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martes, 21 de mayo de 2019

Nunca tendremos otro Game of Thrones (análisis Temporada 8)


Qué horrible es el desencanto. Todavía recuerdo cuando vi el primer capítulo de la primera temporada de Game of Thrones. Era una nueva serie de HBO que nadie conocía. Me acuerdo que llegó la frase “the things we do for love” y lo llamé a mi viejo para hablar de boludeces. En el medio le deslice: “che, vi el primer capítulo de una serie nueva. Está piola, pegale una mirada. Tiene potencial”.


martes, 29 de agosto de 2017

Un análisis de la 7ma temporada de Game of Thrones


Y esto es todo el Game of Thrones que vamos a tener hasta, posiblemente, el año 2019, cuando llegue la octava y última temporada. En la mesa no queda mucho más que alguna que otra teoría de fans dando vueltas (como el hecho de que, de algún modo, Bran podría ser el Rey de la Noche, gracias a la habilidad del Cuervo de Tres Ojos para viajar en el tiempo).

"The Dragon and the Wolf", el séptimo y último episodio del año, fue un clásico cierre de temporada. Luego de los intensos eventos del capítulo anterior, en aquella travesía loca al norte para conseguir a un muerto vivo para Cersei, el desenlace resultó ser el episodio más largo de la serie (80 minutos) y con mucho más diálogo que cualquier otra cosa.

Creo que la temporada 7 tuvo sus puntos altos, sin duda. Uno de ellos lo mencioné en mi nota sobre Game of Thrones y el Dilema del Prisionero.

Sin embargo, la sentí como una secuela directa de su año anterior. La tendencia que comenté durante el análisis de la sexta temporada es más marcada ahora: la creciente pérdida de realismo, las inconsistencias geográficas (con personajes que se trasladan por Westeros a velocidades imposibles), las inconsistencias narrativas, etc.

Me remito a lo que dije el año pasado: Game of Thrones es ahora un fan-fiction (lo viene siendo desde mitad de la quinta temporada).

***

#SpoilerAlert - Duh!

***


El simbolismo en la muerte de Littlefinger

La muerte de Littlefinger era el momento más esperado de la serie desde que Joffrey se atragantó con el veneno de la Reina de Espinas. No resultó una gran sorpresa (nada en el capítulo final realmente lo fue) y representó otro de los momentos “para fans” a los que el show nos (mal)acostumbró en los últimos años.

Todo lo que sucedió este año en Winterfell, con las miraditas de Littlefinger, sus juegos obvios y poco sutiles, y el melodrama entre Sansa y Arya que podría haberse resuelto con tres minutos de conversación, me pareció lo más flojo de la temporada 7.

Personajes que supieron ser muy ricos, y que vivieron cosas tremendas a lo largo de varios años (aprendiendo lecciones invaluables) parecieron protagonistas de Gossip Girl gracias a los guiones tontos–sin una base en el material fuente– del equipo creativo.

Hoy la serie está plagada de personajes con “armadura narrativa”, y los días de “cualquiera pueda morir” terminaron hace rato. Ni siquiera Tormund o Gendry creo que vayan a morder el polvo antes de hacer lo que se supone que tienen que hacer (según el manual de las series de televisión). Es decir, reencontrarse con Brienne y Arya respectivamente.

La serie es, ahora más que nunca, un show tradicional de la televisión, cuando supo ser algo completamente diferente. Vi la primera temporada de GoT cuando nadie la conocía (y nadie daba dos mangos) y me voló la cabeza. Recuerdo haber charlado con mi viejo y los dos decíamos: “che, qué buena primera temporada, la puta madre”.

Las cosas siguieron para bien durante varios años. Ya para la tercera, todos veían GoT (con mi mujer la volvimos a comenzar desde el principio para ponerla a ella al día). Y el desencanto llegó a mitad de la temporada 5 cuando todos, incluso los espectadores más casuales, comenzamos a notar que la serie perdía su esencia.

Menciono esto porque creo que la muerte de Littlefinger fue algo grande, pero también tradicional. No fue una Boda Roja, ni una Boda Púrpura. No fue la decapitación de Ned Stark. Es un hecho notable porque el pícaro de Petyr Baelish estaba dando vueltas desde el episodio piloto, y es el villano al que podemos hacer responsable de disparar el conflicto más atractivo del show.


Excepto que no es el culpable de todo, como Sansa dijo. Hay dos personajes cuyas tramas no tuvieron absolutamente nada que ver con las manipulaciones de bigote. Jon Snow (perdón, Jon Sand… no… Aegon Targaryen) tuvo un sendero del héroe en su lucha en el Norte contra los salvajes y luego contra el Rey de la Noche. Y Dany conquistó Essos.

En realidad, estuvimos viendo tres series paralelas dentro de una misma serie:
  1. La canción de Hielo => Jon Snow y su lucha en el muro.
  2. La canción de Fuego => Daenerys y su lucha en Essos.
  3. El juego de tronos, o la “Guerra de Littlefinger” => todo lo demás.

El juego, esa intriga política tan picante de arreglos secretos, murmuros, traiciones y alianzas, es lo que a muchos realmente los llevó a amar Game of Thrones. Mientras tanto, Jon y Dany fueron pistolas de Chejov, no terminarían de cumplir su rol en la historia hasta volver al centro de la acción (y no morirían en el proceso). Sabíamos que nada les iba a suceder aunque la cosa se complicara en serio o aunque Jon estuviese literalmente muerto.

