jueves, 1 de septiembre de 2016

Under the skin: cuando lo humano contagia


Una misteriosa mujer conduce por las solitarias noches de Escocia seduciendo a hombres y arrastrándolos hacia una oscuridad que los desintegra. Esta es la premisa del sci-fi de terror Under the skin, la película que se convirtió, rápidamente, en una de las favoritas del año 2013.

Under the skin es extraña por donde se la mire. 

Basada ligeramente en la novela homónima de Michael Faber, le tomó 10 años al director Jonathan Glazer terminarla y tuvo a varios reconocidos actores atados al proyecto, entre ellos Brad Pitt. 

Finalmente, el protagónico lo tomó Scarlett Johansson, quien parece ser una especie de alienígena explorando a los hombres de nuestro mundo (y, simultáneamente, explorándose a sí misma).

En esta nota vamos a analizar esta historia y, especialmente, la temática de lo humano como algo que infecta, que absorbe progresivamente a todo lo que toca.

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#SpoilerAlert – se  revelan algunos detalles importantes de la trama (aunque no el desenlace). La película está disponible en Netflix, así que no tienen excusa para verla y después volverse para acá para entender qué demonios vieron.

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Son muchas las cosas que resultan llamativas en esta película. Por ejemplo: el primer diálogo aparece recién en el minuto 13, hay toneladas de referencias a grandes historias de ciencia ficción (por ejemplo: la saga Terminator) y los muchos desnudos de Scarlett Johansson  (que no uso ningún doble) no generaron polémica por su nivel artístico.


Sin embargo, la más llamativa de todas, en mi opinión, es lo experimental a la hora de filmarla. Gran parte de los personajes fueron interpretados por actores no profesionales (incluyendo al motociclista Jeremy McWilliams) y varias escenas son conversaciones espontáneas que se filmaron con cámara oculta en la calle.

Aunque no pudo recuperar el presupuesto inicial de 13 millones, fue universalmente alabada por la crítica que no paró de elogiar la tensa música de Mica Levi, la intensa actuación de Johansson  y la maravillosa dirección de Glazer.

El argumento involucra a la protagonista atrayendo hombres hacia una casa con una negrura constante. Allí los sumerge en una especie de líquido negro donde el interior de sus cuerpos se desvanece y queda sólo la piel flotando. Ni siquiera en los momentos más claros de la cinta es posible saber con precisión qué está pasando, y prácticamente nadie tiene un nombre dentro de la narrativa (a excepción de la familia en la playa, los McClellands, aunque hay que prestar atención a un sutil anuncio de radio para captarlo).

La protagonista tiene una falta total de emociones y su único objetivo es seducir a los hombres hacia el extraño líquido negro. Muchos vieron algo de feminismo en esta historia (y, de hecho, lo hay) pero me parece que el director buscó hablar de la humanidad en general, sin hacer distinción de sexos.

 El giro argumental más importante llega a mitad de la historia, cuando ella conoce a un hombre con la cara desfigurada. El director se negaba a utilizar prótesis y maquillaje, así que el equipo de producción contactó a la organización Changing Faces, quien ofreció al actor Adam Pearson (un hombre con neurofibromatosis) para el rol. La escena es una de las más desgarradoras y reveladoras de la película, porque es el punto donde vemos el cambio en la alienígena.

Luego de esa experiencia (la mujer se arrepiente y deja ir al hombre antes de atraerlo al vacío) comienza a verse en el espejo, a observar a la gente en su vida cotidiana y a intentar comer un pedazo de torta (que termina vomitando).

En esencia, el ente (sea una criatura mitológica o un ser extraterrestre) ha sido contagiado por lo humano, un elemento que ha sido utilizado muchísimas veces en la ficción. A veces se lo llamó el “Síndrome de Pinocho”: la idea de querer experimentar la humanidad en todo su esplendor. La mujer intenta comer, tener sexo y hacer otras cosas relacionadas con el ser humano. En ninguna de ellas tiene éxito.


Esta temática de lo humano como algo contagioso aparece de forma literal en películas como La Guerra de los Mundos (2005), donde la humanidad vence a los alienígenas con agua (el elemento más esencial para la vida), y más usualmente de forma simbólica en películas como Ex Machina (una de las mejores del 2015).

En Inteligencia Artificial (2001), el niño robot David (Haley Joel Osment) sólo quiere ser normal y poder vivir igual que un humano. El androide Sonny en Yo, Robot (2004) también muestra señales de haber sido contagiado por el virus de lo humano. Por cierto, esta última película es muy atractiva para analizar desde el punto de vista de las preguntas perforantes (del cual hablé en esta nota).

