jueves, 28 de julio de 2016

“Dogville” y los defectos socialmente modelados


Dogville (2003), de Lars von Trier, es una de las películas más complejas e innovadoras de los últimos tiempos, y probablemente una que pocos han visto. Es ese tipo de películas a las que es mejor entrar sin saber nada al respecto, y admito que no es fácil de ver. En parte porque es larga y, por momentos, tediosa (tiene casi 3 hs de duración). Pero además porque las situaciones que se viven son muy duras. No especialmente violentas, ni macabras o asquerosas. Simplemente: duras.

Se trata de un drama minimalista inspirado, parcialmente, en una canción contenida en la “Ópera de los Tres Centavos” (de Bertolt Brecht) llamada  Jenny die Seeräuberbraut (Pirate Jenny). De hecho, la película tiene mucho de teatro brechtiano.

El teatro brechtiano como artificio

La historia se centra en Grace (Nicole Kidman), una mujer escapando de la mafia, quien se esconde en un pequeño y olvidado pueblo llamado Dogville. Tom (Paul Bettany) la encuentra y se la presenta al resto. Los habitantes al principio no están de acuerdo en aceptarla, luego comienzan a hacer uso de sus favores y, eventualmente, la convierten en su esclava.

La cinta tiene la particularidad de estar filmada en un gran estudio de sonido, donde los sets están dibujados en el piso y sólo se dispone de los mínimos accesorios necesarios. No hay paredes ni ventanas, y la historia se divide en capítulos con títulos que describen exactamente lo que se va a ver.


Ya hablé del teatro de Brecht en otras oportunidades. Dogville tiene mucho de su filosofía, por el aspecto minimalista y la idea de distanciar al espectador de lo que está viendo. Todo el tiempo somos conscientes de que es una película, una película que nos quiere decir algo en particular. Para impedir la inmersión total, para evitar la catarsis, y para que la audiencia piense, el teatro brechtiano propone que los actores se presenten como actores representando una obra, y no pretendiendo “ser” las personas de esa obra.

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#SpoilerAlert: En esta nota voy a revelar bastante sobre Dogville; así que si no la viste, primero hacelo y después volvete. O no, whatever…

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Dogville propone abiertamente un singular juego con el espectador: la teatral puesta en escena  es distante y fría. Las casas están dibujadas en el suelo, se abren puertas que no se ven (pero se escuchan). Todo es un engaño en el set, pero los actores trabajan con un realismo extremo. El director Lars von Trier hasta incluyó una especie de confesionario en el set, donde ellos podían ir a desahogarse hablándole a la cámara (las escenas luego se compilaron en la edición de DVD). 

La cinta obliga al consumidor-espectador pasivo a tomar una posición y a reaccionar, a tomar partido.

Norteamérica es el pináculo del individualismo y, por ende, de la codicia y el egoísmo. 

Por lo menos a nivel de sistema económico, el capitalismo funciona bajo la premisa de la competición y la avaricia. El punto de la película es ilustrar cómo las comunidades que se jactan de funcionar como un equipo, como una unidad indivisible, dentro de una sociedad individualista pueden sucumbir al egoísmo y, en última instancia –cuando las circunstancias son las propicias– terminan convirtiéndose en malvados.

Dogville es un tour que nos lleva a ver a personas “buenas” y “honestas” cayendo en las profundidades de la maldad humana, y justificándose a sí mismos. El artificio de no disponer de paredes funciona amplificando esta idea. 

Lo cierto es que Lars von Trier deliberadamente elaboró una crítica hacia Norteamérica, pero que puede perfectamente servir como una hacia el ser humano.

Fromm y la sociedad enferma

En 1955, el psicólogo social Erich Fromm se preguntaba si puede estar enferma una sociedad. Sus ideas lo llevaron a enunciar el concepto de “defecto socialmente modelado”. Se suele suponer, ingenuamente, que el hecho de que la mayoría de la gente comparta ciertas ideas y sentimientos demuestra la validez de esas ideas y sentimientos. Es una falacia lógica. El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes.


