Herbert
George Wells no lo sabía en aquel entonces, pero luego de su afortunada
serie de éxitos a finales del siglo XIX, se convertiría en uno de los
escritores de ciencia ficción más influyentes de la literatura, a la altura de
Isaac Asimov, Ray Bradbury y Aldous Huxley.
El tema es que, a diferencia de estos tres grandes
pilares –cuya literatura va más por el lado de lo distópico y la ciencia
ficción dura– Wells se centró en el sci-fi más cercano a la fantasía y la
magia: experimentos de científicos locos (La
Isla del Dr. Moreau, 1896), invasiones alienígenas (La Guerra de los Mundos, 1898) y viajes en el tiempo (La Máquina del Tiempo, 1895), todos
conceptos que él mismo popularizó y hoy son considerados elementos clásicos del
género.
La novela de esta nota, El hombre invisible, es también una de ellas. Escrita en 1897,
cuenta la historia de un hombre que –oh, sorpresa– descubrió una fórmula para
hacerse invisible (y todos los problemas que llegaron con ello).