Qué horrible es el desencanto. Todavía recuerdo
cuando vi el primer capítulo de la primera temporada de Game of Thrones. Era una nueva serie de HBO que nadie conocía. Me
acuerdo que llegó la frase “the things we
do for love” y lo llamé a mi viejo para hablar de boludeces. En el medio le
deslice: “che, vi el primer capítulo de
una serie nueva. Está piola, pegale una mirada. Tiene potencial”.
...Una mirada hacia la literatura, el cine, los cómics, la TV y otros vicios personales. Había un blog mejor, pero era carísimo.
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martes, 21 de mayo de 2019
martes, 29 de agosto de 2017
Un análisis de la 7ma temporada de Game of Thrones
Y esto es todo el Game of Thrones que vamos a tener hasta, posiblemente, el año 2019, cuando llegue la octava y última
temporada. En la mesa no queda mucho más que alguna que otra teoría de fans
dando vueltas (como el hecho de que, de algún modo, Bran podría ser el Rey de la Noche, gracias a la habilidad
del Cuervo de Tres Ojos para viajar en el tiempo).
"The Dragon and the Wolf", el séptimo y
último episodio del año, fue un clásico cierre de temporada. Luego de los
intensos eventos del capítulo anterior, en aquella travesía loca al norte para
conseguir a un muerto vivo para Cersei, el desenlace resultó ser el episodio
más largo de la serie (80 minutos) y con mucho más diálogo que cualquier otra
cosa.
Creo que la temporada 7 tuvo sus puntos altos, sin
duda. Uno de ellos lo mencioné en mi nota sobre Game
of Thrones y el Dilema del Prisionero.
Sin embargo, la sentí como una secuela directa de
su año anterior. La tendencia que comenté durante el análisis
de la sexta temporada es más marcada ahora: la creciente pérdida de
realismo, las inconsistencias geográficas (con personajes que se trasladan por
Westeros a velocidades imposibles), las inconsistencias narrativas, etc.
Me remito a lo que dije el año pasado: Game of Thrones es ahora un fan-fiction (lo viene siendo desde
mitad de la quinta temporada).
***
#SpoilerAlert - Duh!
***
El
simbolismo en la muerte de Littlefinger
La muerte de Littlefinger era el momento más
esperado de la serie desde que Joffrey
se atragantó con el veneno de la Reina de Espinas. No resultó una gran sorpresa
(nada en el capítulo final realmente lo fue) y representó otro de los momentos
“para fans” a los que el show nos (mal)acostumbró en los últimos años.
Todo lo que sucedió este año en Winterfell, con las
miraditas de Littlefinger, sus
juegos obvios y poco sutiles, y el melodrama entre Sansa y Arya que podría
haberse resuelto con tres minutos de conversación, me pareció lo más flojo de
la temporada 7.
Personajes que supieron ser muy ricos, y que
vivieron cosas tremendas a lo largo de varios años (aprendiendo lecciones
invaluables) parecieron protagonistas de Gossip
Girl gracias a los guiones tontos–sin una base en el material fuente– del
equipo creativo.
Hoy la serie está plagada de personajes con
“armadura narrativa”, y los días de “cualquiera pueda morir” terminaron hace
rato. Ni siquiera Tormund o Gendry creo que vayan a morder el polvo
antes de hacer lo que se supone que tienen que hacer (según el manual de las
series de televisión). Es decir, reencontrarse con Brienne y Arya
respectivamente.
La serie es, ahora más que nunca, un show
tradicional de la televisión, cuando supo ser algo completamente diferente. Vi
la primera temporada de GoT cuando nadie la conocía (y nadie daba dos mangos) y
me voló la cabeza. Recuerdo haber charlado con mi viejo y los dos decíamos: “che, qué buena primera temporada, la puta
madre”.
Las cosas siguieron para bien durante varios años.
Ya para la tercera, todos veían GoT (con mi mujer la volvimos a comenzar desde
el principio para ponerla a ella al día). Y el desencanto llegó a mitad de la
temporada 5 cuando todos, incluso los espectadores más casuales, comenzamos a
notar que la serie perdía su esencia.
Menciono esto porque creo que la muerte de Littlefinger
fue algo grande, pero también tradicional. No fue una Boda Roja, ni una Boda
Púrpura. No fue la decapitación de Ned Stark. Es un hecho notable porque el
pícaro de Petyr Baelish estaba dando
vueltas desde el episodio piloto, y es el villano al que podemos hacer
responsable de disparar el conflicto más atractivo del show.
Excepto que no es el culpable de todo, como
Sansa dijo. Hay dos personajes cuyas tramas no tuvieron absolutamente nada que
ver con las manipulaciones de bigote. Jon
Snow (perdón, Jon Sand… no… Aegon Targaryen) tuvo un sendero del héroe en
su lucha en el Norte contra los salvajes y luego contra el Rey de la Noche. Y
Dany conquistó Essos.
En realidad, estuvimos viendo tres series paralelas
dentro de una misma serie:
- La canción de Hielo => Jon Snow y su lucha en el muro.
- La canción de Fuego => Daenerys y su lucha en Essos.
- El juego de tronos, o la “Guerra de Littlefinger” => todo lo demás.
El juego, esa intriga política tan picante de
arreglos secretos, murmuros, traiciones y alianzas, es lo que a muchos
realmente los llevó a amar Game of
Thrones. Mientras tanto, Jon y Dany fueron pistolas de Chejov, no
terminarían de cumplir su rol en la historia hasta volver al centro de la
acción (y no morirían en el proceso). Sabíamos que nada les iba a suceder
aunque la cosa se complicara en serio o aunque Jon estuviese literalmente
muerto.