Cuestión que las tres historias se fusionaron cuando Jon cabalgó al sur y Dany navegó hacia el este. Como Jon Snow dijo:
«Only one war matters—and that war is here

En otras palabras: llegó finalmente la Canción de Hielo y Fuego. El Juego de Tronos terminó.

Esto deja al pobre Littlefinger en un problema grave, porque aquel juego de manipulaciones es el único que conoce. En la temporada siete se lo vio perdido, descentrado, como cuando un buen jugador pierde la magia y no sabe cómo recuperarla. (No lo culpo a él, sino a los escritores que no le encontraron la vuelta a su personaje).

Littlefinger fue sólo una sombra de lo que supo ser antes, lo cual me enferma porque sus juegos mentales eran demasiado obvios y nunca entendí por qué estuvo toda la temporada en Winterfell haciendo nada.

La cuestión es que, desde una perspectiva narrativa, era hora de que Littlefinger se fuera, y siempre estuvo claro que sería alguna de las Stark quien lo invitara a retirarse. Su muerte nos habla también de la muerte del show como drama político inspirado en la edad media.

Sólo nos queda la fantasía más pura, la batalla contra Caminantes Blancos, zombies y dragones de hielo. Ya no hay lugar para más conspiraciones.



Tenemos que hablar de Ned

La sombra de Ned Stark fue el gran leitmotiv de este año. Creo que ninguna temporada antes mencionó al bueno de Ned tanto como ésta. Están la nobleza y honestidad de Jon, las lecciones aprendidas de Sansa y Arya, etc. En una temporada que encontré sobrecargada de referencias y guiños a las primeras temporadas (de nuevo: “tenemos que satisfacer, y mucho, a nuestros fans”) el recuerdo de Ned me pareció de lo más interesante.

Junto con la muerte de Littlefinger, que cerró la rama política de la serie para dar pie a la fantasía, siento que el show terminó de despedirse de Ned durante estos siete capítulos, donde varios personajes lo recordaron y homenajearon a su modo.

Ned Stark tuvo solamente nueve episodios en la serie (si no contamos sus flashbacks de chico) y es, probablemente, el personaje con la barrita de moralidad más alta, aquella con la que se mide a todos los demás. 

Su participación en la primera temporada hizo eco durante todala serie y disparó el conflicto de la Guerra de los Cinco Reyes. Les dio forma a los jugadores de la nueva generación de héroes, no sólo Jon, Arya, Sansa y Bran, sino también a Theon.

Esto me lleva también a pensar que (aunque, lamentablemente, no va a pasar) me gustaría mucho que Sam y Bran no le digan nunca a Jon su verdadera identidad. ¿Cuál es el motivo real para hacerlo? ¿En qué cabeza entra que eso sea una buena idea? Una anagnórisis en este momento es lo menos útil para Jon (y para Westeros en general). Considerando que sólo ellos dos lo saben, bien podrían guardárselo.

No comprendo los razonamientos de Bran –de nuevo, culpa de los escritores. Por momentos dice y parece no importarle nada, porque ahora es una especie de Dr. Manhattan que ve todo. Se mantuvo frío con sus hermanas, aunque las ayudó con Littlefinger. Y, por alguna razón, está convencido de que “hay que contarle a Jon”. A lo mejor es porque sabe algo que nosotros no, pero, en serio, ¿de qué puede servir?

A todo esto, qué grande Sam, robándose crédito por el descubrimiento de la herencia de Jon. Cómo me habría gustado que Gilly estuviera ahí para verlo.

Lo que nos dejó la temporada 7

La caída del muro es exactamente la imagen que tenía en mi mente para el final de la temporada 7. Cómo iba a pasar es algo que se respondió solo con el final del capítulo 6, un espectacular episodio, súper intenso y épico, que no dejó de ser mágicamente conveniente.

Es increíble que los Caminantes Blancos hayan recorrido tan poco camino en siete temporadas cuando Jon y Dany pueden hacerse Westeros de una punta a la otra en cuestión de minutos. Hasta Gendry puede correr hasta el muro sin demasiadas complicaciones, aparentemente.

Justamente estas cuestiones son las que me molestaron durante este año. En ese afán frenético por cerrar tramas, generar encuentros entre dos personajes y complacer a los fans, los creadores se olvidaron de todo lo que hizo de Game of Thrones algo grandioso en un primer momento.

La distancia enorme entre dos puntos funcionaba como conflicto a nivel argumental. Muchas tramas estaban directamente relacionadas con la dificultad de recorrer aquel mundo peligroso e inhóspito.

Ahora todos parecen tener un jetpack atado a la espalda, y las distancias se ajustan de acuerdo a las necesidades de la historia. Si a esto le sumamos las conveniencias y grandes casualidades de cualquier show de televisión tradicional, lo que nos queda es la idea de que Game of Thrones es uno más del montón. (¡En serio, qué chiquito es Westeros que todos se cruzan con todos!)

La temporada siete es la que más pecó de los estereotipos que se ajustan a la televisión actual.

