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domingo, 28 de mayo de 2023

Sí, hay buen cine argentino (aunque hay que buscarlo)

 

Sí: hay buen cine argentino. El tema es que hay que buscarlo. Lo más fácil siempre es prender Netflix para ver lo nuevo de Suar o bostas como Matrimillas, ¿no? En esta nota quise recuperar 15 muy buenas películas argentinas. Acompáñenme.




***

Matrimillas: al menos sirve de mal ejemplo

La mención a Matrimillas (2022) no es casual porque mi review de la última producción de Sebastián de Caro fue lo que me inspiró esta nota.

Matrimillas utiliza un concepto de ciencia ficción muy leve para contar una historia trillada por donde la mires. Todos los puntos de giro son absolutamente predecibles y el humor es apenas pasable.

Si bien la idea puede sonar divertida al principio, los personajes son increíblemente chatos y la mayor parte de la actuación es deplorable. Lopilato y Minujin hacen lo que pueden (que no es mucho) y los actores secundarios son todos patéticos. Puede que haya dos o tres momentos graciosos, no mucho más.


Le puse un 4/10 porque tampoco es horrible de ver y puede llegar a entretener un rato, aunque no podríamos considerarla cine de calidad. Mis lectores me dijeron que esa calificación había sido “demasiado generosa”. También aparecieron frases como “seguiré esquivando lo argento” y “muy poca imaginación, como la mayoría de las películas argentina”.

Y me parece una lástima que se tenga esta idea generalizada del cine argentino porque realmente no es tan así. Me parece que el cine nacional está en alza y ha brindado obras muy notables en el pasado como El Ciudadano Ilustre, Relatos Salvajes, La Odisea de los Giles, El Clan e incluso Argentina 1985, que recientemente arrasó en los premios Cóndor de Plata.

En esta nota la idea es mencionar 15 películas argentinas medianamente modernas y un poco más desconocidas de lo normal. Es simplemente para recordarme a mí mismo que el buen cine nacional sí existe. 

Me parece que también puede funcionar como una lista de recomendaciones para mirar algo diferente y local. No están en ningún orden en particular.

 

***

 

El sueño de los héroes (Sergio Renán, 1997)

Hay varias adaptaciones de las obras de Adolfo Bioy Casares: Dormir al Sol (2010), Los que aman, odian (2017) y algunos intentos de La invención de Morel en los años 70. De todas, mi favorita es El sueño de los héroes, que trabaja una fantástica novela surrealista de Bioy.


Emilio Gauna –un trabajador de clase media– recibe un “tip” de su peluquero para apostar a un caballo y termina ganando una suma considerable de dinero. Para celebrar, lleva a su grupo de amigos de fiesta por 3 días donde le suceden una serie de hechos misteriosos, que luego no podrá recordar, y que lo irán obsesionando por los próximos años.

Es maravillosa la ambientación de Buenos Aires a finales de los años 20: la escenografía, las formas de hablar, la vestimenta. Todo muy impecable. Pero por sobre todo, lo mejor es cómo se va construyendo la tensión hacia el sorprendente final: las escenas intensas, el clima asfixiante, los recuerdos que llegan fragmentados.

Se destaca bastante Germán Palacios en el rol protagónico. Le queda perfecta su forma de hablar y ese aire de timidez que le brinda autenticidad al personaje. Pequeños roles generan sonrisas (Luis Brandoni como el mudo) y el villano se lleva todos los reconocimientos (un genial Lito Cruz).

Me parece que ésta fue la época en la que el cine argentino empezó a tomar más forma y evolucionó para bien. Es difícil encontrar El sueño de los héroes en torrents, pero está completa en Youtube.

 

Animal (Armando Bo, 2018)

Antonio Decoud (Guillermo Francella) es un hombre de familia que precisa desesperadamente un trasplante de riñón. La necesidad lo lleva a dejar de lado sus creencias y valores para ser dominado por el instinto más salvaje: el de la supervivencia.


