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martes, 5 de mayo de 2026

Los Buscapistas y el arte de volver a la infancia


Pepa Pistas y Maxi Casos están de excursión cuando su profesora desaparece misteriosamente. Reseña de una novelita infantil que compró mi hijo y terminé disfrutando yo.


 


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Lo infantil en lo literario

Chesterton decía que las historias de niños son más que verdaderas; no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos enseñan que pueden vencerse.

Esa hermosa idea siempre me quedó gradaba. Crecí leyendo a Momo (de Michael Ende), Ami, el niño de las estrellas (Enrique Barrios) y, por supuesto, a El Principito -libro con el que me reencontré muchas veces.

Aquellas historias fueron mucho más que primeros libros con muchas letras. Representaron una puerta, una suerte de especie de pasadizo secreto hacia la literatura “grande” (léase: literatura adulta), hacia preguntas algo más profundas… y, con el tiempo, hacia mi devoción por la escritura.

Por eso la literatura infantil tiene un lugarcito especial en mi corazón. De hecho, recomendé 5 libros esenciales para niños en esta nota de 2019.

Y no les voy a mentir: se me infló un poquito el pecho cuando mi hijo Benjamín, de 9 años, me pidió ir a la librería Don Quijote (la más grande de mi ciudad) para comprarse una novela.




Una tarde en Don Quijote

Estuvo piola el plan. Salimos con Benja, Mateo y yo con la idea de comprar un libro cada uno. Yo me hice con lo nuevo de mi amigo Daniel Morales (“Cuaderno inglés”, premio Clarín Novela 2025). De paso pregunté si todavía quedaban copias de El Ascenso de Elin.

Para mi sorpresa, resultó que ya no había copias. Así que al toque hablé con mi editorial y les pedí que llevaran algunas copias más.

Cuestión que Matu se llevó un librito de K-POP Demon Hunters con stickers y cosas para pintar. Faltaba lo más importante: el libro de Benja. Queríamos que fuera algo apuntado a un niño de 9 años que sabe leer fluido y ya tiene otros intereses.

Después de recorrer estantes, tapas brillantes y contratapas prometedoras, Benjamín terminó eligiendo: Los Buscapistas: ¡Tú eres el detective! El misterio del bosque encantado. Un título larguísimo, lo admito. Aunque con algo irresistible: la promesa de jugar a ser detective.

Lo leyó rápido —dos o tres “idas al baño”, como quien dice— y después vino lo mejor: “¿Lo leés vos así lo charlamos?” Ahí entendí todo. No era solo un libro: era una invitación.



Reseña: leer, investigar… y decidir

La propuesta de la autora Teresa Blanch española es tan clara como potente: convertir al lector en protagonista. El libro mezcla elementos de Elige tu Propia Aventura y ¿Dónde está Wally?, combinándolos con acertijos propios de la literatura detectivesca.

Obviamente, todo con bastante humor y ligereza. La historia va por acá: Pepa Pistas y Maxi Casos están de excursión cuando su profesora desaparece sin dejar rastros. O, bueno, algos rastros sí.

A partir de ahí, el lector deja de ser espectador y pasa a ser detective. Podemos elegir a quién interrogar, buscar pistas escondidas en ilustraciones y elegir cómo queremos avanzar la historia.

Aclaro: las decisiones que podemos tomar en el libro son básicas. Pero, aún así, hay cierta sensación de libertad. El libro va mezclando narrativa con juego. También suma ilustraciones en blanco y negro, desafíos visuales y una estructura que recuerda a los viejos “elige tu propia aventura”, adaptados para las nuevas generaciones.

El texto está sugerido para niños de 7/8 años, aunque yo apuntaría a 9/10 porque el texto puede estar un poquito cargado por momentos. También aparece cierta tensión: los Buscapistas te invita a saltar páginas, pero al mismo tiempo te advierte que no lo hagas.

Lo más interesante está en cómo logra enganchar. Y, claro, en cómo transforma la lectura en experiencia. La propuesta de Blanch dialoga con una idea muy actual: los chicos posmillenials hoy ya no quieren solo leer, quieren participar.

Convertir al lector en detective no es solo un recurso narrativo del libro, sino una forma de darle hacerlo parte del proceso.



Fomentar la literatura infantil

Como escritor, nunca dejaré de validar la lectura. Y especialmente en los más chicos. De hecho, desde la psicología del desarrollo hay bastante consenso en algo: leer en la infancia no es un lujo, es una herramienta clave.

Por ejemplo, el psicólogo estadounidense Jerome Bruner sostenía que las historias ayudan a los niños a construir significado del mundo. No solo entienden lo que pasa: aprenden a interpretarlo.

Por su parte, Lev Vygotsky (también psicólogo, pero ruso) hablaba de la importancia del acompañamiento en el aprendizaje. Libros como este, que pueden requerir un adulto cerca, en realidad generan algo valioso: lectura compartida, conversación, vínculo.

Más cerca en el tiempo, investigaciones en alfabetización temprana (como las de Catherine Snow) muestran que la lectura interactiva mejora la comprensión, el vocabulario y la capacidad de pensar críticamente.

En otras palabras: no se trata solo de leer. Más bien sobre construir pensamiento.




Pequeños detectives (y lectores inquietos)

Cierro con algunas recomendaciones generales. Para aquellos (padres) que buscan para sus niños este cruce entre misterio, juego e interacción, hay varias joyitas modernas.

En primera instancia está el clásico formato hipertextual que sigue vigente. La saga de Elige tu propia aventura tiene ediciones modernas y nuevas historias, incluso toda una línea infantil. Benja ya se compró y leyó varios.

También me recomendaron Agus y los monstruos (mezcla narrativa, humor y recursos visuales) y Diario de Greg (ilustraciones + lectura ágil que engancha). Ambos los tengo en la mira para próximas compras.

 

Leer juntos: el verdadero misterio resuelto

Al final, lo más valioso no fue si este libro era perfecto o no. Fue toda la experiencia compartida. Ir a comprarlo juntos. Ver a mi hijo leyéndolo. Luego él invitándome a entrar en su mundo. El momento de nosotros dos charlando sobre las pistas, sospechosos… y, sin darnos cuenta, sobre la vida misma.

Porque quizás ese sea el verdadero misterio de la literatura infantil: cómo algo tan simple como un libro puede construir un nexo entre generaciones. Y, en el camino, volver a encontrarnos.



 

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