Cuestión que las tres historias se fusionaron
cuando Jon cabalgó al sur y Dany navegó hacia el este. Como Jon Snow dijo:
«Only one war matters—and that war is here.»
En otras palabras: llegó finalmente la Canción de
Hielo y Fuego. El Juego de Tronos terminó.
Esto deja al pobre Littlefinger en un problema
grave, porque aquel juego de manipulaciones es el único que conoce. En la
temporada siete se lo vio perdido, descentrado, como cuando un buen jugador
pierde la magia y no sabe cómo recuperarla. (No lo culpo a él, sino a los
escritores que no le encontraron la vuelta a su personaje).
Littlefinger
fue sólo una sombra de lo que supo ser antes, lo cual me enferma porque sus
juegos mentales eran demasiado obvios y nunca entendí por qué estuvo toda la
temporada en Winterfell haciendo nada.
La cuestión es que, desde una perspectiva
narrativa, era hora de que Littlefinger se fuera, y siempre estuvo claro que
sería alguna de las Stark quien lo invitara a retirarse. Su muerte nos habla
también de la muerte del show como drama político inspirado en la edad media.
Sólo nos queda la fantasía más pura, la batalla
contra Caminantes Blancos, zombies y
dragones de hielo. Ya no hay lugar para más conspiraciones.
Tenemos que
hablar de Ned
La sombra de Ned
Stark fue el gran leitmotiv de este
año. Creo que ninguna temporada antes mencionó al bueno de Ned tanto como ésta.
Están la nobleza y honestidad de Jon, las lecciones aprendidas de Sansa y Arya,
etc. En una temporada que encontré sobrecargada de referencias y guiños a las
primeras temporadas (de nuevo: “tenemos
que satisfacer, y mucho, a nuestros fans”) el recuerdo de Ned me pareció de
lo más interesante.
Junto con la muerte de Littlefinger, que cerró la
rama política de la serie para dar pie a la fantasía, siento que el show
terminó de despedirse de Ned durante estos siete capítulos, donde varios
personajes lo recordaron y homenajearon a su modo.
Ned Stark tuvo solamente nueve episodios en la
serie (si no contamos sus flashbacks de chico) y es, probablemente, el
personaje con la barrita de moralidad más alta, aquella con la que se mide a
todos los demás.
Su participación en la primera temporada hizo eco durante todala serie y disparó el conflicto de la Guerra de los Cinco Reyes. Les dio forma a los jugadores de la nueva generación de héroes, no sólo Jon, Arya, Sansa y Bran, sino también a Theon.
Esto me lleva también a pensar que (aunque,
lamentablemente, no va a pasar) me gustaría mucho que Sam y Bran no le digan nunca
a Jon su verdadera identidad. ¿Cuál es el motivo real para hacerlo? ¿En qué
cabeza entra que eso sea una buena idea? Una anagnórisis en este momento es lo
menos útil para Jon (y para Westeros en general). Considerando que sólo ellos
dos lo saben, bien podrían guardárselo.
No comprendo los razonamientos de Bran –de nuevo, culpa
de los escritores. Por momentos dice y parece no importarle nada, porque ahora
es una especie de Dr. Manhattan que
ve todo. Se mantuvo frío con sus hermanas, aunque las ayudó con Littlefinger. Y,
por alguna razón, está convencido de que “hay que contarle a Jon”. A lo mejor
es porque sabe algo que nosotros no, pero, en serio, ¿de qué puede servir?
A todo esto, qué grande Sam, robándose crédito por
el descubrimiento de la herencia de Jon. Cómo me habría gustado que Gilly estuviera ahí para verlo.
Lo que nos
dejó la temporada 7
La caída del muro es exactamente la imagen que
tenía en mi mente para el final de la temporada 7. Cómo iba a pasar es algo que
se respondió solo con el final del capítulo 6, un espectacular episodio, súper
intenso y épico, que no dejó de ser mágicamente conveniente.
Es increíble que los Caminantes Blancos hayan recorrido tan poco camino en siete
temporadas cuando Jon y Dany pueden hacerse Westeros de una punta a la otra en
cuestión de minutos. Hasta Gendry puede correr hasta el muro sin demasiadas
complicaciones, aparentemente.
Justamente estas cuestiones son las que me
molestaron durante este año. En ese afán frenético por cerrar tramas, generar
encuentros entre dos personajes y complacer a los fans, los creadores se
olvidaron de todo lo que hizo de Game of
Thrones algo grandioso en un primer momento.
La distancia enorme entre dos puntos funcionaba
como conflicto a nivel argumental. Muchas tramas estaban directamente
relacionadas con la dificultad de recorrer aquel mundo peligroso e inhóspito.
Ahora todos parecen tener un jetpack atado a la
espalda, y las distancias se ajustan de acuerdo a las necesidades de la
historia. Si a esto le sumamos las conveniencias y grandes casualidades de
cualquier show de televisión tradicional, lo que nos queda es la idea de que Game of Thrones es uno más del montón.
(¡En serio, qué chiquito es Westeros que todos se cruzan con todos!)
La temporada siete es la que más pecó de los
estereotipos que se ajustan a la televisión actual.
