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jueves, 30 de mayo de 2019

La raíz del mal en “The White Ribbon” (2009)


En vísperas de la Primera Guerra Mundial, extraños sucesos comienzan a ocurrir –a modo de ritual de castigo– en un pequeño pueblo protestante del norte de Alemania. En esta nota quiero analizar The White Ribbon, seminal película de Michael Haneke que reflexiona sobre los orígenes del nazismo.



miércoles, 5 de agosto de 2015

“Dr. Strangelove” y el extraño amor hacia la guerra

En 1964, con la Crisis de Misiles en Cuba fresca en la mente de los estadounidenses, la Guerra Fría en su punto más frío, y el miedo hacia la reciente creación de la bomba de hidrógeno, Stanley Kubrick se animó a hacer una película sobre lo que sucedería si la persona equivocada oprimiera el botón equivocado… y –contrariamente a lo que uno podría pensar– jugó con la situación con muchísimo humor.

Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” (traducida en latinoamérica como “Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba”) no solo es uno de los títulos más extraños para una película, sino que además representa el ejemplo más interesante de comedia negra que alguna vez existió en la historia del cine.

Dr. Strangelove (me niego a escribir el título entero) es una sátira fantástica sobre la política en la época de la Guerra Fría y una de las entradas más peculiares en la filmografía de Kubrick, un tipo que siempre se destacó por producciones recargadas de simbología y por transgredir la barrera de lo socialmente permitido. ¿Por qué es considerada una de las cintas más influyentes de la historia? ¿Cuál es su verdadera importancia? ¿De qué habla realmente la película? Todo eso y más en este post.

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#SpoilerAlert: se revelan detalles fundamentales de la trama. Si no viste la película todavía, hacelo… y después volvete para acá, claro.

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Hoy se encuentra en el #50 del Top 250 de IMDb.com, tuvo 4 nominaciones a los Oscar (incluyendo mejor película, director, guión y actor) y ganó un total de 15 premios alrededor del mundo. 

Nada mal para una cinta que es, esencialmente, una comedia.

A principios de los años 60, Kubrick se interesó en hacer un thriller sobre un posible desastre nuclear. Buscando ideas se encontró con una novela dramática de Peter George (“Red alert”) que indagaba en la facilidad con la que podría desatarse una guerra nuclear como resultado de un malentendido o una mala comunicación. 

El director compró los derechos y se dispuso a adaptar el guión.

Entonces algo inusual ocurrió: Kubrick se dio cuenta que el material con el que estaba trabajando, aunque estuviera basado en una realidad absolutamente plausible, era cómico en su esencia. Había demasiadas situaciones absurdas o paradójicas como para tratarse de un thriller serio y dramático. Así que tomó la arriesgada decisión de convertir la historia en una sátira oscura.

¿De qué trata la película? Un día como cualquier otro, el oficial de la Fuerza Aérea Jack D. Ripper (Sterling Hayden) se vuelve completamente loco y ordena atacar sorpresivamente a Rusia con bombas de hidrógeno, suponiendo que eso dará fin a la Guerra Fría. Cierra todas las comunicaciones, confisca las radios y comanda a sus tropas a disparar a cualquiera que intente ingresar a la base (sea estadounidense o no). Ni siquiera su segundo oficial en mando, el capitan Mandrake (Peter Sellers) puede hacerlo cambiar de parecer. En Washington, el actual presidente de los Estados Unidos (otra vez Peter Sellers) se reúne con su gente en la Sala de Guerra para buscar medidas que eviten el desastre. Es aconsejado por un peculiar científico nazi en una silla de ruedas –el Dr. Strangelove, también personificado por Peter Sellers– quien le confirma que el ataque a Rusia va a detonar una Máquina del Fin del Mundo, programada para activarse ante un ataque a los comunistas.


Dr. Strangelove es indudablemente una cinta anti-guerra, pero su naturaleza cómica la hizo más sabrosa para la audiencia que un drama. Fue un éxito de taquilla sin precedentes y hasta se convirtió en tapa de la revista Times ese mismo año. Llegó en un momento justo en el que las ansiedades respecto a la Guerra Fría eran gigantes (sin mencionar la Guerra de Vietman, que se encontraba en marcha) y abrió las puertas para que otras películas trataran los mismos miedos.