Falsamente calificada por la crítica como “la Breaking Bad argentina”, Animal es una película fascinante del joven director Armando Bo, quien ya se venía destacando en Hollywood por sus guiones (co-escribió “Birdman” en el 2014) y acá, en Argentina, por producciones súper interesantes como El último Elvis (2012).

Es verdad que hay una premisa similar en la idea de un tipo esencialmente “bueno” que abraza el lado oscuro, comenzando algo ilegal en el afán de salvar a su familia. Pero de ahí a decir que la transformación de Guillermo Francella en esta película tiene comparación con la gradual conversión de Walter White a Heisenberg ya me parece una exageración.

De todas maneras, se trata de un thriller súper oscuro que merece su recomendación por los conflictos éticos que dispara, su maestría técnica y el fantástico guion. Es polémica, irrita en todo momento, incomoda y conmueve.

 

El cuento de las comadrejas (Juan José Campanella, 2019)

Una estrella de la época dorada del cine, un actor en el ocaso de su vida, un guionista frustrado y un viejo director hacen lo imposible por conservar el mundo que crearon en una vieja mansión ante la llegada de dos jóvenes que presentan una amenaza inminente.


Sabemos que todo lo que toca Campanella es oro puro, incluso sus obras menores como Metegol (2013). De hecho, este director va a volver a aparecer en esta lista pronto. Acá dirige una remake de una vieja película de los años ´70 (“Los muchachos de antes no usaban arsénico”).

El cuento de las comadrejas no tiene la profundidad que tuvo El secreto de los ojos (2009) ni la fuerza dramática de producciones como El hijo de la novia (2001) Aunque sí dice algunas cosas interesantes sobre la vejez, la industria del cine y las relaciones familiares.

Indudablemente hay algo de Sunset Boulevard (1950) acá: el tono de cine negro, el papel de la protagonista, la mansión venida abajo y, muy especialmente, el choque generacional (la pérdida de valor en la vejez y los jóvenes llevándose todo por delante como leit motiv). Una película muy disfrutable, especialmente para amantes de la comedia negra.

 

Aterrados (Demián Rugna, 2018)

¡No entiendo por qué hay tan poco cine de terror argentino! Bah, en realidad, sí hay muchas obritas independientes que suelen estrenarse en el Buenos Aires Rojo Sangre. Pero me llama la atención que, siendo tan baratas de hacer y efectivas para generar dinero, no destaquen más dentro de las propuestas nacionales.


En este sentido, Aterrados es un oasis en el desierto. Sólo con los primeros 10 minutos de la película, el director Demián Rugna logra meter un miedo tal que vas a necesitar prender las luces. Me gustó mucho esta producción argentina que tiene un “look and feel” muy hollywoodense. No tiene nada que envidiarle a las grandes producciones de terror y, agrego, es mejor que varias de las que salen cada año.

El relato no es súper innovador. Se encuadra en ese subgénero tan conocido que es el de casas malditas. Sin embargo, logra ser atrapante gracias a una excelente construcción del suspenso y muy buena puesta en escena. Si bien hay algunos clichés del terror, tiene un giro narrativo interesante: el foco está puesto en la investigación de lo sobrenatural, de forma similar a franquicias como Poltergeist o El Conjuro, de James Wan.

Sobre el final el relato decae un poquito. No ayudan el CGI medio berreta y el hecho de que falten explicaciones para todas las locuras que experimentamos. Aun así, no le quita la diversión al asunto y el saldo sigue siendo muy favorable. Esta es una gran película de terror que vale la pena ver. Está disponible en Netflix.

 

El Ángel (Luis Ortega, 2018)

Un thriller potente que probablemente califique como una de las mejores producciones nacionales de los últimos años. Desde la primera escena queda claro que el director Luis Ortega no quería hacer una crónica policial de los hechos históricos del mayor asesino serial que conoció nuestro país, Carlos Robledo Puch, sino contar una balada de dos pistoleros con sentimientos no resueltos entre ellos y grandes aspiraciones criminales.