En algún punto, el robot Ultron (James Spader) de Avengers: Era de Ultron (2015) –que también protagoniza Scarlett Johansson– menciona que no tiene cuerdas ni ataduras (comparable a la idea de Pinocho convirtiéndose de una marioneta a un niño de verdad).

Es cierto que Under the skin puede tornarse un poco pesada por su atmósfera intensa y opresiva y la constante confusión argumental que presenta, pero es una obra maravillosa desde lo técnico y funciona como un  gran homenaje a los grandes directores surrealistas.

El estilo y las referencias a Stanley Kubrick son bastante evidentes. La música y la atmósfera son muy 2001: Odisea en el espacio, y también lo son el ingenioso lenguaje no verbal que presenta y los mensajes subliminales. En una ocasión hablé del simbolismo oculto en Eyes Wide Shut, y creo que Under the skin tiene mucho de eso también.

David Lynch está muy presente, por la abundancia de escenas oníricas y surrealistas. El hombre deformado parece ser una referencia hacia su película The Elephant Man (1980). Incluso ahí hay un desfigurado que habla sobre la belleza interior del ser humano.

Por último, si bien no vi todas las películas de Lars Von Trier, algunos han reconocido el estilo del director danés en la devastadora escena de la playa (que queda en tu mente un largo rato) y en la escena final en el bosque.

==> Under the skin es una fabulosa obra artística de ficción repleta de ambigüedades y extrañezas. Te puede no gustar, o incluso aburrir, pero no te deja neutro bajo ningún punto de vista. Es horriblemente hermosa y visualmente inquietante. Cautivadora y aterradora en partes iguales. Y dentro de la temática de lo humano como algo contagioso, es uno de los mejores ejemplos para analizar y debatir.

OFF-TOPIC: “CIELOS LEJANOS DESDE LA VENTANA”

Hace un tiempo reseñé “Cielos lejanos desde la ventana” en mi fan-page. Se trata de una obra de danza teatro dirigida por Natalia Martirena que se estrenó en junio en mi ciudad (Bahía Blanca). La traigo a colación porque, curiosamente, trabaja la misma temática que Under the skin.

En el año 1977, el científico Carl Sagan y sus compañeros en la NASA enviaron un disco de oro junto con el Voyager. Contenía saludos en más de 50 idiomas, música de jazz y clásica, sonidos de ríos, de barcos, de guerra, fórmulas matemáticas, sonidos de chimpancés, monos, elefantes, caballos, risas, llantos y un sinfín de cosas más.

A partir de esa premisa, la bailarina, coreógrafa y vicedirectora de la Escuela de Danza, Natalia Martirena imaginó qué habría pasado si un grupo de exploradores alienígenas encontraran el disco e intentaran descifrarlo. La pregunta que se pone en tela de juicio –y que sirve de leitmotiv de toda la obra– es qué tan contagioso puede llegar a ser “lo humano”.

Más tarde voy a subir la reseña de la obra al blog, porque me quedó gustando y creo que vale la pena dejarla documentada en este diario de vicios personales.

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5 comentarios:

  1. Es una interesante premisa. Y que además actúe Scarlett le da un notable interés para verla. Algo experimental puede requerir una tan buena actriz. No es la primera vez que hace de un personaje que quiere experimentar lo humano. Ya lo hizo en La isla, donde era un clon, aislado como otros clones de ciertas experiencias, que empieza a experimentarlas con el otro protagonista, con cierta torpeza.
    La idea del extraterrestre que empieza descubrir algo que no tuvo en lo humano, ya sido planteado en la ciencia ficción. Tal vez insinuando que es el precio del avance, un precio tal vez demasiado caro.
    Es curioso que está mujer fracase en aspectos humanos y que uno de esos aspectos sea aquel que finge ejercer para atraer víctimas.
    Interesante premisa.
    Saludos.

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  2. Muy buena reseña Lu... Al margen.. "lo deja ir ? " para mi el "sistema" alienigena no lo absorbe y lo devuelve.. y ahí ella recapitula.. bah.. digo.. Saludos !

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    1. Igual los motoqueros lo interceptan en la casa al deforme y lo hacen crema. Una lástima. Pero sí, buena peli, extraña, hipnótica.

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  3. ah.. muy buena peli.. me gusto !

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