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lunes, 11 de abril de 2016

“The Babadook” es una nueva tendencia en el cine de terror


Si hubiese visto esta película en el año 2014, seguramente habría entrado entre mis películas favoritas de ese año. Si bien “The babadook” (un creativo anagrama de “a bad book”) no renueva todas las convenciones del género de terror, tiene una ejecución brillante que la coloca por encima del promedio, y es un ejemplo claro de una nueva tendencia que se está viviendo en el popular género.

Se pueden nombrar con los dedos de la mano las películas que le dieron un nuevo giro al terror en la historia del cine; aquellas que lo renovaron para explorarlo desde diferentes perspectivas. En los años ´70 todas las películas querían ser “Halloween” (1978), gran precursora del cine slasher. Y todos los asesinos enmascarados eran refritos de Michael Myers. En los años ´90, cuando el slasher ya cansaba, llegó Scream, una original parodia, y luego todos quisieron ser como ella.

También en los años ´70 hubo una pequeña película que revolucionó al terror: “El exorcista” (1973), para muchos considerada la película esencial y más importante del cine de horror. El exorcita marcó una tendencia que aún hoy es clave en el género: se puede asustar (y muchas veces es más eficiente) con poco presupuesto.

Mientras que el cine de acción y superhéroes requiere cada vez más dinero y efectos especiales para ser comercialmente posible, el terror pide cada vez menos. Cintas como “The Blair Witch Project”, “Saw: el juego del miedo” (cuya complejidad narrativa ya traté en este post) y “Actividad Paranormal” (sólo la primera) fueron películas revolucionarias que marcaron un umbral, y se hicieron todas con dos mangos.


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#SpoilerAlert: se revelan algunos detales argumental de The Babadook, así como de otras cintas de terror que salieron en el último tiempo (It Follows). ¡Estáis avisados!

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Hoy finalmente estamos viviendo el ascenso de las películas de terror artísticas y simbólicas, aquellas que logran generar miedo al tiempo que aportan elementos alegóricos y profundidad argumental. Ya hablé en mi fan-page (y en el post de lo mejor del cine 2015) de la película “It Follows”, que me pareció sobresaliente desde todo punto de vista.

Colocar esta metafísica película en el puesto #1 de mi TOP generó controversia, pero verdaderamente me pareció lo más “distinto” que vi el año pasado. Lejos de ser la típica película de terror, la película de David Robert Mitchell habla de la inocencia perdida, del pasaje hacia la adultez y, simultáneamente, genera altas dosis de suspenso a partir de una cinematografía magistral de tipo 360°.

The Babadook se destaca por algo similar. 

El monstruo es un símbolo de miedos más profundos y abstractos como la pesadumbre, la angustia y la depresión. Ambas comparten que el elemento sangriento (el “gore”) está reducido al mínimo y es reemplazado por un suspenso creciente que evite los clichés del género (como los famosos jump-scares).

En el caso de The Babadook, está basada en un pequeño corto de la misma directora Jennifer Kent (Monster, 2005), y esa también es una tendencia nueva.  Gracias al estallido de las redes sociales, hoy un pequeño corto de terror (los hay en cantidad, y suelen ser muy buenos) puede volverse viral y tiene la posibilidad de convertirse en una película de terror de mayor duración.

Algo así sucedió con “Lighst out”. Fue un corto viral en el 2013, y ya se espera la película en este 2016.


Lo cierto es que el cine de terror está experimentando una nueva fase, más artística, más íntima, donde se explora un miedo menos superficial que un asesino enmascarado o un fantasmita con sed de venganza. Y las películas de terror indies, aquellas hechas con mucho amor pero sin un peso, están a la cabeza.

Por ejemplo, una de las que estoy esperando poder bajar (cough.. cough) hace bastante tiempo es “They Look Like People” y me tiene muy intrigado el curioso trailer de “The invitation”:


The Babadook está muy lejos de ser una cinta tradicional de terror. Para empezar, es enteramente posible que ni siquiera haya habido un monstruo, y que la madre simplemente haya perdido la cabeza (algo así como Jack Torrance en El Resplandor).

La cuestión es que, exista o no, el monstruo representa el dolor y la pesadumbre que siente Amelia (la madre) por haber perdido a su esposo el mismo día en el que nació su hija Samuel. Las grandes actuaciones de ambos, y su relación, son el verdadero foco de la historia.

El monstruo –muy creativo, por cierto– comienza a aparecer por uno “lo deja entrar”, como una forma insconciente de tomar acción y batallar esas problemáticas; incluso el impecable final nos da la idea de que el dolor (= el ba ba… DOOK DOOK) nunca termina de irse, y hay que aprender a convivir con él.

A lo largo de la trama se nos muestra cómo el dolor que siente la madre es lo que verdaderamente está  desintegrando a la familia, más que el monstruo en sí. Eso no implica que no existan escenas de genuino horror. Pero más bien nos sumerge en lo que sucede con la mente de uno cuando las emociones se tapan y no se trabajan.

Los problemas psicológicos son algo muy real, casi tangible, pero la manera en que se manifiestan en cada uno de nosotros va cambiando. 

¿Escribió Amelia el libro del Babadook? ¿Imaginó todo lo que sucedió? Nada lo explica realmente, pero hay una chance de que sí sea así. Pensemos que ella solía escribir libros para chicos y que nunca le dice al hijo que lo ama.


La inhabilidad para amar al propio hijo es una semilla que crece y se fortalece con la soledad, la sobrecarga de trabajo, la muerte de seres queridos (como su esposo Oskar) y la misma falta de sueño.

Ya la misma secuencia inicial (el traspaso de la madre en un estado de sueño, que pasa de estar sentada en el auto a estar acostada en la cama) nos alerta qué la linea entre realidad e imaginación va a estar difusa.

La demencia es un gran tema en la cinta.

Escenas como cuando el pequeño Samuel vuela por las paredes, la posesión de la madre y el escupir sangre, bien podrían ser parte de la inestabilidad emocional de ella. O quizás no; pero el mensaje, lo simbólico, no deja de ser el punto crucial.

Creo que el final es genial: la solución “mágica” no existe, nunca existe. Lo que Amelia precisa es tomarse un tiempo cada día para “alimentar al monstruo”, aprehender a ese dolor que siente para hacerlo propio, identificarlo, y así finalmente poder expelerlo, con tiempo, con paciencia, y sin afectar negativamente a su hijo (como lo venía haciendo).

Está bueno, sin embargo, que esta idea se mantenga en la sutileza, y que quien mire la película pueda sacar sus propias conclusiones. The Babadook está filmada con muchísima atención al detalle para diferenciarse de otras películas de fantasmas y monstruos. Es sobre enfrentar el duelo y aprender a tolerar por amor. Destaco muchísimo el desenlace “agridulce” que tiene (eso sí: ¡pobrecito el perro!) y creo que está muy bien el desarrollo de personaje que se muestra en Amelia sobre el final.

► Aunque no sean fans del terror (yo ciertamente NO LO SOY) les recomiendo que le den una oportunidad a esta película australiana. ¡Ah! Y como desafío adicional, intenten buscar sonidos conocidos entre los efectos de sonido. Yo encontré varios que suenan en la franquicia de videojuegos de Resident Evil. ¡No es raro que las películas indies reciclen sonidos viejos, conocidos y baratos!

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