En su texto, “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea”, Fromm reprocha a la “sociedad occidental” cimentada en el capitalismo, al cual considera como el responsable de los males de nuestra cultura. Expresa lo siguiente:

1) Si una persona no alcanza los fines de espontaneidad, la libertad y la expresión auténtica de sí mismo, entonces tiene un defecto grave.

2) Cuando un defecto está presente en la mayoría de los individuos de una sociedad, entonces se presenta un “defecto socialmente modelado”.

3) Cuando los defectos de un individuo son más graves que los de la mayoría de los integrantes de su sociedad, presenta una neurosis.

Es decir: si la mayoría de los individuos de una sociedad dada no alcanza las metas que impone la sociedad del momento, estamos ante el fenómeno de un defecto ‘socialmente modelado’. El individuo lo comparte con muchos otros, por eso no lo considera un defecto, y su confianza no se ve amenazada por la experiencia de ser diferente, siente la seguridad de estar adaptado al resto de la humanidad. En realidad, su mismo defecto puede haber sido convertido en virtud por su cultura, y puede, de esta manera, procurarle un sentimiento más intenso de éxito.

En Argentina, por dar un caso local, lo vemos todo el tiempo. Los dueños y monotributistas suelen no facturar todo lo que trabajan (lo que se dice “trabajar en negro”). Esto es porque al no facturar un trabajo, no tienen que pagarle al Estado la fracción de ingresos brutos y demás impuestos. Su lógica es que un gobierno que siempre roba, que miente y manipula, quiere llevarse más de lo que le corresponde. “Para llegar a fin de mes, es necesario no blanquear todo el trabajo”. 

Todos lo hacemos, y todos compartimos las mismas ideas. Por eso, no nos sentimos mal al hacerlo, hasta incluso lo vemos como algo moralmente correcto.

Veamos cómo se relaciona la idea del “defecto socialmente modelado” con Dogville (porque, créanme, tanta filosofía barata tiene un objetivo).

En la película vemos a Grace, una extraña, una forastera, en resumen: una inmigrante, que llega hacia una sociedad ya establecida, con su democracia, sus reglas, su idiosincrasia. La lucha de Grace es por ser aceptada por un pueblo que la pone a trabajar y la convierte en una esclava. Es fascinante ver qué tan fácil es poner a alguien de esclavo cuando ves que todos los demás están haciendo lo mismo (y hasta se jactan de ello).


El pueblo forma su propio sistema de justicia, un microcosmo del moderno, híper-estructurado, sistema actual. La crítica se extiende también a la forma en la que lo individual se funde con un proceso político. Consideremos las instancias de democracia en la película. Cada decisión que toma el pueblo está basada en el voto de cada persona. El código moral se decide a través de lo colectivo. Si suficientes personas deciden que algo es aceptable, no es moralmente incorrecto.

Algo similar sucede en nuestros días: si hay una ley que apruebe el aborto, la droga o la pena de muerte, lo vemos como algo moralmente permisible. Von Trier lo lleva hasta el extremo, donde todo un pequeño pueblo decide que es aceptable tener a una forastera como sirvienta sin beneficios y esclava sexual.

Dogville como una reinterpretación de Cristo

Lo genial de Dogville es cómo utiliza técnicas teatrales, el escenario minimalista, su apariencia de cuento (narrado por la acogedora voz de John Hurt) y todos los demás artilugios en pos de que, como espectadores, odiemos al pueblo y su manera en la que tratan a Grace.

En el final (luego de que a ella les hacen las mil y una) su padre (un breve cameo de James Caan, el mafioso de quien ella se escapaba) le da la opción de perdonarlos o condenarlos. Acá es donde nos encontramos con el momento más exquisito de la película.

Examinen este fragmento de diálogo:

«PADRE: (…) los violadores y los asesinos puede que sean víctimas según tú, pero yo, yo los llamo perros y si lamen sus propios vómitos el único modo de detenerlos es con el látigo.
GRACE: ¡Los perros sólo se guían por su instinto! ¿Por qué no íbamos a perdonarlos?
PADRE: A los perros podemos enseñarles muchas cosas, pero no si les perdonamos cada vez que se dejan llevar por su instinto


Hay quienes ven todo un estudio teológico en Dogville. Como si Grace (literalmente “gracia” en inglés) fuera una versión moderna de Cristo. Una mujer que llega para entender al hombre, que desafía al Dios-Padre y convive con sus creaciones. 

