viernes, 28 de diciembre de 2018

Brasil 2018 – Parte 3: Final del viaje, conclusiones y tips


Tercera y última parte de mi recorrido por Buzios, Brasil. En los días finales conocimos dos hermosas playas y nos aventuramos en el largo regreso a casa. La primera parte del viaje está acá y la segunda por este lado.




Praia de Azeda (jueves 20/12)

En cuanto a playas se refiere, este día fue uno de los mejores y más aprovechados. Estuvimos desde las 10 de la mañana hasta las 4 o 5 de la tarde, alquilamos sombrilla y sillas (30 R$) y llevamos comida (empanadas, fruta, etc). Nos quemamos mal. Benja se echó una buena siesta. El agua estaba hermosa.

De las playas que conocimos en Buzios y los alrededores, Azedo fue nuestra favorita. Se llega caminando más allá de Praia dos Ossos, subiendo una colina y luego bajando unas escaleras de madera que te depositan en ese pequeño pedacito de cielo.


La playa tiene sombra natural gracias a los frondosos árboles que la rodean. Es pequeña (no más de 200 o 300 metros) y cálida, de aguas muy tibias y transparentes. Para estar en pareja o familia nos pareció ideal. Hay una roca en el mar que la separa de Azedinha, donde se ve a muchos haciendo snorkeling y buceo.

Nos encantó este mar que parece una piscina por su agua tranquila. El camino que hay que recorrer para llegar es muy pintoresco. Desde el punto más alto, la vista desde el mirador es impagable.


"Mete panza para la foto, Lucho"

Praia João Fernandes (viernes 21/12)

El último día de vacaciones decidimos llegar hasta la que es considerada la playa “top” de Buzios. João Fernandes estaba a unos veinte minutos desde nuestra posada, aunque con muchas subidas y bajadas (que, llevando un chango con Benjamín arriba, no te generan felicidad).

Para los locales, esta playa es una suerte de “mercado persa” , y un poco tienen razón. El lugar es bastante comercial. Constantemente te están bombardeando con vestidos, collares, comida, bebida y todo tipo de inflables. Por otro lado, hay varios paradores instalados que nos parecieron carísimos para comer.


João Fernandes: el mercado persa de las playas

La playa en sí es linda, si bien no nos pareció la gran cosa. La arena es clara y el agua transparente, aunque el mar estaba muy picado y era bastante profundo en la costa. Para hacer buceo o snorkeling parece más adecuado, pero no para ir con un niño. Nosotros preferimos otras que nos gustaron más: Azeda, Tartaruga y Ossos, principalmente.

Volvimos para almorzar y por la tarde salimos al centro a comprar regalitos y cenar en alguna marisquería. En el bar The House of Rock and Roll había una muy buena banda haciendo covers de rock. Cuando pasamos sonaba The Doors.

Encontramos un lindo restaurant con vista al mar que nos encantó (O Barco). Ahí Natalia pidió espaguetis con frutos de mar y jugo de maracujá. Yo, un pescado grillado con guarnición y cerveza. Pagamos 160 R$ en total, lo cual no me pareció una locura.


Cena en O Barco: mariscos y más mariscos

El postre fue de Trento Gelatería Artesanal, que es (por lejos) uno de los helados más ricos que comí en mi vida (y también más caros). El cuarto de kilo cuesta unos 30 R$ (¡300 pesos argentinos!) pero es delicioso. Prueben el helado de Cheesecake. No tiene desperdicio.

Regreso a casa (sábado 22/12)

No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado para darte cuenta cuánto has cambiado tú”. Eso lo dijo Nelson Mandela, al parecer. Como sea, algo de verdad hay en esas palabras. A mí cada viaje que hago me hace crecer un poquito. Por eso me gusta tanto viajar.

Este fue uno especial para mí. Yo he viajado sólo por Europa, Centroamérica, el norte argentino. He recorrido el sur argentino con amigos en bicicleta, o birreado en el Oktoberfest de Córdoba. Con mi mujer, Natalia, hemos hecho varios viajes juntos también. Por el sur argentino, por México, por diferentes playas de la costa.

Lo que nunca habíamos hecho era un viaje tan largo, y a otro país, con nuestro hijo. Es todo un desafío y puede llegar a ser bastante cansador. Con un niño a cuestas, todo se complica. Es difícil lograr que no se aburra, que no se queme, que coma bien y variado, que disfrute de sus siestas, que esté siempre cambiado.

La travesía para volver comenzó a las 7 de la mañana del sábado 22/12, cuando el transfer que habíamos contratado nos levantó para llevarnos al aeropuerto de Río de Janeiro. Llegamos casi al mediodía, teníamos apenas unas horas para tomar el vuelo de las 14 hs. Vuelo que, dicho sea de paso, se demoró 45 minutos.

Arriba del avión no pudimos dormir cómodos (uno nunca está realmente cómodo arriba de un avión, seamos honestos) y llegamos a Argentina a las 17 hs, donde un Uber nos dejó en Terminal Retiro una hora más tarde. De ahí teníamos que hacer tiempo hasta las 21 hs para tomar un colectivo que nos llevaría a Neuquén, donde pasaríamos las fiestas en casa de mis viejos.

A Neuquén Capital llegamos al día siguiente a las tres de la tarde, luego de más de treinta horas viajando en todo tipo de medio de transporte, con un niño de año y medio sobre la falda y muchísimo cansancio. Pero, ¿quién nos quita lo bailado? 