Game of Thrones ya dejó de tomar riesgos, y no necesita hacerlo. El final del juego está próximo. Si antes podíamos saltar a cinco, seis, siete u ocho lugares e historias diferentes en un mismo capítulo, ahora tenemos, como mucho, tres o cuatro lugares por episodio. Los personajes son cada vez menos también, y los lineamientos para el final están más o menos escritos.

No hubo demasiadas cosas en esta temporada que me hayan sorprendido realmente. Con esto no quiero decir que no la haya disfrutada enormemente. Sería muy hipócrita no admitirlo. Sí siento que es un buen momento para cerrar la serie.

Una bolsa mixta de pros y contras

Game of Thrones temporada 7 fue una bolsa mixta de aciertos y desaciertos. Hubo escenas de batallas espectaculares, mucho más que en cualquier otra temporada, y grandes revelaciones, pero aquellos buenos momentos estuvieron contrapuestos con decisiones argumentales muy extrañas.

Para muchos Arya matando a todos los Freys fue la forma ideal de comenzar la temporada, la merecida venganza contra Walder Frey

A mí me resultó insípida.

 ¿Cómo funciona la magia de los Hombres sin Rostro? Nunca me quedó claro. Ahora parece que podés convertirte en la persona, con sus gestos, tono de voz, altura. 

Lo peor de todo es que este hecho nunca tuvo repercusiones en la historia y Arya no hizo mucho más durante el resto del tiempo. A menos que contemos cuando ella conoció a Ed Sheeran: el peor y más estúpido cameo en la historia de GoT.

Este año me encantó Davos (MVP en mi lista de favoritos). Disfruté mucho de Dany también, desde su imponente llegada a Dragonstone hasta sus interacciones con Jon, Tyrion, Jorah y los demás. Al fin dejó de ser una llorona quejándose por sus dragones para convertirse en la reina que tiene que ser. Especialmente me gustaron sus conversaciones con Tyrion, el gran jugador de la temporada (y de la serie también). 

(Por cierto: ¿qué onda con esa mirada extraña del enano cuando tía y sobrino finalmente se acuestan?).


Del mismo modo, fue magistral la charla previa a la muerte de Olenna. Se va a extrañar a la Reina de Espinas. Fundamental y arrolladora escena con Jaime Lannister. (El episodio 3: The Queen´s Justice, es el mejor de la temporada).

Y, sin embargo, todo se sintió muy apresurado, sacrificando el realismo e hiriendo un poco a la fantasía en el camino.

Eventos que podrían haberse resuelto con más tiempo tuvieron un cierre apurado mientras que otras historias (léase: Sansa y Arya en Winterfell) nos llevaron todo el tiempo de la serie. La decisión de tener siete episodios contra los diez clásicos no terminó de convencerme, y creo que GoT se habría beneficiado con tres horas adicionales.

Este ritmo frenético hizo que quedaran muchos cabos sueltos, incluso si nos olvidamos por completo de la velocidad con la que se movían algunos personajes.

¿Por qué Tyrion fue tan malo para armar planes y estrategias? ¿Por qué Littlefinger fue tan denso e inútil? Mientras tanto, nunca vamos a entender cómo Jaime y Bronn nadaron lejísimos con una armadura tan pesada, o cómo hizo Euron para armar tantos barcos. ¿Cómo salieron los inmaculados de Casterly Rock? ¿Qué pasó con Ellaria y su hija? ¡Y por el amor del Dios Ahogado! ¿Dónde está Ghost?



La gran pregunta de todos, que me gusta llamar “El dilema del Señor de los Anillos” es: ¿Por qué no usó Dany sus dragones para llegar al norte y eliminar a los Caminantes Blancos?

Cuestiones como éstas abundaron, y le hicieron perder calidad a una serie que supo estar en los detalles. Es evidente que la prosa de George R.R. Martin no está presente, y se la extraña.

Ojo, los creadores han sabido crear muchas escenas que no están en los libros (Robert y Cersei, Varys y Littlefinger) y demostraron muchísima capacidad creativa. Pero ahora da la impresión de que se están quedando sin ideas.

***

Palabras finales

No quiero dejar la impresión de que odié esta temporada, porque no fue así. Sí la encuentro la más floja de todas hasta ahora, mostrando un descenso en calidad que viene siendo tendencia. 

Definitivamente, la próxima temporada es el momento justo para cerrar la serie.

A esta altura, es cuestión de aceptar cómo es Game of Thrones ahora y aferrarse igual, como un Lannister a su copita de vino. Se ha vuelto mucho menos sutil, reiterativa y poco realista. Aunque a la vez forjó un universo del que no nos podemos desprender con facilidad.

La intensidad y el cariño se mantienen, si bien se extrañan las sólidas bases del libro a la hora de armar situaciones con cierta lógica (incluso dentro de un mundo de fantasía). Faltando nada más que seis episodios, yo ya acepté sus defectos y aprendí a convivir con ellos. 

Espero, como espera Tormund tener un poco de amor francés con Brienne, que llegue el inevitable final.

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Mi calificación de la temporada: 6,5/10. (Como referencia, la anterior fue un 7/10 y las primeras dos creo que son un 10/10).