El Ángel no tiene la rigurosidad histórica de, digamos, Zodiac (de David Fincher) o incluso El Clan (otra fantástica crónica policial argentina, en este caso de la mano de Pablo Trapero). Ahora, si vemos la película como una interpretación libre en los eventos reales, es realmente impecable y no hay mucho para criticarle. Por ejemplo, desde el aspecto técnico es fascinante la recreación de los años ´70. Destaco muchísimo también la música, compuesta casi en su totalidad por temas argentinos y de la época.

Curiosamente, ésta es también una película muy divertida, con algunos momentos desopilantes de humor negro que recuerdan a las mejores películas de Tarantino. La narrativa está desprovista de toda moral, permitiendo que cada espectador arme sus propias conclusiones sobre los motivos de su protagonista.

Si bien se omite mucho de este personaje nefasto de la historia argentina, como obra de ficción El Ángel es una película muy destacable. Una experiencia visual y argumentalmente emocionante. Lo de Lorenzo Ferro es monstruoso y la puesta en escena es de lo mejor que vi en cine nacional. Ésta es una fábula policial con muchos matices que se disfruta de principio a fin.

 

Vóley (Martín Piroyansky, 2018)

Nicolás, Pilar, Cata, Manuela y Nacho son un grupo de amigos en sus 30 que deciden festejar año nuevo en una casa familiar del Tigre. Sin consultar, Manuela invita también a la infartante Belén, su amiga de la infancia. Lo que tenían que ser unas tranquilas vacaciones pronto comienzan a volverse muy confusas.


Si pienso en comedias argentinas icónicas me vienen a la mente Un novio para mi mujer (2008) o la inmortal Esperando la carroza (1985). Pero también siempre recuerdo esta agradable obrita de Martín Piroyansky.

El relato, si bien no genera intriga o reflexiones profundas, es muy entretenido por la manera en la que el director aborda el ritmo narrativo. Quizás decae cuando busca ser un poco más seria de lo que debería. Por suerte, las actuaciones y la hermosa cinematografía del Delta del Río Paraná (un paraje fascinante dentro de la provincia de Buenos Aires) mantienen a la película siempre arriba.

Un punto muy destacable es el sólido guion. Si bien no deja de ser sencillo, los personajes están todos excelentemente caracterizados a partir de escenas sutiles, y las situaciones realistas permiten que uno pueda identificarse con lo que pasa. El lenguaje cotidiano y burdo también ayuda a que uno puede conectarse más con la historia.

Voley es una comedia sobre enredos, sexo descomprometido y los impulsos más primitivos. A nivel técnico es muy prolija, con un compromiso estético lo suficientemente serio. El argumento, si bien lineal, cumple. Por sobre todo, es muy entretenida, tiene ritmo y es dinamismo puro, llevándonos de una situación hilarante a otra en cuestión de segundos.

 

Distancia de rescate (Claudia Llosa, 2021)

Siempre preocupada por el bienestar de su hija, Nina, Amanda calcula constantemente la “distancia de rescate” necesaria para protegerla. Pero nada la tiene preparada para los misteriosos eventos que tienen lugar en un tranquilo pueblo argentino.


Me encanta cuando una película es hipnótica y confusa por partes iguales. Algo así me sucedió con esta producción de Netflix que todo el tiempo me hizo preguntarme qué catzo estaba pasando.

A Distancia de rescate el calificativo de extraña le queda chico, si bien la premisa no parece ser nada del otro mundo. A pesar de tener un ritmo parsimonioso, no podés mirarla mientras hacés otra cosa porque tiene muchos detallecitos que se escapan con facilidad.

Ahora me dieron ganas de leer la novela corta original de Schweblin, ya que todo está construido con mucho cuidado hasta un final que puede parecer ambiguo pero que, de hecho, es bastante contundente.

Entre Lucrecia Martel y David Lynch, Distancia de rescate presenta un misterio original que se desentrama de manera fascinante. Una de las buenas de este año, para degustar con tranquilidad.