Game of
Thrones ya dejó de tomar riesgos, y no necesita hacerlo. El final del juego
está próximo. Si antes podíamos saltar a cinco, seis, siete u ocho lugares e
historias diferentes en un mismo capítulo, ahora tenemos, como mucho, tres o
cuatro lugares por episodio. Los personajes son cada vez menos también, y los
lineamientos para el final están más o menos escritos.
No hubo demasiadas cosas en esta temporada que me
hayan sorprendido realmente. Con esto no quiero decir que no la haya disfrutada
enormemente. Sería muy hipócrita no admitirlo. Sí siento que es un buen momento
para cerrar la serie.
Una bolsa mixta
de pros y contras
Game of
Thrones temporada 7 fue una bolsa mixta de aciertos y desaciertos. Hubo
escenas de batallas espectaculares, mucho más que en cualquier otra temporada,
y grandes revelaciones, pero aquellos buenos momentos estuvieron contrapuestos
con decisiones argumentales muy extrañas.
Para muchos Arya matando a todos los Freys fue la
forma ideal de comenzar la temporada, la merecida venganza contra Walder Frey.
A mí me resultó insípida.
¿Cómo
funciona la magia de los Hombres sin Rostro?
Nunca me quedó claro. Ahora parece que podés convertirte en la persona, con sus
gestos, tono de voz, altura.
Lo peor de todo es que este hecho nunca tuvo
repercusiones en la historia y Arya no hizo mucho más durante el resto del
tiempo. A menos que contemos cuando ella conoció a Ed Sheeran: el peor y más estúpido cameo en la historia de GoT.
Este año me encantó Davos (MVP en mi lista de favoritos). Disfruté mucho de Dany también,
desde su imponente llegada a Dragonstone hasta sus interacciones con Jon,
Tyrion, Jorah y los demás. Al fin dejó de ser una llorona quejándose por sus
dragones para convertirse en la reina que tiene que ser. Especialmente me
gustaron sus conversaciones con Tyrion,
el gran jugador de la temporada (y de la serie también).
(Por cierto: ¿qué onda
con esa mirada extraña del enano cuando tía y sobrino finalmente se acuestan?).
Del mismo modo, fue magistral la charla previa a la
muerte de Olenna. Se va a extrañar a
la Reina de Espinas. Fundamental y arrolladora escena con Jaime Lannister. (El
episodio 3: The Queen´s Justice, es el mejor de la temporada).
Y, sin embargo, todo se sintió muy apresurado,
sacrificando el realismo e hiriendo un poco a la fantasía en el camino.
Eventos que podrían haberse resuelto con más tiempo
tuvieron un cierre apurado mientras que otras historias (léase: Sansa y Arya en
Winterfell) nos llevaron todo el tiempo de la serie. La decisión de tener siete
episodios contra los diez clásicos no terminó de convencerme, y creo que GoT se
habría beneficiado con tres horas adicionales.
Este ritmo frenético hizo que quedaran muchos cabos
sueltos, incluso si nos olvidamos por completo de la velocidad con la que se
movían algunos personajes.
¿Por qué Tyrion fue tan malo para armar planes y
estrategias? ¿Por qué Littlefinger fue tan denso e inútil? Mientras tanto,
nunca vamos a entender cómo Jaime y Bronn nadaron lejísimos con una
armadura tan pesada, o cómo hizo Euron
para armar tantos barcos. ¿Cómo salieron los inmaculados de Casterly Rock? ¿Qué
pasó con Ellaria y su hija? ¡Y por el amor del Dios Ahogado! ¿Dónde está Ghost?
La gran pregunta de todos, que me gusta llamar “El
dilema del Señor de los Anillos” es: ¿Por qué no usó Dany sus dragones para
llegar al norte y eliminar a los Caminantes Blancos?
Cuestiones como éstas abundaron, y le hicieron
perder calidad a una serie que supo estar en los detalles. Es evidente que la
prosa de George R.R. Martin no está
presente, y se la extraña.
Ojo, los creadores han sabido crear muchas escenas
que no están en los libros (Robert y Cersei, Varys y Littlefinger) y
demostraron muchísima capacidad creativa. Pero ahora da la impresión de que se
están quedando sin ideas.
***
Palabras
finales
No quiero dejar la impresión de que odié esta
temporada, porque no fue así. Sí la encuentro la más floja de todas hasta
ahora, mostrando un descenso en calidad que viene siendo tendencia.
Definitivamente, la próxima temporada es el momento justo para cerrar la serie.
A esta altura, es cuestión de aceptar cómo es Game of Thrones ahora y aferrarse igual,
como un Lannister a su copita de
vino. Se ha vuelto mucho menos sutil, reiterativa y poco realista. Aunque a la
vez forjó un universo del que no nos podemos desprender con facilidad.
La intensidad y el cariño se mantienen, si bien se
extrañan las sólidas bases del libro a la hora de armar situaciones con cierta
lógica (incluso dentro de un mundo de fantasía). Faltando nada más que seis
episodios, yo ya acepté sus defectos y aprendí a convivir con ellos.
Espero,
como espera Tormund tener un poco de
amor francés con Brienne, que llegue
el inevitable final.
***
► Mi calificación de la
temporada: 6,5/10. (Como
referencia, la anterior fue un 7/10 y las primeras dos creo que son un 10/10).
………………………………………………………………………………………………….
