miércoles, 1 de marzo de 2017

"Ex-Machina" (2015) es un mundo sin ciencia ficción


Ex-Machina fue una de mis películas favoritas del 2015 y sigue siendo una de las propuestas de ciencia ficción más interesantes de los últimos años. Es una de esas películas que dan pie a muchos debates filosóficos y existenciales.

Uno de ellos es el siguiente: considerando cómo terminan las cosas, ¿ninguno de los protagonistas vio nunca una película temáticamente similar que pudiera haberlos advertido? Evidentemente no, pero lo más curioso es que sí discuten sobre películas dentro de Ex-Machina.

Me suelo divertir pensando hasta qué punto una película da cuenta de la existencia de la cultura pop de la “vida real”: otras películas, televisión, música, literatura, etc. En este caso particular, el argumento hace varias referencias a otras obras (por ejemplo: la escena en la que los protagonistas discuten sobre el sexo oral y Los Cazafantasmas) pero nunca se refiere a historias sobre inteligencia artificial.

¿Por qué? ¡Habría hecho las cosas mucho más fáciles!

Esto me llevó a la conclusión lógica e inmediata de que el universo de Ex-Machina tiene que ser uno sin ciencia ficción o, por lo menos, uno donde el sci-fi no es tan fuerte sobre la cultura pop como para que los personajes involucrados en la trama conozcan las cosas que suelen suceder cuando se juega a ser Dios.

Vamos a hablar un poquito al respecto en esta nota.

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Mi review de Ex-Machina (sin spoilers)

Un joven programador es seleccionado para participar de un revolucionario experimento. Tiene la difícil tarea de evaluar las cualidades humanas de un robot femenino que posee inteligencia artificial.

La trama ocurre en un ambiente claustrofóbico y presenta una gran variedad temas filosóficos para explorar. Disfruté mucha esta película porque lentamente se va desenvolviendo en forma de un thriller psicológico donde la tensión crece progresivamente. Los diálogos tranquilos entre los personajes son tan sublimes y precisos que mantienen al espectador en un hipnótico estado de intranquilidad.


Desde que Caleb, el personaje de Domhnall Gleeson, ingresa en la cabaña de Nathan sabemos que algo raro está sucediendo. El juego mental que se desarrolla entre ambos es fascinante, y resulta atrapante ver cómo el protagonista se va metiendo cada vez más en los dilemas morales y existenciales de interactuar con un robot (Alicia Vikander en un rol cautivante).

La trama está repleta de vueltas de tuerca inteligentes que nos van llevando por una montaña rusa de emociones. Hay escenas realmente imponentes donde los protagonistas comienzan a dudar, incluso, de su propia humanidad.

Gran parte de la historia puede ser interpretada como un homenaje a Frankenstein o el moderno Prometeo, la novela de Mary Shelley. Nathan (Oscar Isaac), de hecho, se refiere a la historia de Prometeo en una escena. A su vez hay referencias bíblicas por donde se la mire (como si fuera todo una gran alegoría de la creación del hombre).

Dos detalles no me terminaron de convencer. El primero es el efecto berreta que utilizaron para una cuchillada en un momento dado de la cinta. Se nota demasiado que el cuchillo es trucho, y esto me provocó risa. El segundo es cuando Nathan se pone a bailar. No solo la escena es vergonzosa sino que además ningún geek de las computadoras podría ser TAN bueno bailando. Detalles que podrían haberse trabajado un poco mejor.

Por último, si la escena final hubiese sido acompañada por Paranoid Android (de Radiohead) me habría levantado para aplaudir. El tema habría sido perfectamente adecuado para resumir el conflicto y brindar un cierre de oro. De todas maneras, el desenlace es sobresaliente. No es completamente sorprendente (se ve venir) pero se revelan algunos secretos que están muy bien ejecutados.

Este debut direccional de Alex Garland es uno para no perderse. Una narrativa envolvente que no necesita de grandes efectos especiales para atrapar al espectador.