 

La mujer sin cabeza (Lucrecia Martel, 2008)

Y hablando de Lucrecia Martel, toda su filmografía es tremenda (a excepción quizás de Zama, que me emboló bastante). Sus películas conforman un cine bastante particular, surrealista, hipnótico y reservado.


La ciénaga (2001) y La niña santa (2004) tienen su encanto, pero yo me quedo con La mujer sin cabeza (2008). Luego de golpear algo con el auto, una dentista de alta alcurnia viviendo en Salta (María Onneto) comienza a experimentar un quiebre mental que involucra un distanciamiento emocional y pérdida de la memoria.

Acá llama la atención una cinematografía especialmente creativa. La escena del accidente es sublime y también lo son las múltiples tomas que existen a lo largo de la historia donde los personajes parecen estar “descentrados” de la cámara. Es una forma astuta de hablar del contenido de la historia.

No es casual la elección de planos cortos, donde no se ve casi nada importante, donde la acción está ocurriendo en otro lado. Tampoco es casual que los personajes aparezcan como cortados (sin cabeza) en muchísimas tomas. También hay una crítica social, más bien sutil, respecto a la diferencia de clases en el norte argentino. No tiene desperdicio.

 

Medianeras (Gustavo Taretto, 2011)

De Salta viajamos a la Ciudad de la Furia. Medianeras es una muy linda película argentina que se balancea entre lo romántico y lo nostálgico, con algunas pequeñas dosis de humor. Retrata de forma maravillosa cómo se siente uno al vivir en una jungla de cemento como Buenos Aires. El sentimiento de soledad, la desconexión y el efecto que genera Internet en nosotros están muy bien retratados.


Los protagonistas son muy queribles y están totalmente perdidos, es muy fácil sentirse identificado con ellos. Básicamente es una película romántica con toques originales, una buena fotografía y personajes bien construidos.

La película funciona, entretiene y abre las puertas al debate de los muchos temas que presenta. Es un cuentito bien contado, es divertida, hay algunos cameos que generan sonrisas a un argentino que ya conoce a esos actores y una historia algo predecible, aunque no por eso menos disfrutable.

 

El prófugo (Natalia Meta, 2021)

Luego de un episodio traumático durante un viaje con su pareja, una actriz de doblaje comienza a confundir la frontera entre lo real y lo imaginario. Pronto, pesadillas vívidas y extraños sonidos recurrentes comienzan a invadir su vida cotidiana.


En su acercamiento casi surrealista, El prófugo recuerda a obras como Enemy (de Denis Villeneuve) o Mulholland Drive, de Lynch. Incluso coquetea con un estado mental desconocido como ocurría en La mujer sin cabeza, de Lucrecia Martel.

Yo la disfruté mucho por ese aire enrarecido que genera y el hecho de que siempre se mantenga ambigua. No hay explicaciones claras con El prófugo, nombre que –por cierto– es un tanto confuso. En realidad no tiene absolutamente nada que ver con el escape de la Ley y un título más adecuado quizás habría sido “El intruso”.

La cuestión acá es que es de esas películas difíciles de clasificar o incluso de reseñar. No tiene una narrativa per sé, sino que se centra en un estado de ánimo y la evolución mental de un personaje al que le pasan cosas cada vez más anormales, sin llegar necesariamente a lo sobrenatural.

La brillante construcción de un clima crecientemente enrarecido, la poca habitual mezcla de sonido y la interesante actuación de Érica Rivas hacen que ésta sea una producción muy destacable. Gran ejercicio de suspenso para poder asomarnos a lo indescriptible.

 

Un Oso Rojo (Israel Adrián Caetano, 2002)

Un thriller policial duro como los que no se suelen encontrar entre las propuestas nacionales. Julio Chávez interpreta a Oso, un hombre parco, impredecible y violento por naturaleza (o por necesidad). Ahora en libertad condicional, piensa que tal vez pueda volver a empezar.