=>> Otros posts sobre GAME OF THRONES en el blog: “Game
of Thrones y el Dilema del Prisionero”; “Game
of Thrones: análisis temporada 5”; “Game
of Thrones: análisis temporada 6”;
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viernes, 18 de agosto de 2017
Game of Thrones y el Dilema del Prisionero
Parece que para ser cool hoy en Internet hay que
hablar de Game of Thrones. Y yo me
considero un pibe cool, con un blog piola y un amor incondicional por las
aceitunas. Por eso no puedo dejar de subirme a la cresta de la ola.
Todavía siete años después, GoT continúa siendo uno
de los shows más logrados, ambiciosos, debatibles, polémicos y, al final del
día, interesantes que la televisión ha sabido brindar.
Sin embargo, no puedo dejar de notar que desde
aquel final de la quinta temporada, momento en el cual los creadores David Benioff y D. B. Weiss se quedaron prácticamente sin material fuente para
adaptar, Game of Thrones se volvió
muchísimo menos cerebral, bastante más televisivo (léase: melodramático y hasta
novelesco) y no lo suficientemente sutil.
De hecho, ya la temporada 5 (donde se tomaron varias libertades) fue desbalanceada
(acá
pueden leer el análisis que hice en su momento).
En la temporada
6, este desequilibrio, y estas cuestiones que mencioné antes, se exacerbaron
todavía más (acá
está mi análisis).
Hoy garpa el fanservice
desmedido y los personajes se teletransportan de un lugar a otro con una
velocidad ilógica. Gran parte del atractivo de la serie en sus primeros días
fue que las distancias eran demasiado inmensas. Incluso muchas líneas
argumentales se basaban en el hecho de que recorrer Westeros de punta a punta
lleva mucho tiempo y es muy peligroso.
Pero no es esto el foco de la presente nota.
Incluso con sus (muchas) debilidades, la séptima temporada viene sólida, y es
un placer enorme ver cómo empiezan a atarse algunos cabos entre los personajes
que venimos siguiendo desde hace tanto tiempo.
Hoy quiero hablar un poquito de eso y hacer un
recorrido por lo que está pasando este año en la serie. En particular, me
interesa la dinámica del Dilema del Prisionero
que se convirtió en el motor propulsor de las tramas de esta temporada.
***
#SpoilerAlert: se revelan partes fundamentales de Game of Thrones hasta el episodio 5 de
la séptima temporada. TRANQUILOS, aunque ya vi el capítulo 6 (que se filtró hace
unos días), no lo menciono en lo absoluto.
***
Ganar o
morir en el Juego de Tronos
Game of Thrones
Temporada 1 es brillante desde todo punto de vista. La vi dos veces y la
disfruté todavía más en la segunda vuelta. Todo funciona en esa temporada:
desde la presentación de los personajes y el universo del show, hasta las tramas,
giros y sutilezas de la historia.
Además de ser la disparadora de la serie, es la más
importante de todas, y no es casual que la temporada 7 esté haciendo muchos
guiños y referencias a esos primeros episodios donde todo se comenzó a gestar.
La frase más importante de aquella primera
temporada fue la que Cersei le dice
al bueno de Ned Stark:
“Cuando jugás el juego de tronos, o ganás, o morís.”
A lo largo de los años hemos ido viendo muchas
variaciones de este “juego”, y en circunstancias normales como las que presenta
Westeros, hay mucho de verdad en esto. O controlás las fichas del tablero, o
morís intentándolo. Lo vimos en repetidas ocasiones.
El problema es que las circunstancias ya no son las
normales, si bien sólo algunos de los personajes conocen la verdad.
Mientras Cersei,
Dany, Littlefinger, Sansa y
los demás creen que están jugando una partida de House of Cards, en realidad estamos más ante el universo de The Walking Dead que del de la serie de Frank Underwood. Ahí es donde reside el
quid de la cuestión.
Poor little princesses, they think they can be me...
Las nuevas
reglas de juego
“Eastwatch”, el capítulo 5 de este año, nos dice
expresamente que las cosas cambiaron. Con el Rey de la Noche acercándose, el juego de tronos ya no es un
juego de suma cero. Es decir: ahora podés ganar el juego (léase: sentarte
en el Trono de Hierro y dominar todo Westeros) y aun así morder el polvo.
Por eso es necesario hacer que todos remen hacia la
misma dirección. (Sí, que todos remen… ah, ¿qué tal Gendry? Pensé que todavía
estarías remando).
El episodio 5 reforzó el hecho de que hay diferentes maneras
de hacer que todos cooperen hacia un mismo objetivo, y también muchas formas de
que esto salga mal.
Los
Caminantes Blancos traen consigo la muerte, la peste y, literalmente, el
fin del mundo como se conoce. Lo que la gente de Westeros está llegando a entender
gradualmente es que su situación se parece mucho al Dilema del Prisionero.
El Dilema
del Prisionero: cooperar por el bien mayor
El Dilema del Prisionero es un problema clásico de
la teoría de
juegos que expone por qué dos personas deberían cooperar incluso si esto va
en contraposición con el interés de cada una. Fue pensado originalmente en 1950
por Merril Flood, un matemático
estadounidense que trabajaba en un laboratorio de ideas para las Fuerzas
Armadas.
Años más tarde, Albert Tucker formalizó el juego y le dio el nombre que conocemos
hoy. Aunque existen innumerables variaciones, el enunciado clásico es el de dos
sospechosos que son arrestados. No hay pruebas suficientes para condenarlos,
por lo que se los separa y se les ofrece a cada uno el mismo trato (y por
separado).
Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será
condenado a la pena total, diez años, y el primero será liberado. Si uno calla
y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y será el cómplice quien
salga libre. Ahora: si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años. Y,
finalmente, si ambos lo niegan, todo lo que podrán hacer será encerrarlos
durante seis meses por un cargo menor.
Resumiendo los datos en una tabla, nos queda esto:
Lo interesante del problema es que el resultado de
cada elección depende de la elección del otro. Lamentablemente, uno desconoce
que eligió el otro, porque incluso si pudieran hablar, no hay seguridad de que
no vayan a traicionarse en el último momento.
Confesar es lo que se conoce como “estrategia
dominante” para ambos jugadores. Sea cual sea la elección del otro jugador, siempre
pueden reducir su propia sentencia confesando. Por desgracia para los
prisioneros, esto conduce a un resultado poco satisfactorio: si ambos confiesan,
ambos reciben largas condenas.
Pensando desde la perspectiva del interés óptimo
del grupo en su totalidad (los dos prisioneros), el resultado correcto, la
solución óptima al problema, sería que ambos lo negaran, ya que esto reduciría
el tiempo total de condena del grupo a un total de un año. Cualquier otra
decisión sería peor para ambos si se consideran conjuntamente. ¿El problema? Si
siguen sus propios intereses egoístas, cada uno de los dos prisioneros va a
recibir una sentencia dura.
El Dilema del
Prisionero en Game of Thrones
Hoy Game of
Thrones funciona de un modo muy similar, y éste es quizás el elemento más
astuto que tiene la temporada hasta ahora. La tensión constante entre Dany y Cersei está bien lograda, mostrando que los resultados de la
elección de una dependen, en realidad, de la elección de la otra.
Tyrion,
obviamente, ya se dio cuenta de esta situación, y está buscando que ambas partes
cooperen por el bien mayor.
En esta analogía del Dilema del Prisionero, en GoT
tenemos el siguiente panorama:
Es decir, si nos organizamos, (quizás) vivimos
todos. Cooperar es la mejor chance que tienen para vencer al Rey de la
Noche y su ejército de Caminantes Blancos. Lo atractivo de todo esto es que hay
muchas variantes. Una de ellas es hacer creer al resto que estás en el equipo “¡Quiero
vivir!”, y guardarte un as bajo la manga. Esto es lo que Cersei parece estar contemplando.
Littlefinger
aparenta tener el mismo razonamiento. “El caos es una escalera”, según él.
Generar caos entre las chicas Stark le servirá para juntar los pedacitos
restantes luego de que se maten entre ellas, y escalar posiciones (como viene
haciendo desde su primera aparición).
El problema de cooperar con
extraños
No soy demasiado fan de la inmensa cantidad de
encuentros que se vienen dando en GoT este año. Hacen parecer que el mundo de
Westeros es realmente chiquito, como una mansión de una telenovela mexicana
donde todos viven bajo el mismo techo.
En serio, las conveniencias son demasiadas y el fanservice está a la orden del día. A
veces se hace muy bien (el encuentro entre Jon
y Dany fue majestuoso, Gendry fue correctamente reintroducido
en la serie) pero en otros me choca un poco.
El episodio 5 unió a todo tipo de personajes. Cada
escena tuvo un encuentro entre dos que no se veían desde hace mucho o una
reunión entre personajes que nunca se encontraron, pero que tienen historia
juntos.
En el primer caso tenemos a Tyrion y Davos en
King´s Landing, Davos y Gendry, Tyrion y Jorah, Jorah y Dany, por mencionar
algunos.
Del segundo caso, Jon con Drogon (Joni-boy es un Targaryen,
che. Confirmadísimo), Gendry con Jon, Arya y Littlefinger, Gendry con la
Hermandad sin Estandartes, el Perro con Tormund (relacionados a través de
Brianne), Jon y el Perro (relacionados a través de Sansa y Arya), Jorah con
Beric, etc, etc, etc.
Posta, qué chiquito que era Westeros al final.
La cuestión es que en muchas de estas
interacciones, los implicados tienen pocas razones para confiar el uno con el
otro. Este es el resultado de un trabajo minucioso que se fue a lo largo de las
siete temporadas, y hay conexiones muy ricas y profundas que están bien
exploradas este año.
De nuevo, no me fascinan tantas casualidades
televisivas, pero qué lindo que fue el encuentro entre Jon y Gendry, ambos
hablando de sus padres. Acá tenemos a dos personajes que nunca se conocieron,
pero cuyas vidas estuvieron intrínsecamente relacionadas.
Lo épico del final de “Eastwatch” fue que logró
reunir a siete personajes que provienen de las más grandes líneas argumentales
que tuvo el show desde sus comienzos. Por ejemplo: a Gendry (a quien no vemos desde hace años) lo juntan con la gente
que le hizo más mal (recordemos que los de la Hermandad sin Estandartes lo
entregaron a Melisandre).
Finalmente, Jon Snow apela a la lógica cuando
anuncia:
“Muchachos, estamos todos del mismo lado. Estamos respirando”.
Best. Team. Ever.
Palabras finales
Queda muy poco para el final de GoT temporada 7. No
sabemos cómo van a terminar las cosas, aunque podemos ver el tablero y sus
piezas con más detalle que nunca. Algo que hizo muy bien esta temporada fue
jugar con la ironía dramática.