Los que no fuimos a Misa en Navidad (y nos vamos derecho al infierno)

¡Por muchos más viajes!

***

Conclusiones finales (+ algunos tips)

Nosotros tuvimos la suerte de conseguir un pasaje muy barato en marzo de 2018 (pagamos 8000$ cada uno por vuelo directo a Río de Janeiro) y de llegar a Buzios en la última semana de la temporada baja.

Por suerte agarramos un momento muy tranquilo y un clima súper agradable para estar en familia. El último día en el centro notamos que la cantidad de gente se había triplicado y me imagino que ese fin de semana todas las playas explotarían de gente.


El mayor desafío del viaje: entretener a Benjamín

Sin embargo, el lugar nos pareció costoso para comer y beber. En general me dio la sensación de que los precios iban de un 50% a un 80% más que en Argentina. Obviamente, el aumento del dólar (que pasó de 17$ a 38$ en un año) no nos favoreció en absoluto para viajar afuera.

Por suerte no puedo decir que Buzios me decepcionó. Sus más de veinte playas le dan a este pueblito de pescadores un encanto particular y una variedad para todos los gustos. Hay playas para surfistas, para amantes del buceo, para los que buscan algo más relajado o los que quieren un poco más de movida comercial.

Arraial do Cabo es un infaltable y creo que es lo más parecido al Caribe que tenemos los argentinos bien cerca. Daba para conocerla mucho más e incluso pasar unos días en la ciudad.

Yo no soy un fanático empedernido del pescado y los mariscos, pero Buzios es indudablemente un farol para ese tipo de gastronomía. Por sobre todo, creo que es un lugar de paz, armonía y naturaleza, lo que lo hace especial para parejas.

Con el diario del lunes, hay algunas cosas que yo habría hecho diferente. Por ejemplo, no me habría dejado engañar por Falso Denzel Washington y habría elegido una posada que estuviera directamente frente del mar, por ejemplo cualquiera de las que vi en Praia dos Ossos.


Entreteniendo a Benjamín: Parte 2

Si bien recomiendo mucho nuestra posada Solar dos Navegantes (por su atención, comodidad y cálida atención), estaba un poquito lejos. En realidad hacías tres o cuatro cuadras y ya veías el mar. Unos pasos más y llegabas al centro o a una playa cercana.

Pero en Buzios hay mucho desnivel y calles de piedra que hacen complicado andar con el carrito del bebé. Tampoco hay tanta vereda, con lo cual estás medio obligado a andar por la mitad de la calle esquivando autos.

En cuanto al presupuesto diario, nos quedamos un poco cortos. Le calculé entre 150 y 200 R$ diarios y terminamos gastando entre 200 y 300 R$.

Para comer afuera lo más económico es consumir platos para compartir (los que en el menú dicen 2P). A nosotros nos funcionaron los lugares de comida por peso. No son tan económicos pero podíamos probar un poco de todo. En general gastábamos unos 20-30 R$ por persona por comida.

¡La yerba está carísima! Si son muy materos (como nosotros) les va a doler gastarse 240$ en medio kilo de Taragüí. Vale la pena cargar con un poco más de peso y traer desde Argentina. Lo mismo nos sucedió con las toallas. Para llevar menos peso, cargamos sólo una. Tuvimos que comprar allá y resultó ser bastante costosa.

Buzios es muy húmedo y la ropa tiende a no secarse rápido. Por eso recomiendo buscar una posada que tenga habitaciones con balcones o algún lugar designado para colgar la ropa. Parece un tip medio boludo, pero lo van a agradecer.


Entreteniendo a Benjamín: Parte 3: El regreso de entretener a Benjamín

En relación al transporte, todo es bastante cerca como para caminar, y si no hay combis económicas que pasan todo el tiempo o colectivos de línea.

Los taxis te cobran 25-30 R$ (no convienen), aunque si estás con un bebé en brazos puede llegar a ser la mejor opción. Hay quienes me recomendaron alquilar un auto allá, que iba a ser mejor que estar pagando taxis. No lo hice, pero no era tan mala idea.

Eso es todo lo que recuerdo hasta ahora. ¡Espero que sirva!

***

Viajar es vestirse de loco
es decir “no me importa”
es querer regresar.
Regresar valorando lo poco
saboreando una copa,
es desear empezar.

Viajar es sentirse poeta,
es escribir una carta,
es querer abrazar.

(“Viajar”, Gabriel García Márquez)

Leé la primera parte de mi viaje a Brasil acá y la segunda por este lado.

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4 comentarios:

  1. Un lugar en mí valija con capacidad para unos dos kilos de yerba, siempre fue una constante.
    En cuanto a previsiones, lo que roza lo estúpido antes del viaje te genera alagos cuando estás en el destino.

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  2. Veo que la pasaste de diez en las tres partes, me diste unas ganas de ir por allá tremendas...no conozco, de Brasil sólo fui a Floripa.
    Abrazo grande y que tengas un excelente fin de año! Y excelente 2019!!!
    Pasala bien, ud. sabe cómo, le gustan demasiadas cosas

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    Respuestas
    1. ¡Gracias Mr. Frodo! Lo mismo para vos y tu gente.
      Por un 2019 con muchos más blogs de calidad (como el tuyo, claro... no como el mío que es un robo).

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