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viernes, 18 de agosto de 2017

Game of Thrones y el Dilema del Prisionero


Parece que para ser cool hoy en Internet hay que hablar de Game of Thrones. Y yo me considero un pibe cool, con un blog piola y un amor incondicional por las aceitunas. Por eso no puedo dejar de subirme a la cresta de la ola.

Todavía siete años después, GoT continúa siendo uno de los shows más logrados, ambiciosos, debatibles, polémicos y, al final del día, interesantes que la televisión ha sabido brindar.


Sin embargo, no puedo dejar de notar que desde aquel final de la quinta temporada, momento en el cual los creadores David Benioff y D. B. Weiss se quedaron prácticamente sin material fuente para adaptar, Game of Thrones se volvió muchísimo menos cerebral, bastante más televisivo (léase: melodramático y hasta novelesco) y no lo suficientemente sutil.

De hecho, ya la temporada 5 (donde se tomaron varias libertades) fue desbalanceada (acá pueden leer el análisis que hice en su momento).

En la temporada 6, este desequilibrio, y estas cuestiones que mencioné antes, se exacerbaron todavía más (acá está mi análisis).

Hoy garpa el fanservice desmedido y los personajes se teletransportan de un lugar a otro con una velocidad ilógica. Gran parte del atractivo de la serie en sus primeros días fue que las distancias eran demasiado inmensas. Incluso muchas líneas argumentales se basaban en el hecho de que recorrer Westeros de punta a punta lleva mucho tiempo y es muy peligroso.

Pero no es esto el foco de la presente nota. Incluso con sus (muchas) debilidades, la séptima temporada viene sólida, y es un placer enorme ver cómo empiezan a atarse algunos cabos entre los personajes que venimos siguiendo desde hace tanto tiempo.

Hoy quiero hablar un poquito de eso y hacer un recorrido por lo que está pasando este año en la serie. En particular, me interesa la dinámica del Dilema del Prisionero que se convirtió en el motor propulsor de las tramas de esta temporada.


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#SpoilerAlert: se revelan partes fundamentales de Game of Thrones hasta el episodio 5 de la séptima temporada. TRANQUILOS, aunque ya vi el capítulo 6 (que se filtró hace unos días), no lo menciono en lo absoluto.

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Ganar o morir en el Juego de Tronos

Game of Thrones Temporada 1 es brillante desde todo punto de vista. La vi dos veces y la disfruté todavía más en la segunda vuelta. Todo funciona en esa temporada: desde la presentación de los personajes y el universo del show, hasta las tramas, giros y sutilezas de la historia.

Además de ser la disparadora de la serie, es la más importante de todas, y no es casual que la temporada 7 esté haciendo muchos guiños y referencias a esos primeros episodios donde todo se comenzó a gestar.

La frase más importante de aquella primera temporada fue la que Cersei le dice al bueno de Ned Stark:
Cuando jugás el juego de tronos, o ganás, o morís.


A lo largo de los años hemos ido viendo muchas variaciones de este “juego”, y en circunstancias normales como las que presenta Westeros, hay mucho de verdad en esto. O controlás las fichas del tablero, o morís intentándolo. Lo vimos en repetidas ocasiones.

El problema es que las circunstancias ya no son las normales, si bien sólo algunos de los personajes conocen la verdad.

Mientras Cersei, Dany, Littlefinger, Sansa y los demás creen que están jugando una partida de House of Cards, en realidad estamos más ante el universo de The Walking Dead que del de la serie de Frank Underwood. Ahí es donde reside el quid de la cuestión.


Poor little princesses, they think they can be me...

Las nuevas reglas de juego

“Eastwatch”, el capítulo 5 de este año, nos dice expresamente que las cosas cambiaron. Con el Rey de la Noche acercándose, el juego de tronos ya no es un juego de suma cero. Es decir: ahora podés ganar el juego (léase: sentarte en el Trono de Hierro y dominar todo Westeros) y aun así morder el polvo.

Por eso es necesario hacer que todos remen hacia la misma dirección. (Sí, que todos remen… ah, ¿qué tal Gendry? Pensé que todavía estarías remando). 


El episodio 5 reforzó el hecho de que hay diferentes maneras de hacer que todos cooperen hacia un mismo objetivo, y también muchas formas de que esto salga mal.

Los  Caminantes Blancos traen consigo la muerte, la peste y, literalmente, el fin del mundo como se conoce. Lo que la gente de Westeros está llegando a entender gradualmente es que su situación se parece mucho al Dilema del Prisionero.

El Dilema del Prisionero: cooperar por el bien mayor

El Dilema del Prisionero es un problema clásico de la teoría de juegos que expone por qué dos personas deberían cooperar incluso si esto va en contraposición con el interés de cada una. Fue pensado originalmente en 1950 por Merril Flood, un matemático estadounidense que trabajaba en un laboratorio de ideas para las Fuerzas Armadas.

Años más tarde, Albert Tucker formalizó el juego y le dio el nombre que conocemos hoy. Aunque existen innumerables variaciones, el enunciado clásico es el de dos sospechosos que son arrestados. No hay pruebas suficientes para condenarlos, por lo que se los separa y se les ofrece a cada uno el mismo trato (y por separado).

Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena total, diez años, y el primero será liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y será el cómplice quien salga libre. Ahora: si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años. Y, finalmente, si ambos lo niegan, todo lo que podrán hacer será encerrarlos durante seis meses por un cargo menor.

Resumiendo los datos en una tabla, nos queda esto:


Lo interesante del problema es que el resultado de cada elección depende de la elección del otro. Lamentablemente, uno desconoce que eligió el otro, porque incluso si pudieran hablar, no hay seguridad de que no vayan a traicionarse en el último momento.

Confesar es lo que se conoce como “estrategia dominante” para ambos jugadores. Sea cual sea la elección del otro jugador, siempre pueden reducir su propia sentencia confesando. Por desgracia para los prisioneros, esto conduce a un resultado poco satisfactorio: si ambos confiesan, ambos reciben largas condenas.

Pensando desde la perspectiva del interés óptimo del grupo en su totalidad (los dos prisioneros), el resultado correcto, la solución óptima al problema, sería que ambos lo negaran, ya que esto reduciría el tiempo total de condena del grupo a un total de un año. Cualquier otra decisión sería peor para ambos si se consideran conjuntamente. ¿El problema? Si siguen sus propios intereses egoístas, cada uno de los dos prisioneros va a recibir una sentencia dura.

El Dilema del Prisionero en Game of Thrones

Hoy Game of Thrones funciona de un modo muy similar, y éste es quizás el elemento más astuto que tiene la temporada hasta ahora. La tensión constante entre Dany y Cersei está bien lograda, mostrando que los resultados de la elección de una dependen, en realidad, de la elección de la otra.

Tyrion, obviamente, ya se dio cuenta de esta situación, y está buscando que ambas partes cooperen por el bien mayor.

En esta analogía del Dilema del Prisionero, en GoT tenemos el siguiente panorama:


Es decir, si nos organizamos, (quizás) vivimos todos. Cooperar es la mejor chance que tienen para vencer al Rey de la Noche y su ejército de Caminantes Blancos. Lo atractivo de todo esto es que hay muchas variantes. Una de ellas es hacer creer al resto que estás en el equipo “¡Quiero vivir!”, y guardarte un as bajo la manga. Esto es lo que Cersei parece estar contemplando.

Littlefinger aparenta tener el mismo razonamiento. “El caos es una escalera”, según él. Generar caos entre las chicas Stark le servirá para juntar los pedacitos restantes luego de que se maten entre ellas, y escalar posiciones (como viene haciendo desde su primera aparición).


Las miraditas de Littlefinger son el pan de cada día...

El problema de cooperar con extraños

No soy demasiado fan de la inmensa cantidad de encuentros que se vienen dando en GoT este año. Hacen parecer que el mundo de Westeros es realmente chiquito, como una mansión de una telenovela mexicana donde todos viven bajo el mismo techo.

En serio, las conveniencias son demasiadas y el fanservice está a la orden del día. A veces se hace muy bien (el encuentro entre Jon y Dany fue majestuoso, Gendry fue correctamente reintroducido en la serie) pero en otros me choca un poco.

El episodio 5 unió a todo tipo de personajes. Cada escena tuvo un encuentro entre dos que no se veían desde hace mucho o una reunión entre personajes que nunca se encontraron, pero que tienen historia juntos.

En el primer caso tenemos a Tyrion y Davos en King´s Landing, Davos y Gendry, Tyrion y Jorah, Jorah y Dany, por mencionar algunos.

Del segundo caso, Jon con Drogon (Joni-boy es un Targaryen, che. Confirmadísimo), Gendry con Jon, Arya y Littlefinger, Gendry con la Hermandad sin Estandartes, el Perro con Tormund (relacionados a través de Brianne), Jon y el Perro (relacionados a través de Sansa y Arya), Jorah con Beric, etc, etc, etc.


Posta, qué chiquito que era Westeros al final.

La cuestión es que en muchas de estas interacciones, los implicados tienen pocas razones para confiar el uno con el otro. Este es el resultado de un trabajo minucioso que se fue a lo largo de las siete temporadas, y hay conexiones muy ricas y profundas que están bien exploradas este año.

De nuevo, no me fascinan tantas casualidades televisivas, pero qué lindo que fue el encuentro entre Jon y Gendry, ambos hablando de sus padres. Acá tenemos a dos personajes que nunca se conocieron, pero cuyas vidas estuvieron intrínsecamente relacionadas.

Lo épico del final de “Eastwatch” fue que logró reunir a siete personajes que provienen de las más grandes líneas argumentales que tuvo el show desde sus comienzos. Por ejemplo: a Gendry (a quien no vemos desde hace años) lo juntan con la gente que le hizo más mal (recordemos que los de la Hermandad sin Estandartes lo entregaron a Melisandre).

Finalmente, Jon Snow apela a la lógica cuando anuncia:
Muchachos, estamos todos del mismo lado. Estamos respirando”.


Best. Team. Ever.

Palabras finales

Queda muy poco para el final de GoT temporada 7. No sabemos cómo van a terminar las cosas, aunque podemos ver el tablero y sus piezas con más detalle que nunca. Algo que hizo muy bien esta temporada fue jugar con la ironía dramática.