Volviendo al capítulo 5, ¿qué irónico es que el
pobre de Sam haya perdido a su padre
y hermano por culpa de Dany siendo
que él, sin saberlo, curó al principal consejero de la Madre de los Dragones? O
que Arya y Sansa estén resolviendo un punto argumental que surgió allá por la
segunda temporada, cuando Sansa escribió aquella carta con, básicamente, una
soga al cuello.
¿Y qué me dicen de cuando Gilly encontró el texto sobre la anulación del casamiento de Rhaegar Targaryan con Elia de Dorne,
escondido entre palabras sobre excremento y escalones? Brillante.
GoT no hizo todo perfecto en esta temporada, pero
lo que hizo bien, lo hizo muy bien. Como escondernos el famoso Dilema del
Prisionero a simple vista, e invitarnos a pensar y debatir cómo deberían
comportarse estos simpáticos personajes para impedir el fin del mundo.
Tengo ganas de ver cómo sigue la cosa. Tengo muchas
ganas.
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of Thrones: análisis de temporada 5”; “Game
of Thrones: análisis de temporada 6”; “Guía
práctica para Twin Peaks, Temporada 3: partes 1 a 8”; “Las
mejores series (canceladas en su primera temporada)”; “Grandes
series de mi vida: menciones de honor”; “Webseries:
el porqué de su éxito (y cinco que recomiendo”.
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martes, 28 de junio de 2016
Un análisis de la 6ta temporada de Game of Thrones
Es hora de decirle adiós a Game of Thrones hasta el
2017.
La sexta temporada fue un
recorrido agitado –por momentos llenos de baches, lomos de burro y piedras– que
presentó algunos de los mejores y peores
momentos de la serie hasta el día de hoy.
Al igual que hice el
año pasado con la quinta temporada, en este post quiero desenredar todo lo
que pasó este año con la serie del momento.
***
#MegaSpoilerAlert: se revelan cosas fundamentales de la sexta
temporada de GoT, así que: Spoiler Alert. ¡Están avisados!
***
Incluso cuando Game of Thrones es imperfecto, sigue siendo uno de los mejores shows que hay en la TV actual. Quiero hacer esta aclaración antes de comenzar a pegarle duro a la serie.
La
creciente pérdida de realismo
Si hay algo que se mantuvo como leit motiv durante la temporada fue una creciente pérdida de realismo. Game of
Thrones supo tener un anclaje en la realidad, si bien es un mundo donde existen
dragones y Caminantes Blancos. Pero había establecido una serie de reglas y
bases realistas que le brindaban cierto amarre a tierra: las distancias son
gigantes, los errores se pagan caro, los fans no tienen por qué ser servidos,
la muerte es (en su mayoría) irreversible.
En cambio: en el último episodio vimos a Varys saltar de Mereen y Dorne y de
regreso en un par de minutos, mientras que Sam
se pasó toda una temporada para llegar a Oldtown.
Littlefinger (uno de los grandes
olvidados de esta temporada) parecía que tenía un jetpack en la espalda. Mientras
que Jon y Sansa recorrieron todo el Norte, reclutando ejércitos en un sólo capítulo,
Cersei se ocupó 10 episodios de
mirar a través de su ventana en el Red
Keep. A todo esto: Theon y Yara ganaron el premio de recorrer el
mundo en menor cantidad de tiempo. (Y qué bien que se fueron de Westeros, porque su trama con el Tío
Malvado fue mala tirando a ridícula).
Es cierto que podés buscarle explicaciones a cada
una de estas cosas, ya sea dentro del show o fuera. Pero la realidad es que
supo ser muy consistente en su geografía, que supo tomarse su tiempo
para contar una historia, y ahora se sintió apurado, agitado e impulsivo.
Le noté una necesidad imperiosa de impactar a su audiencia por el sólo
hecho de ganar todavía más popularidad. Pero más sobre eso en el próximo
apartado.
La
inconsistencia narrativa
Estoy de acuerdo con que el episodio 10 fue uno de
los mejores de la serie. No puedo negar que la escena de Cersei en King´s Landing
es una de las más memorables registradas hasta la fecha, que Lady Mormont es la POSTA. Me emocionó
el apoyo hacia Jon Snow, su revelación
(que todos veníamos venir desde hace años) y todo lo que (finalmente) sucedió
en Mereen. Pero aun así hay que
admitir que la serie tuvo un tropezón quizás más grande que el de la temporada
5 (al respecto, está
mi análisis por acá).
Lo cierto es que los creadores tuvieron que
ingeniárselas para avanzar las tramas lo menos posible, en espera de nuevo
material para adaptar. Así, me encontré a mí mismo con subtramas que no
llevaron a ningún lado (Arya, Dorne, etc), giros sorpresivos que
resultaron no tener ninguna consecuencia (Melisandre
es secretamente una vieja de 300 años, Jon
revivió sin penas ni glorias, etc).
Hablemos un poquito de Arya: su transformación hacia asesina fue uno de los puntos más
flojos de esta temporada (y de la anterior). Anticlimático, apurado, carente de
imaginación.
No puedo entrar en detalle por una cuestión de extensión, pero me
sentí absolutamente estafado. No sólo nunca vimos su pelea contra la Waif, sino que tampoco sabemos cómo
llegó tan velozmente hasta Walder Frey,
qué tipo de personas son los Faceless Man
(su lógica parece no tener ningún tipo de sentido) ni qué pide el Dios de las Muchas Caras.
Todo un
potencial desperdiciado absolutamente, y es poco probable que volvamos a saber
de ellos.