Ahora: ¿de qué habla realmente la película? La temática central es que la guerra es un sustituto del sexo, y que los hombres están preocupados (mucho) por ambos. La idea de almacenar un arsenal “más grande” que el del enemigo –incluso cuando ambos, Rusia y EEUU, ya tenían suficiente para destruir al mundo– es rídicula, pero es exactamente lo que sucedía durante la Guerra Fría. Dr. Strangelove expone esta tontería, con hombres entrando en luchas de poder estúpidas mientras el destino de la Tierra pende de un hilo.

La conexión entre el sexo y la guerra se establece inmediatamente. Es cierto que la gran mayoría de las producciones esconden, de una forma u otra, referencias sexuales (y si no me creen, vean “End of Evangelion”). No nos es difícil, debido a nuestra fascinanción por el sexo, ver mensajes sexuales ocultos y símbolos fálicos hasta en películas de Disney (especialmente en películas de Disney). Kubrick también se encargó de sobrecargar la película con imágenes muy sugerentes.

Por ejemplo, la primera escena muestra a un bombardero siendo rellenado de combustible, como dos criaturas mecánicas haciéndolo en el aire (y acompañadas por una sugerente canción de amor de fondo). 

El general Jack D. Ripper (genial personaje) obtuvo su nombre del famoso asesino serial, célebre por asesinar prostitutas y mutilar sus órganos sexuales. Él parece querer compesar “algo” con sus largos habanos y su extensa ametralladora automática. Su impotencia se hace evidente particularmente cuando le comenta a Mandrake que, aunque se sigue acostando con mujeres, se niega a “entregarles su esencia”.

De hecho, todos los nombres tienen sugestivas connotaciones sexuales. “Mandrake” es una planta afrodisíaca, “Merkin” es una peluca púbica y el embajador ruso Alexi de Sadesky apunta rápidamente al Marqués de Sade. ¡Y no nos olvidemos de las múltiples interpretaciones que puede tener el nombre Strangelove!

Por su parte, el Final del Mundo como lo Conocemos (cuando la bomba de hidrógeno finalmente se suelta sobre Rusia) comienza con un hombre gimiendo de emoción y montando una bomba de carácter fálico directamente hacia un lugar llamado “Laputa”. Eso dispara una serie de climáticas explosiones. La escena final es, seguramente, una de las formas más cool de morir y se convirtió en la escena más memorable (y parodiada) de toda la película.


Dentro de todo este concurso de masculinidad, tampoco es accidental que solo se vea un único personaje femenino, en una sola escena, y mostrando muy poca ropa. Es muy divertido ver la película una segunda vez sabiendo que prácticamente todas las escenas hacen referencia al sexo. Le agrega una capa de comicidad adicional. Kubrick era conocido por ser meticulosamente perfeccionista con cada escena y controlar cada aspecto de su película, así que nada de esto es producto de una casualidad.

Tampoco es casual que la Sala de Guerra se asemeje a una mesa de poker, implicando que los líderes de EEUU están apostando a la raza humana en un juego insulso.

Ver la película hoy, más de 50 años después, es una experiencia absolutamente maravillosa. El primer motivo es porque, a pesar de tener efectos especiales impresentables para los standards que hoy manejamos y estar filmada en blanco y negro, Dr. Strangelove es genuinamente divertida. La sátira sigue funcionando en la actualidad porque la temática nunca dejó de ser contemporánea y controversial. Kubrick estuvo tan adelantado en su tiempo que creó una obra atemporal que sigue siendo disfrutable decádas más tarde.

Curiosamente, el Dr Strangelove –que forma parte del título– es apenas un personaje secundón. Strangelove pasa el poco tiempo que tiene en escena actuando como un villano de caricatura, pero nunca hace nada realmente maligno. No participa activamente en los eventos de la trama, aparece muy poquito tiempo y hasta parece estar “fuera de lugar”. Incluso, el motivo de su presencia en la película ha sido muy debatido porque varios no llegan a comprender, dicho liso y llanamente, para qué carajo está.

Sin embargo, en mi opinión su participación es esencial para enfatizar el leitmotiv de la obra.

