Kafka en la orilla es una de las obras
más reconocidas del autor japonés Haruki Murakami. Estuvo entre los “10 mejores
libros de 2005” del New York Times y recibió el World Fantasy Award en 2006. La
historia comienza con los pies en la tierra, pero pronto da un giro a lo
surrealista y deja en claro que no será un viaje normal. Analicemos este libro
con más detalle.
El mes pasado subí mi reseña de El fin del mundo y un despiadado país de las
Maravillas, una novela que, si
bien no disfruté del todo, creo que tiene muchas cosas interesantes. El
autor, Haruki Murakami, es también
muy interesante y tiene mucho para decir sobre el arte de escribir. Por eso en
esta nota compilé 10 frases de él sobre la escritura que me gustaron mucho.
Son pocos los autores que simultáneamente escriben
thrillers futurísticos (“El fin del mundo
y un despiadado país de las maravillas”), historias sobre la pérdida de un
gato y un Edipo de 15 años (“Kafka en la
orilla”), fantasías de realidades deformadas (“1Q84”) y pequeñas historias de japonenes comunes (“Tokio
Blues”). Haruki Murakami es un
autor que tiene tal abanico de obras.
Sus trabajos incluyen unas doce novelas, una
autobiografía, una serie de ensayos y entrevistas sobre el ataque terrorista al
subte de Tokio en 1995 y varias
docenas de relatos cortos. Su fama mundial se disparó con la publicacion de Norwegian Wood (“Tokio Blues”, según la traducción en latinoamerica), pero la
opinión en la comunidad literaria japoneasa está bastante dividida. Algunos opinan
que es un genio descomunal y otros que no es más que un extravagante autor de
ficción popular.
Hace poquito terminé “Al sur de la frontera, al oeste
del Sol”, novela de 1992 que
nos adentra en la vida de Hajime a medida que transita la infancia, juventud y
adultez. Examina su complicada relación con su esposa y especialmente con
Shimamoto, una antigua y misteriosa compañera de la infancia que reaparece en
su vida décadas después.
Sus encuentros –resultado de insólitas cadenas de
eventos– hacen que Hajime se
cuestione si debería renunciar a su estilo de vida actual para intentar
recuperar la magia de su pasado.
#SpoilerAlert. Siempre me gusta avisar de antemano
cuando voy a explayarme sobre cuestiones fundamentales de la trama. Me parece
importante para aquellas personas que no tengan ganas de arruinarse la
historia. Así que: están avisados.
***
Tokio Blues
y Al sur de la frontera tienen un
tono muy similar y varios elementos en común. Ambas incluyen una reflexión
sobre la nostalgia, un protagonista masculino que es calmado y más bien reflexivo,
y mujeres inestables como leitmotivs de la narración (hasta con un final análogo).
No digo que con eso pueda extender una serie de
características generales en la obra de Murakami,
pero sí supongo que, en líneas generales, el autor se interesa por la
melancolía, utiliza la música (el jazz en especial, pero también la música
clásica y el rock de los Beatles) como
parte de la trama, expone su amor por la literatura y el whisky (sus personajes
están siempre haciendo estas cosas, muchas veces en simultáneo) y presenta protagonistas tristones.
De hecho, la melancolía es el tema central de la
novela. La melancolía como tono de la historia pero también como emoción
predominante, casi como condición médica. La melancolía es muy diferente a la depresión
y se diferencia parcialmente de la tristeza. Es más bien una tristeza vaga,
permanente y muy profunda. Y es justamente lo que siente Hajime.
Si el duelo es la reacción ante una pérdida (no
necesariamente humana), la melancolía aparece cuando no puede aceptarse dicha
pérdida. Hajime no puede aceptar que su infancia (donde él se consideraba
feliz) terminó, que Shimamoto
desapareció de su vida y la idea de que “todo tiempo pasado fue mejor”.
Trabajar narrativamente la melancolía es complicado
porque es un sentimiento que oprime y absolutamente opuesto a lo divertido.
Dicho de otra forma: nos deprime, y se prende al lector transfiriendo ese mismo
estado. Muchas veces, incluso, los relatos melancólicos son muy aburridos y
soporíferos (ejemplo clarísimo, “Melancholia”
(2011) de Lars von Trier). Pero gracias al estilo envolvente y la prosa
maravillosa que tiene Murakami, la historia se despliega con mucha soltura y
ritmo.
El título de la obra también hace referencia a este
estado de emoción (“South of the Border”
es una canción de Nat King Cole).
Simboliza la busqueda de un futuro más excitante y exótico que el que se nos
presenta, básicamente lo que hace Hajime todo el tiempo.
La segunda parte del
título (Al oeste del Sol) es una
referencia a la Histeria Ártica (o
síndrome cultural), una psicosis social que parece estar sufriendo Shimamoto.
Me pareció genial como el autor logró que las dos partes del título se unan con
el contenido de la historia y representen a los dos personajes principales.
Hajime es una persona interesante porque no es
especialmente querible.
Sin embargo, cuando descubre que es capaz de hacer el
mal y que sus acciones pueden tener consecuencias graves sobre el otro, y que
es un ser humano fácilmente tentable, se vuelve muy identificable para
nosotros.
Acá no hay elementos de ciencia ficción o
surrealistas. Tampoco hay un realismo mágico. La historia avanza hacia el
futuro con saltos temporales pero anclada en una hiperrealidad. El ritmo lo va
llevando la ambieguedad moral de Hajime.
Su nombre, por cierto, es también otro
gran símbolo. Significa “comienzo” en japonés, y es aquel “nuevo comienzo” lo
que él está buscando permanentemente (y que finalmente consigue, aunque con consecuencias
graves).
La verdad es que el libro está muy bueno por la
cantidad de elementos simbólicos y leitmotivs que acumula en una narración
directa y relativamente corta: el “ser hijo único”, la cojera, la infidelidad,
la lluvia, el sobre con el dinero, etc.
Es una lectura deprimente (no voy a
decir que no) pero muy disfrutable. Me molestó no llegar a conocer más sobre el
pasado de Shimamoto. A lo largo de
la obra se van tirando varios misterios que nunca se llegan a resolver.
Hasta
su destino final queda abierto a libre interpretación.
► Aunque es el segundo libro que leo de HarukiMurakami, por lo que he charlado con otras personas mantiene ese
estilo tan inusual que lo hizo famoso: descripciones contemplativas, frases
cortas y sencillas, una manera limpia y elegante de enganchar al lector,
personajes cruelmente honestos y la ambientación cuasi-onírica. El final, un
rarísimo final feliz, es inconcluso y no me convenció del todo; pero la obra es,
sin duda, muy satisfactoria.
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