viernes, 10 de enero de 2014

“No más de once” (cuento)

Declaración de un compañero de trabajo:

Tomás Calles era un flaco seguro y correcto. No hacía nada demasiado bueno ni nada demasiado malo. Su único exceso –me animo a decir: hasta su único pecado– era cierta fascinación por su trabajo. ¡El pibe estaba siempre haciendo horas extras! Yo me decía: ¿no tendrá una vida, una mujer? Me hacía recordar, inevitablemente, a las laboriosas abejas. La verdad es que daba un poco de pena, tal vez porque los que disfrutan de la miel no son los mismos que la producen...

Declaración de un vecino:

Siempre se lo notaba cansado, como si hubiera dormido un par de horas por día. Ayer lo vi regresando demasiado tarde, luego de otra noche lejos de casa. Yo recién me levantaba a buscar el diario.

Declaración del mejor amigo:

Tomás sentía un extraño atractivo por el hecho de contar cosas. Últimamente, esa manía se había vuelto obsesión. Desde el día que se subió al colectivo número once, empezó a afirmar que el número lo perseguía. 

Once personas en la calle, once vehículos…  “No lo sé” –me dijo una tarde– “estoy viendo el once en todos lados. Es rarísimo: en carteles, en direcciones, en cantidades de cosas”. Conforme pasaron los días, sus búsquedas de coincidencias comenzaban a dar miedo. Los inexplicables encuentros con el número lo volvieron paranoico. Gradualmente, lo vi entregarse a la desesperación y al horror; se fue tornando frío, lejano. Tomás estaba convencido de que algo importante iba a suceder.

Declaración de su médico, Dr. Marrochi:

(Ríe.) Es algo que está muy de moda últimamente. Pero examinemos la cuestión de frente. Cada día te puede atropellar un auto, fallar el corazón… ¡y siempre hay cáscaras de banana en el piso! La superstición es un mecanismo de defensa para luchar contra una naturaleza ingrata que se empeña en matarnos.

Con todo esto del terrorismo, los desastres naturales y el fin del mundo, la gente está muy trastornada. Se huele el miedo en el aire. Lo más probable es que Calles haya estado viendo el once por todos lados porque quería verlo. Es como cuando somos chicos y buscamos un auto de un determinado color. Nuestra mente se configura para encontrar ese color con más facilidad.

Después de lo de las torres gemelas, la cantidad de estupideces que surgieron alrededor del número once (o del trece) y del diablo, y todo el mundo buscándole un sentido, una forma de tapar su miedo. Si se las buscan, se las va a encontrar, ¡el mundo entero está hecho de casualidades!



Extracto del escritor Sebastián Escarlato:

“(…) Hay ciertos temas que son de lo más absorbentes. El debate sobre la casualidad o la causalidad como hilos conductores de nuestras vidas es una de ellos. ¿Está nuestra vida planificada por algún Dios? ¿O podemos forjar nuestro propio camino en base a decisiones? ¿Nuestras acciones desencadenan efectos mayores –rompen los candados de un futuro escrito– o somos parte de un gran juego de dados? (…) Casualidad y causalidad. Tal vez los límites que separan ambos términos sean excesivamente estrechos para ser detectados por el ojo humano.”

(“El gato curioso”, Sebastián Escarlato, Ed. Emecé, 2013)

Declaración del padre:

Vino a verme confundido al salir del hospital. Estaba loco y consternado. Gritaba que su hijo (mi nieto) tiene once años, que la suma de los dígitos de su propia edad (38 años) es once, y que hasta su nombre tiene esa diabólica cantidad de letras. ¡No lo podía calmar con nada! De acá se fue directo a la oficina. Iba a trabajar hasta tarde otra vez. “Así tal vez se enfríen las cosas…”, me dijo esa última vez que lo vi. (Se lamenta y baja la mirada.) Tendría que haberlo detenido…

Declaración de su esposa:

Él llegó a las 6 a.m. Trató de excusarse. “¡Al carajo con tus malditos números!”, le grité. Hijo de puta. Hice todo lo que siempre pidió. (La voz se le quiebra.) Fui una buena esposa y lo sacrifiqué todo por él. Lo había hecho como diez veces antes y a mis espaldas, con su excusa de “la oficina” y “el trabajo”. ¿Tan estúpida me creyó? Soporté hasta el límite. Apenas llegó a advertir el cuchillo que yo sostenía en mi mano; su reacción no fue lo suficientemente veloz. Se lo merece el infeliz. El que las hace, las paga.

Declaración del médico forense:

Diez puñaladas al pecho, y una última en el corazón. El touché de grâce.

Extracto del escritor Sebastián Escarlato:

“Pensar que todo es casualidad nos hace pensar que no tenemos dominio alguno sobre nuestras propias vidas: todo es producto de un azar caprichoso. Pero tomar conciencia de que nuestras propias decisiones nos han llevado hasta cierto lugar (o hasta cierto resultado), puede llegar a resultar aún más perturbador. La propuesta está hecha: casualidad o causalidad. Usted decide.”

(“El gato curioso”, Sebastián Escarlato, Ed. Emecé, 2013)



FIN

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