En Los soles de Santiago, Viviana
Rivero nos transporta a dos momentos históricos distantes pero entrelazados: en
el año 31 a.C, Cazue es una mujer astur que lucha por recuperar a su hijo
robado por romanos y, en el año 2055, Eme se infiltra en el Camino de Santiago
como parte de una resistencia contra un gobierno tecnológico opresivo.
***
El viaje como transformación
Esta novela me la recomendó (y prestó) Silvia, mi querida madre. En el último tiempo, ella se ha vuelto sorprendentemente lectora y además viene manifestando un peregrinaje al Camino de Santiago, por lo que este libro le llegó de forma personal.
Yo también tengo ganas de realizar ese trekking desde hace muchísimo tiempo y –si todos los astros se alinean– quizás 2025 sea el año donde finalmente logre concretar esa esperada aventura. Por lo pronto, me tendré que contentar con esta novelita.
El primer aspecto positivo de Los soles de Santiago es que realmente te dan ganas de viajar. La autora es muy hábil para engancharte con su exploración sobre la conexión con la naturaleza y el viaje como un proceso de transformación personal. Algo que, curiosamente, también trabajé yo mismo en mi última novela, El ascenso de Elin.
Uno de los puntos más destacables de la obra de Rivero es la construcción de su ambientación. Logra transmitir con detalle la experiencia del Camino de Santiago y toda su carga simbólica. Además, la edición del libro es visualmente muy atractiva, con ilustraciones de árboles al inicio de cada capítulo, acompañadas de su simbolismo, lo que refuerza la temática ecológica del texto.
En esencia, al inicio de cada capítulo se nos muestran diferentes especies de árboles, acompañadas de su correspondiente simbolismo alusivo a la historia. Es un detalle que aporta un toque poético y hace eco del leitmotiv del libro: valorar la naturaleza y la simpleza de lo esencial. Luego, cada capítulo nos muestra un episodio de Eme en 2055 y otro de Cazue, en el 31 a.C.
Me pareció muy buena la construcción histórica de La Hispania , no tanto así el futuro distópico de 2055. Sí voy a admitir que la obra está inundada de ambición. El gancho de tener dos marcos históricos disímiles que confluyen en puntos geográficos en común, y donde pequeños retazos de una componen o inciden sobre la otra, me pareció atractivo.
En ambas mujeres (Cazue y Eme) el
componente emocional –ligado a la conexión natural– va atado a cierto misticismo
(sin llegar a ser realismo mágico), lo que permite examinar aquello que las
moviliza como una fuente de energía y pureza. Los paisajes y los árboles van
dotando de nuevos significados sus vidas, forjando en ellas, una valentía que
estaba dormida.
Los problemas y vicios de escritor
No fui muy fan del estilo de escritura de Viviana Rivero y me parece que tiene algunas debilidades muy notables. Ya voy a volver sobre este tema. Sin embargo, sí admito que la prosa es fluida y amena, lo que permite una lectura ágil, sobre todo en la primera mitad del libro.
Si bien disfruté del argumento, la novela presenta algunos puntos flojos. Por ejemplo, pese a su premisa prometedora, Los soles de Santiago nunca alcanza el nivel de aventura y riesgo que insinúa. En lugar de ello, se mantiene en un tono predominantemente romántico y meloso, lo que puede decepcionar a quienes esperaban una distopía más profunda.
En la historia futurista, por mencionar un caso, la tecnología y su impacto en la sociedad son tratados de forma superficial, sin el desarrollo necesario para hacer creíble la supuesta destreza de Eme en el sabotaje tecnológico. Por otro lado, el antagonismo entre "La Firma" y "El Movimiento" (nombres súper genéricos, si me preguntan) me resultó poco original y simplista, sin matices que enriquezcan la trama.
El argumento es medio cringe, de hecho. Los malos son todos re malotes y básicos, cortos incluso, mientras que los rebeldes de “El Movimiento” son todos hippies llenos de sabiduría y reflexiones poderosas sobre el poder de la naturaleza y lo terrible que es la tecnología que nos controla.
Otra rant chiquito. La
historia de Cazue inicia siempre con un relato en primera persona de ella y después pasa a sus “recuerdos”, que debería ser un narrador testigo pero que, en realidad, es omnisciente. No terminé de comprender esa
decisión y me hizo un poquito de ruido.
Las conveniencias de la trama
El desarrollo de los personajes también presenta ciertas inconsistencias. Si bien el arco de Orión está logrado, con un final que resuena emocionalmente, Eme es una protagonista con una evolución irregular. Inicialmente se la presenta como una mujer común, con inseguridades y un físico no hegemónico.
La narración cambia sobre la marcha, convirtiéndola en una figura idealizada: atractiva (al punto de llamar la atención de todo el mundo), esbelta, extremadamente inteligente e hiper talentosa. Este tipo de transformaciones tan convenientes para la trama restan credibilidad al personaje.