Creo que el final del capítulo 7 es el ejemplo
perfecto. Luego de que Arya estaba
lista para que una asesina implacable la viniera a buscar, dio vueltas por la
ciudad cual turista japonés con su cámara. La acuchillaron HORRIBLEMENTE, pero
no importa, porque no tuvo otro efecto que el de shockear a la audiencia. Al
día siguiente estaba de nuevo perfecta, como si nada hubiera pasado.
Cosas como esa pasaron a lo largo de toda la
temporada, con cuestiones que no tuvieron ningún tipo de consecuencia en la
serie. ¿Nadie se pregunta si Jon es
el mismo después de revivir? Todos parecen ignorar ese hecho. Ni siquiera él
cambió en algo luego del evento sobrenatural, quizás el más increíble que vio
alguna vez la gente del Norte.
Todo esto nos habla de una temporada absolutamente
inconsistente, algo que ya había comenzado a suceder con la temporada 5.
Hasta la cuarta, los creadores siguieron cuidadosamente líneas narrativas y
diálogos de los libros, que tuvieron años en ser escritos y están
confeccionados al detalle, con una atención especial en la coherencia
narrativa.
GoT se volvió progresivamente más melodramático, y
demasiado predecible. ¡Hasta hicieron la subtrama de un personaje quedándose
ciego y recuperando la vista! Hay que admitir que es algo muy novelesco. A esto
hay que sumar que el nivel actoral bajó muchísimo. Personajes como Tommen y la gente de Dorne, o incluso Dany del otro lado del mar, dejaron mucho que desear.
Game
of Thrones es ahora fan-fiction
Es hora de hablar del elefante en la sala. La gran
diferencia entre la temporada 6 y sus predecesoras es que ya no hay, prácticamente,
un material canónico en los libros de George
R.R. Martin. Ni los molestos fans de los libros ni los espectadores sabemos
hacia dónde va a ir la acción, dado que el sexto libro de la saga todavía está
en la cocina.
La cruda realidad es esta: más allá de que fue una
temporada muy entretenida, que confirmó teorías de los fans, que nos dio la
gloriosa Batalla de los Bastardos, que nos hizo vibrar con “Hold the door”… a nivel narrativo y construcción global es la peor
de todas.
De nuevo: todavía siendo mediocre, sigue superando
al promedio de lo que se ve en la TV. Pero cada vez se parece más a una telenovela
de fantasía, con giros tontos que no llevan a ningún lado, diálogos
melodramáticos y una creciente pérdida de realismo que le daba una consistencia
maravillosa al relato.
Lo que tenemos ahora ya no es una adaptación de la
obra de George Martin sino una fan-fiction. Sabemos que Martin está
involucrado en la serie, que aceptó algunos de las sorpresas que nos deparó la
temporada, pero también es verdad que los creadores tuvieron muchísima más
libertad.
La falta de una mano experta y versada, que brinde encadenamiento
narrativo, se notó y mucho. Jon
Snow regresó del mundo de los muertos como quien vuelve de clavarse una Big
Mac. Nadie desconfía, nadie le teme. Y lo que es peor: nadie piensa que,
justamente, los muertos que vuelven a caminar son el verdadero enemigo.
Aún hay más; esperaba que el episodio 10 redimiera
este tema, pero no lo hizo: toda la trama del Muro quedó olvidada. Ya no hay
conflictos, somos todos amigos con los salvajes (que ahora parece que pasan sin
drama). Tenía esperanza de que los Caminantes Blancos rompieran finalmente el Muro:
era lo esperable, a una acción (Jon Snow dejando el muro) le sigue una
consecuencia (los Caminantes Blancos lo atraviesan).
Black Fish
fue un personaje interesantísimo que tuvo una muerte off-screen, y que quedó como un mero viejo caprichoso. Otra
subtrama desperdiciada. Disfruté muchísimo del regreso del Perro (en una temporada marcada por grandes regresos) pero ya lo
había dado por muerto. Lo trajeron de vuelta, pero en seguida abolieron el
juicio por combate, así que no hay Cleganebowl.
Creo que quitar a Dorne de la ecuación fue una decisión sabia, porque es –indudablemente–
una de las tramas peor actuadas y menos creíble de toda la serie. Pero claro:
volvió a tomar presencia en el último episodio, y generó uno de los momentos
más flojos y absurdos del capítulo.
Otro tema: el juego de tronos. Un aspecto que quedó
en un tercer o cuarto plano durante esta temporada. Lo interesante de la serie, antes
que nada, siempre fue la cuestión política: traiciones, asesinatos, caídas de
reyes… todo ese magnífico ajedrez que vimos en las primeras cuatro temporadas.
Este año casi no vimos nada de eso.
La serie pasó a tratarse de personajes en lugar del
gran juego. Y los personajes fueron perdiendo capas de profundidad, se
volvieron más unidimensionales. Los creadores no pudieron captar sus complejidades
con la destreza de George Martin.
Lo
mejor de la temporada 6
Vamos a dejar de pegarle un poco al pobre de GoT,
porque la verdad es que sí brindó algunos momentos alucinantes.
Una vez más: no deja de ser una gran serie. La
muerte de Hodor y la gran sorpresa
de que fue Bran el causante de su
trágica vida fue, fácilmente, uno de los mejores momentos del año. Oscuro,
perverso, duro. Pero además: revelador.
