jueves, 25 de agosto de 2016

Los tres tipos de ciencia ficción (según Asimov)


El sci-fi es uno de los géneros de ficción más cultivados. Si bien nació dentro de la literatura, pronto se expandió hacia el cine, series de televisión, teatro, cómics, animé, etc. Muchos de los grandes autores de esta rama no sólo escribieron, sino que además pensaron la ciencia ficción desde lo teórico.

Por ejemplo, a lo largo de los años han ido surgiendo varias definiciones del género. Hugo Gernsback (fundador de Amazing Stories y el mismo que da nombre a los célebres premios) decía que es una suerte de un romance encantador entrelazado con hechos científicos y visión profética.

Rod Serling –famoso por su serie de La Dimensión Desconocida– hace un paralelo entre la ciencia ficción y la fantasía. Dice: “la fantasía es lo imposible hecho probable. La ciencia ficción es lo improbable hecho posible”. Por otra parte, a Robert Heinlein (de quien ya hablé en esta nota) le gusta pensar que se trata de una especulación realista acerca de posibles eventos futuros, basados sólidamente en el conocimiento adecuado del mundo real, pasado y presente.

¿Qué opina Isaac Asimov, de quien voy a hablar en esta nota? La definió como: “una rama de la literatura que pacta con la respuesta de los seres humanos para cambiar la ciencia y la tecnología”.


 Nuff, said.

Estas palabras de Asimov son importantes porque están en sintonía con el tipo de ciencia ficción que él consideraba más cautivante. En el año 1953 publicó un artículo llamado “Social Science Fiction” (Ciencia ficción social) de la revista Modern Science Fiction. Allí conceptualizó que todos los argumentos de ciencia ficción terminan cayendo en una de estas tres categorías:

1.       Artefactos (Gadgets).
2.       Aventura.
3.       Social.

En el argumento de artefactos (gadgets), el foco de la historia está en el invento mismo: cómo llegó a inventarse, cómo funciona o para qué se usa. 

La invención misma es el resultado de la trama. La trama de aventuras es aquella que utiliza la invención como utilería dramática. Puede ser la solución a un problema o estar causando el problema en sí. El foco principal está en cómo la presencia de esa invención está generando algún tipo de conflicto.

Por último, el argumento social expone cómo la presencia de una invención ha afectado la vida de los seres humanos (sea para bien o para mal). La gran diferencia entre este subgénero y los otros dos tipos es que acá la presencia de la invención afecta a la trama, en lugar de ser la causante o el objetivo final.

Supongamos que nos encontramos a mediados del siglo XIX y los autores comenzaron a escribir historias sobre autos que todavía no existen. Un relato de ciencia ficción podría tomar tres posibles caminos:

(1) Si fuera ciencia ficción de artefactos, el escritor describiría cómo se inventó el auto y daría una extensa divulgación sobre su funcionamiento. El cuento describiría, con detalles, cómo funciona la máquina, lo difícil que fue para el inventor perfeccionarla, y el clímax estaría dado por algún tipo de carrera o desafío donde esta nueva invención saldría victoriosa. Esto es lo que Asimov define como “gadget science fiction”.

(2) Un relato distinto se daría si el auto se inventa a las apuradas y ahora hay un puñado de criminales violentos que intentar hacerse con la valiosa invención. Los villanos raptan a la atractiva hija y amenazan con matarla si no entregan el artefacto. El inventor y su joven asistente (con quien la hija seguramente se quedará) salen en su rescate. Para llegar hasta los malos obviamente hacen uso del nuevo invento: un auto nuevo y perfeccionado que atraviesa todo tipo de obstáculos. Esto es ciencia ficción de aventuras (según Asimov).

(3) Por último tenemos a un escritor que narra la historia donde el automóvil ya fue perfeccionado. De hecho, existe una sociedad donde el auto forma parte de la vida cotidiana, y es un problema: las rutas están sobrepobladas, la industria del petróleo ha crecido a niveles monumentales y más personas mueren en accidentes automovilísticos que por la guerra. Una historia que trabaje este tipo de conflicto sería ciencia ficción social.


Antes de John Campbell (y su Astounding Science Fiction) la mayor parte de las historias de ciencia ficción pertenecían a la rama de artefactos o aventuras, con personajes más bien unidimensionales y estereotipados.

Campbell quería buenas historias, no meramente buena ciencia. 

Buscaba autores cuya literatura examinara las consecuencias de la tecnología en sociedades futuras. Su enfoque revolucionario, a través de su revista, fue auténticamente audaz: pidió nuevos temas, mayor calidad literaria, un tratamiento más adulto de las historias. El resultado fue un predominio absoluto de la revista en Estados Unidos y el inicio de la época conocida como “La edad de oro de la ciencia ficción”.

Asimov fue muy influenciado por este enfoque y, si bien ha escrito todo tipo de ciencia ficción a lo largo de su carrera, siempre tuvo un afecto especial por la ciencia ficción social. 

Su famoso cuento Anochecer (que reseñé hace algunas semanas) pertenece enteramente a esta rama.

Hoy las historias de ciencia ficción no suelen caer exclusivamente en una categoría. Tienen elementos de las tres en algún grado u otro. Sin embargo, casi siempre es posible dilucidar cuál de las tres ramas tiene un peso más importante que las demás.

Notar que los tres tipos de ciencia ficción que explora Asimov no son una medida de la “dureza” de la ciencia ficción, es decir, no tienen nada que ver con la rigurosidad con la que se trata el aspecto científico de la historia. Y si bien la aclaración parece tonta, tampoco hay que confundirlos con sus Tres Leyes de la Robótica (de las que hablé en esta nota).

La ciencia ficción social, como subgénero, es atrapante porque especula sobre la condición de la sociedad humana. Absorbe y discute la antropología, en algún modo. Nos invita a explorar las interacciones y el comportamiento humano. Los más grandes autores del sci-fi han pincelado sus mejores narrativas bajo las premisas de esta categoría: 1984 de George Orwell, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, Un mundo feliz de Huxley, y un sinfín de títulos más.

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5 comentarios:

  1. Me parece que la obra de Asimov desafía esa clasificación. Hay bastante de gadgets en la saga de la Fundación, con las sondas psiquicas, los desintegradores, látigos neuronales, los campos de fuerza. Pero también están los psicohistoriadores de la Segunda Fundación.
    Y está el tema de la psicohistoria que me parece dificil de clasificar.
    Y hay algo de cuestión social, con los distintos sectores de Trantor, algunos marginales. Que es algo de lo que se cuenta en Preludio en la Fundación.
    Y también hay algo de aventuras. Creo que un ejemplo es Un guijarro en el cielo.

    Interesante entrada.

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    Respuestas
    1. Sí, es como que Asimov mismo se sale de su propia clasificación, porque Yo, robot, por ejemplo, es un poco difícil de considerar dentro de una sola, en mi opinión.

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  2. Muy interesante. Me doy cuenta que he leído con mucha afición a Huxley, Orwell y a Bradbury pero que poco leí a Asimov. Una deuda pendiente

    Abrazo!

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