sábado, 15 de diciembre de 2018

Brasil 2018 – Parte 1: Río de Janeiro


Con mi esposa, Natalia, sacamos pasajes a principios de 2018 para Río de Janeiro, Brasil, aprovechando el Hot Sale. La idea era pasar una semanita relajados en Buzios, con los piecitos en el agua y una cerveza en la mano. (Y Benjamín tironeándome de la remera, claro).

Sin embargo, dos días antes del vuelo no sabíamos si íbamos a viajar debido al paro anunciado por el gremio de aeronáúticos. Finalmente se llegó a un acuerdo con el Gobierno y los vuelos salieron sin problemas. Así comenzó un primer viaje interesante, porque sería estar afuera del país, en avión, y en un lugar bastante exótico, con nuestro niño de año y medio.

Río de Janeiro, la primera parada del itinerario, nos trajó algunos placeres, pero también varios dolores de cabeza. Esta es la crónica de viaje del viernes 14/12/2018.




***

Never trust a bunny

Luego de haber pasado un día en la capital de mi país que tanto detesto (con lluvia y paros por todos lados, aunque felices de haber podido ver a gran parte de mi familia), llegamos a Río de Janeiro a las 6 am, donde al pisar el aeropuerto ya sentí que me estaban cagando.

Todos se nos tiraban encima ofreciendo viajes baratos, taxis baratos, tasas de cambio baratas. Habíamos dormido realmente poco (yo prácticamente nada en 24 horas) y estábamos con muy pocas energías. Quizás por eso me apuré al cambiar dólares por reales a una tasa de 3.33 cuando, cerca de allí, estaba a un mejor número: 3.45.

Sé que nunca hay que apurarse, y que suele haber casas de cambio por todos lados que se pelean por ser mejores que la competencia. Nunca hay que quedarse con el primer postor. Pero esa vez no seguí mi propio consejo. Y luego, nuevamente, volví a cometer un error de novato.

Con Toretto en la ciudad de la furia

Estábamos por tomar un taxi (siempre elegimos ir por los taxis oficiales) cuando un Falso Denzel Washington se ofreció a ayudarnos con las valijas. Fue demasiado rápido para agarrar la más grande y, sonriendo con todos sus blancos dientes, nos pidió que lo siguiéramos.


 Le wild Torotto appeared...

Como un idiota, creí que nos estaría llevando a un taxi amarillo, los oficiales. En cambio, nos arrastró a su propio taxi (trucho) donde prometió que nos llevaría a destino más rápido y… sí, más barato. Nos costaría 130 R$. Doble error. Primero porque nunca averigüé cuánto es la tarifa normal para un taxi desde aeropuerto al centro (es de 60-80 R$). Además porque el negro nos terminó cobrando un poco más de lo anunciado.

Lo que es peor: el tipo se creía Toretto en Fast Five. Iba a las chapas esquivando motos, bicis y otros autos. Después descubrimos que eso es manejar en Río. Nos mostró que el taxímetro lo tenía en una APP de muy dudosa precedencia. Las famosas favelas se veían al lado de la autopista, pero íbamos tan rápido que ni siquiera se podían apreciar con claridad.

Habiendo pasado un primer mal trago, con un costo innecesario de un Falso Denzel Washington que no cerró la boca en la media hora de viaje, finalmente llegamos a destino.

Buenos Aires: tropical style

Por la mañana salimos temprano a desayunar y recorrer un poco. El calor era sofocante. Sabíamos que Río de Janeiro no es conocido por una bella arquitectura o por ser particularmente limpio, pero la realidad nos chocó. Olor a pis, autos manejando como el orto, mucho borracho suelto y bastante situación de calle.


Favelas en Río de Janeiro

Desayunamos algo rico y liviano por 21 R$ en un barcito y volvimos por unos mates al hotel. Aprovechando que Benjamín se había dormido su primera siesta, nos clavamos un capítulo de Vikings. Nuestra habitación estaría disponible recién a las 14 hs y había que hacer tiempo.