Viéndola de esa forma, es el antiguo debate de “si Cristo volviera a la Tierra como un mendigo pidiendo en las calles, ¿lo ayudarías?”.

Grace llega a Dogville como una gracia caída del cielo. Aun siendo maltratada, violada, explotada, traicionada, chantajeada y humillada, quiere perdonar. Esto, por supuesto, sacude a cualquier espectador, y hasta festejamos que ella haya decidido, finalmente, incendiarlos a todos (sólo el perro sobrevive).

Pero me adelanté un poco.

La vida de Grace en Dogville es una suerte de vía crucis. Hay muchísima simbología al respecto que parece apoyar esta idea. Pensemos, por ejemplo, en el esfuerzo que hace por comprar las siete estatuillas (el siete es un número sagrado para la Biblia). Tom también intenta dirigir su comunidad como lo haría una Iglesia.

Grace quiere, como Cristo, abandonar su naturaleza humana para elevarse a lo divino. Sin embargo, el Dios-Padre-Mafioso ve un esbozo de arrogancia en esta decisión, relacionada con la superioridad moral que siente su hija por sobre los demás.

Para el Padre, lo verdaderamente justo es que quien se deja guiar por sus instintos más bajos, aprenda. Además, considera que su hija es injusta al perdonar cosas que no se perdonaría a sí misma. La contradicción racional de Grace (entre cómo ella trata al resto y cómo la tratan) se define bajo el punto de vista de hacer del mundo un lugar mejor. El mundo estaría mejor sin Dogville. Solución, si se quiere, un poco extremista.

«PADRE: Tienes que ser clemente cuando el momento lo exige, pero también tienes que conservar tus valores, se lo debes a ellos. El castigo que mereces por tus tropiezos, ellos los merecen por los suyos.
NARRADOR: [describiendo la nueva idea de Grace] Si hubiera actuado como ellos, no habría podido defender ninguno de sus actos, ni habría podido condenarlos con suficiente dureza. [Pero] si uno tiene poder para enmendarlo, su deber es hacerlo. Por el bien de otros pueblos, por el bien de la humanidad y, por si fuera poco, por el bien del ser humano que era la propia Grace.
GRACE: (…) quiero utilizar mi poder (…). Quiero hacer que el mundo sea mejor


Palabras finales

A través de la humillación y el sufrimiento de la protagonista —un recurso típico del cine de Lars Von Trier— el director danés presenta su visión del mundo. Como Fromm, nos está hablando de los peligros de los defectos socialmente modelados, los riesgos de que el código moral sea guiado por lo que un grupo establece como bueno o malo.

Lo maravilloso de Dogville es que es tan compleja, de una composición tan múltiple, que puede estudiarse desde muchísimos puntos de vista. El autor de este blog, por ejemplo, investiga las estaciones del año, y la relación simbólica entre los personajes y los pecados capitales. Otros analizan Dogville bajo los sueños de la razón. Las numerosas intertextualidades y las referencias metafóricas de los nombres y los personajes la hicieron una de las favoritas para las exploraciones psicológicas y sociales.

Quienes quieran ilustrarse en la manera de llevar las ideas del teatro de Brecht al cine, Dogville es también el ejemplo perfecto: inusual planteamiento de la puesta en escena, movimientos libres y caóticos, uso de cámara en mano, etc. Intencionadamente te hace consciente de la artificialidad del relato, y te obliga a reflexionar sobre el comportamiento de cada persona (y su traslación hacia el mundo real).


A mí Dogville me cautivo desde lo social, un experimento que muestra cómo la codicia, la hipocresía, el individualismo y el egoísmo se extienden como un poderoso virus. Como le gusta decir a mi viejo: “todos nacemos con un lobo bueno y uno malo en nuestro corazón. Se pelean por ser el único sobreviviente, y el ganador siempre va a ser el que uno alimente”.