El Turco (un gran René Lavand en el rol del villano) le debe todavía su parte del asalto. Oso ha perdido a su mujer y su hija apenas lo recuerda, pero está dispuesto a recuperarlas. La película funciona como una suerte de neo-western urbano y cuenta con algunos momentos de acción tan tensos como satisfactorios. Me encanta el tiroteo final que presenta.

 

20.000 besos (Sebastián de Caro, 2013)

Sí. El mismo director que sacó la pésima Matrimillas también concibió una de mis favoritas del cine argentino. Una película sobre el desencanto, las causas perdidas y el amor. Luego de una ruptura amorosa, Juan (en sus 30) se enamora de Luciana, una veinteañera.


Se explora la temática de lo que implica enamorarse y sentir que uno no se reconoce a sí mismo. Cuando Juan expresa: “me enamoré de una tarada”, en realidad lo que hace es un reconocimiento personal, un nuevo descubrimiento de uno mismo; es “me siento un tarado por estar enamorado de esta piba”. 

La banda sonora es muy buena (prácticamente todas son canciones de Cosmo, banda liderada por el hermano del director, Pablo de Caro, y escritas especialmente para la película). El final es, quizás, abrupto, pero inevitable. Una comedia romántica muy linda y nostálgica.

 

El mismo amor, la misma lluvia (Juan José Campanella, 1999)

Nuevamente, Campanella. Se trata de la épica historia de amor entre Jorge (Ricardo Darín) y Laura (Soledad Villamil) a lo largo de casi dos décadas de la historia argentina, viviendo las alegrías y desilusiones de estos dos personajes y su entorno.


Se trata de una de las primeras obras de Campanella y la primera de la trilogía que sigue al protagonista (Darín) y a su mejor amigo (Eduardo Blanco) a través de una serie de reevaluaciones respecto a sus vidas. La trilogía se completa con la inmensa película El hijo de la novia (2001) y la pasable Luna de Avellaneda (2004).

La narración fluye con momentos muy emotivos, grandes dosis de ironía (especialmente dedicada a los argentinos) y delicados toques de sarcasmo. Los protagonistas son hombres comunes que han llegado a diferentes crisis en sus vidas. En este caso es el miedo a crecer, a hacerse responsables de los actos, a madurar. El protagonista es un cobarde, un antihéroe que entra constantemente en conflicto debido a ello.

El mismo amor, la misma lluvia es, esencialmente, un drama romántico sobre los encuentros y desencuentros de una pareja a lo largo del tiempo. Se completa con personajes secundarios pintorescos, giros argumentales llamativos y muchos guiños a las culturas de cada época.

 

Camila Saldrá Esta Noche (Inés María Barrionuevo, 2022)

Obligada a mudarse a Buenos Aires por cuestiones familiares, Camila ingresa a una institución privada en Buenos Aires donde sus ideales y temperamento feroz chocan con las costumbres conservadoras del lugar.


Disfruté bastante de Camila Saldrá Esta Noche, pese a que no es el tipo de cine que más consumo. Desde el primer minuto queda claro que todo se construye a partir del movimiento feminista contemporáneo, si bien también se trabajan otros temas atemporales de la adolescencia y problemáticas de las nuevas generaciones de mujeres.

Digamos que no es particularmente sutil y hasta busca ser todo lo contrario: va al hueso, sin vueltas. Es explicita, desenfada y áspera. No es una exploración psicológica profunda de un personaje, sino más bien un retrato generacional. Y creo que muy bien capturado por la directora Inés María Barrionuevo.

Indudablemente sesgada -tanto ideológica como narrativamente- Camila saldrá esta noche es un retrato generacional disfrutable. Tiene un ritmo pausado (muy típico de la filmografía argentina) que engancha, estimula y propone.


El último traje (Pablo Solarz, 2017)

A propósito me dejé para el final una película “poco argentina” porque transcurre en Europa. Es un poco para demostrar que nuestro país también es capaz de crear una súper producción al mejor estilo Steven Spielberg (aunque, vale aclarar, es una co-producción con España).