Mientras veía la serie y tomaba mis mates, reflexioné que Río de Janeiro no es más que Buenos Aires en versión tropical. Viven 7 millones de habitantes (2,5 millones en favelas) y el caos es constante. Parece tierra de nadie. El ambiente es de manteros, puestos en la calle, casas improvisadas con cartones y colchones a mitad de la vereda. También hay mucha fiesta, eso no lo voy a negar.


Y de pronto, Batman. Siempre Batman.

Otra cosa que me golpeó fuerte es que muy pocos brasileros hablan español y tampoco están con taaaantas ganas hacerlo. Tuve que recurrir a la mímica para hacerme explicar, incluso en lugares como taxis, confiterías y hoteles donde uno supondría que al menos manejan un inglés primitivo. Ni eso.

En fin, volvimos a salir (con el plan de encontrar unas lindas ojotitas para Benjamín… cosa que finalmente logramos por unos módicos 15 R$) y regresamos al hotel. Eran las 13 y al fin ya podíamos acceder a nuestra habitación.

No podemos ser más turistas

13.30 hs llegaba nuestro tour contratado para hacer CRISTO REDENTOR + CITY TOUR (140,00 R$ por adulto, empresa: Río Máximo). Nuestro guía resultó ser Jonatan, un flaco copado que mezclaba inglés básico con portuñol y un español sencillo. Nos agradó bastante.

El tour nos permitió entender qué Río de Janeiro es una ciudad de contrastes. Te podés encontrar con un barrio hermoso al lado de una favela infernal. No hay perros callejeros (literalmente no vi a ningún perro) pero sí mucha gente durmiendo bajo puentes o en la misma vereda.


Poné cara de feliz cumpleaños, trabá los biceps, agarrá a tu hijo. Qué mire para adelante. ¿No? Ok...

La sensación de inseguridad fue constante. Si bien no nos pasó nada (más allá de Falso Denzel Washington y su cuento del tío) había siempre caripelas perturbadoras. Todos nuestros amigos nos habían dicho, una y otra vez, que: 1) no usáramos la tarjeta de crédito porque te la clonan, 2) no mostráramos celular y/o dinero en la calle y 3) por nada del mundo fuéramos solos por la noche. Cómo para no andar intranquilos.

Ver el Cristo Redentor me parece fundamental y es una experiencia muy linda. La entrada cuesta unos 35 R$ (aunque a nosotros nos lo incluía el tour). Está muy bien organizado, con un sistema de combis propias que te van llevando y sacando de tal manera que el número de personas allá arriba sea manejable. Aun así, en la cima había unas cien personas en busca de la selfie adecuada para sus 5 segundos de fama en su red social favorita.


Dale, boludo, tenés 55 años... bobo

Benjamín estaba muy feliz y las panorámicas desde arriba son impresionantes. Me gustó que tiene la posibilidad de subirse por escaleras tradicionales (¡220 escalones!) o por ascensor / escaleras mecánicas, lo que lo vuelve más accesible.

Todo está muy pituco y organizado. La aventura para llegar hasta allá en combi también tiene su encanto por los lugares que cruzás y las historias que te cuenta el guía.


Vista desde el Cristo Redentor. La foto la sacó Labruja Gorordo...

El tour luego nos llevó hasta el Maracaná (lo vimos desde afuera, y había un clon de Pelé muy divertido). Se puede entrar al enorme estadio por 60 R$.


Acá se arma el bailongo en Carnaval

Pasamos también por el Sambódromo, donde se hace el desfile de carnaval oficial (1500 R$ sale una silla en el lugar del carnaval. Lo están preparando para marzo) y la Catedral de San Sebastián, que tiene forma de pirámide porque al arquitecto, Edgar da Fonseca, le copaba la cultura azteca.


Te venís a Brasil para escaparle a las pirámides y te encontrás con esto.

El final del tour, tipo 17:30 hs, fue en la Escalera de Selarón, que es genial. Está ubicaba en el hippie barrio de Lapa, fue ideada por el chileno Jorge Selarón.

Al parecer, luego de darle la vuelta al mundo (conociendo unos cincuenta países) el tipo sentó cabeza en Río de Janeiro donde, en 1990, comenzó a darle la forma a la escalera. Pintaba cuadros alrededores de la misma y traía cerámicos y azulejos de todo tipo de culturas. El resultado hoy es una escalera adonde te podés encontrar desde filosofía china y artistas del surrealismo francés hasta Mafalda, el tango y el rock nacional argentino.