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8 comentarios:

  1. Escuché de esa película en el taller de historieta, en relación con el tema de los escenarios.
    No es una película que vería hoy. Tal vez la vea alguna. Aunque esos dialogos son interesantes. Es paradojico que el personaje que la rescata sea aquel de quien huía.
    ¿Es casual que la elección de Nicole Kidman? Tal vez el pueblo encuentre algún placer retorcido en doblegar a una mujer alta.
    Saludos.

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    1. JA! Nunca se me ocurrió pensarlo por el lado de la altura. De hecho, es muy alta (1 metro ochenta, gracias, Google)

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  2. Tengo que decirlo: las pocas semanas que llevo leyendo tu blog son suficientes para aseverar que es uno de los mejores que he tenido el placer de leer. Da gusto la lectura interpretativa; la tuya transmite un pensamiento bastante potente como para crear interés y a la vez con un lenguaje, no simple sino sencillo, que te hace sentir en una conversación directa entre lector-escritor. Alguna configuración derivada de la confidencia. Felicitaciones por esto y espero que te vaya bien en la vida

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    1. Comentarios como éste son los que me inspiran y me dan fuerza para seguir escribiendo, que es lo que amo y me apasiona. Le dedico mucho a este blog, que es como un hijo. ¡Te agradezco las palabras, estimado! Justamente esto que mencionás sobre la "sencillez" es algo de lo que busco... quiero que mis lectores se interesen por los temas, sin volverme demasiado "técnico". Como decís vos: como si fuera una charla relajada y distendida entre escritor y lector.
      ¡Abrazo!

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  3. Muy buena nota Lu.. y coincido con otro comentario respecto a tus notas.. Esta la empece a ver pero, como decís, es cierto.. tenes que estar preparado para verla. Se.. básicamente para mi, si no hay un muerto o un choque en los primeros minutos.. hummm.. bueh básico y primitivo lo mio, pero por lo menos lo tengo claro ! Saludos !

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    1. Jaja, por eso hice la aclaración al principio. Es LARGA. Sin duda no es para ver un sábado a la noche.
      ¡Saludos!

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  4. Saludos Luciano, desde que el Google+ me mandó el aviso de tu publicación, supe que debía leerla con tiempo. Nunca había escuchado hablar de Dogville, de Lars Von Trier, o Fromm. Pero es el tipo de lectura que me gusta. Mientras más compleja sea y más profunda, es cuando me entusiasma más. Por ello que dijeras que era #tediosa, con sus casi tres horas, me hizo solo sonreír, esperando poder ver esta película.
    También tiendo a escribir de esa manera, buscar la psique humana. Soy una lectora/espectadora muy exigente, y las historias superficiales (sea el romance de una pseudo universitaria y un millonario, o las peripecias de un fin de semana de escape) no le llaman para nada la atención. Los componentes de la historia pueden ser comunes, pero si hay esa instrospección al alma, las bajezas, la virtud, no me importa quien lo escribió, sino que ese libro (o película) te deje pensando por días.
    Y tal como dices, que esa historia tenga todos los matices que se pueden encontrar desde todo angulo, sea la simpleza del escenario, la narrativa, cada personaje, sus intenciones, sus cobardías, acomodamientos, complejos, sus fortalezas, sus batallas internas, etc.
    No sé si logre ver esta película, y aunque me leí el artículo, pese al spoiler, es definitivo que quedará en la lista de mis pendientes. Estuve doce años buscando un libro, hasta que lo encontré.
    Y me alegra mucho que se salve el perro.
    Gran post. Y muy buen lema el de tu padre; pienso igual.
    ¡Nos leemos!

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  5. Vi esta película hace unos años y me encantó. Es una de mis favoritas! No me pareció tediosa ni complicada, sí es dura y compleja y es cierto que no a cualquiera le gustaría. Para los que le gustan las pelis psicológicas vale la pena verla! (Si fuera Grace también los quemaría)ja,ja. Hacen muy bien lo de hacerse odiar.

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