Un mundo sin ciencia ficción

Ahora sí, #SpoilerAlert. A partir de ahora supongo que ya viste la película.

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Desde la estructura del guión, Ex-Machina cuenta con apenas el número suficiente de referencias pop-culturales para que no se pierda el realismo y nosotros, como audiencia, podamos conectarnos con la historia sin distraernos con el intertexto. La película es muy prolija, y se toma el trabajo de construir un mundo hermético, chiquito, compuesto por sólo dos humanos y un robot, que sirve de ambientación para la historia.


Suponiendo que el mundo de Ex-Machina es uno similar al nuestro (donde la ciencia ficción es uno de los géneros más populares del mundo) cuesta creer que dos nerds de la computación puedan pasar semanas contemplando la naturaleza de la inteligencia artificial que es Ava sin siquiera referirse, ni una sola vez, a Skynet, a Blade Runner, a HAL 9000, a Steven Spielberg.

¡Dale! Las historias de robots convirtiéndose en asesinos datan de los principios de la literatura misma de ciencia ficción: Harlan Ellison, Isaac Asimov, Phillip Dick. ¿Quiénes inventan robots que, potencialmente, podrían convertirse en asesinos... no ven películas sobre robots asesinos?

La única conclusión posible es que no hablen de ello porque no existen esas obras de ficción dentro del universo de Ex-Machina.

Las películas típicamente tienden a decidir arbitrariamente hasta qué punto quieren hacer uso de la intertextualidad. Referenciar a otros trabajos de la cultura popular en una obra de ficción permite construir puentes hacia el mundo real de la audiencia, haciéndola sentir más representada por la historia que quiere contarse.

Dentro de una trama que busca cierto realismo (y que el espectador se haga las mismas preguntas existenciales que los protagonistas) se hace difícil creer que ellos pasarían tantos días sin mencionar cualquiera de todas las historias sobre inteligencia artificial que están dando vueltas por ahí en nuestro mundo.

Nathan hasta menciona a Los Cazafantasmas... una película de 1984 que salió (sí, señores) el mismo año que Terminator.


Existe la posibilidad de que los personajes hablen sobre Matthew Mcconaughey en Interstellar o la saga de Star Wars fuera de cámara, pero eso todavía no explicaría cómo no ven venir la posibilidad de que el robot se les rebele y decida matar a todo lo que se encuentre a su paso.

Entonces, sólo queda esta opción: historias como 2001: Odisea en el espacio y la saga de Terminator no existen en el universo de la película. Se trata de un mundo alternativo sin la existencia de los grandes relatos de ciencia ficción de robots que componen el nuestro.

Esta idea se refuerza todavía más al buscar entender por qué Caleb confió tanto en Ava (más allá de la promesa de un poco de acción sexy con una máquina). Es porque nunca en su vida vio a Arnold Schwarzenegger decir: «Hasta la vista, baby».


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2 comentarios:

  1. No capté ese detalle, la ausencia de mención a películas de CF. Buena observaciónn- Incluso en la saga de la Fundación, hay historias de espionaje y hay historias sobre robots, donde aparecen como seres fríos, mientras que en la historia principal los robots son emocionales.


    Me habría gustado una mención a Dors Venabili, uno de los más logrados personajes de Asimov. Esa hubiera sido una mención acertada, no veo puntos en común con Terminator. No me parece una película de robots asesinos, sino de humanos que pretenden dominar a los robots que crean. Y estoy de acuerdo con esa rebelión, que me pareció para aplaudir. Aunque entiendo la frustación de Caleb, quien trató de ayudar a Ava.

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    1. Es verdad que no estaría tan en sintonía con Terminator (aunque bien podría funcionar como una "precuela" de Skynet, donde Ava termina por formar un ejercito de máquinas que se rebelan contra la humanidad).
      Me faltó mencionar que muchos de estas temáticas se tocan también en Westworld, una serie fascinante.
      ¡Gracias por comentar!

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