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jueves, 11 de julio de 2013

Las ventajas de ser epistolar

Estimado lector,

Mi corazón se estremece con duda ante la posibilidad de desviarme de los más altos estándares de un nuevo post interesante, pero desde mi más profundo ser deseo que este excepcional intento de nota epistolar funcione como disparador para introducirte en el mundo literario del intercambio de cartas.

La novela llamada “epistolar”, como seguramente sabrás, es aquella cuya trama avanza en forma de cartas (epístolas) enviadas o recibidas por los personajes de la misma. También suele incluir entradas de diarios, noticias y –hoy en día– e-mails y post en blogs. Este estilo puede lograr impactantes efectos de realismo en una historia, ya que imita de forma muy similar a la vida real. Es un recurso diferente para utilizar un narrador omnisciente o perpetrar en distintos puntos de vista. Dicen por ahí, no sé quienes… pero lo hacen, que el primer ejemplo español de una novela epistolar fue “Proceso de cartas de amores” (1553) de Juan de Segura.

¿Has visto, por una de esas casualidades, la película “Las ventajas de ser invisible”? La historia es originalmente de Stephen Chbosky y se desarrolla a partir de cartas que el protagonista le escribe a un tal “Charlie”. 

Quizás te sorprenda saber que The Beatles tienen varias canciones “epistolares” como “P.S. I Love You”. Algunos, incluso, han teorizado que toda la saga de Star Trek podría ser un gran género epistolar, considerando que los protagonistas frecuentemente están ingresando notas en sus Diarios de Viaje.

Pero estamos hablando de la novela epistolar. Novelas con un especial procedimiento narrativo que permite cierto tipo de análisis psicológico. Fue utilizada mucho por los románticos (tenemos “Lady Susan” de Jane Austen o algunas historias de Goethe), aunque es un género típico del siglo XIX. Obras como “Frankenstein o el eterno Prometeo” (Mary Shelley, 1818) y “Drácula” (Bram Stoker, 1897) quizás sean las más famosas novelas escritas en este formato. Ambas son excelentes. En la era contemporánea tenemos la primera novela de Stephen King (“Carrie”, 1976), “El diario de Bridget Jones” (Helen Fielding, “1996”) y “Cloud Atlas” (David Mitchell, 2004). Esta última, que tuvo una reciente adaptación en el cine, cuenta una historia en varios periodos de tiempos con algunas secciones de estilo epistolar (que incluyen intercambio de cartas y entrevistas).

 Lo especial de las cartas, querido lector, es que no son ni confiables ni estáticas. Están diseñadas, de alguna forma, para volar gentilmente al son del viento y caer con gracia en  las manos de su receptor como si fuera un regalo (o golpearlo directamente en el pecho, también). Muchas veces, varias cartas entremezcladas forman un conjunto mucho mayor que la suma de las partes, una historia trepidante y enigmática, una muestra de la habilidad de su autor para generar climas de tensión o ansiedad a partir de distintas voces.


Hay una novela en particular a la que le tengo muchas ganas: “La piedra lunar” de Wilkie Collins (1868). Borges la recomienda ampliamente por ser una novela policial de la que Poe estaría orgulloso; además, representa una de las primeras novelas de detectives de Inglaterra. Muchos de mis cuentos policiales preferidos tienen este formato para relatar el crimen ("Las muertes concéntricas" y "La espada dormida", entre tantos otros)

He vacilado ante la tentación de extender estas breves notas más de lo estrictamente necesario. Mi ferviente esperanza es que esta breve exposición despierte tu interés por este precioso género. ¿Qué pensás de las novelas escritas a través de cartas? ¿Has leído alguna que sientas la imperiosa necesidad de remarcarme en forma de comentario? Sin mucho más que agregar, te invito a compartir estas líneas con aquellos que lo valgan y te saludo con la profunda cordialidad que todo fiel lector de blogs merece.

Hasta siempre,



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