El 10 de enero de 2013 Jorge Selarón fue encontrado sin vida sobre la escalera que el mismo había creado. Tremendo.




Escalera de Selarón: de lo mejor de Río de Janeiro

Si tenés sólo un día para conocer Río,  este tipo de tours son fantásticos para tocar los puntos más importantes de la ciudad en una tarde. Un día más sería bueno para conocer las playas de Copacabana. Pero no sé si mucho más.

Un hotel para el olvido

Volvimos al hotel para relajarnos y pegarnos un baño. Benjamín estaba bastante incordioso sobre el final de un tour que, ciertamente, no está pensando para los más pequeños. La verdad es que nosotros pensamos este viaje como algo más de “relax” que aventurero justamente porque viajamos con un bebé.

La vuelta al hotel fue el último golpe duro de una ciudad que no terminó del ser del todo grata con nosotros.

El Atlántico Prime de Río de Janeiro se jacta de ser un lujoso hotel 4 estrellas pero apenas merece una sola. La verdad no sé si empezar por el hecho de que me quisieron cobrar 12 R$ para cargar agua caliente al termo (no es joda) o que tuve que llamar cuatro veces para solicitar almohadas adicionales que NUNCA llegaron.


Olvidable Hotel Atlántico Prime

El servicio es pésimo, con personal que no habla español ni inglés y no es amable ante consultas. Nuestra habitación tenía el aire acondicionado funcionando mal y, a pesar de nuestras quejas, nunca vinieron a repararlo. Uno de los tres ascensores no andaba en el hotel, lo que hacía que las esperas fueran eternas. Puede verse muy lindo de afuera, pero nosotros no pensamos volver nunca más. De hecho, pienso ser brutalmente duro con ellos en TripAdvisor y Booking.com, aunque no sirva de nada. (Sí, soy re loco).

No todas fueron pálidas. Liquidamos la noche con varios (y con varias me refiero a, por lo menos, ocho) pinchos de carne, pollo y salchicha parrillera. Venían con pancitos deliciosos y, si bien eran costosos (6 R$ cada una), nos volaron la cabeza. Los compramos en un puestito de la calle que estaba lleno de locales y los llevamos para la pieza de contrabando.

Espero haber manchado alguna sábana del hotel con grasa de cerdo y que la mancha no les salga nunca. Por suerte, el desayuno tipo buffet era impresionante. Ya veremos qué nos depara Buzios para los próximos días.

Palabras finales

Más allá de algunos lugares turísticos atractivos (la Escalera de Selarón, por su creatividad artística y los caipiriñas que pueden tomarse ahí cerca, y el Cristo Redentor son los puntos fuertes), es Buenos Aires con el mismo caos, todavía más calor y humedad y muchísima más pobreza.

Yo, que detesto capital, no me sentí tranquilo en Río ni llegué a disfrutarlo. Creo que más días sólo habrían acrecentado ese sentimiento.

Teníamos que estar un día porque queríamos conocer y quedaba de pasada, pero nunca fue el interés principal de este viaje. ¿Y qué hacen con los perros? ¿Será esa la razón por la cual esa carne que comimos en las ´pinchos era misteriosamente tan sabrosa? Who the fucks knows. Río de Janeiro: no aprobaste en mi escala. Tu ingratitud es simplemente demasiado alta.

¡Hasta la próxima!


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5 comentarios:

  1. Sep.. de acuerdo ! Es para el olvido.. y te digo que si sirven los escreches en la red social.. todos los leemos. Si es malo y varios se quejan.. estan al horno!

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    1. Los escraché en todas las redes. Me parece que en 15 días ese hotel quiebra. Pensá que este post ya lo leyeron 180 personas. =P

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  2. Hola, qué pena que algunas cosas no las disfrutaron. Yo paso de las ciudades, prefiero un lugar apartado en el medio de la nada. pero como experiencia, todo enriquece. Besos!

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    1. La semana que viene sale post de Buzios, que es algo completamente diferente.

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    2. El último día en Buzios vas a pensar :"Por que carajos gasté un día en Río!"

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