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“Borrador
nro. 3474”
Es sencillo, nada del otro mundo. Bueno,
literalmente sí sería de “otro mundo”. Pero tranquilo, que ya voy a llegar.
Es la historia, narrada en primera persona, de un
pibe corriente. Se le murió el viejo. Posible arranque: “Durante el verano del
2003, luego del fallecimiento de mi padre…”. PUM. Drama, tensión, nostalgia. Automáticamente
queremos saber más. ¿Qué pasó ese verano? El chico perdió la inocencia. Ya
había perdido la virginidad, a esa altura tendría unos… ¿16 años? (¿A qué edad
pierden la virginidad los chicos de hoy en día? Puf, ni idea. Yo fui re tardío.
A los 19, y de pura casualidad.)
La cuestión es que él ya la puso, pero internamente
sigue siendo un niño. Pero acá se viene el (primer) giro argumental: cuando se
queda sin papá, empieza a revisar el taller donde arreglaba motos usadas. Y ahí
descubre revistas pornográficas y un arma, un revolver de 22 mm, con balas. Eso
él no lo sabe. No tiene ni idea de armas, pero la sola idea de saber que en su
casa había una pistola le pone los pelos de punta.
Como esta situación me pasó
a mí de chico –la de encontrar porno y un arma en casa– estoy elevando un
relato intrascendente, pequeño en escala, hasta un nivel metatextual y
autobiográfico. Le pone más onda, ¿no?
Pará. La idea va por otro lado. Tengo ganas de
experimentar a lo Cortázar. ¿Y si el relato tiene un estilo de trama doble
interlineada? Algo así como el capítulo 34 de “Rayuela”. Puedo hacer que la
historia del pibe se lea en las líneas impares, y la de él (ya adulto) que se
lea en las líneas pares. ¡Un quilombo, ya sé! Pero Julio lo hizo, y le quedó al
pelo.
El tema está en ver bien el tema del formato, para
que no se descompagine. (REVISAR: repetición de palabra: “el tema”). Ynoescribirtodoapurado.
Hay que pensar bien estas cosas, che.
Me lo pongo en una nota mental.
Sigamos con la trama.
Mmm.. pero el flaquito no tiene nombre. ¿Qué tal… Julio?
Demasiado evidente. Es insultar al lector. ¿Daniel? Puede andar. ¿Cómo se
llaman los pibes hoy? A ver… Google, hacé magia. “Lionel”, obviamente. Tiago,
Elías, Valentino, Tiziano. Ya no se ven bebés llamados “Roberto” o “Carlos”. Da
la impresión de que si le ponés Jorge a tu bebe, nace con 54 años encima. Un
garrón.
Benjamín. Ese es el que va. Benjamín.
Cuestión que en la segunda trama, la de las líneas
pares, vemos a Benjamín ya hecho adulto y… redoble de tambores… ¡TRABAJA EN LA
LUNA! (Esperá un poquito, va a tener sentido). Claro, porque me faltó decir
que, de chico, a Benjamín le robaron la bici frente a su casa. Y juntando este
hecho con el fortuito encuentro de material erótico y un arma de fuego, se hizo
hombre. ¿Y qué quiere hacer el hombre? Llegar a la Luna. Makes sense. (¿?)
(REVISAR:
darle motivación para que quiera ir a la Luna).
La cosa es que él, de grande, ahora trabaja en la
Luna. (Sí, me gusta). Pero no hay glamour; es un recolector de porquería
espacial (en un futuro, vamos a colonizar otros planetas. Y viendo cómo somos,
vamos a llenar el espacio de basura). Aunque ahora que es mayor, perdió la
capacidad de jugar, y quiere recuperarla. Obviamente no sabe cómo, si no, no
tengo conflicto. La premisa sería que, simultáneamente, el chico va perdiendo
la inocencia mientras que el adulto va recuperando el juego. ¡En la Luna!
BUM. Le doy forma, lo termino, le pongo un
seudónimo, lo mando a dos o tres concursos, gano el primer premio, me salgo de
este incómodo anonimato, me contacta una sexy y voluptuosa editora, vendo mi
primera novela, me hago best-seller. Capaz que hasta me alcanza para ir a
conocer la Luna (es uno de mis sueños, ¿se entiende? Porque el chico de la
historia soy yo… con algunas diferencias. Nunca me robaron la bici, por
ejemplo).
…
…..
……..
La puta madre.
¡Qué cuento de mierda! No tiene de dónde agarrarse.
Cuando no hay creatividad, es al cohete. ¿O se dice
“al cuete”? A ver Mr. Google: “en vano”, “inútil”, “sin sentido”. Lo correcto
sería “al cohete”. ¿Pero de dónde habrá salido? Maldita jerga argenta. Click,
click, click. Nada. La primera página de Google no tiene la respuesta. No vale
la pena esforzarse más.
¿En qué estaba? Ah, sí, tengo otra idea para un
cuentito…
Borrador nro. 3475.
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