Sí tenés ganas de disfrutar una buena antología de cuentos policiales, buscate las dos que prepararon Borges y Adolfo Bioy Casares. Esas sí que no tienen ningún tipo de desperdicio. Ambos volúmenes contienen maravillas de la literatura detectivesca.

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  3. Tomo entonces mejor la recomendación de las antologías de Lawrence Block.
    Abrazo!

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  4. linda nota.
    particularmente, lo que me genera a mi el genero es querer leer un cuento, y no una novela. Por alguna razon, las novelas policiales me cuesta terminarlas y dificilmente lo consiga. Sin embargo, puedo estar todo un dia leyendo libros que compilen cuentos pociliciales. Que se yo.

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    1. Me suele pasar algo similar... es como que cuesta cuando el misterio se alarga tanto. Creo que las novelas de Agatha Christie o de Conan Doyle tienen esa extensión justa donde el enigma no se vuelve tedioso y sigue siendo intrigante. Pero, por otro lado, me pasó con Moonstone (de Wilkie Collins) que me costó muchísimo seguir leyendo.

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