Entiendo que también puede ser como Eme se empieza a ver ella misma y cómo la caminata la va transformando, pero me dio más la sensación de que la escritora la fue adaptando para beneficio de la trama. Siempre me resultan más interesantes los personajes rotos o con fallas frente a los que parecen invulnerables y perfectos.
Por cierto, realmente nunca pude comprar que Eme fuera una experta en desarrollo tecnológico o una super hacker de los sistemas, porque todas las descripciones, explicaciones y caracterizaciones son muy vagas. No me digas que Eme es increíble en lo suyo, ¡mostrame que lo es!
A nivel técnico, la novela también presenta algunos vicios de escritura que no pude evitar identificar, como el abuso de comas, repeticiones de palabras, lugares comunes y una narración que oscila entre distintos puntos de vista sin justificación clara.
Miren este ejemplo con la constante repetición del “había” en un mismo párrafo:
«(…) aún no eran las ocho y Eme ha había terminado de desayunar. Se había levantado temprano para aprovechar el último día que pasaría allí. (…) si bien al principio se había resistido a desviarse del camino (…). Además, antes de terminar el café, Pepi le había anunciado que debía prepararse (…). Eme llevaba el pelo recogido, el cabello le había crecido y le alcanzaba para hacerse una coleta. Lo había descubierto mientras se cepillaba los dientes frente al espejo su cuarto.» (Cap. 12, pág. 251).
Sorprende que una editorial como
Planeta no haya trabajado más en estos detalles. Además, el exceso de páginas (poco
más de 600) y la reiteración de ciertas ideas hacen que la segunda mitad de la
historia pierda ritmo y se vuelva predecible.
Los aspectos positivos
No quiero que quede la impresión de que no disfruté Los soles de Santiago porque no fue tan así. Es un libro llevadero y se deja leer, aunque está lejos de ser una obra maestra. Es más una lectura de verano, ágil y ligera.
Me gustaría destacar algunos aspectos que sí banco. Por ejemplo, creo que el cierre del arco narrativo de Orión es un acierto, aunque su reencuentro final con Eme sea el cliché más convencional de este tipo de historias. Aún así, Orión descubriendo el amor por la naturaleza, desconectando a Perla y entendiendo que “por un amor no se muere, sino que se vive” estuvo bien.
«Había aprendido además que por un amor no se moría, sino que se vivía; de lo contrario, no era amor. No quería estar con Eme porque sintiera desfallecer sin ella, la deseaba cerca para poder vivir intensamente. Y si no podían estar juntos, tampoco sería la muerte de su existencia.» (Cap. 34, Pag 547).
La autora también tiene grandes pasajes muy inspirados, como la conclusión de Publio y Junia, que está escrito de maravilla. Ojalá hubiera habido más porciones del libro redactadas de esa forma, con este tipo de recursos literarios y esa intensidad.
«Ella aún no lo sabía, pero esa noche (…) mandaría a su sirvienta con una olla. La enviaría esa noche y la siguiente. Y varias más. Hasta que, pasadas muchas lunas, él se presentaría con un plato de comida que disfrutarían en la puerta de la tienda. (…) Ese momento y algunos más los llevarían al comienzo de una relación a la que no sabían qué forma le darían, porque Publio era así, cabeza hueca y elemental, pero la adoraba. Y Junia, a pesar de su frivolidad (…) comenzaba a ver a Publio con otros ojos» (Cap. 30, pág. 509)
Palabras finales
En conclusión, Los soles de Santiago es una novela con una premisa interesante que se queda, un poquito, a medio camino debido a su falta de profundidad en el tratamiento de sus temas y su apuesta por un tono romántico poco innovador.
Si bien cuenta con pasajes inspirados y una atmósfera lograda, su falta de riesgo y su tendencia a la reiteración la convierten en una lectura entretenida, aunque olvidable dentro del género. La historia se torna redundante, lo que la hace pesada para sus 600 páginas que abarca. Lo mismo se podría haber contado con mucho menos.
No he leído otras cosas de Viviana Rivero y, sinceramente, no creo que lo haga próximamente. Es una obra recomendable para quienes buscan un romance con tintes históricos y espirituales, pero puede decepcionar a quienes esperan una distopía más elaborada o una historia de mayor complejidad, porque el aspecto sci-fi está trabajado con superficialidad.
Lo que sí puedo rescatarle es su ritmo
ágil (especialmente en la primera mitad) y cómo trasmite bien las experiencias
del peregrino y el trekking como experiencia de conexión con lo natural. Una
lástima que la autora esté tan empecinada en
repetitivas bajadas de línea sobre cómo la tecnología nos domina y lo que salva
al mundo es la naturaleza.
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Excelente tu aporte
ResponderEliminarEn mi barrio están los que piden guita para una birra.
ResponderEliminarEn México piden su "navidad".
Algunos candidatos piden que voten por ellos.
Yo pido que me transfieras un poco de tu tiempo.
No puedo seguirle el tranco a este sitio... a menos que tengamos un feriado todas las semanas.
Abrazos, cráneo crack
Yo pido guita para la birra, mi navidad y que votes por mí, no te voy a defraudar.
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