Volviendo al capítulo 5, ¿qué irónico es que el pobre de Sam haya perdido a su padre y hermano por culpa de Dany siendo que él, sin saberlo, curó al principal consejero de la Madre de los Dragones? O que Arya y Sansa estén resolviendo un punto argumental que surgió allá por la segunda temporada, cuando Sansa escribió aquella carta con, básicamente, una soga al cuello.

¿Y qué me dicen de cuando Gilly encontró el texto sobre la anulación del casamiento de Rhaegar Targaryan con Elia de Dorne, escondido entre palabras sobre excremento y escalones? Brillante.

GoT no hizo todo perfecto en esta temporada, pero lo que hizo bien, lo hizo muy bien. Como escondernos el famoso Dilema del Prisionero a simple vista, e invitarnos a pensar y debatir cómo deberían comportarse estos simpáticos personajes para impedir el fin del mundo.

Tengo ganas de ver cómo sigue la cosa. Tengo muchas ganas.

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martes, 28 de junio de 2016

Un análisis de la 6ta temporada de Game of Thrones


Es hora de decirle adiós a Game of Thrones hasta el 2017

La sexta temporada fue un recorrido agitado –por momentos llenos de baches, lomos de burro y piedras– que presentó algunos de los mejores y peores momentos de la serie hasta el día de hoy.

Al igual que hice el año pasado con la quinta temporada, en este post quiero desenredar todo lo que pasó este año con la serie del momento.

***

#MegaSpoilerAlert: se revelan cosas fundamentales de la sexta temporada de GoT, así que: Spoiler Alert. ¡Están avisados!

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Incluso cuando Game of Thrones es imperfecto, sigue siendo uno de los mejores shows que hay en la TV actual. Quiero hacer esta aclaración antes de comenzar a pegarle duro a la serie.

La creciente pérdida de realismo

 Durante la sexta temporada, y por primera vez en la historia, GoT se asemejó a una telenovela melodramática, una soap opera con elementos de fantasía. Sabemos que los creadores de la serie (David Benioff y D.B. Weiss) tuvieron que alejarse casi completamente de la fuente porque no hay más material para adaptar. El resultado fue que se mostraron algunas de las peores cosas que le sucedieron a Game of Thrones en toda su historia.


Si hay algo que se mantuvo como leit motiv durante la temporada fue una creciente pérdida de realismo. Game of Thrones supo tener un anclaje en la realidad, si bien es un mundo donde existen dragones y Caminantes Blancos. Pero había establecido una serie de reglas y bases realistas que le brindaban cierto amarre a tierra: las distancias son gigantes, los errores se pagan caro, los fans no tienen por qué ser servidos, la muerte es (en su mayoría) irreversible.

En cambio: en el último episodio vimos a Varys saltar de Mereen y Dorne y de regreso en un par de minutos, mientras que Sam se pasó toda una temporada para llegar a Oldtown. Littlefinger (uno de los grandes olvidados de esta temporada) parecía que tenía un jetpack en la espalda. Mientras que Jon y Sansa recorrieron todo el Norte, reclutando ejércitos en un sólo capítulo, Cersei se ocupó 10 episodios de mirar a través de su ventana en el Red Keep. A todo esto: Theon y Yara ganaron el premio de recorrer el mundo en menor cantidad de tiempo. (Y qué bien que se fueron de Westeros, porque su trama con el Tío Malvado fue mala tirando a ridícula).

Es cierto que podés buscarle explicaciones a cada una de estas cosas, ya sea dentro del show o fuera. Pero la realidad es que supo ser muy consistente en su geografía, que supo tomarse su tiempo para contar una historia, y ahora se sintió apurado, agitado e impulsivo.

Le noté una necesidad imperiosa de impactar a su audiencia por el sólo hecho de ganar todavía más popularidad. Pero más sobre eso en el próximo apartado.

La inconsistencia narrativa

Estoy de acuerdo con que el episodio 10 fue uno de los mejores de la serie. No puedo negar que la escena de Cersei en King´s Landing es una de las más memorables registradas hasta la fecha, que Lady Mormont es la POSTA. Me emocionó el apoyo hacia Jon Snow, su revelación (que todos veníamos venir desde hace años) y todo lo que (finalmente) sucedió en Mereen. Pero aun así hay que admitir que la serie tuvo un tropezón quizás más grande que el de la temporada 5 (al respecto, está mi análisis por acá).

Lo cierto es que los creadores tuvieron que ingeniárselas para avanzar las tramas lo menos posible, en espera de nuevo material para adaptar. Así, me encontré a mí mismo con subtramas que no llevaron a ningún lado (Arya, Dorne, etc), giros sorpresivos que resultaron no tener ninguna consecuencia (Melisandre es secretamente una vieja de 300 años, Jon revivió sin penas ni glorias, etc).

Hablemos un poquito de Arya: su transformación hacia asesina fue uno de los puntos más flojos de esta temporada (y de la anterior). Anticlimático, apurado, carente de imaginación. 

No puedo entrar en detalle por una cuestión de extensión, pero me sentí absolutamente estafado. No sólo nunca vimos su pelea contra la Waif, sino que tampoco sabemos cómo llegó tan velozmente hasta Walder Frey, qué tipo de personas son los Faceless Man (su lógica parece no tener ningún tipo de sentido) ni qué pide el Dios de las Muchas Caras

Todo un potencial desperdiciado absolutamente, y es poco probable que volvamos a saber de ellos.