El Síndrome de la Mano Extraña es un trastorno neurológico real y rarísimo que se caracteriza por la presencia de movimientos involuntarios (e incontrolables) en por lo menos uno de los miembros superiores. A su vez, esto genera una sensación de “extrañeza” en relación a uno mismo, como si ese miembro tuviera vida propia o fuera alienígena. Fue descrito en 1908 por –oh, casualidad– un médico alemán (Kurt Goldstein).

En la película, la mano Dr. Strangelove, en una escena, parece cobrar vida propia y comenzar a hacer “algo” en su falda que la cámara no llega a captar. El personaje fue tan influyente en la condición del Síndrome de la Mano Extraña que se hizo también conocido como el “Síndrome del Dr. Strangelove”.

El tipo, quien parece ser una burla de un científico nazi llamado Wernher von Braun, es otro componente más de la sátira que presenta Kubrick y representa el extraño amor que siente el hombre por la guerra. El Dr. Strangelove parece fascinado por los eventos que están ocurrido y la excitación es la que lleva a que su mano cobre vida para toquetear su miembro. En el personaje de Strangelove se encuentra contenido ese delicado equilibrio entre la búsqueda de la paz y la necesidad de pelear, como si hubiera un agente extraño en nosotros, instintivo, animal, que nos incita a buscar lo salvaje, la destrucción.

Aunque la película no lo pone en evidencia, Strangelove pasa de preocuparse por la situación y el futuro de la humanidad –en un primer momento– a relajarse y comenzar a amar lo que va a seguir: la posibilidad de crear un nuevo mundo, quizás más perfecto, quizás hasta más ario, de repoblar la Tierra y, por supuesto, las chances de que ese nuevo mundo traiga nuevas oportunidades para su propia destrucción.


 "Gentlemen, you can't fight in here! This is the War Room!"
— President Merkin Muffley.


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lunes, 11 de noviembre de 2013

“La excepción y la regla” (obra de teatro, 1930)

Autor: Bertolt Brecht (Alemania)
Género: teatro épico
Leído: octubre - 2013


Una obra absolutamente maravillosa que me introdujo al teatro épico de Bertolt Brecht. La acción dramática ocurre en Mongolia, hacia el 1900, donde un comerciante viaja con prisa para obtener una concesión petrolera. Va acompañado de un guía y un coolí (un indio carguero, tratado como un animal de carga). Debido a la desconfianza del capitalista comerciante, despide a su guía y dos clases sociales diametralmente opuestas terminan extraviadas en el desierto, donde la falta de agua los llevará hasta límites inimaginables.

Les comparto “La excepción y la regla”, en formato PDF para descargar: http://bit.ly/HPSZxk


==> A partir de ahora, y como pienso redactar un breve análisis, es muy posible que se arruinen partes de la trama… así que #SpoilerAlert. <==

Bertolt Brecht es en el teatro sinónimo de ruptura. Enfrentándose a la clásica visión aristotélica, redefine todo un concepto sobre la nueva funcionalidad de las representaciones teatrales. Para Brecht primordialmente el arte debe tener una función social. Para Aristóteles, el drama debía generar la catarsis en el espectador, la expurgación de pasiones. Esto provocaba que uno se identificara con lo que sucede en la representación, se emocionara. Brecht propone absolutamente lo contrario.

Se terminó esto de “llorar y reír en el teatro” para luego volver a casa como si nada hubiera pasado. Su teatro, que denominó “épico” o “didáctico”, implica aplicar ciertas técnicas de distanciamiento para evitar que el espectador pueda identificarse y simplemente emocionarse con lo que sucede en la escena. Brecht pretende evitar que únicamente nos conmovamos, que el espectador sea pesante, racional, analítico. “Que uno se vaya pensando con algo en la cabeza”.

Por ese motivo, “La excepción y la regla” tiene carteles, música en vivo y mínima escenografía para poder trasladarse fácilmente. No hay verdadera complejidad de escena. Los actores rompen constantemente la cuarta pared. 

Como resultado, la obra se convierte en una clase didáctica donde se busca implantar una enseñanza.


El comienzo tiene a los actores hablando directamente al público, rompiendo la cuarta pared, “relatando” lo que va a ocurrir y pidiéndonos que no consideremos nada como “natural”. La primera frase “Vamos a contarles…” ya es una actuación auto-referencial, didáctica. El espectador no debe perder de vista al actor representando (esto genera el efecto de distanciamiento).