El último traje narra el titánico viaje de Abraham (Miguel Ángel Solá), un sastre judío de 88 años que decide embarcarse en la aventura de encontrar a un viejo amigo que lo salvó hace más de siete décadas de una muerte segura durante el holocausto, hacia el final de la ocupación Nazi.

En su narrativa hay una sutileza desbordante que se agradece. Trabaja sus temáticas sin caer en el esnobismo o el chantaje afectivo. Hay genuina honestidad en el guion. Podría dar ejemplos más concretos, aunque significaría entrar en terreno de spoilers.

Te lleva un poco de tiempo hallarte en la película, para ser honesto. Al principio no entendemos qué es tan importante sobre ese traje y por qué exactamente quiere ir a Polonia; por supuesto, todo se revela a su debido tiempo.

El viaje dramático de El último traje es tan sencillo como complejo. Hay algunos toques originales de comedia, reflexiones atractivas sobre la vejez y un viejo cascarrabias adorablemente interpretado por Solá. Ésta es una de las buenas.

 

Palabras finales

Sí, hay buen cine argentino. El problema quizás es que no está tan a la mano. Hay muchísimo contenido en Cine.AR o MUBI (plataformas que poca gente usa). Ni hablar de la Bahía de Jack Sparrow, donde van a encontrar casi todos estos títulos.

Hice lo posible por armar una lista de recomendaciones nacionales lo más variadita posible. El intento además incluyó tratar de colocar obras que no fueran tan conocidas. No tengo dudas de que podría haber colocado 15 títulos más.


¿Vieron alguna de estas 15 películas argentinas recomendadas? ¿Agregarían alguna otra a la lista? Los leo en los comentarios.


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=>> Otros POSTS SOBRE OBRAS ARGENTINAS en el blog: “El sueño de los héroes, una novela de Adolfo Bioy Casares”; “Intimidad y surrealismo: las películas de Lucrecia Martel”; “Argentina es Nazilandia (según el mundo); “El sci-fi argentino en el cine”; “No estás solo en esto: un documental de Milagros Amondaray”.

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4 comentarios:

  1. Hola Lupa. Excelente post, se ve que trabajaste duro para presentarnos esta mesa de banquete. Gracias. Lo he leído con el lápiz en la mano para dejar nota de las cintas que más me interesaron y buscarlas. En tigrero, el blog que administro, una vez hablé de EL SECRETO DE SUS OJOS que, entiendo, no pusiste aquí por el hecho de ser muy conocida. Por cierto, estoy muy interesado en ver EL ÚLTIMO TRAJE, por lo visto no está en Neflix, me gustaría ver en qué plataforma se puede ver.

    Precisamente de cine argentino... o coproducción, me gustaría que le dieras un vistazo a un documental acerca de tango, al que yo agradezco mucho, pues me inspiró a escribir varios cuentos acerca de tango y uno de ellos ganó en un concurso de temas portenos de Buenos Aires. Te voy a dejar mi artículo al respecto de esa película al final y te agradecería que le dieras un vistazo y aproveches de verlo porque luego del trailer viene la película completa. Ten por seguro que no te desfraudará.
    Saludos desde Brasil
    https://tigrero-literario.blogspot.com/2011/09/el-ultimo-bandoneon-cronica-de-la.html

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    1. ¡Hola! Muchas gracias por pasarte y por el aporte. Pronto estaré recorriendo también tu blog. Saludos.

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  2. Bastante completo el listado. La gran mayoría las vi.
    Algunas que se me ocurren ahora no taaan populares son "Moebius", "Hombre mirando al sudeste", "Todos tenemos un plan", y habría que ir más atrás también. Hubo mucho cine proscripto o no tan promocionado por temas políticos, como las películas de Leonardo Favio o de Hugo del Carril.

    Abrazos cráneo!

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    Respuestas
    1. ¡JA! ¿Te acordás de "Todos tenemos un plan"? Yo la verdad que no. Sé que la vi y que actuaba Viggo, pero la había olvidado completamente. Tendría que repasar al menos el trailer, ja.
      Buenas inclusiones a la lista, sin duda.
      ¡Abrazo, ídolo!

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