Creo que el final del capítulo 7 es el ejemplo perfecto. Luego de que Arya estaba lista para que una asesina implacable la viniera a buscar, dio vueltas por la ciudad cual turista japonés con su cámara. La acuchillaron HORRIBLEMENTE, pero no importa, porque no tuvo otro efecto que el de shockear a la audiencia. Al día siguiente estaba de nuevo perfecta, como si nada hubiera pasado.

Cosas como esa pasaron a lo largo de toda la temporada, con cuestiones que no tuvieron ningún tipo de consecuencia en la serie. ¿Nadie se pregunta si Jon es el mismo después de revivir? Todos parecen ignorar ese hecho. Ni siquiera él cambió en algo luego del evento sobrenatural, quizás el más increíble que vio alguna vez la gente del Norte.


Todo esto nos habla de una temporada absolutamente inconsistente, algo que ya había comenzado a suceder con la temporada 5. Hasta la cuarta, los creadores siguieron cuidadosamente líneas narrativas y diálogos de los libros, que tuvieron años en ser escritos y están confeccionados al detalle, con una atención especial en la coherencia narrativa.

GoT se volvió progresivamente más melodramático, y demasiado predecible. ¡Hasta hicieron la subtrama de un personaje quedándose ciego y recuperando la vista! Hay que admitir que es algo muy novelesco. A esto hay que sumar que el nivel actoral bajó muchísimo. Personajes como Tommen y la gente de Dorne, o incluso Dany del otro lado del mar, dejaron mucho que desear.

Game of Thrones es ahora fan-fiction

Es hora de hablar del elefante en la sala. La gran diferencia entre la temporada 6 y sus predecesoras es que ya no hay, prácticamente, un material canónico en los libros de George R.R. Martin. Ni los molestos fans de los libros ni los espectadores sabemos hacia dónde va a ir la acción, dado que el sexto libro de la saga todavía está en la cocina.

La cruda realidad es esta: más allá de que fue una temporada muy entretenida, que confirmó teorías de los fans, que nos dio la gloriosa Batalla de los Bastardos, que nos hizo vibrar con “Hold the door”… a nivel narrativo y construcción global es la peor de todas.


De nuevo: todavía siendo mediocre, sigue superando al promedio de lo que se ve en la TV. Pero cada vez se parece más a una telenovela de fantasía, con giros tontos que no llevan a ningún lado, diálogos melodramáticos y una creciente pérdida de realismo que le daba una consistencia maravillosa al relato.

Lo que tenemos ahora ya no es una adaptación de la obra de George Martin sino una fan-fiction. Sabemos que Martin está involucrado en la serie, que aceptó algunos de las sorpresas que nos deparó la temporada, pero también es verdad que los creadores tuvieron muchísima más libertad.

La falta de una mano experta y versada, que brinde encadenamiento narrativo, se notó y mucho. Jon Snow regresó del mundo de los muertos como quien vuelve de clavarse una Big Mac. Nadie desconfía, nadie le teme. Y lo que es peor: nadie piensa que, justamente, los muertos que vuelven a caminar son el verdadero enemigo.

Aún hay más; esperaba que el episodio 10 redimiera este tema, pero no lo hizo: toda la trama del Muro quedó olvidada. Ya no hay conflictos, somos todos amigos con los salvajes (que ahora parece que pasan sin drama). Tenía esperanza de que los Caminantes Blancos rompieran finalmente el Muro: era lo esperable, a una acción (Jon Snow dejando el muro) le sigue una consecuencia (los Caminantes Blancos lo atraviesan).


Black Fish fue un personaje interesantísimo que tuvo una muerte off-screen, y que quedó como un mero viejo caprichoso. Otra subtrama desperdiciada. Disfruté muchísimo del regreso del Perro (en una temporada marcada por grandes regresos) pero ya lo había dado por muerto. Lo trajeron de vuelta, pero en seguida abolieron el juicio por combate, así que no hay Cleganebowl.

Creo que quitar a Dorne de la ecuación fue una decisión sabia, porque es –indudablemente– una de las tramas peor actuadas y menos creíble de toda la serie. Pero claro: volvió a tomar presencia en el último episodio, y generó uno de los momentos más flojos y absurdos del capítulo.

Otro tema: el juego de tronos. Un aspecto que quedó en un tercer o cuarto plano durante esta temporada. Lo interesante de la serie, antes que nada, siempre fue la cuestión política: traiciones, asesinatos, caídas de reyes… todo ese magnífico ajedrez que vimos en las primeras cuatro temporadas. Este año casi no vimos nada de eso.

La serie pasó a tratarse de personajes en lugar del gran juego. Y los personajes fueron perdiendo capas de profundidad, se volvieron más unidimensionales. Los creadores no pudieron captar sus complejidades con la destreza de George Martin.

Lo mejor de la temporada 6

Vamos a dejar de pegarle un poco al pobre de GoT, porque la verdad es que sí brindó algunos momentos alucinantes.

Una vez más: no deja de ser una gran serie. La muerte de Hodor y la gran sorpresa de que fue Bran el causante de su trágica vida fue, fácilmente, uno de los mejores momentos del año. Oscuro, perverso, duro. Pero además: revelador.