Resulta que Bran puede influir en el pasado, si
bien no tenemos confirmación de que su intervención sea una profecía autocumplida
o verdaderamente pueda afectarlo en algo (todo apunta a que es lo primero). Fue
un giro argumental apasionante (y confirmado también por George Martin) que
tiene la potencialidad de expandir el universo de la historia y hasta darle un
buen cierre (quizás fue Bran quien volvió “loco” al Rey Loco, disparando todos los eventos que sucedieron después).
Otro gran momento: la venganza de Sansa.
El capítulo 9 (“La Batalla de los Bastardos”) fue un
espectáculo visual impresionante y lleno de fan-service.
Un regalo para todos nosotros, que vimos la mejor hora de acción en la historia
de Game of Thrones. Y uno de las grandes escenas fue el final horrible de Ramsay (gran villano, por cierto) y esa
sonrisa de Sansa que termina de convertir al personaje en un ser sombrío y
enigmático.
Dejemos de lado que la resurrección de Jon no tuvo
impacto en la serie, y que la explicación de Sansa sobre por qué no le advirtió
de los Caballeros del Valle fue
paupérrima. La relación entre ellos dos a lo largo de la temporada fue uno de
los grandes aciertos. Si a esto le sumamos a Lady Mormont, a Davos
(te banco, Davos), la gran batalla contra Ramsay
y las pequeñas participaciones de Tormund
y Brianne, puedo decir que todo lo
que sucedió en el Norte fue absolutamente satisfactorio.
Del mismo modo disfruté la Batalla de Fuego (nuevamente, capítulo 9), las interacciones entre Dany y Tyrion, el desarrollo de Jaime
Lannister como personaje (una de las pocas partes de los libros que fue
adaptada en esta temporada) y al Perro, que siempre me cayó simpático.
Ah, y me encantaron las escenas de teatro. Cada vez
que Game of Thrones se vuelve metatextual es maravilloso.
¿Qué
podemos esperar de la temporada 7?
Primero que nada, si todo sale bien tendremos el
nuevo libro de Martin, y con eso muchísimo material “canon” para trasladar a la
pantalla de HBO.
El final dejó todo preparado para un enfrentamiento
de escala global: Jaime parece
anonadado por lo que hizo su hermana, y es posible que se vea obligado a matarla
como lo hizo con el Rey Loco. Incluso hay una profecía en los libros que podría
apoyar esta teoría.
Igual no importa, porque si no lo hace él, seguramente
lo hará Dany, junto a los Dothraki (y sus caballos, que están
sobre los barcos), los Ironborn, los
Unsullied, la gente de Dorne y… ¿Varys,
aparentemente?
La situación tensa entre Sansa y Littlefinger es
intrigante y también recordemos que ahora está Arya dando vueltas por ahí.
Y hablando del Norte, ahora que la famosísima R + L = J está 99% confirmada, hay que
ver qué va a pasar con Jon Snow y su legado. El hecho de ser, técnicamente, el
sobrino de Dany no creo que le ayude demasiado para parar su furia de conquistadora,
y me encantaría verla a ella convertida en la verdadera villana de la serie.
Creo que la temporada 7 se va enfocar en la
profecía de Azor Ahai como hilo
conductor, siendo que ya tenemos prácticamente a los cuatro grandes nominados (Bran Stark, Jon Snow, Dany Targaryen
y Jaime Lannister) con sus arcos
prácticamente desarrollados y listos para tomar ese papel.
Por otro lado, finalmente llegó el invierno, y con
él… los temibles Caminantes Blancos (que, admitámoslo, todavía no son tan
temibles). Quiero ver más de Brienne y Pod, conocer
un poco más sobre el futuro de Melisandre
y ver qué trama Littlefinger. Algo interesante para destacar es que no queda
nadie en Essos para lo que valga la pena volver. Le dijimos chau a Daario (seguramente se sintió muy Ser Jorah con el rechazo de Dany), Mereen
está más o menos equilibrada, la Bahía de los Esclavos es la Bahía de los
Dragones... esto es también un indicio de que estamos entrando en el final del trayecto,
con dos o o a lo sumo tres temporadas más para finalizar la serie.
Por supuesto, mientras tanto los actores tienen que
seguir pagando sus facturas, así que andan en varios proyectos cinematográficos
paralelos (que
comenté en esta nota para Altapeli.com).
Palabras
finales
Con sus más y sus menos, la temporada cumplió.
Pero –en mi humilde opinión– creo que fue la peorcita de las que venimos
viendo. O quizás lo más correcto sería que fue la “menos mejor”, la más regular
de todas.
Se perdió consistencia y realismo, se
desperdiciaron argumentos, se dieron demasiadas vueltas telenovelescas. No me
terminó de convencer del todo y espero que pueda volver a encontrar su rumbo el
año que viene.
No implica que no la haya disfrutado enormemente,
que no haya debatido miles de cosas, que no haya quedado carburando semana a
semana. Pero pasó de ser un producto sobresaliente desde todo punto de vista a
volverse “una más del montón”, aunque sea, durante este año oscuro y lleno de
terrores.
► MI CALIFICACIÓN DE LA TEMPORADA: 7/10
***
==> ¿Qué
les pareció la temporada 6 de Game of Thrones? Dejen sus comentarios y prometo
responder uno a uno con vehemencia, un violento frenesí de arrebato y una inconmensurable
pasión.
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análisis de la 5ta temporada de Game of Thrones”; “5
motivos por los que Seinfeld es mi serie favorita”; “Grimgar
renovó la fantasía RPG”; “Cómo
me hice monja, una novela de César Aira”; “Tortugas,
hacia abajo, hasta el infinito”.
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