Hay muchísimos elementos interesantes para mencionar en la obra, que es relativamente breve. El mercader es el único con nombre propio (Karl Langman). En una sociedad de clases, solo los dominantes tienen derecho a un nombre, el resto no. El resto solo tenemos “funciones sociales”.

El viaje de “La excepción y la regla”, que es también una analogía de la carrera del hombre moderno por conseguir las riquezas que le ofrece el mercado, lo realiza el comerciante acompañado de un guía y un coolí (encargado de llevar el equipaje). Toda la obra es finalmente una representación de las injusticias sociales y los abusos que permite el capitalismo (Brecht era ferviente comunista, detalle importante).


“El arte no es un espejo para reflejar la realidad,
sino un martillo para darle forma.”
(Bertolt Brecht)

Dice el comerciante: “El hombre débil se queda atrás y el fuerte llega primero”. Este darwinismo social es un ejemplo de la falsa conciencia que abunda a lo largo de la trama. Es decir, un razonamiento no válido que intenta legitimizar algo y hace que el desposeído lo vea como algo natural. La clase alta considera que la clase vaga es perezosa, haragana. Ni siquiera deben compartir charlas.Yo generalmente no me siento contigo y tú, a tu vez, no lo haces con el changador. Sobre estas diferencias está construido el mundo”.

Brecht acompañó toda su producción literaria con un respaldo literario. Sus “técnicas de distanciamiento” estaban bien documentadas y justificadas. Al tomar cierta distancia, el espectador no se identifica con los personajes. Así, logra ver con mayor objetividad lo que se le está preguntando. El “observador activo” analiza, reflexiona sobre lo que ve, y saca sus propias conclusiones. El distanciamiento también genera una suerte de desnaturalización. Ese es el objetivo de Brecht: desnaturalizar el orden social y de clases predeterminado.

Nada debe parecer natural.
Nada debe parecer imposible de cambiar

La ideología capitalista está representada en toda la historia: “Cuando encuentra petróleo, guardan el secreto. Al que tapa el pozo se le paga por callarse. Por eso se apura tanto el comerciante. No es petróleo lo que busca, sino el precio del silencio.” Lo mismo sucede hoy con la gente que compra autos para no usarlos.

El climax es el cierre del universo ideológico que presenta la obra. El comerciante mata al coolí (“Te lo buscaste, animal”). El changuero no es considerado humano. Nuevamente aparecen los actores en escena (técnica de distanciamiento) para recordarnos que son actores representando. Hablan mientras la escenografía se transforma en el juzgado, a la vista del público. Durante el juicio, el juez le da la razón al comerciante: “No llevaba una piedra, pero era lógico (“natural”) que llevara una piedra”.

La regla es que uno de clase social baja odie, sea violento, holgazán. Lo natural era que el coolí quisiera matar al comerciante, cuando solamente quiso llevarle agua. Así, el comerciante es perdonado porque el asesinato ha sido en “defensa propia”.

Más allá del importante contenido político de la obra, la encontré de muy fácil lectura y amena. Por sobre todo: sorprende a cada instante. Tiene giros argumentales fantásticos, grandes reflexiones sobre la sociedad y un cierto suspenso hábilmente dosificado.

El abuso sería la regla del mundo deshumanizado, “La excepción y la regla” es una obra que invita a levantar la lucha por la igualdad. Brecht analiza que lo que ha sucedido con la evolución de la sociedad es también producto de lo que se ha dicho durante años y años con el teatro clásico. El teatro épico de Brecht está comprometido políticamente => busca “observadores críticos de la realidad”. 

Una pequeña obra que, sinceramente, no tiene desperdicio. Para leer y releer.

No ves las cosas como yo. ¿Por qué debemos ir a Urga? Tonto…
¿No entiendes que se le hace un bien a la humanidad haciendo surgir el petróleo del suelo?
Cuando salga el petróleo, aquí habrá ferrocarriles, y el bienestar se expandirá.
Habrá pan, ropa, y Dios sabe cuántas cosas más.
¿Y quién lo hará? Nosotros. Todo esto depende de nuestro viaje

 (Karl Langmann, “La excepción y la regla”)
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