Resulta que Bran puede influir en el pasado, si bien no tenemos confirmación de que su intervención sea una profecía autocumplida o verdaderamente pueda afectarlo en algo (todo apunta a que es lo primero). Fue un giro argumental apasionante (y confirmado también por George Martin) que tiene la potencialidad de expandir el universo de la historia y hasta darle un buen cierre (quizás fue Bran quien volvió “loco” al Rey Loco, disparando todos los eventos que sucedieron después).

Otro gran momento: la venganza de Sansa


El capítulo 9 (“La Batalla de los Bastardos”) fue un espectáculo visual impresionante y lleno de fan-service

Un regalo para todos nosotros, que vimos la mejor hora de acción en la historia de Game of Thrones. Y uno de las grandes escenas fue el final horrible de Ramsay (gran villano, por cierto) y esa sonrisa de Sansa que termina de convertir al personaje en un ser sombrío y enigmático.

Dejemos de lado que la resurrección de Jon no tuvo impacto en la serie, y que la explicación de Sansa sobre por qué no le advirtió de los Caballeros del Valle fue paupérrima. La relación entre ellos dos a lo largo de la temporada fue uno de los grandes aciertos. Si a esto le sumamos a Lady Mormont, a Davos (te banco, Davos), la gran batalla contra Ramsay y las pequeñas participaciones de Tormund y Brianne, puedo decir que todo lo que sucedió en el Norte fue absolutamente satisfactorio.

Del mismo modo disfruté la Batalla de Fuego (nuevamente, capítulo 9), las interacciones entre Dany y Tyrion, el desarrollo de Jaime Lannister como personaje (una de las pocas partes de los libros que fue adaptada en esta temporada) y al Perro, que siempre me cayó simpático.

Ah, y me encantaron las escenas de teatro. Cada vez que Game of Thrones se vuelve metatextual es maravilloso.

¿Qué podemos esperar de la temporada 7?

Primero que nada, si todo sale bien tendremos el nuevo libro de Martin, y con eso muchísimo material “canon” para trasladar a la pantalla de HBO.

El final dejó todo preparado para un enfrentamiento de escala global: Jaime parece anonadado por lo que hizo su hermana, y es posible que se vea obligado a matarla como lo hizo con el Rey Loco. Incluso hay una profecía en los libros que podría apoyar esta teoría.

Igual no importa, porque si no lo hace él, seguramente lo hará Dany, junto a los Dothraki (y sus caballos, que están sobre los barcos), los Ironborn, los Unsullied, la gente de Dorne y… ¿Varys, aparentemente?


La situación tensa entre Sansa y Littlefinger es intrigante y también recordemos que ahora está Arya dando vueltas por ahí.

Y hablando del Norte, ahora que la famosísima R + L = J está 99% confirmada, hay que ver qué va a pasar con Jon Snow y su legado. El hecho de ser, técnicamente, el sobrino de Dany no creo que le ayude demasiado para parar su furia de conquistadora, y me encantaría verla a ella convertida en la verdadera villana de la serie.

Creo que la temporada 7 se va enfocar en la profecía de Azor Ahai como hilo conductor, siendo que ya tenemos prácticamente a los cuatro grandes nominados (Bran Stark, Jon Snow, Dany Targaryen y Jaime Lannister) con sus arcos prácticamente desarrollados y listos para tomar ese papel.

Por otro lado, finalmente llegó el invierno, y con él… los temibles Caminantes Blancos (que, admitámoslo, todavía no son tan temibles). Quiero ver más de Brienne y Pod, conocer un poco más sobre el futuro de Melisandre y ver qué trama Littlefinger. Algo interesante para destacar es que no queda nadie en Essos para lo que valga la pena volver. Le dijimos chau a Daario (seguramente se sintió muy Ser Jorah con el rechazo de Dany), Mereen está más o menos equilibrada, la Bahía de los Esclavos es la Bahía de los Dragones... esto es también un indicio de que estamos entrando en el final del trayecto, con dos o o a lo sumo tres temporadas más para finalizar la serie.

Por supuesto, mientras tanto los actores tienen que seguir pagando sus facturas, así que andan en varios proyectos cinematográficos paralelos (que comenté en esta nota para Altapeli.com).

Palabras finales

Con sus más y sus menos, la temporada cumplió. Pero –en mi humilde opinión– creo que fue la peorcita de las que venimos viendo. O quizás lo más correcto sería que fue la “menos mejor”, la más regular de todas.

Se perdió consistencia y realismo, se desperdiciaron argumentos, se dieron demasiadas vueltas telenovelescas. No me terminó de convencer del todo y espero que pueda volver a encontrar su rumbo el año que viene.

No implica que no la haya disfrutado enormemente, que no haya debatido miles de cosas, que no haya quedado carburando semana a semana. Pero pasó de ser un producto sobresaliente desde todo punto de vista a volverse “una más del montón”, aunque sea, durante este año oscuro y lleno de terrores.

MI CALIFICACIÓN DE LA TEMPORADA: 7/10


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==> ¿Qué les pareció la temporada 6 de Game of Thrones? Dejen sus comentarios y prometo responder uno a uno con vehemencia, un violento frenesí de arrebato y una inconmensurable pasión.
  
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